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Adopciones ilegales - Los niños que fueron robados en Chile y traídos a Suecia ¿Cómo reparar una vida que ya pasó? Se pregunta Fredrik Nyberg. Él encontró a su familia biológica en 2018 y supo que había sido robado a los cuatro meses de edad y enviado a Suecia en adopción. Foto: Recorte de la portada de DN del domingo.

Adopciones ilegales - Los niños que fueron robados en Chile y traídos a Suecia

¿Qué siente una madre cuando le arrebatan su hijita a dos días de haber dado a luz? ¿Que siente una joven mujer que ha vivido toda su vida con la certeza de que su madre la abandonó al nacer?  Después de 40 años, madre e hija se reencuentran, y no lo pueden creer.

Dagens Nyheter aborda el tema de los niños que fueron robados en Chile y dados en adopción en Suecia. “¿Cerró los ojos Suecia cuando se llevaron los niños?”, escribe Peter Wolodarski en la editorial del domingo. Y concluye: “Una comisión de la verdad sería un primer paso. La verdad no es peligrosa, es necesaria”.

 

 Por: Marisol Aliaga    

 

Duele el alma leer el reportaje  del matutino Dagens Nyheter (Noticias del Día) fruto de una intensa investigación periodística que ha tomado meses en realizar. El equipo del diario ha conversado con los niños/as –ahora adultos, que viven en Suecia – que fueron dados en adopción hace 40 años atrás, y viajó a Chile para escuchar los testimonios de las madres a quienes les arrebataron sus hijos.

No es la primera vez que se aborda el tema en Suecia, sin embargo, la edición impresa del sábado y el domingo pasado lo presenta en profundidad. La televisión estatal sueca también se había referido anteriormente a las adopciones ilegales desde Chile, pero Dagens Nyheter aporta nueva información y actualiza un tópico doloroso que debiera salir a la luz.

Aunque el interés de Suecia no ha sido muy grande para aclarar lo que realmente sucedió con los niños que fueron arrebatados de sus madres, puestos en un avión y ubicados en familias suecas.

Algunos tuvieron la suerte de ser acogidos con afecto por padres que anhelaban hijos. Otros no. Y al sufrimiento de haber escuchado toda la vida que fueron dados en adopción para “tener una vida mejor” o porque "su madre los había abandonado” se suma ahora la rabia de saber que fueron víctimas de personajes inescrupulosos que los arrebataron del seno de sus madres. Que fueron robados. 

En una gran cantidad de casos se trata de familias de la etnia mapuche de la zona de la Araucanía, al sur de Chile. Madres pobres y desamparadas que dejaban a sus bebés a cargo de cuidadores mientras iban a ganarse el sustento diario. Y que cuando fueron a recogerlos, al final de una dura jornada, los niños ya no estaban. O madres a quienes simple y sencillamente se les dijo que sus bebés habían muerto, a pocas horas de haberlos parido.

Cuando ellas insistieron, las amenazaron con echarle los carabineros encima, en plena dictadura cívico-militar en Chile. Todos quienes presenciamos el golpe militar del 73 sabemos lo que eso significa. Ellos tenían las armas y tenían el poder. Las madres solo tenían su dolor y su impotencia al saber que su bebé no podía estar muerto, porque habían escuchado su llanto. Pero cuando tú eres pobre, las autoridades pueden quitarte todo, incluso tus hijos. 

Es el caso de la señora Irma Flores Curilem y su esposo Oscar Godoy, quienes, luego de vivir en el campo, se trasladan a la ciudad de Temuco, junto a sus tres hijos, durante la década de los 70. Uno de los niños está enfermo y necesita ser operado. Pero cuando se ponen en contacto con el hospital, son objeto de manipulaciones y graves amenazas de parte de carabineros. La pareja es de escasos recursos y no saben cómo defenderse. Finalmente, el padre firma un documento que no ha leído. Grave error, les arrebatan a sus tres hijos. 40 años después, encuentran a sus hijos en Suecia. El reportaje de Dagens Nyheter no aparecen los nombres de los hijos ni tampoco si se han reencontrado con sus padres biológicos. 

Quienes sí se van a reencontrar son las hermanas Hilda González y Maria Nilsson. Aunque a ambas les da miedo viajar en avión. Y más de 13.000 kilómetros las separan, Hilda vive en Santiago y Maria en Småland, al sur de Suecia.    

Hilda ha buscado a su hermana desde que tuvo conocimiento de su existencia. Maria desde 2018, a raíz de la investigación del canal chileno Chilevisión. El periodista Alejandro Vega desveló el caso de las adopciones ilegales, y entonces cientos de niños - ahora adultos, adoptados suecos comenzaron a buscar a sus padres biológicos.

Un día, Maria recibe buenas noticias desde Chile. Una organización que ayuda a niños a encontrar a sus padres, y viceversa, le comunica que han encontrado a su madre biológica.

“Tu madre lloraba y lloraba. Dice que te robaron cuando solo tenías dos meses”, le escriben en un mensaje de texto.

Su madre, como tantas otras madres de escasos recursos, se había visto obligada a dejarla en una guardería, para ir a trabajar. Le prometieron que era solo una solución temporal, solo por unas semanas, hasta que su situación mejorara. El personal de la guardería se encargaba de cuidar a Maria, de solo meses. Su madre volvía para amamantarla, durante el día.

Un día que la fue a recoger, no la encontró más.

Hasta el 2018, cuando Hilda y Maria se contactan. Y en un primer mensaje de texto, Hilda le escribe a su hermana:

“JAG ÄR DIN SYSTER!”, (¡soy tu hermana!), con mayúsculas y en sueco.

- Tenemos medio mundo entre nosotras, no hablamos el mismo idioma y tenemos orígenes culturales completamente diferentes. Pero vamos a encontrarnos, dice Maria Nilsson, a Dagens Nyheter.

 

 
Imagen sacada de la versión impresa de Dagens Nyheter del domingo pasado. Fotógrafo: Alexander Mahmoud.

 

El diario también toca el caso de Fredrik Nyberg, quien vive en Nyköping, 100 km al sur de Estocolmo. También encontró a su madre biológica en el 2018. Entonces supo que había sido robado desde un orfanato y dado en adopción. El mismo año viajó a Chile y se reencontró con sus hermanos Guadalupe y Leónidas. Este último le entrega un papel arrugado.  

Leónidas le dice que lo ha llevado consigo durante todos estos años: es el certificado de nacimiento de Fredrik. Nunca ha perdido la esperanza de encontrar a su hermano y ahora, por fin, puede entregarle el documento.

Entonces Fredrik no solo experimenta la sensación de haber sido abandonado, sensación que lo ha acompañado toda su vida. Ahora además siente rabia.

¿Cómo reparas una vida que ya pasó?, se pregunta.

 

Jenny Käppe, por su parte, se pregunta por qué algunas personas tienen hijos si luego se desentienden de ellos. Durante sus 40 años vivió con el convencimiento de que su madre no quería saber de ella. Que la había abandonado.

- ¿Por qué tienes hijos entonces? Solo sentía repugnancia. Pero hoy, se siente como si he vivido en una mentira, en una maldita mentira, toda mi vida ha sido una inmensa gran mentira, dice, en la entrevista con el equipo de DN.

Y durante todos esos años su madre, Juana Orias Blanco, se ha preguntado si su hija realmente había muerto. ¿Por qué no la había buscado, si estaba en vida? 


En 1979,
dio a luz una niña en el hospital de Nueva Imperial, en las afueras de Temuco. Pero la joven madre nunca vio a su hija, la matrona se la lleva de inmediato a la sala de prematuros.

Espera y espera y cuando, a los dos días, exige ver su bebé para darle pecho, le responden que la niña había muerto el día anterior. Se va a su casa, pero vuelve a diario para preguntar nuevamente por su hija. No puede ser que haya fallecido. Y cuando, ya resignada, pide que le entreguen el cuerpecito de su niña, para darle sepultura, una asistente social la amenaza con los carabineros.

 

40 años más tarde, por fin, ve el rostro de su hija, a través del celular. Y no puede creer que sea cierto.

- ¿Cómo estás Jenny? ¡Eres tan hermosa Jenny! ¡Te mando muchos besitos!

 

La madre y la hija se han reencontrado, después de cuatro décadas de ausencia.

 

Pero no todos han encontrado a sus madres o hermanos biológicos, tal cual lo constata la investigación de Dagens Nyheter.

En agosto de 1976, Rosa Carrera Tenario es hospitalizada, y luego de 15 días da a luz a un niño. Sin siquiera mostrárselo a su madre, se llevan al bebé a la sala de prematuros. Durante un mes Rosa mira las cunas, a través de una mampara. Le dicen que su bebé está ahí, y que está bien. Hasta que un día le comunican que el bebé falleció, pero no le entregan su cuerpo. Ha buscado a su hijo durante todos estos años.

A las otras madres les dicen lo mismo: que sus bebés fallecieron y que sus cuerpos van a “servir a la Ciencia”, sin darles la opción de decidir se están de acuerdo con ello o no. Tampoco les entregan certificados de defunción.


Como tampoco se lo entregaron a la madre de Daniela Manríquez, quien dio a luz en el Hospital del Salvador. Tuvo dos mellizas, pero a su madre le dijeron que solo una de ellas había sobrevivido el parto. Daniela estudia Enfermería, y cuando hace su práctica en el hospital en que nació, encuentra el certificado de nacimiento en el cual aparece que las dos guaguas sobrevivieron el parto. Entonces comienza a buscar a la hermana que nació dos minutos antes que ella.

 

Estos son solo algunos de los testimonios que recoge el diario sueco. Hay más.


Fotografía de la versión impresa de Dagens Nyheter. El sueño de Robert Karlsson es que él y todos los demás tengan justicia. Foto: Alexander Mahmoud. 

 

Desde febrero de 2018, se está llevando a cabo una investigación penal en Chile que examina más de 10,000 adopciones. Al menos 640 de los casos trata de niños adoptados desde Suecia, la mayoría de estas adopciones se hicieron a través de Adoptionscentrum (Centro de adopción).

Adoptionscentrum es una organización sueca sin fines de lucro que se fundó en 1969 y que ha tramitado la adopción de alrededor de 25.000 niños, a Suecia, desde 60 países.

2.021 niños fueron dados en adopción desde Chile a Suecia, a través de este centro. Gracias a agujeros en la ley chilena de adopción, y de que las autoridades pertinentes no se percataron de ello, o, como dice Peter Wolodarski en su editorial del domingo, cerraron los ojos, se llevaron a cabo adopciones, en la práctica, ilegales. Se pasó a llevar la cláusula de que los padres adoptivos y el niño vivieran juntos dos años. En la práctica se llevó a cabo en unas semanas.

La representante de Adoptionscentrum en Chile, una mujer sueca casada con un ciudadano chileno y que ha trabajado para esta organización durante dos décadas, presentó una querella en contra de Chilevision, en 2017, cuando el canal publicó su investigación.

No obstante, una investigación parlamentaria de julio de 2019, en Chile, dio su opinión al respecto. La investigación constata que los niños fueron arrebatados a sus padres: “Es una verdad que no se puede contradecir y que se apoya en los testimonios de todas las personas que han sido llamadas a participar en este caso”. Estipula que niños desaparecieron y que esto se llevó a cabo dentro de una red que “actuó de manera coordinada con el objetivo de apoderarse de los menores, especialmente si sus madres se encontraban en situación de vulnerabilidad”.

Como siempre, en Chile, los pobres y los marginados son los más afectados. Las comunidades mapuche. Muchos de ellos de la Araucanía, de la ciudad de Temuco.

Allí se confabularon asistentes sociales con carabineros, maltrataron a los padres y les robaron sus hijos. Según la investigación a la que Dagens Nyheter ha tenido acceso, la mayoría de los niños que llegaron a Suecia son de origen mapuche.

- Era fácil robar niños en Temuco, constata Jeannette Velásquez, voluntaria de la asociación sin fines de lucro Hijos y Madres del Silencio, en entrevista con el medio.

 

 
¿Cómo reparar una vida que ya pasó? Se pregunta Fredrik Nyberg. Él encontró a su familia biológica en 2018 y supo que había sido robado a los cuatro meses de edad y enviado a Suecia en adopción. Foto: Recorte de la portada de Dagens Nyheter del domingo. 

 

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    La pintora Cecilia Zabaleta y la escritora Thamar Álvarez son dos chilenas que comparten una historia: sus abuelos llegaron a Chile en el emblemático Winnipeg, el barco con el que Pablo Neruda ayudó a salvar a más de dos mil refugiados de la guerra civil española.

    ´ “Ni Cecilia Zabaleta ni yo pudimos conocer a nuestros abuelos. La pintora nació cuando su abuelo ya había fallecido y mi abuelo murió cuando yo tenía un año y cuatro meses. Solo alcancé a llamarlo “Tata Olo” ´, escribe, en esta columna, Thamar Álvarez.

     

      Por: Thamar Alvarez Vega

     

    Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar la exposición “Boleto de Ida”, de la pintora chilena Cecilia Zabaleta, en el barrio de la Barceloneta, en Barcelona. Así expresado, sería la exposición pictórica de una inspirada artista nacional, pero su obra es mucho más que eso. Es un aporte muy valioso y emotivo a la memoria histórica chilena y española, por cuanto sus cuadros reflejan una experiencia familiar asociada con un evento histórico en el que muchos chilenos y chilenas estamos (me incluyo) involucrados.

    Este evento es la guerra civil española y, más en concreto, la llegada de un barco, el Winnipeg, al puerto de Valparaíso el 2 de septiembre de 1939. En su interior, llevaba a más de dos mil refugiados españoles, hombres, mujeres, niños y niñas. Entre ellos, el abuelo de la pintora, Antonio Zabaleta, procedente del País Vasco, y mi abuelo, Manuel Álvarez, de Asturias.

    El Winnipeg había sido fletado por el gobierno del presidente Pedro Aguirre Cerda, quien contó con la colaboración del poeta Pablo Neruda. Éste había sido cónsul en España durante el gobierno de la Segunda República (derrocada por el militar golpista Francisco Franco) y, meses después del término de la guerra civil, fue nombrado cónsul especial para la inmigración republicana española. Sus gestiones en Argentina y Uruguay, solicitando apoyo logístico para acudir al rescate de los refugiados españoles en suelo francés, fueron exitosas. El barco zarpó del puerto de Pauillac el 4 de agosto de 1939 y llegó a Valparaíso un mes después.

    Los casos de Antonio Zabaleta y mi abuelo Manuel Álvarez nos entregan datos importantes que nos permiten describir la suerte que corrieron los exiliados españoles en Chile: sus vicisitudes y destinos. Antonio Zabaleta era apenas un adolescente cuando embarcó; mi abuelo tenía más de veinte años. El primero embarcó solo, pero tuvo la inmensa fortuna de encontrarse con su padre en el navío. Mi abuelo embarcó solo y solo llegó a Valparaíso. Hubo, sin embargo, también muchas familias que pudieron embarcar y mantenerse unidas. En los años noventa, conocí en Santiago a una familia chileno-catalana descendiente de un matrimonio que llegó en el Winnipeg con dos hijas pequeñas. Solo la madre y la hija menor (hubo un tercer hijo nacido en Chile, pero a la fecha fallecido) sobrevivían en aquella época. La hija se desempeñaba como profesora en la Universidad Católica de Chile.

    La gran mayoría de los refugiados llegó con lo puesto y apenas unas pocas pertenencias; eran de clase media, y los hombres ejercían oficios. Asimismo, fueron esforzados trabajadores que salieron adelante trabajando duro y con perseverancia. Famosa es la anécdota que vivió Pablo Neruda antes de la partida del navío desde costas francesas. El poeta entrevistó uno por uno a los refugiados prestos a embarcar. Les hacía preguntas sencillas, y una de ellas era a qué se dedicaban en España para ganarse la vida. Uno de ellos le respondió que era corchero. Neruda le preguntó si era consciente de que en Chile no había alcornoques (el árbol a partir del cual se fabrican los corchos), a lo que el hombre, con firmeza castiza le respondió: “Pues los habrá”.

    Antonio Zabaleta, tal como cuenta su nieta, trabajó el primer tiempo en una zapatería, en Valparaíso; pero su buen corazón terminó causando que lo despidieran, pues a la gente pobre le regalaba los zapatos. Finalmente, se trasladó a Santiago, donde conoció a la que sería su esposa, y allí se afincó. Mi abuelo se desempeñó en diversos oficios y, a la fecha de su muerte (en agosto de 1966), trabajaba en una tienda de camisas en Valparaíso, donde se había radicado. Exiliado como estaba, se preocupó siempre de hacer llegar a su familia en España parte del dinero que ganaba. En Oviedo quedaron esposa y dos hijos con los que, lamentablemente, nunca pudo reencontrarse. Mantuvo siempre sus ideales republicanos y anarquistas, por lo que sus relaciones con la administración española en Chile (consulados, embajada) eran distantes y malas. Tampoco era asiduo del Club Español de Valparaíso, pues ahí se reunía la flor y nata del franquismo español. Con el tiempo, conoció a mi abuela Adriana y, debido a las malas relaciones con las autoridades, nunca pudo inscribir a mi padre (nacido en 1945), por lo que éste debió recuperar la nacionalidad española ya exiliado en Oviedo, a mediados de los años setenta. El exilio en 1974, esta vez de mis padres, mi hermana y yo tras el golpe de Estado de 1973, parecía convertirse en un karma familiar.

    Ni Cecilia Zabaleta ni yo pudimos conocer a nuestros abuelos. La pintora nació cuando su abuelo ya había fallecido y mi abuelo murió cuando yo tenía un año y cuatro meses. Solo alcancé a llamarlo “Tata Olo” (pues estaba muy pequeña aún para llamarlo “Tata Manolo”) y, eso sí, a ser una nieta regalona y muy querida por él.

    La exposición de Cecilia Zabaleta es mucho más que una muestra pictórica. Es un viaje al pasado en el navío del amor y de la memoria histórica de Chile y España. Un recuerdo emotivo y cargado de belleza a aquellos miles de refugiados españoles que llegaron a Valparaíso una noche de septiembre de 1939, solo con “boleto de ida”.

            

    Esplugues de Llobregat, enero de 2022

    Thamar Álvarez Vega

    Escritora y Psicóloga

     
    El abuelo de la escritora Thamar Álvarez Vega, Manolo Álvarez, llegó a Chile en el Winnipeg, que arribó al puerto de Valparaíso el 2 de septiembre de 1939. 

  • Gabriel Boric: "Hoy día, la esperanza le ganó al miedo"

    “Una saludable brisa ascendió, atravesó la cordillera chilena y alcanzó el mundo”, escribe Rubén Abrines Collins en este texto que respira poesía. Se refiere al triunfo de Gabriel Boric, el presidente electo más joven en la historia de Chile.

    A pesar de su juventud – 35 años – Boric es el presidente que ha recibido más votos en 170 años de democracia chilena.  En su primer discurso como presidente electo, citó a Allende, recalcó la necesidad de cuidar el proceso constituyente y expresó su deseo ser el presidente de todos. “Con nosotros, a La Moneda entra la gente”, dijo.

     

     Por:  Rubén Abrines Collins

      

    Una saludable brisa ascendió, atravesó la cordillera chilena y alcanzó el mundo.

    Hoy respiramos la mayor bocanada por la conquista democrática arrancada al poderoso y criminal fascismo económico, civil y militar en el Chile de las esperanzas largas y altas como su geografía.

    Con justificadas ganas de festejar este fantástico esfuerzo que venció todas las trampas del sistema impuesto por el fascismo nazi llamado Pinochetismo.

    No son inútiles nuestras razones y responsabilidades de hermanos.

    Hasta el último minuto del día de ayer al pie de las urnas el fascismo chileno justificó y defendió al candidato derrotado en las urnas.

    Es la advertencia para hoy, mañana y siempre de la amenaza al triunfo democrático popular.

    Se abrieron brechas en las alamedas de las que nos habló Salvador Allende, asesinado por los mismos que hoy salieron derrotados, después de largos años de lucha, en esta batalla puntual.

    Batalla con tantos muertos y desaparecidos, y los cientos a los que dejaron ciegos por los perdigones de los cuerpos represivos militarizados y policiales de este último gobierno neoliberal pro-yanqui.

    Hombres, aún no canten victoria, la perra que los parió aún está en celo.

    Nosotros los pueblos hermanos festejamos con esa porción de sufrido, combativo y organizado pueblo de Chile, de todas las condiciones, con auténtica solidaridad y modestia revolucionaria antimperialista.

    Como uruguayos.

    Sabemos que el destino común nos lleva por las mismas rutas.

    Aprendemos de nuestros aciertos y errores.

    Nosotros hagamos lo nuestro, no un sainete del logro del 56 por ciento que votaron para cambiar.

    Contra un 45 del fascismo nazi en una sociedad donde ir a votar no es responsabilidad cívica de todos.

    Seamos ponderados y mantengámonos alertas y prontos a defender esta conquista chilena.

    Sabiendo que.

    Este éxito democrático tiene raíz en aquel de Allende, en aquel programa de la Unidad Popular barrido a sangre y fuego, asesinando al presidente que defendió con armas en las manos la responsabilidad que le había sido otorgada.

    Saquemos ejemplo, aprendamos de ellos y de nosotros.

    No hagamos como los pequeñoburgueses que se cuelgan del primer envión político primaveral logrado por grandes masas y luego acaban en el camino del enemigo de la democracia bailando con el oportunismo y la traición, apartados de la voluntad popular por no entender el imprescindible papel de las grandes masas.

    Este gobierno uruguayo de oligarcas mediocres, cipayos, cola de ratón de la política exterior de EE.UU, que se otorga el derecho de calificar y opinar de la calidad y legitimidad de elecciones en el continente y de soslayar y omitir el régimen fascista - esclavista patriarcal de Quatar, se apresuró, sin entusiasmo, a saludar al nuevo presidente chileno.

    Digno de gobiernos, de presidentes y partidos del pasado mediocre.

    Un ejército de políticos uruguayos, economistas y charlatanes de televisión, nos quisieron embagayar a todos con el exitoso modelo en Chile, como Ernesto Talvi, la señora Arbeleche, el señor Alfi, los poderosos empresarios y caga tintas, bautizados por este gobierno como los Malla Oro.

    Más de un vejiga creyó como un niño que Papá Noel y los Reyes Magos no son los padres.

    Soy de los que sostienen que la memoria colectiva es un animal político que no descansa.

    Con seguridad nuestro mayor aporte a esta gigante bocanada de alegría de chilenas y chilenos de estas nuevas generaciones sea que del No de este gobierno hagamos un gigantesco SÍ.

    Y esta sea nuestra mayor muestra de solidaridad con los chilenos que se atrevieron a regalarnos su sacrificio con una sonrisa.

    Tú ves.

    Si con un SÍ alcanza.

     

    Sigamos.

     

    Rubén Abrines Collins

    21 de diciembre de 2021 

    Hospital Maciel.

    Cama 4.

     


    Gabriel Boric es el presidente electo más joven en la historia de Chile, un país donde la edad promedio de la población es 35,8 años. 

     

  • 11 de septiembre de 1973 - Una fecha para Nunca Más

    “Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina”, escribe la psicóloga y escritora Thamar Álvarez Vega. ¿Cómo vivieron los niños ese día fatídico en la historia de Chile? La autora nos comparte su experiencia y nos recuerda la importancia de la memoria histórica.

     

     Por: Thamar Álvarez Vega

     

    Hoy, 11 de septiembre, se conmemora uno de los eventos más duros, crueles y sanguinarios de la Historia de Chile. Pues se cumplen exactamente 48 años del golpe de Estado de 1973. Tengo claro que serán muchos los que rememoren este día desde su visión como militantes, simpatizantes, colaboradores, participantes o, simplemente, ciudadanos de a pie de la época de la UP y del gobierno del presidente Salvador Allende.

    Yo rememoraré ese día y los subsiguientes - previos al exilio de mi familia- desde la perspectiva de la persona que era entonces. Una niña de 8 años a quien el golpe de Estado alcanzó en su casa, en el seno de una familia de izquierdas, con abuelos, padres, tías y tíos militantes del PC y el MIR.


    Salvador Allende durante su campaña presidencial, con a los abuelos de la autora: Luis (a la derecha) y Raquel (izquierda). Foto: Privada. 

    Ustedes dirán que poco puede aportar a la memoria histórica y a la verdad una niña de tan corta edad. Pero se equivocarían. Pues lo que recuerdo de aquellos días impactó con tal fuerza en mi familia y en mi entorno, que me dejó imágenes, frases, escenas y, en suma, recuerdos imborrables. Como, estoy segura, ocurrió con muchos niños y niñas de entonces.

    El golpe de Estado comenzó muy temprano, en Valparaíso, puerto del que somos originarios todos los miembros de mi familia chilena. Mi abuelo, Luis Vega, era abogado y trabajaba como asesor jurídico del gobierno de Salvador Allende en la Intendencia de Valparaíso, sita en aquellos días en el edificio de la Armada, en Plaza Sotomayor. Desde muy temprano aquella mañana, captó movimientos sospechosos por parte de la plana mayor de la Armada e intentó alertar al presidente Allende por teléfono. No pudo. Fue detenido en la misma Intendencia y conducido, en primera instancia, a La Esmeralda, donde fue brutalmente interrogado y torturado. En los días y semanas siguientes, mi abuelo sería trasladado a Isla Dawson y, posteriormente, a los campos de concentración de Ritoque y Puchuncaví, donde seguiría sufriendo todo tipo de apremios y torturas.

    Mi padre, Víctor Manuel, fue exonerado de su trabajo y mi madre, Mariana, debió abandonar sus estudios universitarios en la Universidad de Playa Ancha pues esta cerró sus puertas con carácter indefinido desde el mismo 11 de septiembre. Ambos recibieron el aviso del golpe de Estado gracias a una vecina – en ese entonces vivíamos en la Población Empart de 15 Norte, en Viña del Mar – que recibió el llamado telefónico de mi abuela, Raquel, desde Valparaíso, y avisó a mis padres. Yo estaba en ese momento tomando mi desayuno, pues me aprestaba a acudir al Colegio Hebreo, donde estudiaba 4º básico. En ese mismo instante, con mi taza de té con leche en la mano, el mundo que me rodeaba cambió para siempre.


    Thamar junto a su hermana, Marcia y a su padre, Victor Manuel. Foto: Privada.

    El descalabro en mi familia podría verse como una metáfora, a escala menor, de lo que ocurrió en el país desde ese día oscuro. Un descalabro terrorífico que se volvió cotidiano en miles de hogares chilenos, y que para muchos de ellos duró 17 años.

    Muchas serían las remembranzas que podría compartir con ustedes de aquellos días. La visión del departamento de mis abuelos en Valparaíso luego del allanamiento sufrido por militares. El largo pasillo atestado de libros, revistas, posters, carpetas, que dificultaban el paso al transitar por este; los muebles corridos, las vitrinas volcadas, los cables arrancados de la pared… La detención de mi madre una noche de octubre, estando solas en casa, los golpes y gritos atronadores en la puerta, y cómo los militares se la llevaron no sin antes permitir – todo un detalle - que nos dejara a mi hermana y a mí al cuidado de una vecina, Inés; las detenciones de mis tías en la academia de guerra naval, el cuartel Silva Palma, y en el caso de una de ellas, en un barco de guerra, el Lebu; el llanto de mi abuela ante la violencia que sacudía a su familia; la radio transmitiendo una única palabra con voz tétrica y metalizada: “Esculapio”; el miedo y el desconcierto por la falta de información del estado de mi abuelo; mi padre alejado del peligro gracias al proverbial trabajo que un familiar le consiguió en Los Andes; la persecución que sobrevino después de la liberación de mi madre y mis tías; el transcurrir de los meses en un clima de amenazas constantes y la incertidumbre por el futuro del país. Y, finalmente, el exilio de toda mi familia, que dio comienzo a una diáspora que dura, para muchos de nosotros y nosotras, hasta el día de hoy.

    Sin embargo, no todos son recuerdos propios. Llegadas las Fiestas Navideñas y con mi padre ausente, mi madre, mi abuela, mi hermana y yo nos reunimos nuevamente en casa de Inés. Y lo que sucedió esa noche tuvieron que contármelo pues la tengo borrada, bloqueada. Por mi madre pude enterarme de que esa Nochebuena, ya oscuro, por el ventanal del jardín apareció una joven mujer disfrazada de Papá Noel. Desde dentro del departamento se apresuraron a abrir el ventanal y dejarla entrar, pues ya era hora del toque de queda. La joven les explicó que se encontraba sola, que su padre y su marido estaban presos y en paradero desconocido. Y que, sola y triste en su casa, había tomado la resolución de vestirse de fiesta y salir por la población a alegrar a los niños… Pero, allí sentada en el tresillo del salón, sus palabras se convirtieron en llanto desolado, que contagió a todos quienes la escuchaban. ¿A alguien puede extrañar que una niña bloqueara en su memoria una escena como esa?


    La autora junto a su hermana y a su madre. Foto: Privada.

    En una niña es comprensible. En un país, no. Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina. El principio de una dictadura cruel que duró 17 años y que significó miles de muertos, desaparecidos, exiliados, torturados, exonerados, relegados y mujeres violadas y también asesinadas y desaparecidas.

    Una fecha para no olvidar. Una fecha para Nunca Más.

     

    Esplugues de Llobregat, Barcelona, España

    Thamar Álvarez Vega 

    Psicóloga y escritora 

     


    Salvador Allende tenía una gran preocupación por los niños. El medio litro de leche diario fue una de sus emblemáticas medidas, que contribuyó a mejorar la calidad de vida, sobre todo de los niños que vivían en la extrema pobreza. Foto: Wikimedia.org.


    El Palacio de la Moneda siendo bombardeado, el 11 de septiembre de 1973. Foto: Archivos.

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