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Ariel Dorfman - "Epitafio para otro 11 septiembre" Foto: Nydailynews.com/ diasdehistoria.com. Montaje: Magazín Latino.

Ariel Dorfman - "Epitafio para otro 11 septiembre"

Hoy, 11 de septiembre, se cumplen 43 años del golpe cívico militar que en 1973 la derecha chilena, apoyada por Estados Unidos, derrocara al Presidente electo democráticamente, Salvador Allende. El "Compañero Presidente", como le gustaba que lo llamaran, fue el primero en pagar con su vida el haber soñado que un mundo mejor era posible. Le siguieron miles y miles de chilenos y una gran diáspora que partió al exilio y que ahora se encuentran en los más diversos países del mundo entero.

Para todos ellos, el 11 de septiembre seguirá siendo recordado como un día fatídico, de dolor y de muerte, de la desaparición de seres queridos que nunca más fueron encontrados. Pero la lucha por la recuperación de sus cuerpos aún sigue. La lucha por la verdad y la justicia sigue vigente. "Ni olvido ni perdón" es una de sus consignas.

En Suecia, como en otros países, el 11 de septiembre es recordado por el atentado a las torres gemelas y al Pentágono estadounidense, el 2001, quedando de lado "el otro 11 de septiembre", el ocurrido en Chile en 1973.

Por esas ironías del destino Ariel Dorfman, destacado escritor chileno-estadounidense - y que para el 73 era asesor cultural de Salvador Allende - vivió presencialmente ambos 11/9. El 11 de septiembre de 2011 escribió una crónica que ha sido ampliamente difundida y que lleva por título: "Epitafio para otro 11 septiembre".

"Es muy extraño, es como si la historia hubiera querido que estuviera presente en ambos sitios", dijo en una entrevista con Democracy Now!

 

 

Fuentes: Página 12 / Democracy Now!

 

Ariel Dorfman fue entrevistado, el 14 de 2011, por Democracy Now!, que escribió, en esa ocasión:

El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet —con el respaldo por Estados Unidos— dio un golpe de Estado en Chile y derrocó al presidente Salvador Allende, que había sido elegido democráticamente. Allende murió en el Palacio presidencial ese día. Ariel Dorfman se desempeñó como asesor cultural de Salvador Allende desde 1970 hasta 1973. Después del golpe, se exilió y hoy es considerado uno de los grandes escritores de América Latina. "Chile reaccionó al régimen de terror que se impuso con una resistencia pacífica. Por ejemplo, no fuimos a bombardear Washington porque Washington había ordenado y ayudado a dar el golpe de Estado en Chile. Por el contrario, hicimos una revolución pacífica contra Pinochet", señala Dorfman. "Si se compara eso con lo que hizo Bush por el accionar de esta banda de terroristas muy pequeña, los resultados han sido absolutamente terribles. Si se trató de una prueba, y creo que las grandes catástrofes siempre son pruebas de la voluntad y los valores de una Nación, EE.UU. fracasó terriblemente".

 

En este enlace, podrá ver la entrevista de Democracy Now! con Ariel Dorfman en su totalidad. En inglés y en español.

 

 

 Ariel Dorfman frente al Palacio de La Moneda, en Santiago. Foto: Nydailynews.com.

 

 

A continuación, la crónica de Ariel Dorfman en Página 12:

 

 

Epitafio para otro 11 septiembre

 

Aquel 11 de septiembre letal –recuerdo que era un martes– me despertó un sonido de angustia por la mañana, la amenaza de aviones que sobrevolaban nuestro hogar. Y cuando, una hora más tarde, divisé una nube de humo que subía desde el centro de la ciudad, supe que mi vida y la vida de mi país habían cambiado en forma drástica y tajante, por siempre jamás. El año era 1973 y el país era Chile y las fuerzas armadas acababan de bombardear el palacio presidencial en Santiago, estableciendo desde el principio la ferocidad con que responderían a cualquier intento de resistir el golpe contra el gobierno democrático de Salvador Allende. Ese día, que comenzó con la muerte de Allende, terminó convirtiendo en un degolladero la tierra donde habíamos intentado una revolución pacífica. Pasarían casi dos décadas, que viví mayormente en el exilio, antes de que pudiéramos derrotar a la dictadura y recuperar nuestra libertad.

Veintiocho años después de aquel día inexorable en 1973, sobrevino un nuevo once de septiembre, también un martes por la mañana, y ahora les tocó el turno a otros aviones, fue otra ciudad que también era mía la que recibió un ataque, fue un terror diferente que descendió desde el aire, pero de nuevo mi corazón se llenó de angustia, de nuevo confirmé que nunca nada sería igual, ni para mí ni para el mundo. Esta vez el desastre no afectaría únicamente la historia de un país y no sería tan sólo un pueblo el que sufriría las consecuencias del odio y la furia, sino el planeta entero.

Me ha sobrecogido, durante los últimos diez años, esta yuxtaposición de fechas. Es posible que mi obsesión con buscar un sentido oculto detrás de tal coincidencia se deba a que era yo residente de ambos países en el momento preciso en que sobrellevaron la doble embestida, la circunstancia adicional de que estas dos ciudades agredidas constituyen los fundamentos gemelos de mi identidad híbrida. Porque crecí aprendiendo el inglés de niño en Nueva York y pasé mi adolescencia y juventud enamorándome del castellano en Santiago, porque pertenezco tanto a la América del Norte como a la del Sur, no puedo dejar de tomar en forma personal la paralela destrucción de esas vidas inocentes, abrigo la esperanza de que del dolor y la confusión ardiente nazcan algunas lecciones, tal vez algún aprendizaje. Chile y los Estados Unidos ofrecen, en efecto, modelos contrastantes de cómo se puede reaccionar ante un trauma colectivo.

Una nación sometida a una adversidad tan brutal enfrenta ineludiblemente una serie de preguntas básicas que interrogan sus valores esenciales, su necesidad de obtener justicia para los muertos y reparación para los vivos sin fracturar aún más un mundo quebrantado. ¿Es posible restaurar el equilibrio de ese mundo sin entregarnos a la comprensible sed de venganza? ¿No corremos el riesgo de parecernos a nuestros enemigos, de tornarnos en su sombra perversa, no arriesgamos acaso terminar gobernados por nuestra rabia, que suele ser tan mala consejera?

Si el 11 de septiembre del 2001 puede entenderse, entonces, como una prueba en que se sondea la sabiduría de un pueblo, me parece que Estados Unidos, desafortunadamente, salió mal del examen. El miedo generado por una pequeña banda de terroristas condujo a una serie de acciones devastadoras que excedieron en mucho el daño causado por el estrago original: dos guerras innecesarias; un derroche colosal de recursos destinados al exterminio que podrían haber sido invertidos en salvar a nuestro planeta de una hecatombe ecológica y a nuestros hijos de la ignorancia; cientos de miles de seres muertos y mutilados y millones más de desplazados; una erosión de los derechos civiles y el uso de la tortura por parte de los norteamericanos que les dio el visto bueno a otros regímenes para que abusaran aún más de sus poblaciones cautivas. Y, finalmente, el fortalecimiento en todo el mundo de un Estado de Seguridad Nacional que exige y propaga una cultura de espionaje, mendacidad y temor.

El pueblo chileno también pudo haber respondido a la violencia con más violencia. Sobraban razones que justificaban levantarse en armas contra el déspota que traicionó y derrocó a un presidente legítimo. Y, sin embargo, los chilenos democráticos y los líderes de la resistencia –con algunas lamentables excepciones– decidieron desalojar al general Pinochet del poder mediante una activa no-violencia, recuperando, brazo a brazo, una organización tras otra, el país que nos habían robado, hasta vencer al tirano en un plebiscito que tenía todas las de ganar. El resultado no ha sido perfecto. Pero a pesar de que décadas más tarde la dictadura derrotada sigue contaminando a la sociedad chilena, la forma en que libramos nuestra batalla sigue constituyendo un ejemplo, en definitiva, de cómo es posible crear una paz duradera después de tanta pérdida, tanto sufrimiento persistente. Chile ha mostrado una determinación cauta y juiciosa para asegurar que nunca habrá otro 11 de septiembre de muerte y destrucción.

Me parece maravilloso y hasta mágico que cuando tomaron los chilenos la decisión de luchar contra la malevolencia por medios pacíficos se estaban haciendo eco, sin saberlo, de otro 11 de septiembre. En efecto, en ese exacto día en 1906, Mohandas Gandhien en el Empire Theatre de Johannesburgo convenció a miles de sus compatriotas indios de usar la no violencia para impugnar un acopio de injustas leyes discriminatorias que, de hecho, preparaban ya el futuro régimen del apartheid en Sudáfrica. Esta incipiente estrategia de Satyagraha llevaría, con los años, a la independencia de la India y a muchos otros movimientos para conseguir paz y justicia en el mundo, incluyendo el combate de Martin Luther King por la igualdad racial y contra la explotación.

Ciento cinco años después de aquella memorable exigencia del Mahatma a imaginar una manera de salir del delirio y la trampa de la cólera, treinta y ocho años después de que esos aviones me despertaron por la mañana para advertirme que nunca más podría yo escapar del terror, diez años después de que el Nueva York de mi infancia fuera diezmado por el fuego, tengo la esperanza de que los epitafios finales para cada uno y todos los posibles 11 de septiembre sean las palabras suaves e inmortales de Gandhi: “La violencia habrá de prevalecer contra la violencia solamente cuando alguien me pueda probar que el modo de terminar con la oscuridad es con más oscuridad”.

 

Ariel Dorfman. 11 de septiembre de 2011. Página 12

 

Ariel Dorfman: Escritor (poeta, dramaturgo, novelista y ensayista) y activista de los derechos humanos chileno. Ha sido profesor de Literatura Iberoamericana en la Universidad de Chile, en la Universidad de Ámsterdam, en La Sorbona (Paris IV), en la Universidad de California, Berkeley y en la Universidad de Maryland.
Fuente: Cubadebate.

 

 Última imagen de Salvador Allende. Foto: Diasdehistoria.com.ar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • Fueron condenados a pagar 43.000 coronas por "interrumpir una interpelación" en el parlamento

    El jueves 17 de febrero se llevó a cabo la audiencia de apelación al fallo que condenó a ocho personas a pagar 43.000 coronas por "interrumpir una interpelación" en el parlamento sueco.

    En noviembre de 2019, ellas/os habían manifestado su descontento ante el silencio de la canciller Ann Linde frente a las violaciones a los DDHH en Chile, en pleno estallido social.  

    El jueves 10 de marzo, el tribunal de apelaciones dará a conocer la sentencia.

     

     Por: Marisol Aliaga

     

    La verdad de las cosas es que la noche anterior a la audiencia, comencé a tener serias dudas sobre si cubrir este caso. Había preguntado a dos expertos en leyes, y su opinión había sido tajante: “No tienen ninguna chance. La ley es clara al respecto, no se puede interrumpir en la cámara, menos desplegar una bandera”.

    Sin embargo, tenía dos razones fuertes para asistir. 1: mis ansias de saber la verdad. 2: había dicho que iría.

    De modo que el jueves pasado me apersoné en la sala siete de Svea Hovrätt, en Estocolmo - la corte de apelaciones de Estocolmo. Al entrar, el guardia me dijo, cuando me disponía a mostrar mi tarjeta de prensa: “No me interesa su tarjeta. Aquí todos pueden entrar”. “¡Que bien!” Le respondí. “Esto es democracia”.

    Además del jurado, la fiscal, los imputados y dos abogados, una decena de personas se habían dado cita en una sala bastante pequeña, en forma de semicírculo.

    Durante el transcurso de la audiencia, se fueron despejando mis dudas. Me convencí de que no bastaba con leer la carpeta investigativa, también era necesario ver a los imputados y escuchar sus razones. También constaté que la fiscalía contaba con un solo testigo, y que éste aseguró algo que todos los demás implicados negaron fehacientemente.

    ¿Quién tenía la razón?

    Algo que, pese a todo, hablaba a favor de los condenados fue el hecho de que el tribunal de apelaciones aceptara el caso. Al parecer alguna razón hubo para que la ley quisiera enviar el caso a una instancia superior.

    Los procesos judiciales en Suecia - como en tantos países - son lentos. Este hecho ocurrió el 12 de noviembre de 2019 (pulse el enlace). Ese día, se discutieron en el parlamento sueco una serie de asuntos, estuvieron presentes los ministros del Medioambiente, de Comercio, del Trabajo y de Relaciones Exteriores (utrikesministern). Uno de los puntos a tratar era una interpelación del diputado liberal Joar Forssell respecto a los DDHH en Hong-Kong. La interpelación estaba dirigida a la ministra de Relaciones Exteriores de Suecia, Ann Linde.

     


    El parlamento sueco, o Riksdagen. Foto: Riksdagen.se

     

    Las ocho personas que se vieron implicadas eran chilenas. En realidad, eran nueve, pero también se vio comprometido “un pobre turista que estaba sentado al final de la fila y que también era de Chile” (según el FUP, carpeta investigativa), a quien la policía debió dejar en libertad.

    Ellas – la mayoría mujeres - habían tenido conocimiento de que ese día se discutirían los derechos humanos en el parlamento, y decidieron escuchar lo que la canciller sueca diría al respecto, desde las gradas destinadas al público en general, en el segundo piso de la inmensa sala. Es muy posible que – como me ha sucedido a mí tantas veces – hayan pensado que se discutirían las violaciones a los DDHH en Chile, cuando en realidad se trataba de los de China (¡ojo!, esta es una suposición mía).

    La jornada comenzó a las 13:00 horas y se trataron diversos temas. Finalmente llegó el turno de la interpelación “La estrategia respecto a China y el apoyo al desarrollo democrático en Hong-Kong”, convocado por Joar Torssell. El diputado expresó su opinión y Linde la suya, y al cabo de quince minutos, el tema estaba zanjado. Ambos se despiden con un apretón de manos y vuelven a sus asientos.

     

    En ese preciso momento, las ocho personas en las gradas se ponen de pie y expresan su descontento porque – a diferencia de lo que esperaban – Ann Linde no tocó el tema de los DDHH en Chile. Seguidamente una de ellas saca una bandera mapuche, y otras ayudan a sostenerla. El hecho ocurrió en el lapso de segundos, porque inmediatamente los guardias les ordenan abandonar el recinto, lo que hacen sin protestar.

    (Aquí vale la pena recalcar que no existe un registro de audio donde se pueda apreciar qué exactamente dicen ellas/os. Sin embargo, todos coinciden en que se trataba de los DDHH en Chile y que no se pronunciaron frases de mal gusto u ofensivas). 

    Otro guardia, no obstante – el testigo principal de la fiscal en la corte de apelaciones – asegura que hubo una interrupción que llevó a un aplazamiento de  "unos 20 minutos". (Más de esto más adelante).

    Los guardias los conducen a un baño donde permanecen durante cerca de media hora - 45 minutos. Luego son llevados a otra pieza, hasta que llega la policía que fue llamada al lugar ante un “grave hecho delictual”, según el informe policial.  

    Una de las personas detenidas, de 75 años, sufre de diabetes, y pidió poder acceder a su bolso para controlarse el azúcar y comer algo. Esto le fue negado.

    Al llegar la policía, identificaron a las personas y les dijeron que “no necesitaban abogado”. Que “esto no iba a pasar a más”. Pero, una de ellas insistió en contar con un representante legal, y otra se hizo asistir por un abogado para la apelación, pero por cuenta propia (pro bono). El resto no recibió asesoría legal.

    Sin embargo, y contrariamente a lo asegurado por los policías, una fiscal levantó una demanda judicial, y el 19 de noviembre de 2020 el tribunal de primera instancia de Estocolmo dicta el fallo condenatorio de “según el cap. Artículo 4, primer párrafo del Código Penal por perturbar una ordenanza o, en su defecto, perturbar una reunión pública. Afirmando, además, que los condenados lo habían hecho intencionadamente y estaban conscientes de sus consecuencias.

     

    Lo que sostiene el guardia y lo que constatan las actas

    Al leer la extensa carpeta investigativa (99 páginas) y sobre todo al escuchar los alegatos del jueves pasado en el tribunal de apelaciones me doy cuenta de una serie de contradicciones entre lo que aseguran la fiscal y su único testigo y lo que sostienen los siete imputados (uno de ellos no apeló).

    Durante el alegato en la corte de apelaciones, el jueves pasado, se proyectan los registros audiovisuales de las interrogaciones policiales, tanto de uno de los guardias como de todos los imputados.

    Comenzando, me llama la atención que lo que dice el guardia en el video no corresponde con la transcripción en la carpeta investigativa. 

    Pero también, que en la transcripción, el guardia habla de una suspensión (o aplazamiento) de 20 minutos de la interpelación:

    “La sala está en sesiones. La ministra de Relaciones Exteriores, Ann Linde, se disponía a subir al podio a pronunciar un discurso. Ellos perturbaron la ordenanza, entonces, cometieron un crimen. Entonces posponen la sesión en la cámara para que nosotros podamos hacer nuestro trabajo sin molestar allí abajo. L [nombre del testigo] no sabe por cuanto tiempo se tuvo que aplazar la sesión en la cámara. No está claro cuánto tiempo, pero tal vez 20 minutos. Suspendieron la sesión de todas formas debido a la interrupción de la ordenanza y al trabajo de la seguridad. Y entonces, como guardias de seguridad, tienen que asegurarse de que las personas que hicieron eso salgan de allí.”. (Página 25).

    Sin embargo, en la página 10 de la carpeta investigativa, se puede apreciar parte del protocolo de la sesión. El punto 44, de la plantilla de Excel, está en amarillo, y corresponde a las palabras de la primera vicepresidenta de la cámara, Åsa Lindestam, quien recuerda que “la expresión de opiniones desde las gradas está prohibida”.

    Esto lo dijo cuando la interpelación había concluido y antes de la próxima. 

    En la página 9, en la carpeta investigativa, según las actas de la sesión, se indica la hora y la duración exacta del incidente:

    "La Cámara evita generalmente y en lo posible aplazar oficialmente las sesiones de la Cámara en caso de disturbios. En las listas y en las actas se aprecia que el disturbio tuvo lugar entre los debates de dos interpelaciones. Entre las 15:01:31 - 15:02:29…”

    Entonces, cuando la presidenta de la cámara recordó que las expresiones de opinión estaban prohibidas, el debate había concluido:

     

     

    ¿Entonces, fue correcto afirmar que “las ocho personas interrumpieron una interpelación en el parlamento”?

    Con esta pregunta comenzó su defensa uno de los dos abogados, y se refirió al punto 44 de la planilla de Excel, que corrobora que no hubo una interrupción. 

    - ¿Está entonces penado por la ley ponerse de pie y aplaudir, luego de una intervención? Preguntó.

    También puso en duda el que los ocho hubieran planeado la acción. Y que hubieran llevado una bandera con la intención de enarbolarla en la sala.

    - Mi defendida portaba una bandera, puesto que por la tarde asistiría a una manifestación. Ella fue al parlamento para escuchar sobre los DDHH en Chile. Luego se decepcionó de que solo se tocaran los DDHH en Hong-Kong y manifestó su decepción. ¿Es esto un delito? Mi defendida no interrumpió la interpelación, la presidenta dijo que esta había terminado. Independientemente de que la jornada no hubiese concluido, hubo una pausa de un minuto y seis segundos.

    El abogado hizo ver, además, que el registro audiovisual presentado por la fiscal no muestra el hecho: la grabación se corta cuando el debate termina. Y las imágenes - de muy baja resolución - en las cuales y por sus vivos colores se aprecia una bandera, apenas dan cuenta de esos 70 segundos en el parlamento.

    Porque eso duró la supuesta "interrupción": 70 segundos.

    La abogada de otra imputada, por su parte, se refirió el tema de si su defendida había actuado intencionadamente. Según ella, no es posible corroborar esto.

    Además existen varias contradicciones. Por ejemplo: 

    Según un guardia, los imputados se conocían, se habían puesto de acuerdo, se habían sentado juntos y habían conversado entre ellos. Que “por su lenguaje corporal se podía deducir que eran amigos”.

    Según los imputados, los guardias les mostraron donde sentarse. Algunas de ellas (la mayoría eran mujeres) se conocían entre ellas. Las otras no. “Siéntense allí, todos juntos”, les había dicho el guardia”.  

    Según el guardia, todos se pusieron de pie y todos gritaron “algo sobre los DDHH en Chile”.

    Una de las imputadas tenía problemas con su pierna, se levantó a duras penas y no dijo nada.  

    Según el guardia, se había interrumpido la sesión en el parlamento durante unos 20 minutos.

    Según los imputados, y según las actas, fue cosa de segundos.

    Según el guardia, fue una acción planificada.

    Según los imputados, fue una reacción espontánea ante la frustración de que, una vez más, la canciller sueca guardaba silencio frente a las graves violaciones a los DDHH que en ese entonces se estaban cometiendo en Chile.  

    Y en una corte no deben existir prejuicios, sino pruebas. Evidentemente el testigo de la fiscal hizo lo posible para que el hecho pareciera mucho más grave de lo que realmente fue.

    “Fuimos condenados a esta enorme multa, porque nos expresamos durante 77 segundos”, dijo uno de los imputados.

    Agradeció – al igual que el resto - amablemente la oportunidad que les daba la corte de defenderse, aunque fuera sin asesoría legal, porque que el fallo condenatorio era injusto.

    El imputado ejerce la profesión de profesor y, al igual que loas/los otros imputados jóvenes, el hecho de haber sido condenados por un tribunal obviamente pone trabas en el desarrollo de su vida laboral y social.

    Y esto es lo más triste de este caso, pienso yo. ¿El hecho de que estos compatriotas queden con antecedentes penales, y ¿por cuántos años?

    Desconozco las razones de por qué este proceso judicial ha tomado tanto tiempo. En el momento de ocurrir el hecho, en noviembre de 2019, se vivía en Chile el momento más álgido del estallido social, y angustiados veíamos como en Chile mutilaban a jóvenes y niños. Lo único que podíamos hacer era salir a manifestarnos y lo hicimos. Y salíamos de casa con una bandera en la cartera por si en la tarde hubiera una manifestación más de las muchas que se organizaban.

    No sé mucho de leyes, pero pienso que si las leyes no están al servicio de los ciudadanos, algo no está funcionando en la sociedad. No sé si los jueces tomarán en cuenta las declaraciones de los imputados, pero sí sé que si yo hubiera estado ese día en las gradas del parlamento, también me habría levantado y habría protestado.

    Pensé que en Suecia regía la democracia, y, en una democracia, el derecho a expresión está por sobre todos los demás.

    El 10 de marzo a las 11:00 de la mañana, el tribunal – Svea Hovrätt – da a conocer el fallo.

     


    Svea Hovrätt (Corte de Apelaciones de Estocolmo). La ministra sueca de Relaciones Exteriores, Ann Linde, y el diputado Joar Forssell (L) se dan la mano, al terminar la interpelación sobre los DDHH en China. Foto: Marisol Aliaga. Polisen. 

  • Se vence el plazo para apoyar iniciativas ciudadanas

    El 1 de febrero se vence el plazo para apoyar las iniciativas populares en el marco de la redacción de una nueva Constitución para Chile.

    La Convención Constitucional abrió espacios de participación ciudadana, con el fin de que todos los ciudadanos/as puedan pronunciarse sobre temas que les atañen.

    Hay iniciativas de cárcel para Piñera, libertad a los presos políticos de la revuelta de octubre, sobre los derechos de los niños, por el derecho al agua, y muchas más. Sin embargo, el martes se vence el plazo.

     

     Por: Magazín Latino   

     

    Hasta el 1 de febrero de 2022 se puede ingresar a la Plataforma Digital de Participación Popular y promover iniciativas populares.

     

    Para esto, se debe ingresar al sitio web https://iniciativas.chileconvencion.cl con la Clave Única o el número de RUT, y luego de responder a unas preguntas estadísticas, se pueden apoyar las iniciativas que se estime que la Convención Constitucional tome para debatir.

     

    El mínimo es 15.000 firmas y se puede apoyar un máximo de siete iniciativas. 

     

    En este portal se puede ver qué iniciativas hay y con cuánto apoyo cuentan: https://observablehq.com/@elaval/iniciciativas-populares-de-norma

     

    En la Plataforma Digital de Participación Popular se puede apreciar que: 

     

    INICIATIVA POPULAR DE NORMA POR LA LIBERTAD DE LOS PRESOS POLÍTICOS DE LA REBELIÓN

    Iniciativa Nº 48.358  ya tiene más de 16.000 apoyos.

     

    ACCESO AL AGUA PARA TODA LA POBLACIÓN 

    Iniciativa Nº 3.430  cuenta con 8.368 apoyos. 

     

    DERECHO POLÍTICO COLECTIVO DE PARTICIPACIÓN POPULAR: RED DE CABILDOS AUTÓNOMOS DELIBERATIVOS VINCULANTES

    Iniciativa Nº 17.274  cuenta con 450 apoyos.  

     

    Para visitar la página de la Plataforma Digital de Participación Popular pinche la imagen:

     

     

  • El Winnipeg, el barco de la esperanza

    La pintora Cecilia Zabaleta y la escritora Thamar Álvarez son dos chilenas que comparten una historia: sus abuelos llegaron a Chile en el emblemático Winnipeg, el barco con el que Pablo Neruda ayudó a salvar a más de dos mil refugiados de la guerra civil española.

    ´ “Ni Cecilia Zabaleta ni yo pudimos conocer a nuestros abuelos. La pintora nació cuando su abuelo ya había fallecido y mi abuelo murió cuando yo tenía un año y cuatro meses. Solo alcancé a llamarlo “Tata Olo” ´, escribe, en esta columna, Thamar Álvarez.

     

      Por: Thamar Alvarez Vega

     

    Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar la exposición “Boleto de Ida”, de la pintora chilena Cecilia Zabaleta, en el barrio de la Barceloneta, en Barcelona. Así expresado, sería la exposición pictórica de una inspirada artista nacional, pero su obra es mucho más que eso. Es un aporte muy valioso y emotivo a la memoria histórica chilena y española, por cuanto sus cuadros reflejan una experiencia familiar asociada con un evento histórico en el que muchos chilenos y chilenas estamos (me incluyo) involucrados.

    Este evento es la guerra civil española y, más en concreto, la llegada de un barco, el Winnipeg, al puerto de Valparaíso el 2 de septiembre de 1939. En su interior, llevaba a más de dos mil refugiados españoles, hombres, mujeres, niños y niñas. Entre ellos, el abuelo de la pintora, Antonio Zabaleta, procedente del País Vasco, y mi abuelo, Manuel Álvarez, de Asturias.

    El Winnipeg había sido fletado por el gobierno del presidente Pedro Aguirre Cerda, quien contó con la colaboración del poeta Pablo Neruda. Éste había sido cónsul en España durante el gobierno de la Segunda República (derrocada por el militar golpista Francisco Franco) y, meses después del término de la guerra civil, fue nombrado cónsul especial para la inmigración republicana española. Sus gestiones en Argentina y Uruguay, solicitando apoyo logístico para acudir al rescate de los refugiados españoles en suelo francés, fueron exitosas. El barco zarpó del puerto de Pauillac el 4 de agosto de 1939 y llegó a Valparaíso un mes después.

    Los casos de Antonio Zabaleta y mi abuelo Manuel Álvarez nos entregan datos importantes que nos permiten describir la suerte que corrieron los exiliados españoles en Chile: sus vicisitudes y destinos. Antonio Zabaleta era apenas un adolescente cuando embarcó; mi abuelo tenía más de veinte años. El primero embarcó solo, pero tuvo la inmensa fortuna de encontrarse con su padre en el navío. Mi abuelo embarcó solo y solo llegó a Valparaíso. Hubo, sin embargo, también muchas familias que pudieron embarcar y mantenerse unidas. En los años noventa, conocí en Santiago a una familia chileno-catalana descendiente de un matrimonio que llegó en el Winnipeg con dos hijas pequeñas. Solo la madre y la hija menor (hubo un tercer hijo nacido en Chile, pero a la fecha fallecido) sobrevivían en aquella época. La hija se desempeñaba como profesora en la Universidad Católica de Chile.

    La gran mayoría de los refugiados llegó con lo puesto y apenas unas pocas pertenencias; eran de clase media, y los hombres ejercían oficios. Asimismo, fueron esforzados trabajadores que salieron adelante trabajando duro y con perseverancia. Famosa es la anécdota que vivió Pablo Neruda antes de la partida del navío desde costas francesas. El poeta entrevistó uno por uno a los refugiados prestos a embarcar. Les hacía preguntas sencillas, y una de ellas era a qué se dedicaban en España para ganarse la vida. Uno de ellos le respondió que era corchero. Neruda le preguntó si era consciente de que en Chile no había alcornoques (el árbol a partir del cual se fabrican los corchos), a lo que el hombre, con firmeza castiza le respondió: “Pues los habrá”.

    Antonio Zabaleta, tal como cuenta su nieta, trabajó el primer tiempo en una zapatería, en Valparaíso; pero su buen corazón terminó causando que lo despidieran, pues a la gente pobre le regalaba los zapatos. Finalmente, se trasladó a Santiago, donde conoció a la que sería su esposa, y allí se afincó. Mi abuelo se desempeñó en diversos oficios y, a la fecha de su muerte (en agosto de 1966), trabajaba en una tienda de camisas en Valparaíso, donde se había radicado. Exiliado como estaba, se preocupó siempre de hacer llegar a su familia en España parte del dinero que ganaba. En Oviedo quedaron esposa y dos hijos con los que, lamentablemente, nunca pudo reencontrarse. Mantuvo siempre sus ideales republicanos y anarquistas, por lo que sus relaciones con la administración española en Chile (consulados, embajada) eran distantes y malas. Tampoco era asiduo del Club Español de Valparaíso, pues ahí se reunía la flor y nata del franquismo español. Con el tiempo, conoció a mi abuela Adriana y, debido a las malas relaciones con las autoridades, nunca pudo inscribir a mi padre (nacido en 1945), por lo que éste debió recuperar la nacionalidad española ya exiliado en Oviedo, a mediados de los años setenta. El exilio en 1974, esta vez de mis padres, mi hermana y yo tras el golpe de Estado de 1973, parecía convertirse en un karma familiar.

    Ni Cecilia Zabaleta ni yo pudimos conocer a nuestros abuelos. La pintora nació cuando su abuelo ya había fallecido y mi abuelo murió cuando yo tenía un año y cuatro meses. Solo alcancé a llamarlo “Tata Olo” (pues estaba muy pequeña aún para llamarlo “Tata Manolo”) y, eso sí, a ser una nieta regalona y muy querida por él.

    La exposición de Cecilia Zabaleta es mucho más que una muestra pictórica. Es un viaje al pasado en el navío del amor y de la memoria histórica de Chile y España. Un recuerdo emotivo y cargado de belleza a aquellos miles de refugiados españoles que llegaron a Valparaíso una noche de septiembre de 1939, solo con “boleto de ida”.

            

    Esplugues de Llobregat, enero de 2022

    Thamar Álvarez Vega

    Escritora y Psicóloga

     
    El abuelo de la escritora Thamar Álvarez Vega, Manolo Álvarez, llegó a Chile en el Winnipeg, que arribó al puerto de Valparaíso el 2 de septiembre de 1939. 

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