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Lo que no se dice ni se dirá de los papeles de Panamá Vicenç Navarro

Lo que no se dice ni se dirá de los papeles de Panamá

20 de abril de 2016 | COLUMNAS |

Este artículo presenta información impactante sobre lo que se va conociendo de los papeles de Panamá que no ha aparecido en los medios de información españoles.

 

Por: Vicenç Navarro

 

Como era de esperar, las noticias generadas por la publicación de los papeles de Panamá están creando un gran revuelo. Y puesto que hay 11,5 millones de documentos que han sido hechos públicos que antes eran confidenciales, hay mucho tema y más noticias para publicar sobre tales papeles. Ahora bien, es sorprendente que elementos clave ya conocidos, de gran significado político, apenas se conozcan o se ignoren completamente (ver mi artículo “Lo que no se dice ni se dirá de los papeles de Panamá”, Público, 11.04.16). Por ejemplo, ¿quién es y quiénes son los fundadores de la firma de abogados Mossack Fonseca, que mantenía toda esta información? Es curioso que apenas se haya analizado este hecho. Emile Schepers, de la revista World News, que goza de gran credibilidad, ha publicado un artículo de gran interés, “Panama Papers and Latin America: The elephant in the room” (11.04.16), que detalla datos que son de una enorme importancia y que no he leído en los mayores medios de información españoles. Veamos en primer lugar los datos.

Un miembro fundador de la firma de abogados Mossack Fonseca es el Sr. Jürgen Mossack, el cual es hijo de un miembro de las enormemente represivas SS del Partido Nazi alemán, que tras escapar de Alemania al terminar la II Guerra Mundial se fue a Panamá, y allí se estableció. El hijo es miembro prominente del partido de la derecha panameña, el Partido Panameñista, muy activo en el establishment económico-político-mediático de aquel país, con conocidas conexiones con la derecha y la ultraderecha latinoamericana. El presidente de este partido ha sido hasta hace muy poco el partner del Sr. Mossack en la firma de abogados, el Sr. Ramón Fonseca Mora.

 

El centro de ocultación de la financiación de las derechas y ultraderechas latinoamericanas

 

De ahí que gran parte de los negocios de tal firma incluyan el ser depositaria de grandes fondos ocultados, procedentes y de propiedad de instituciones y de personajes prominentes de la derecha y ultraderecha latinoamericana, que incluye políticos y/o gobiernos de sensibilidad conservadora y liberal (que constituyen los grandes ejes de la gran derecha latinoamericana). Según Schepers, dicha lista incluye hoy a los políticos más prominentes de esta derecha, desde el hoy presidente argentino, el Sr. Mauricio Macri, hasta la familia Fujimori de Perú, pasando por el presidente Enrique Peña Nieto, de México (del PRI), y el presidente de la Cámara Baja brasileña, el congresista Eduardo Cunha, miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que hoy ha roto su alianza con el Partido de los Trabajadores que gobierna Brasil, a fin de facilitar el impeachment de la presidenta del país. De nuevo, segúun el artículo del Sr. Schepers, tal personaje, el Sr. Cunha, parece haber recibido alrededor de 5 millones de dólares de un consorcio de construcción portugués que intentaba conseguir un contrato con la compañía petrolera pública Petrobas, hoy el centro de un gran escándalo en Brasil.

Tratándose de las derechas y ultraderechas latinoamericanas, no podía faltar entre los que ocultaban dinero en la firma de abogados Mossack Fonseca, la institución que más ha participado en la promoción y defensa de tales grupos de América Latina: nada menos que la CIA del gobierno federal de EEUU. Según el autor del citado artículo, el origen de la firma Mossack Fonseca, así como otras compañías fantasmas panameñas, estaba relacionado con las actividades de la CIA. Por lo visto, tal firma de abogados era la base también de los fondos ocultos destinados por la CIA para desestabilizar a todos los gobiernos de izquierdas de América Latina, desde Cuba hasta Brasil, Bolivia, Argentina, Perú, Nicaragua, El Salvador y una larga lista.

 

La doble moral de los grandes medios de información

 

La CIA, fundada en 1947, ha tenido un presupuesto que se ha mantenido secreto, no conocido ni por la población estadounidense ni por el Congreso de EEUU. Se calcula que son alrededor de 52.000 millones de dólares, que incluyen la financiación, también secreta, de actividades desestabilizadoras de los gobiernos que el gobierno federal de EEUU (y, sobre todo, las grandes empresas financieras e industriales que ejercen una excesiva influencia sobre tal gobierno) considera contrario a sus intereses. Una de sus primeras acciones fue el golpe militar contra el presidente Jacobo Arbenz de Guatemala en 1954. Entre los colaboradores de la CIA se encontraba el dictador de Panamá, Manuel Noriega. Desde entonces, Panamá ha sido uno de los focos financieros de la intervención desestabilizadora de esta agencia. Panamá también ha sido, no solo un lugar donde esconder dinero, sino también donde traficar con dinero escondido procedente del tráfico de armas y el comercio de las drogas.

Supongo que el lector estará de acuerdo en que de haberse descubierto que tal firma de abogados era una de las sedes financieras establecidas por el gobierno cubano para desestabilizar los gobiernos de derecha en América Latina, ello habría sido una noticia mayúscula, apareciendo en la primera página de El País. Pues bien, no solo no ha aparecido en la primera, sino tampoco en la última página de El País. ¿No le parece al lector esta situación más que preocupante para la salud de la democracia española? En su lugar, la gran noticia que apareció en su día era la supuesta financiación del Partido político Podemos por parte de Venezuela e Irán, sin que se haya mostrado ni un ápice de evidencia sobre ello. Pero esto nunca ha sido un hándicap para los grandes medios de información y persuasión de este país, que continúan la distribución y promoción de tal acusación.

Mientras, los mismos medios silencian y ocultan la documentada financiación (parte de la cual está basada en Panamá) de la CIA a grupos opositores a los gobiernos de izquierdas en América Latina, que están recurriendo a métodos antidemocráticos en su intento por interrumpir el proceso democrático y que el Presidente Obama, en su reciente visita a América Latina, tuvo la gran nobleza (impensable entre los dirigentes del Estado español) de reconocer y excusarse de tales intervenciones llevadas a cabo por muchos gobiernos estadounidenses para desestabilizar gobiernos progresistas en aquel continente. En España, por el contrario, la gran mayoría de medios de información están contribuyendo a crear una gran hostilidad contra tales gobiernos. Los recientes casos de Argentina, Brasil y Venezuela, entre otros, son clara muestra de su doble moral, que, a nivel popular, se llama correctamente hipocresía.

 

 

 

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  • Cómo podría haberse evitado la pandemia y por qué no se hizo

    ¿Podría haberse evitado la pandemia?

    "Un comité establecido por la Organización Mundial de la Salud (la OMS) con el nombre de The Independent Panel for Pandemic Preparedness and Response, ha indicado que, sin lugar a duda, la pandemia podría haberse evitado si hubiera existido una agencia internacional de vigilancia epidemiológica, dotada de recursos suficientes, con pleno acceso a toda la información pertinente, sin retrasos ni dificultades y con autoridad para poder proponer medidas de prevención y control de pandemia", escribe en esta columna el profesor  Vicenç Navarro.

     Por: Vicenç Navarro (*)

    La pandemia está poniendo al descubierto una vez más que el actual orden internacional imperante es uno de los mayores obstáculos en el mundo para la mejora del bienestar y calidad de vida de la mayoría de las poblaciones, tanto de los países desarrollados como de los que están en vías de desarrollo. Según científicos que gozan de gran credibilidad, este acontecimiento, uno de los que más daño han causado en los últimos cien años, podría haberse evitado si hubiéramos tenido organizaciones internacionales puestas servicio del bien común, anteponiéndolo a los intereses económicos, financieros y políticos particulares de grupos minoritarios de la población, así como de nacionalismos que obstaculizan la solidaridad internacional, sin la cual las poblaciones -tanto las de los países en vías de desarrollo como las de los países desarrollados- no podrán combatir las enormes crisis sociales y salubristas causadas por la pandemia.

     

    ¿Cómo podría haberse evitado la pandemia?

    Un comité establecido por la Organización Mundial de la Salud (la OMS) con el nombre de The Independent Panel for Pandemic Preparedness and Response, ha indicado que, sin lugar a duda, la pandemia podría haberse evitado si hubiera existido una agencia internacional de vigilancia epidemiológica, dotada de recursos suficientes, con pleno acceso a toda la información pertinente, sin retrasos ni dificultades y con autoridad para poder proponer medidas de prevención y control de pandemias. Los expertos incluso calculan el coste que supondría establecer esta agencia: entre 5.000 y 10.000 millones de euros para ser establecida, con 50.000 a 100.000 millones de euros para poder responder y atajar desde el principio la epidemia, evitando que se convirtiera en pandemia (ver The Financial Times "WHO and global leaders could have averted Covid catastrophe, say experts", 13.05.21).

    El comité llega a esta conclusión tras analizar críticamente qué ocurrió al principio de la pandemia, señalando errores clave que podrían haberse evitado, y que eran no tanto fallos de competencia profesional, sino consecuencias de las coordenadas del poder institucional, que dificultaron la resolución de ese grave problema. Entre esos errores, estaba la falta de información por parte de la OMS así como del gobierno chino sobre el nivel de propagación de la epidemia en la provincia de Wuhan, con un retraso considerable en la alerta necesaria. La OMS tardó en declarar la emergencia salubrista y sanitaria, lo cual no hizo hasta el 31 de enero del 2020, esperando incluso hasta más tarde -el 11 de marzo- para definirla como pandemia. Tales retrasos desencadenaron errores aún más graves.

    El comité también critica a la OMS por no haber reconocido desde el principio que el aire era la vía clave en la transmisión del virus, lo cual era fácil de deducir, pues era una enfermedad predominantemente respiratoria. La OMS no lo reconoció formalmente hasta mucho mas tarde; ni tampoco consideró propuestas más intervencionistas, como la suspensión del transporte internacional (fundamentalmente aéreo) hasta mucho más tarde. En un lugar prominente en su crítica incluía también a Europa y América del Norte, por su gran retraso en responder a lo que ya se sabía que era una pandemia creando una situación caótica que se mostró con toda claridad en su respuesta a la escasez de material de protección y tratamiento de la población (desde mascarillas a respiradores).

    Tal documento debería ser de lectura obligatoria para las autoridades nacionales e internacionales que han gestionado la pandemia. En realidad, es una crítica, llena de sentido común, que es de improbable aplicación debido al sistema de poder internacional, que está precisamente en la base de por qué no estamos avanzando más rápidamente en la prevención y control de la pandemia, como lo exige la propia supervivencia de los seres humanos (tanto de los pobres como de los ricos).

    Otro caso de desorden del orden internacional. La producción y distribución de las vacunas

    Otro caso claro es la muy limitada respuesta ante el hecho de que millones de seres humanos están muriendo, cuando sabemos cómo podría evitarse. Sabemos que las vacunas proporcionan   inmunidad frente al virus, que es el que causa la enfermedad. Pero este virus va mutando constantemente, y el número de mutaciones y su gravedad dependen del tamaño de la población infectada, pues a mayor extensión de la población infectada mayores son las probabilidades de que aparezca una variación del virus que sea resistente a las vacunas existentes. De ahí que sea urgente que el tamaño de la población infectada se reduzca, siendo su vacunación un elemento esencial para el control de la pandemia. La población española puede estar inmunizada y, sin embargo, no está protegida frente a una nueva variante que sea resistente a la vacuna que recibió. Ello implicaría que la pandemia se cronificara, que es lo peor que puede ocurrir. Y de ahí la gran urgencia de la vacunación a nivel mundial.

    En este aspecto, es importante destacar el reciente editorial del The New York Times "America, vaccinate the world", 15.05.21. Tal rotativo es de sensibilidad económica liberal que representa, en general, el pensamiento económico dominante en el nordeste de EEUU. Y, sin embargo, hoy está animando al presidente Biden a que se mueva incluso más a la izquierda pues, aun cuando este ha apoyado la suspensión de las patentes de las vacunas anti COVID-19, el The New York Times considera que debería ir más rápido y ser más efectivo en la ejecución de esta suspensión de las patentes, ya que la propia supervivencia de la humanidad dependerá de que se tomen decisiones más radicales que las que la administración Biden estaba considerando. El rotativo considera también que la propuesta de la OMS de crear un fondo común para adquirir vacunas, el COVAX (casualmente, la misma propuesta que el presidente Sánchez del gobierno español ha sugerido) es insuficiente, pues hasta ahora no ha podido cumplir su limitado objetivo de vacunar al 20% de la población del mundo subdesarrollado. Seguir por este camino, dice el editorial, retrasaría enormemente la vacunación masiva de la población, agravando todavía más la pobreza y el subdesarrollo de tales países. Insinúa también que la propuesta de la OMS refleja la falta de influencia de tal institución (la misma que la comisión citada en la primera parte del artículo hacía referencia). El dolor humano es enorme y ya se están dando muchas explosiones en zonas del mundo de gran inestabilidad política (como subraya The New York Times).

    De ahí que sugiera un intervencionismo mucho más contundente por parte del gobierno federal, ofreciendo un mayor liderazgo en la resolución de este enorme problema. Y propone nada menos que la propiedad pública de la producción de tales vacunas, una producción que, según este rotativo, no puede ni debe ser sometida a las leyes del mercado, sino que debe estar puesta al servicio común. Y, por si fuera poco, el The New York Times propone también, que se otorgue esta potestad a todos los países (tanto a los ricos como a todos los demás). Subraya también el NYT, que la anulación de las patentes permitiría que los países pobres pudieran producir estas vacunas con el soporte técnico que se necesitara y con los productos que los países pudieran importar, cuyos precios deberían ser accesibles a su erario público. Ni que decir tiene que aplaudía también muchas de las medidas que está proponiendo Biden, cuya inspiración como gobernante es la del presidente Roosevelt (el fundador del New Deal) y cuya fotografía ha puesto en lugar prominente en su despacho. Esta suspensión de las patentes es la medida más inteligente y realista en respuesta a la pandemia. La solidaridad es necesaria para la supervivencia de la totalidad, "tanto del burgués como del trabajador", como afirmaba el socialista Sanders recientemente (y cuya influencia y la de sus fuerzas afines es considerable en el Congreso de EEUU).

    En este sentido, la gran inteligencia (y astucia política) de Biden ha sido resultado de haberse dado cuenta de la necesidad de tomar medidas más contundentes, resultado de un amplio movimiento de protesta frente al trumpismo. Contribuyó a ello el éxito electoral de los socialistas liderados por Sanders, cuyos seguidores tienen muchos espacios de poder en lugares visibles del gobierno federal.

    Observaciones sobre España

    La gravedad de la pandemia en España (todavía hoy, es el vigesimoprimer país del mundo en cuanto a mortalidad acumulada por cada 100.000 habitantes desde el principio de la pandemia, debido al COVID-19) responde a sus enormes limitaciones y deficiencias, algunas compartidas con otros países y otras específicas de nuestro país, como he indicado a lo largo de varios artículos recientes. En cuanto a la vacunación, las izquierdas (excepto el partido mayoritario en el gobierno, el PSOE) y los verdes fueron las primeras fuerzas políticas en proponer las soluciones que incluían la suspensión de patentes, medidas ignoradas o desmerecidas tras la previsible acusación de radicales, extremistas y semejantes frivolidades, lo que refleja el enorme conservadurismo del establishment político-mediático español. Fueron las izquierdas las que propusieron y apoyaron la suspensión de las patentes, mientras que el PSOE, así como el PP, VOX y Ciudadanos, se opusieron. Es interesante que cuando el presidente Biden apoyó tal suspensión, el presidente Sánchez cambiara entonces de posición apoyando esta medida, lo cual es de celebrar, pero es preocupante que no se aprobara antes cuando las fuerzas progresistas lo propusieron. Han sido esta cautela y moderación del partido mayoritario del gobierno español las que han debilitado la capacidad de movilización de la población a favor del cambio tan notable que se requiere y que la población exige. El presidente Biden ha entendido que la mejor manera de frenar la expansión del trumpismo ha sido la de tomar las medidas profundas y necesarias para que mejore la calidad de vida de las clases populares. Sería bueno que ocurriera lo mismo en España, donde el trumpismo se está expandiendo rápidamente.

     (*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra. Y es profesor de Políticas Públicas de The Johns Hopkins University.

     

  • Lo que los mayores medios de información no están contando sobre EEUU

    El presidente estadounidense continúa ocasionando polémica, que rápidamente se hace eco en los medios internacionales. La más reciente, su forma de tratar a congresistas origen en países que el día anterior Trump había tildado de "los más incompetentes del mundo".

    Pero el problema es otro, escribe el profesor Vicenc Navarro.

    "Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro". 

     

     Por: Vicenç Navarro (*)

     

    Se están produciendo grandes cambios en EEUU que apenas han sido dados a conocer en España por parte de los mayores medios de información que, en su intento de informar a los españoles sobre la situación política en aquel país, se centran en presentar (y predominantemente ridiculizar) la figura del presidente Trump, comentando sus extravagancias y falsedades. Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro (es interesante señalar, por las razones que citaré más adelante, que parece haber un redescubrimiento en aquel país de la clase trabajadora, a la que se había dado por desaparecida u olvidada, siendo sustituida por las clases medias.) Y es también interesante señalar que, aun cuando Trump ha sido votado por amplios sectores de la burguesía y la clase media, el hecho es que, sin el apoyo de la clase trabajadora de raza blanca, no habría sido elegido presidente de EEUU. En realidad, es incluso probable que sea reelegido de nuevo en 2020, y ello a pesar de que la mayoría de ciudadanos desaprueban su gestión. El sistema electoral de EEUU (que favorece a las fuerzas conservadoras), la enorme lealtad de sus votantes (el 82% de aquellos que lo votaron, volverían a hacerlo), y el desánimo y el rechazo de la clase trabajadora y de amplios sectores de las clases medias hacia el Partido Demócrata (que en su día se llamaba el Partido del Pueblo -the People’s Party­-, considerado, con una enorme generosidad, como el partido de izquierdas frente al partido de derechas, el Partido Republicano) son factores a favor de su reelección.

     

    ¿Por qué la clase trabajadora está votando a la ultraderecha? Por la misma razón que en Europa también lo hace

    Tal como también ha ocurrido en Europa, el movimiento hacia la ultraderecha de votantes de la clase trabajadora se debe, en gran parte, al abandono por parte de los partidos de centroizquierda o izquierda de las políticas “labor friendly”, es decir, de las políticas públicas redistributivas que los habían caracterizado (y que habían favorecido al mundo del trabajo). Tal abandono ha ido acompañado de la adopción de políticas públicas de sensibilidad neoliberal que han incluido medidas que han debilitado mucho el mundo del trabajo, tales como las reformas laborales regresivas que han causado un gran aumento de las desigualdades (alcanzando niveles que nunca se habían conocido en los últimos cuarenta años y que han causado un claro deterioro de la calidad de vida y el bienestar de la clase trabajadora y demás componentes de las clases populares). Tales políticas neoliberales fueron iniciadas por el presidente Reagan en EEUU y por la Sra. Thatcher en el Reino Unido, habiendo sido continuadas más tarde incluso por partidos gobernantes que se definían de centroizquierda o izquierda, como en los gobiernos de Clinton y Obama en EEUU, y Blair, Schröder y Zapatero en Europa.

    De estas observaciones se deduce que el foco principal de la atención mediática debería ser el comportamiento de estos partidos gobernantes, intentando entender por qué sus bases electorales los han abandonado. Si hicieran esto, verían que los datos muestran claramente que fueron estas políticas neoliberales las que crearon una enorme crisis social que ha afectado sobre todo a las clases populares. Y es esta realidad la que el establishment político-mediático en EEUU ignora, enfatizando en su lugar las excelencias del modelo económico liberal de aquel país, mostrando su continuo crecimiento económico como mejor prueba de ello. Otros indicadores que también utilizan para mostrar la excelencia del modelo liberal estadounidense es la evolución de los indicadores tradicionales de eficiencia económica, tales como la tasa de desempleo, sin tener en cuenta que la gran mayoría de empleo nuevo es precario y temporal.

     

    La falsedad del éxito del modelo económico neoliberal en EEUU

    La tasa de desempleo en EEUU más divulgada en los mayores medios de información es, en teoría, muy baja (3,6% en mayo de 2019), y es la que el presidente Trump utiliza constantemente. También es la que los grandes medios de información españoles reproducen. Pero esta cifra es de escaso valor para conocer el estado del mercado de trabajo estadounidense. Una tasa más realista es la publicada por la Agencia de Estadísticas Laborales (US Bureau of Labor Statistics, cuadro A-15, en “The employment situation – May 2019”) del gobierno federal, que utiliza la cifra de 7,1%, siendo mucho mayor para las personas con una educación inferior a la secundaria (que incluye la mayoría de la clase trabajadora no cualificada) y que es del 16% entre blancos y del 28% entre afroamericanos. Pero, además de la elevada tasa de desempleo, hay también una muy alta precariedad en el empleo, así como un proceso de uberización del mismo (es decir, la externalización de la relación laboral, pasando de ser empleado de una empresa a un autónomo, perdiendo así el trabajador toda capacidad de negociar los salarios y derechos laborales). Como consecuencia de estos hechos, ha habido un descenso de los salarios durante el período definido como “exitoso”. Para los trabajadores no cualificados, el salario por hora ha descendido desde 1973 un 17%.

    Las consecuencias de estos cambios en unas cifras vitales para la población se muestran con toda claridad. Lo que los medios de información no dicen es que han aumentado de una manera muy notable las enfermedades y muertes por desesperación (“diseases of despair”) entre estos trabajadores no cualificados, incluyendo epidemias de consumo de opiáceos (habiendo crecido 17 veces el número de muertes por adicción a las drogas), epidemias de alcoholismo (causando tantos muertos en un año como el número de soldados muertos en las guerras de Corea y Vietnam), y así un largo etcétera.

     

    El deterioro de la calidad de vida de las clases populares

    Este deterioro, sin ser tan acentuado ahora como a principios del siglo XX, en los años 30 (durante la Gran Depresión), ha creado una enorme crisis de legitimidad del sistema liberal económico y de su establishment político-mediático. Y es esta crisis la que no se está analizando en los grandes medios y sobre la que no se está informando, lo cual es grave, porque sin entenderlo no se puede explicar el auge de la ultraderecha –representada por Trump– (que ha aparecido también en Europa por causas semejantes). Esta ultraderecha tiene características comunes con el fascismo, tales como un nacionalismo extremo y autoritario, una demonización y represión de las minorías y de los inmigrantes, una homofobia y machismo muy extremos, una narrativa antiestablishment que considera que el Estado está captado por las minorías raciales, un desprecio por el sistema parlamentario y por las instituciones representativas, un deseo de control de los medios de comunicación con intolerancia a la crítica, unas promesas de recuperar un pasado idealizado con eslóganes que contienen enormes promesas de imposible ejecución, un culto al líder al que se considera dotado de cualidades sobrehumanas, así como un canto a la fuerza, al orden y a la seguridad, con un ejercicio de la fuerza y la violencia sin frenos. Su gran agresividad, sin embargo, no aparece en forma de intervenciones militares (ya que son conscientes de los desastres que supusieron intervenciones previas de este tipo), sino en forma de bloqueos económicos como han sido los casos de Irán y Venezuela (que han provocado más muertos que los que hubiera habido en caso de conflicto armado). No hay duda de que el desarrollo y continuidad de tales políticas podrían llevar a un desastre.

    Existe una diferencia, sin embargo, entre la ultraderecha gobernante en EEUU y el fascismo europeo en cuanto a sus políticas económicas. El fascismo conocido en Europa (y que era la defensa de la estructura del poder capitalista frente a la amenaza del socialismo y del comunismo) no era anti-Estado. Tenía un barniz social, con el cual intentaba llegar a la clase trabajadora. Así, el nacionalsocialismo era un intento de derivar a la derecha el enfado popular hacia el sistema capitalista. No así la ultraderecha actual en EEUU, que es profundamente anti-Estado, teniendo características del libertarismo. Vox ejemplifica en España el trumpismo, a diferencia de la ultraderecha francesa, por ejemplo, liderada por el partido de Le Pen.

     

    Las limitaciones políticas de carácter identitario de lo “políticamente correcto”

    Frente a esta amenaza, la estrategia de la izquierda estadounidense, a través del Partido Demócrata, fue enfatizar las políticas antidiscriminatorias de género y de raza, encaminadas a la integración de las mujeres y minorías en el establishment político-mediático del país. Se seguía una estrategia basada en lo “políticamente correcto”, es decir, con unas prácticas y un lenguaje antidiscriminatorio focalizados en políticas públicas de afirmación identitaria (repito, fundamentadas en el género y la raza).

    Tales intervenciones, sin embargo, aunque importantes, han sido insuficientes. Su falta de atención hacia la discriminación de clase (es decir, hacia la discriminación contra las clases populares) ha sido su gran punto flaco. El fracaso de esta estrategia, en el caso del mayor movimiento feminista en EEUU (NOW), se ve claramente en que la mayoría de mujeres de clase trabajadora (la mayoría de mujeres) no votaron a la candidata feminista, Hillary Clinton, sino a Trump. El supuesto de que el movimiento feminista estaba hablando en nombre y en defensa de todas las mujeres no convenció a muchas mujeres, incluyendo la mayoría de mujeres de la clase trabajadora, que no votaron por la candidata de NOW, sino por Trump, que se presentó como el candidato antiestablishment neoliberal, centrado –según él- en el Estado federal.

     

    La discriminación olvidada: la discriminación de clase

    Las mujeres, como los hombres, pertenecen a distintas clases sociales, cada una de las cuales sufre distintas formas de discriminación, sosteniendo intereses distintos e incluso opuestos. Y la realidad es que parte de las dirigentes del movimiento feminista son mujeres de clase media alta ilustrada (es decir, con titulación universitaria) cuyas propuestas y cuyo discurso no atrae a las mujeres de clase trabajadora, o no las atrae con suficiente fuerza para superar su identidad de clase. Como cualquier ser humano, las mujeres tienen varias identidades, una de ellas la de ser mujer. Pero tiene también otras identidades, como la de la clase social a la cual pertenecen. Y esta última define también cómo se expresa la identidad como mujer. La mujer liberal burguesa (de clase alta) por ejemplo, tiene una visión de “ser mujer” distinta a la visión de la mujer trabajadora. Y esta realidad queda ocultada, sin embargo, cuando las primeras se presentan como representantes de todas las mujeres. Lo que ha ocurrido en las últimas elecciones presidenciales en EEUU es un claro ejemplo de ello.

     

    Los derechos políticos y sociales están muy determinados por los derechos económicos

    El discurso identitario se ha centrado en EEUU principalmente en los derechos políticos y sociales (como por ejemplo los derechos de representación, puestos de poder ocupados por las personas discriminadas, sean estas mujeres o minorías), pero muy poco en los derechos económicos.

    Más concretamente, el discurso identitario en EEUU se ha centrado en corregir la discriminación de las minorías y de las mujeres, con propuestas para facilitar la integración de dichas personas discriminadas en la estructura del poder actual, asumiendo que tal integración ayudaría a todas las mujeres o miembros de las minorías. En este sentido, la estrategia feminista se ha centrado en los temas identitarios, facilitando la integración político-social de los sectores discriminados, con un énfasis en el desarrollo de los derechos políticos y sociales de representatividad, tanto en la esfera pública como en la privada. Sin embargo, ha ofrecido una atención muy limitada a los derechos económicos (los derechos que centran la atención de las clases populares -mujeres y hombres- tales como el trabajo y los salarios dignos, el acceso a la sanidad, a la educación, a la vivienda, a la jubilación digna, etc.). Al centrarse en combatir las discriminaciones por raza o género, han olvidado la discriminación por clase, facilitando así la imagen de que el objetivo de la estrategia del Partido Demócrata era la supuesta captura del Estado federal por parte de las minorías y las mujeres. Y así lo han percibido las clases discriminadas. El Partido Demócrata, por ejemplo, ha dejado de estar liderado por hombres blancos, siendo estos sustituidos ahora por mujeres y afroamericanos (la mayoría de clase media ilustrada, es decir, con formación académica), que continúan imponiendo políticas neoliberales como por ejemplo el estímulo de la movilidad de capitales e inversiones -la odiada globalización- que ha dañado a las clases populares. La Sra. Clinton, líder feminista, era la mejor promotora, como ministra de Asuntos Exteriores del gobierno Obama, de la globalización del capital estadounidense, lo que facilitó la desindustrialización de EEUU y dañó a la clase trabajadora industrial, eje del apoyo a Trump.

     

    El socialismo como ideología transversal

    Esta orientación exclusivamente identitaria evitó la transversalidad que ofrecía el concepto de clase social, lo cual habría permitido relacionar los distintos movimientos identitarios, mostrando su relación e interdependencia. De ahí la novedad y atractivo del socialismo: un proyecto basado en la universalización de los derechos sociales y de los derechos económicos, que mejore la calidad de vida de las clases populares (en su distinta y variada composición de género y raza) a través de un proyecto de empoderamiento y emancipación que una las distintas luchas para disminuir y erradicar la explotación con un hilo conductor, utilizando las instituciones representativas y las movilizaciones sociales para alcanzar su objetivo.

    Y este es el proyecto que Bernie Sanders anunció en la presentación de su candidatura en Washington D.C. Habló del socialismo democrático como la continuación del New Deal iniciado por el presidente más popular que haya tenido EEUU, el presidente Franklin D. Roosevelt. Fue este el que habló de la necesidad de que el Estado federal garantizara, junto a los derechos sociales y políticos (la libertad de expresión, de asamblea y de religión, de participación en el proceso electoral, de acceso a la información y de organización, entre otros) los derechos económicos y sociales (como el derecho al trabajo digno y bien remunerado, a los servicios sanitarios, a la salud, a la educación -desde escuelas de infancia a la universidad-, a la vivienda digna y confortable, a un medioambiente de calidad y a la jubilación -también digna y satisfactoria-, entre otros).

    La materialización de tales derechos exigía un cambio sustancial de las políticas públicas que, como había denunciado el presidente Roosevelt antes y Martin Luther King más tarde, habían sido favorables a ofrecer todo tipo de ayudas públicas a las rentas del capital y de las clases pudientes (el “socialismo para los ricos y para el mundo empresarial”, corporate socialism). España se podría haber añadido el socialismo bancario (por haber recibido la banca la ayuda pública más importante que el Estado haya hecho, con 60.000 millones de euros).

     

    El socialismo para los ricos y el mundo empresarial

    Lo que era necesario (según había apuntado Roosevelt) era un cambio de 180º en el tipo de socialismo. El socialismo democrático popular tenía que sustituir al “socialismo de las élites financieras y económicas”, socialismo este último que había sido un desastre y estaba (está) llevando a EEUU a la “barbarie”, forzando, como bien predijo Karl Marx, a tener que escoger entre “barbarie o socialismo”. Y la realidad lo está demostrando hoy también. Actualmente existe un gran rechazo hacia el capitalismo salvaje (el socialismo de los ricos) que Trump representa. La gran mayoría de los jóvenes y de las mujeres (los dos grupos con peores condiciones económicas) preferirían vivir en un socialismo democrático que no el capitalismo actual. En un país donde el 1% de la población estadounidense posee el 92% de todas las acciones bancarias y en el que el director ejecutivo de la compañía comercial más grande, Walmart (que tenía a la Sra. Clinton en su dirección), gana más de mil veces más que uno de sus empleados medios, no es sorprendente que las clases populares estén enfadadas. Y todo esto queda ocultado con el énfasis en Trump. Lo que es prácticamente nuevo en EEUU es que grupos que han sido víctimas del sistema, intenten romper con la monopolización de su victimismo para coordinarse e incluso unirse en un proyecto común que favorezca a todos los amplios sectores de la población que están explotados y discriminados. Para entender el elemento de transversalidad en su estrategia unitaria, hay que recuperar el concepto de poder de clase y el significado del socialismo. Este hecho, que es lo más importante en EEUU, es lo que el establishment político-mediático español quiere ocultar.

     

     (*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas de The Johns Hopkins University

     

  • Las raíces del mal llamado populismo en EEUU - y en Europa incluyendo España

    Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 15 de junio de 2018.

    Aunque este artículo se centra en EEUU indicando que el problema mayor que existe en aquel país no es Trump, si no el hecho de que la mayoría de la clase trabajadora le vota, también hace observaciones de su relevancia para Europa incluyendo España. Cuestiona así algunas de las tesis más extendidas sobre el populismo existentes a los dos lados del Atlántico Norte.

    El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota.

     

     Por: Vicenç Navarro (*) 

     

    Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU  no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.

     

    ¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?

    La respuesta a esta pregunta es, en realidad, muy fácil de entender aun cuando no es fácil que usted pueda leerla o verla en los mayores medios de información españoles. Para ello, tenemos que observar qué ha estado pasando no tanto a la derecha sino a la izquierda del abanico electoral. Hay que ver qué ha pasado en EEUU durante estos años, analizando los cambios que le han ido ocurriendo a la izquierda estadounidense, es decir, al Partido Demócrata. Históricamente, el binomio izquierda-derecha en EEUU quedaba reflejado  en el conflicto entre el Partido Demócrata –que en su día se auto definía como el Partido del Pueblo (People’s Party)-, que representaba sobre todo a la clase trabajadora y a otros sectores de las clases populares, y el Partido Republicano, que representaba a las derechas, muy cercanas al mundo empresarial. En este escenario, el mayor debate político se centraba predominantemente en la distribución de las rentas (y, en menor medida, de propiedad) entre el mundo del trabajo y el mundo del capital. El dominio en la vida política estadounidense durante el período de la postguerra (1945-1978) por parte del Partido Demócrata determinó que las rentas del trabajo crecieran notablemente a costa del descenso de las rentas del capital. Las primeras alcanzaron su máximo nivel al final de tal periodo llegando a constituir el 70% en 1979 de todas las rentas. Fue cuando se habló de “la época dorada del capitalismo”. Una situación semejante ocurrió en los otros países del mundo capitalista desarrollado a los dos lados del Atlántico Norte.

     

    La contrareforma neoliberal que comienza en los años 80: el triunfo del capital

    La respuesta de los propietarios y gestores del capital, a los que solía llamárseles los miembros de la “clase capitalista”, (término que no se utiliza hoy por considerarse “anticuado”), no tardó en presentarse. Fue la revolución neoliberal liderada por el Presidente Reagan que fue, ni más ni menos, que una lucha frontal contra la clase trabajadora estadounidense. Hay que recordar que la primera intervención pública que hizo tal presidente fue precisamente la destrucción de un sindicato: el sindicato de los controladores de vuelos en los aeropuertos. El eje de estas políticas neoliberales era debilitar a los sindicatos, desregular los mercados laborales y dar plena libertada a la movilización de capitales, expandiéndose el proceso de globalización, medidas todas ellas mantenidas más tarde por los gobiernos republicanos y también por los gobiernos demócratas. Entre estos últimos, el Presidente Clinton, fundador de lo que se llamaría posteriormente la Tercera Vía (representada en Europa por Tony Blair en el Reino Unido y Gerhard Schröeder en Alemania) abandonó las políticas redistributivas, haciendo suyas las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Bush senior.

     

    A partir de entonces, la dicotomía izquierda-derecha no se basó en políticas redistributivas centradas en el conflicto entre los intereses de las clases populares, por un lado, y los intereses de las élites financieras y económicas que constituirían lo que en EEUU se llama la corporate class (la clase de los que poseen y/o gestionan las grandes corporaciones del país), por el otro. En su lugar, el conflicto se centró en si incluir o no a los grupos discriminados (afroamericanos, predominantemente, y mujeres) dentro de la estructura del poder de la cual habían sido excluidos, marginados y discriminados. Las políticas de inclusión e identidad sustituyeron el conflicto capital-trabajo. El éxito de tales políticas se tradujo en un aumento muy notable de afroamericanos y mujeres en las instituciones públicas (y, en menor grado, privadas) que alcanzó su zénit con la elección de un afroamericano, Barack Obama, como presidente de EEUU (en enero de 2009) y se esperaba que se completara con la elección  de una mujer, Hilary Clinton, como presidenta. Esta última, basó su campaña en movilizar predominantemente a las mujeres y a las minorías. Las políticas públicas federales del Partido Demócrata enfatizaron la identidad y la antidiscriminación, generando una considerable expansión de afroamericanos y mujeres en las estructuras de poder político del país. Pero en políticas económicas el Partido Demócrata básicamente continuó las políticas neoliberales. En realidad, el primer presidente afroamericano de EEUU siguió las mismas políticas neoliberales que había seguido Clinton, los dos Bush y Reagan. De hecho, una de las personas más entusiastas de la globalización había sido su Ministra de Asuntos Exteriores, la Sra. Clinton, proponente de los tratados de libre comercio.

     

    Las consecuencias de tales políticas neoliberales: el deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora

    La aplicación de tales políticas neoliberales tuvo un impacto devastador en el nivel de vida de la clase trabajadora. Las rentas del trabajo descendieron pasando de un 70% (en 1979) a un 63% (en 2014). Y los grupos más afectados fueron los miembros de la clase trabajadora en los sectores industriales, que eran los mejor pagados (y en su gran mayoría personas blancas), en parte debido a que habían tenido sindicatos fuertes. Las políticas federales favorables a la globalización provocaron un desplazamiento muy marcado de las industrias a países subdesarrollados, en busca de salarios bajos. Barrios blancos, de obreros industriales, han quedado destruidos por esta movilidad. Baltimore, por ejemplo, una de las ciudades más industriales de aquel país, quedó enormemente afectada cuando los Altos Hornos del Acero (uno de los mayores centros de empleo en tal  urbe) dejó la ciudad. El barrio obrero blanco más grande de Baltimore (Dandork) es hoy un barrio deteriorado en extremo. Casi el 100% del electorado en este barrio votó a Trump, lo cual es lógico, pues identificaron la gran pérdida de su nivel de vida con las políticas federales que estimularon la globalización. Es más, percibían al gobierno federal como defensor de los afroamericanos y de las mujeres (de clase alta y media alta), ignorándolos a ellos, los obreros blancos. De ahí que la gran mayoría de mujeres de clase trabajadora votara a Trump. Y no puede atribuirse este hecho a un crecimiento del racismo, pues muchos de estos barrios blancos habían votado  a Obama en elecciones anteriores. En realidad, los delegados al Colegio Electoral que dieron la mayoría a Trump procedían de barrios obreros que habían votado a Obama en 2009. Este enorme descenso del nivel de vida de la clase trabajadora blanca se ha traducido en el descenso de su esperanza de vida, como consecuencia del incremento de la mortalidad causado por el crecimiento de las enfermedades típicas del deterioro social.

     

    ¿Quién canalizó este enfado?

    Este enfado se dirigió hacia el establishment político mediático del Este de EEUU, basado en el gobierno federal, y muy en particular hacia el que había sido el Partido del Pueblo. La canalización de este enfado antiestablishment, (que incluyó también un rechazo al establishment republicano) benefició a la ultraderecha, liderada por Trump, un personaje de una enorme astucia política, que sabe muy bien cómo comunicarse con los sectores abandonados por tal establishment, incluyendo a la clase trabajadora blanca y las zonas rurales, muy conservadoras en el país, que jugaron un papel clave en la victoria de Trump. Lejos de ser un incompetente, Trump es extremadamente astuto en su discurso iconoclasta, grosero e insultante (en contra de lo “políticamente correcto”) y que conecta muy bien con sus bases electorales que le son sumamente leales. Y la constante crítica por parte de los medios, le beneficia, pues los mayores medios de información son también altamente impopulares.

    Ahora bien, se está exagerando el rol del personaje Trump. No fue Trump el que creó el movimiento antiestablisment. Fue al revés. Este último creó a Trump. Solo Bernie Sanders, el candidato socialista, podría haber representado una alternativa progresista a Trump. En realidad, las encuestas indicaban que Sanders habría podido ganar las elecciones a Trump. Pero el aparato del Partido Demócrata destruyó a Sanders. Y la victoria de Trump era inevitable. Hoy el Partido Demócrata está en una crisis enorme y todo parece indicar que no entienden (o que no quieren entender) las causas de su derrota. Hoy el aparato de tal Partido continúa controlado por la clase media ilustrada (personas con educación superior), con conexiones con el mundo empresarial y muy en particular con el financiero, muy alejado de su base electoral tradicional.

     

    Algo parecido está ocurriendo en Europa (y en España)

    El control de los partidos de izquierda por componentes de esta nueva clase social (la clase media ilustrada), que se han distanciado claramente de sus bases de clase trabajadora, ha estado creando situaciones semejantes en Europa y en España. Barrios obreros que habían votado a las izquierdas, están votando a la ultraderecha en país tras país en Europa. Y ello es resultado de la conversión de los partidos de izquierda a las políticas neoliberales (globalización y políticas de austeridad) que han hecho un daño tremendo a sus bases populares. El surgimiento del nacionalismo, del deseo de proteccionismo, de la recuperación de la soberanía nacional y el rechazo a la austeridad, son los ingredientes que caracterizan a los movimientos de rechazo y del mal llamado “populismo antiestablishment”. Las características de este mal llamado populismo varían. Pero es interesante resaltar la importancia del nacionalismo soberanista anti-globalización (antieuropeización) que, instrumentalizado por la ultraderecha en EEUU, juega un papel clave en las políticas “populistas”. Tal nacionalismo es especialmente atractivo para la clase trabajadora que atribuye el descenso de su nivel de vida a estas políticas llevadas a cabo por aquellos que en su día ellos apoyaron. Y la mayor base social de estos movimientos son sectores muy precarizados de la clase trabajadora así como amplios sectores  de las clases medias proletarizadas que están viendo sus rentas disminuir notablemente.

     

    Los movimientos antiestablishment a lo largo de Europa están  tomando también un cariz antieuropeización que es comprensible pues  identifican al estalishment europeo con las políticas de austeridad y las reformas neoliberales que han dañado, claramente, su calidad de vida y bienestar. Y cada uno de los sectores más perjudicados de las clases populares en general, y de la clase trabajadora en particular, son las bases más importantes de estos movimientos.

     

    Una excepción en esta canalización del enfado por parte de la ultraderecha ha sido España donde Podemos fue un terremoto político que barrió el panorama político español convirtiéndose más tarde, junto con Izquierda Unida, la segunda fuerza de la oposición en un período muy corto. Existe, sin embargo, una versión de ultraderecha, Ciudadanos, con claro compromiso neoliberal, que está utilizando un nacionalismo jacobino muy agresivo, que intenta apelar a la clase trabajadora utilizando una narrativa de apelación a tal clase (es uno de los pocos partidos en España que explícitamente habla y apela a la clase trabajadora) que está creciendo enormemente, sobre todo en Cataluña donde tal nacionalismo españolista uninacional se presenta como el único capaz de evitar lo que definen como “ruptura de España” frente a un establishment gobernante en Cataluña, también de derechas y también nacionalista pero de sentido contrario. De ahí el reto de que las izquierdas, además de dirigirse a las clases populares en general y a la clase trabajadora en particular, deban desarrollar una visión distinta y opuesta a la visión de las derechas españolas y catalanas, ambas uninacionales presentando en su lugar una concepción de España plurinacional. Este es el reto de las fuerzas progresistas en Cataluña y en el resto de España.

     

     

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