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La alta tasa de letalidad por Covid-19 en Suecia y por qué el modelo neoliberal de inmunidad de rebaño no debe ser imitado en América Latina Marcello Ferrada de Noli es profesor emérito de epidemiología. Anteriormente en el Instituto Karolinska, Suecia, y en la Escuela de Medicina de Harvard. Presidente de la ONG Doctores Suecos por los Derechos Humanos – SWEDHR.

La alta tasa de letalidad por Covid-19 en Suecia y por qué el modelo neoliberal de inmunidad de rebaño no debe ser imitado en América Latina

Los ancianos han representado la gran mayoría de las muertes por Covid-19 en Suecia, ya sea en residencias de ancianos o en sus propios hogares, a menudo solos. A mediados de mayo de 2020, solo el 13 por ciento de aquellas víctimas habían recibido tratamiento en hospitales suecos. En agosto de 2020, solo el cinco por ciento de los pacientes de Covid-19 admitidos para recibir tratamiento en hospitales provenían de esos hogares. Comparada con sus países vecinos nórdicos, Suecia presenta con creces la mayor proporción de muertes entre los casos confirmados de corona. Este artículo analiza las posibles razones.

 Por: Marcello Ferrada de Noli (*)

La inmunidad grupal


Las comparaciones internacionales de la situación epidemiológica del covid-19 pueden ayudar a evaluar la eficacia de las diferentes estrategias utilizadas por las autoridades sanitarias. Es posible que algunos países antes conocidos como "tercer mundo", hayan asimilado estas estrategias, o ponderan hacerlo. Esto bajo una concepción de atribuir conocimientos técnicos superiores en materia de salud pública, a países considerados más desarrollados económicamente – lo cual aún persiste en algunos círculos gubernamentales. Por esta misma razón, países de América Latina, África y otras regiones han sido blanco en una propaganda diseñada en los países desarrollados que promueven, con la ayuda de medios de comunicación locales, la exportación de sus métodos epidemiológicos.


En Europa, Italia fue el primer país en aplicar el enfoque de "lockdown" (confinamiento). Al comienzo de la ‘segunda ola’, Italia tuvo una de las incidencias más bajas de nuevos casos de Covid-19. El modelo que se presenta en Europa como alternativa al italiano es la "inmunidad colectiva", más asociada a la interpretación neoliberal de Suecia. La idea aquí es priorizar la economía: no cerrar fábricas, escuelas o restaurantes. El epidemiólogo estatal sueco, Anders Tegnell, dijo que "si cerramos las escuelas perderíamos el 25% de la fuerza laboral" (los padres tendrían que quedarse en casa). También ha declarado que “la inmunidad colectiva es lo único que eventualmente detendrá la propagación de este virus”. En palabras de Johan Giesecke, principal asesor de la Agencia de Salud Pública de Suecia, y mentor de Tegnell, la estrategia de inmunidad colectiva consistiría en "dejar que el virus atraviese la población".

 


Anders Tegnell, el arquitecto de la estrategia sueca del coronavirus, en un bar en Estocolmo, el 28 de mayo de 2020. Hacia entonces, Suecia había registrado las muertes por Covid-19 per cápita más altas de Europa. El autor destaca la ausencia de ‘distanciamiento social’ observado por los huéspedes del bar, a pesar de las recomendaciones impartidas al público por el propio Tegnell. Foto Aftonbladet.

 

Hay varios hechos que prueban que la dirigencia de Folkhälsomyndigheten (Agencia Sueca de Salud Pública) había optado por la ‘inmunidad de rebaño’. En un reciente artículo, Time reproduce un intercambio de emails en que Tegnell especula sobre el beneficio de aquella estrategia, y escribe: “Un punto sería mantener las escuelas abiertas para lograr la inmunidad de rebaño rápidamente”.

 

Tengo entendido que uno de los primeros análisis críticos sobre el experimento sueco en medios de difusión internacionales, fue una entrevista y luego el primero de una serie que publiqué en RT, y que fue mencionado en Suecia en el diario Expresen. Luego siguieron otros académicos e investigadores suecos en diversos medios de Occidente, lo que motivó críticas, o al menos escepticismo, sobre el modelo gubernamental sueco para enfrentar la pandemia. En sus respuestas, el gobierno sueco ha intentado distanciarse del término, pero en la práctica la estrategia de inmunidad de rebaño no ha cambiado, tan solo se ha transformado en un problema semántico – parafraseando lo que Sir Patrick Vallance, el jefe científico británico, manifestó sobre el confinamiento, la estrategia opuesta. Es decir, independientemente de como Tegnell o el Primer Ministro Stefan Löfven quieran llamarlo ahora, en los hechos el modelo sueco ha sido un experimento dirigido a la inmunidad de rebaño “rápidamente” – como escribe Tegnell.

 

Por añadidura, el mismo embajador de Suecia en Estados Unidos declaró meses atrás que "Estocolmo podría alcanzar la inmunidad de rebaño en mayo". Aunque, de todas maneras, cinco meses después, esto no se ha logrado. Y la economía de Suecia ha sufrido tanto, si no peor, que sus vecinos que utilizaron medidas de confinamiento.

Los indicadores epidemiológicos que presento a continuación exponen los efectos nefastos, por no decir macabros, del modelo sueco. El mensaje para otras naciones es: no lo adopten. En cambio, sobrevivan.



Tasa de letalidad en Suecia y en sus vecinos nórdicos Dinamarca, Finlandia y Noruega

Basándome en datos internacionales actuales, realicé una comparación de indicadores de mortalidad entre Suecia y los países nórdicos que aplicaron formas de bloqueo.

Ciertamente, existen múltiples modelos para tales comparaciones epidemiológicas. Sin embargo, comenzaré con un método simple para determinar si existe una significancia estadística en las diferencias reportadas con respecto al número total de fatalidades, número de muertes por cápita, etc. Como sabemos, no todas las altas diferencias en las tasas de mortalidad son epidemiológica o estadísticamente significativas, aunque pueden aparecen como tales en los medios de comunicación cotidianos.

En este case, sin embargo, los resultados encontrados a través de comparaciones entre el número de muertes por Covid-19 en Suecia (n = 5.883) con el número total en Dinamarca, Finlandia y Noruega (n = 1.284), dan una sobrerrepresentación significativa de las muertes suecas (X2 = 3023.3239, p = <0,00001). Por tanto, la diferencia es altamente significativa desde el punto de vista estadístico.

Otro método es la tasa de fatalidad (en lo sucesivo llamada CFR, acrónimo de Case Fatality Rate). El CFR tiene como objeto el estimar la proporción de muertes entre los casos confirmados. Muestra la proporción de enfermos que finalmente fallecieron, y la OMS lo considera como “una medida de gravedad de los casos detectados”. Entre más de 200 países incluidos en las tablas internacionales sobre el coronavirus, Suecia ocupa actualmente el puesto número 14 entre los 15 países con la tasa de mortalidad por Covid-19 más alta por 1 millón de habitantes. Sin embargo, cuando se tiene en cuenta el CFR, Suecia sube al sexto lugar en ese grupo, lo que ilustra la importancia del método CFR. Esta posición de Suecia en la clasificación mundial se ha mantenido bastante uniforme. Mi cálculo (de octubre de 2020) indica los mismos resultados establecidos en un trabajo de investigación de mayo de 2020.

 

Tasa de letalidad por Covid-19 en Suecia y países vecinos

En cuanto a la comparación de la tasa de letalidad entre los ya nombrados países nórdicos, he utilizado dos modelos de cálculo de CFR. Uno es el CFR habitual, que solo necesita el número de muertos y el número de pacientes confirmados con Covid-19. El segundo consiste en un método más depurado, recientemente referido por la OMS, que además requiere en el cómputo el número de casos que se han recuperado de la enfermedad.

Con el primer método, el cálculo del CFR da como resultado: Dinamarca 2.18, Finlandia 3.16, Noruega 1.8 y Suecia 6.11 por ciento.

 

 

Además, según la OMS, el resultado en un CFR determinado puede resultar subestimado cuando se producen retrasos en el informe de las muertes, que es el caso de Suecia, como lo demuestra un artículo reciente publicado por nueve investigadores suecos. Entonces, incluso si el CFR mencionado anteriormente de Suecia parece definitivamente más alto que el de los países vecinos, podría ser aún más alto si se considera el factor mencionado por la OMS.

El segundo modelo para calcular el CFR, y que es el recomendado por la OMS,  consiste en un cálculo que también incluye el número de casos recuperados. La pregunta es, ¿podría aplicarse ese cálculo con precisión en la comparación internacional que incluye a Suecia? Sin mayor análisis, la respuesta sería: no. Esto se debe a que Suecia no entrega datos sobre tales casos a nivel internacional. ¿Por qué no? Porque, en primer lugar, según la explicación dada por el Directorio Nacional de Salud y Bienestar de Suecia (Socialstyrelsen), ni siquiera ellos llevan un registro del número total de casos recuperados en el país.

Esta fue la respuesta que recibí del Coordinador de Estadísticas de la Junta Nacional de Salud y Bienestar de Suecia (Socialstyrelsens Statistik samordnare), quien me envió un correo electrónico el 6 de octubre de 2020:

 

"Socialstyrelsen no tiene una estimación del número total de casos recuperados de Covid-19" .

Sin embargo, hay dos hallazgos que ayudarían a estimar aproximadamente el número de casos recuperados perdidos (o no reportados) de Suecia. Primero está el porcentaje de casos confirmados en todo el mundo que se han recuperado, que es del 75%, lo que proporciona un promedio del 75%. El segundo hallazgo muestra que el número de casos recuperados de casos confirmados en los países nórdicos vecinos de Suecia también da una media del 75%.

 

 

Por lo tanto, estimaría que el número de casos recuperados en Suecia es el 75 por ciento del total de casos confirmados en el país (n = 96,145), lo que da n = 72,109. Por consiguiente, aquí el resultado del CFR de acuerdo con el método recomendado por la OMS: Dinamarca 2.7 %, Finlandia 4.1 %, Noruega 2.4 %, y Suecia 7.5 %.

 

 

¿Qué hay detrás del alto CFR del Covid-19 en Suecia?

En Suecia, la mayoría de las víctimas del covid-19 tenían 70 años o más. En junio de 2020, se sabía que la mitad de esas personas (n = 2.036) vivían en hogares de ancianos, con un número adicional (n = 1.062) en el sistema de atención domiciliaria o en residencias donde muchas víctimas vivían solas.  Sólo el 13 por ciento de las víctimas de hogares de ancianos habían recibido tratamiento en hospitales suecos a mediados de mayo. En agosto, los residentes de hogares de cuidados de Covid-19 constituían solamente el 5 por ciento de los pacientes tratados en hospitales.

Mientras que en Dinamarca, el 50 %  de los pacientes con Covid-19 mayores de 70 años ingresaron en cuidados intensivos, y en Noruega ingresaron el 30%, en Suecia solo el 21% del mismo grupo de edad recibió atención hospitalaria. Las autoridades sanitarias de Suecia emitieron una directiva que estipulaba que ciertos grupos de pacientes deberían quedar fuera de recibir cuidados intensivos. Estos incluyeron: los mayores de 80 años, los mayores de 70 años con una enfermedad importante y los entre 60 y 70 años con al menos dos enfermedades de órganos, incluidos el corazón, los pulmones y los riñones.

Posteriormente, en mayo de 2020, el Hospital Karolinska informó que sólo el 80% de las plazas de IVA en el Hospital Karolinska estaban ocupadas. Esto llevó a la televisión sueca a transmitirlo como "muy positivo", mientras que Aftonbladet se preguntaba si "lo estamos haciendo mejor que en otros países". Sin embargo, al mismo tiempo a decenas de ancianos suecos se les había negado el tratamiento en esas instalaciones de cuidados intensivos.

 

¿Son o no comparables las estadísticas de mortalidad por Covid-19 de Suecia?


Los epidemiólogos suecos
intentarían explicar que las estadísticas de mortalidad por Covid-19 para Suecia son difíciles o no son precisas, para las comparaciones internacionales porque el número de personas reales con la enfermedad debe estimarse más alto que los casos confirmados, como en el caso de la tasa de mortalidad por infecciones (IMR). Pero entonces, ¿por qué los tests de Suecia para Covid-19 han sido los más bajos entre sus países nórdicos vecinos, y también bajos en comparación con los países europeos? ¿Son las pruebas de Covid-19 en Suecia incompatibles con otros países?


Sin embargo, con respecto a los tests, la respuesta lógica es simple: reducir el número de tests significa menos oportunidades para detectar a las personas con la enfermedad. Lo que no es lo mismo que asumir que esos individuos enfermos no existen. De hecho, existen y son contagiosos. Sin embargo, la "ventaja" de esto es que tenemos un número menor de casos nuevos que informar. Por tanto, un problema de salud pública real se convierte en una herramienta para cubrir una estrategia epidemiológica defectuosa y, hasta aquí, fracasada.

 

La epidemiología como ciencia y los epidemiólogos gubernamentales suecos

 

En su definición, la epidemiología se esfuerza por identificar tanto los factores de riesgo que pueden conducir a la morbilidad / mortalidad de la enfermedad como los grupos de población que están particularmente expuestos. Como explicación de la desproporcionada mortalidad por Covid-19 de Suecia entre los ancianos, el director general de la Agencia Sueca de Salud Pública, Johan Carlson, declaró que el epidemiólogo estatal Anders Tegnell no tiene responsabilidad en "lo que ha sucedido en el cuidado de los ancianos" en Suecia, que [en su lugar] “Es una consecuencia de una estructura y preparación descuidadas”.

No obstante, los ancianos eran un grupo de riesgo conocido, incluso para la propagación del virus. ¿Por qué entonces no se tuvo en cuenta ese problema “estructural” en la arquitectura de la estrategia sueca Covid-19 desde el principio? Por ejemplo, ¿por qué se retrasaron tanto las directrices nacionales sobre residencias de ancianos (a partir del 1 de abril de 2020)? Unas semanas más tarde, se supo que los hogares de ancianos en el 81% de los municipios de Suecia "habían confirmado o sospechado casos de Covid-19".

¿Qué necesitamos?

Necesitamos no seguir el modelo de inmunidad colectiva/de rebaño. Para diezmar el SARS-cov-2 lo que sí necesitamos es una vacuna. Lo que necesitan los países golpeados por esta pandemia, es considerar la conveniencia de comenzar desde ya con programas de vacunación por el momento disponibles.

Al adoptar un modelo sueco de salud pública, es posible que se estará sirviendo también a un modelo político cuyas competencias son la codicia, el poder económico empresarial y la adhesión a una interpretación muy sui generis de lo que debería significar democracia. Porque, ¿qué es la democracia en el contexto de este debate? ¿Quién decidirá en última instancia la estrategia interna de un problema que amenaza la vida de todos los ciudadanos de un país, y por ende compete la opinión y decisión de todos?

Las decisiones democráticas se basan en la participación de todos y en el interés de todos, asegurando que se escuchen todas las voces. En mi experiencia, este no es el caso en Suecia. Los resultados de esta investigación sobre la tasa de fatalidad en Suecia por motivo del Covid-19 no se conocían públicamente antes de este trabajo. Sin embargo, los principales periódicos suecos declinaron hacerlos conocer. Prefieren, en cambio, controlar el discurso, permitiendo sólo críticas leves, que sirven como coartada a las autoridades en el actual debate Covid-19. Este nuevo concepto neoliberal de democracia ensamblado tipo Ikea, no debería ser desempacado por países de América Latina, África y otras latitudes. Allí, una fórmula digna para la democracia debería excluir la praxis sueca de cómo, sin la participación de los dēmos ("pueblo" en griego), los que están en el poder ejercen los kratos (id. "gobernar") para beneficiarse políticamente.

 

(*)  Marcello Ferrada de Noli es profesor emérito de epidemiología. Anteriormente en el Instituto Karolinska, Suecia, y en la Escuela de Medicina de Harvard. Presidente de la ONG Doctores Suecos por los Derechos Humanos – SWEDHR.

 

 

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  • Postura poco ética de las corporaciones farmacéuticas occidentales sobre la liberación de las patentes de vacunas

    Los informes recientes sobre el número real de muertes causadas por la pandemia de COVID-19, junto con el aumento galopante de nuevas infecciones en regiones ampliamente pobladas, instan urgentemente a todos los gobiernos a instituir esta prioridad única: expandir y aumentar drásticamente los programas de vacunación en todo el mundo, mediante el uso de todas las marcas disponibles. Esto, independientemente de las discriminaciones geopolíticas poco éticas y, sin tomar en cuenta la postura codiciosa de las corporaciones farmacéuticas occidentales sobre el tema de la liberación de patentes de vacunas.

     Por: Prof. Marcello Ferrada de Noli (*) 

    El Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME), un centro independiente de investigación de la salud de la población en la Universidad de Washington UW Medicine, ha concluido en un estudio reciente (6 de mayo de 2021) que la COVID -19 ha causado 6,9 millones de muertes en todo el mundo, más del doble lo que han reconocido los informes oficiales.

     

    Esto significaría que bien las infecciones por COVID -19 son reportadas de forma insuficiente, un fenómeno que he indicado anteriormente como correlacionado con las escasas pruebas de COVID-19, vale decir, PCR (reacción en cadena de la polimerasa) y pruebas serológicas, o que el informe sobre la diferencia entre el exceso de mortalidad y las muertes reportadas por Covid-19 también está viciado; o ambos.

     

    Mientras tanto, a partir del 6 de mayo de 2021, el New York Times informa que se han administrado más de 1,21 mil millones de dosis de vacunas , contando todos los países. Esto significaría que solo una pequeña parte de la población mundial, que es de 7,9 mil millones, ha recibido la vacuna.

     

     

    También debemos tomar nota de que tales cifras no representan a las personas inmunizadas hasta ahora en todo el mundo. Esto porque las cifras antes mencionadas de la vacuna se refieren al número total de dosis administradas, pero no identifica cuántas dosis corresponden a la cohorte de personas que ha recibido una sola inyección (por lo tanto, no está completamente inmunizada), y a las que también han recibido la segunda dosis. Como se sabe, generalmente se requieren dos dosis para lograr una protección suficiente, según lo estimado por los productores de la vacuna.

     

    Extrapolando la proporción actual de personas completamente vacunadas (dos dosis) con respecto a todas las dosis administradas (por ejemplo, el 26,8 por ciento de la población de Suecia ha recibido una primera dosis, mientras que solo el 7,7 por ciento ha sido completamente vacunada, según el  rastreador de vacunas de vaccin tracker Blomberg del 7 de mayo ), una estimación epidemiológica aproximada sería la siguiente:

     

    Hipotéticamente, (partiendo de las cifras suecas) solo un tercio de la población vacunada ha recibido dos dosis del total de 1,21 mil millones, para lograr el objetivo del 70 por ciento de personas vacunadas requeridas para la 'pan-inmunidad'. Y considerando solo la población adulta mundial (que son casi 6,6 mil millones) siendo población objetivo para una vacuna Covid-19 con eficacia “total” (dos dosis de vacuna), todavía nos faltan alrededor de 12 mil millones de dosis por administrar.

     

    En la Unión Europea, sólo Hungría, que ha vacunado al 43% de su población y utiliza la vacuna Sputnik V, se encuentra entre los países líderes en administración de vacunas, según una lista publicada por el New York Times.

     

    Un segundo tema importante que surge en este contexto es la respuesta de Moderna y Pfizer a la iniciativa de suspender temporalmente la propiedad intelectual o renunciar a las patentes de vacunas, que es una iniciativa que he defendido desde hace mucho tiempo. En un panel internacional de expertos transmitido en vivo por RT News, mis comentarios finales fueron, independientemente de la producción y distribución de vacunas, la salud pública de la población tiene que estar por sobre las ganancias de las corporaciones farmacéuticas.

     

    Es por eso que, naturalmente, acojo con satisfacción el apoyo brindado recientemente por los líderes de Francia y la Federación de Rusia en nombre de una exención de patente de vacunas Covid-19. Aunque la canciller alemana Merkel dice que la propuesta estadounidense sobre la liberación   de patentes tendría "serias implicaciones" para la producción de vacunas, haciéndose eco de los argumentos de Moderna y Pfizer, cuyo socio BioNT es alemán.


    Imagen: New York Times, 24 de abril de 2021. 

     

    En momentos en que casi siete millones de seres humanos han muerto por causa de esta pandemia en tan solo un año y unos meses; y dónde surgen nuevas cepas de virus; y donde en ciertos países los casos diarios registrados de infección por Covid-19, como India , han llegado a más de 400.000 (30 de abril); y donde la gran mayoría de la población mundial – particularmente en países con economías más pobres – sigue siendo más necesitada, como consecuencia de la explotación a la que ha sido sometida por las corporaciones de los ricos; etc. En suma, conociendo este panorama de extrema vulnerabilidad, oponerse a la liberación de vacunas, como lo están haciendo Moderna y otros, implica serios problemas dentro de la ética médica.

     

    Lo anterior, sumado a los conocidos efectos secundarios que ha causado Moderna, hace en conjunto incomprensible que precisamente Moderna haya sido nombrada “la mejor vacuna contra el coronavirus del mundo” en el Congreso Mundial de Vacunas de Washington (posteriormente denominado WVCW).

                      

    ¿Cuáles fueron los criterios que utilizó WVCW para este premio? Según lo mejor de mis conocimientos (y mis esfuerzos por obtenerlos), no se ha proporcionado información la opinión pública. ¿Cuál fue el fundamente en este caso, que explica que WVCW entregó el premio a Moderna? ¿Cuáles fueron las razones establecidas para no otorgar el premio, por ejemplo, a Sputnik V, una vacuna con superioridad demostrada en términos de seguridad, distribución y almacenamiento, así como en eficacia, y que también fue preseleccionada?

     

    He tratado sin éxito de obtener información sobre las razones que tuvo dicho Congreso para esa decisión, o sobre el grupo de expertos que habría decidido el premio. Ni el sitio web de la organización, ni el de dicha Conferencia , brindan información alguna. El sitio que representa la organización de la Conferencia ni siquiera responde a las llamadas. ¿Qué sucedió realmente?

     

    Dejaré las conclusiones a los lectores de esta columna. Por mi parte únicamente manifestaré los siguientes hechos:

     

    La conferencia contó con 182 participantes. Después de que el lector verificara el paradero del primer tercio de los oradores en el orden en que aparecieron en la lista , se revelará que un 70 por ciento pertenece al sector corporativo farmacéutico de EE. UU. Directamente asociado con la producción de vacunas (la mayoría), y a en mucha menor medida (11 por ciento), a las universidades estadounidenses que investigan en el campo. Los representantes de agencias gubernamentales de Estados Unidos también están en la lista.

     

    Moderna fue la empresa más representada en esa lista de participantes, seguida de Pfizer.

     

    LaJunta Asesora Científica ” de la WVCW está compuesta por 26 miembros, 23 de ellos afiliados o que representan a las industrias farmacéuticas estadounidenses –incluido un vicepresidente de Pfizer– o académicos de universidades estadounidenses con investigaciones directamente asociadas con la producción de vacunas. Se agregó un representante de una agencia del gobierno de los Estados Unidos (USDA), otro de la Fundación Billy Gates y un profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

     

    ¿Tendría la Sputnik V alguna posibilidad de que sus características positivas fueran elogiadas objetivamente en la institución de Washington? Probablemente no. Y Alexander Gintsburg, director de la institución de investigación que desarrolló la vacuna Sputnik V, tenía razón cuando afirmó:

    “Puedo decir que no está del todo claro cómo se evaluó todo esto, dada la alta tasa de mortalidad de las vacunas de mRNA”.

     

    ¿A los del mundo codicioso de la industria farmacéutica occidental les importarían esos hechos? Difícilmente. La postura ética de sus gerentes e inversionistas ha sido ahora reconocida claramente por la opinión pública, más allá de todas las fronteras: está privada de toda compasión, decencia y humanidad.

     

    Y como epílogo:

     

    A raíz del premio otorgado por la WVCW a Moderna, Reuters informó que la compañía farmacéutica "elevó su pronóstico de ventas para 2021 por su vacuna contra la COVID-19 en un 4,3% a $ 19,2 mil millones".

     

    Ein Gespenst geht um en Europa ... "

     

    (*) Marcello Ferrada de Noli, Profesor emérito sueco de epidemiología, ex investigador de la Facultad de Medicina de Harvard y fundador de Swedish Doctors for Human Rights. The Indicter en 8 de mayo de 2021


    Este texto se publicó originalmente como un artículo de opinión en RT.

     

     

  • Suecia ha hecho trampa

    «La conclusión es que Suecia ha hecho trampa»; «Preocupante»; «Se cuestionan los resultados de PISA en Suecia». Estos son algunos de los titulares que publican las principales cabeceras de Suecia a la luz del escándalo de PISA. Y es que, a la prensa le encanta destapar escándalos para alimentar el morbo de sus consumidores, pero ¿qué ha sucedido realmente esta vez?

     

     Por: Diego Kindler

     

    PISA (Programme for International Student Assessment por sus siglas en inglés), o lo que es lo mismo, el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, es un informe que realiza la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) en países de todo el mundo para, entre otras cosas, mostrar el estado real de la educación. La prueba es la misma para todos los países, y evalúa las competencias de los estudiantes en matemáticas, ciencias y comprensión lectora.

    En este escenario, comparable para algunos con un medallero olímpico, se observa una tendencia descendente de Suecia, cuyo sistema educativo ha ido relegando la calidad de la enseñanza a puestos que sorprenden, como es, por ejemplo, quedar por detrás de los EE. UU. en materia educativa, y muy lejos de sus vecinos europeos. Es más: si observamos el ranking de la OCDE en 2012 (consultar abajo), Suecia sencillamente no figura entre los primeros 30 países de la lista. Ante esta situación, el gobierno sueco decidió tomar cartas en el asunto en 2018, cuando, por arte de birlibirloque, obtuvo una posición excepcionalmente alta, y recalco lo de excepcional, porque la norma era que Suecia estuviera en los puestos bajos de la tabla, y en la prueba de 2018, Suecia figuraba en la mitad de la tabla. ¿Qué pasó? ¿Qué maravillosos cambios pudieron introducir para revertir esta vergonzosa tendencia?

    Antes de responder a esta pregunta, debería quizá mencionar algo que, creo, puede ser relevante. En 2015 escribí mi tesis en la Universidad de Estocolmo sobre el Informe PISA y la situación que acabo de describir. Por aquel entonces, el argumento que utilizó la oposición del tribunal fue que los alumnos extranjeros hacían bajar la prestación del conjunto de los suecos. Ese era y sigue siendo, un argumento falaz, por la sencilla razón de que otros países del entorno como Francia, Países Bajos, Suiza, Alemania, Reino Unido o la propia España, tienen una población de estudiantes de origen extranjero igual o incluso mayor que Suecia. La respuesta que obtuve entonces, por parte de una profesora de origen chileno, fue que los extranjeros en Suecia eran «de peor calidad», argumento que, no solo es racista, sino carente por completo de fundamento científico –como es en sí mismo el racismo-.

    Pues bien, volvamos ahora a 2018. ¿Qué hizo Suecia para mejorar sus resultados? ¿Invertir más en educación? ¿Mejorar la formación del profesorado? ¿Replantear el plan curricular de Skolverket para ponerse a la par de sus homólogos europeos? ¿O manipular la prueba? Efectivamente, la respuesta correcta es esta última. Lo que hizo fue excluir al 11% de los estudiantes seleccionados para la prueba que, a juicio del sistema educativo, podían perjudicar los resultados de ésta. Dicha cifra, como concluye la Oficina Nacional de Auditoría, que puede consultarse en el siguiente enlace: https://www.riksrevisionen.se/om-riksrevisionen/kommunikation-och-media/nyhetsarkiv/2021-04-29-otillracklig-uppfoljning-av-pisa-undersokningens-genomforande-2018.html , está muy por encima del 5% que permite la OCDE.

    El informe de la Oficina Nacional de Auditoría es contundente e incuestionable: «esto se hizo en parte por motivos incorrectos y que el Gobierno y Skolverket no han seguido la implementación. Tampoco se ha realizado ninguna investigación creíble posteriormente».

    Hay que destacar que el escándalo no es ni reciente ni actual. De hecho, la noticia salió a la luz en el verano de 2020, cuando el diario Expressen lo destapó, sin que tuviera mayor trascendencia. Esto se debió, en parte a que las noticias en verano tienen muy poco impacto, y en parte que la actual situación de pandemia, posterior a la fecha en la que se cometió la irregularidad, eclipsaron por completo la noticia.

    Ha hecho falta que la Oficina Nacional de Auditoría hiciera público su informe para forzar al ejecutivo sueco a sacar la cabeza de debajo del ala, y dar la cara (cosa que no acostumbra hacer). Como estamos viendo a raíz de esta crisis, las instituciones suecas prefieren buscar un chivo expiatorio conveniente (los inmigrantes, por norma general), y esconderse detrás de unas estadísticas ah hoc, que contrastan con los índices internacionales. Ante esta discrepancia, la actitud de las instituciones suecas suele ser la de desacreditar los informes independientes, y sacarse del sombrero un estudio propio que acalla cualquier crítica.

    El informe de la auditoría no deja lugar a dudas: «Después de la encuesta de Pisa en 2018, se criticó que demasiados estudiantes en Suecia habían sido exentos de tomar la prueba. Por tanto, se ha cuestionado si los resultados arrojaron una imagen real». Esto es una prueba más de la consumación del divorcio entre la realidad y la percepción que los suecos tienen de sí mismos. Y no se circunscribe solo a la situación del sistema educativo. Se aplica a muchos ámbitos de la vida en Suecia, como la sanidad, el medio ambiente, o el racismo institucional, este último, parte inseparable de la marca sueca. ¿Cómo explicar entonces que Suecia, hoy en día, siga siendo la región con mayor incidencia acumulada en casos de covid? Recordemos que, cuando comenzó la pandemia, FHM decía que un buen lavado de manos era suficiente para prevenir el virus. ¿Qué está pasando entonces? ¿Acaso los suecos no se lavan las manos? Ante esta pregunta, yo diría que, al contrario, los suecos son los campeones del lavado de manos. Y al igual que con la pandemia, en la que hemos visto que el jabón no previene el coronavirus, podemos constatar que el sistema educativo en Suecia no previene el fracaso, por mucho que lo disfracen y hablen de que «ningún alumno se queda atrás».

    Las reacciones del gobierno han sido las de esperar en Suecia: La ministra Ekström echó balones fuera y señaló al director de Skolverket, que asumió las culpas con la boca pequeña sin depurar responsabilidades, reparar el daño e invalidar los resultados de la prueba. En resumen: barrieron la mugre bajo la alfombra o, como decimos en España, «se hicieron los suecos».

    Diego Kindler 30/04/2021

     


    La Ministra de Educación, Anna Ekström. PISA 2018. 

     

    Resultados de PISA en 2018

     

    Resultados de PISA en 2012

     

  • ¿Qué pasó en Chile? Campeón del mundo en vacunación, pero vuelve al confinamiento

    El éxito chileno con su campaña de vacunación contra la Covid-19 fue motivo de admiración en el mundo entero. Sin embargo, las cifras no mejoraron, y Chile asombró una vez más, porque en lugar de bajar los contagios, estos se incrementaron. En los últimos días se ha apreciado una leve mejoría, pero los expertos aconsejan cautela.

    Aquí, una noticia sobre la “paradoja chilena”, que mostró que una vacunación rápida no necesariamente resuelve el problema de la propagación del coronavirus.

     

     Fuente: Svenska Yle. 7 abril 2021. Traducción: Magazín Latino

     

    Chile ha elaborado una de las estrategias de vacunación más exitosas del mundo. Sin embargo, Chile también ha aprendido que un ritmo veloz de vacunación no necesariamente resuelve el problema de la propagación del virus.

    La Unión Europea lucha con su lenta distribución de vacunas y está pensando en cómo reabrir las sociedades, para que la gente pueda empezar a vivir una vida más normal. También en Finlandia, el gobierno está considerando ahora una estrategia de salida.

    Es la llamada estrategia de salida, que ahora interesa a muchos – el salir de la burbuja cerrada en la que la mayoría de la gente ha tenido que vivir. Y las expectativas para la vacuna son altas. ¿Pero estamos tentados a creer demasiado en el poder de la vacuna? ¿Estamos adormecidos en una falsa sensación de seguridad?

     

    Chile es ”campeón mundial”

    Hay países que han comenzado bien con sus vacunaciones. Uno de ellos es Chile, un país que se dice que se convirtió en campeón del mundo en vacunación covid-19.

    Alrededor del 37 por ciento de los chilenos están vacunados. Esa proporción está lejos de la inmunidad de rebaño del 70 por ciento de la que los científicos suelen hablar, es decir, la proporción que se cree que es capaz de prevenir la libre propagación del virus.

    Chile hizo sus pedidos de vacunas en una etapa temprana y comenzó rápido con la vacunación. Los controles fronterizos se relajaron, la trazabilidad se volvió menos estricta, se suavizaron las restricciones de viaje y se abrieron escuelas, tiendas, centros comerciales, casinos, gimnasios e iglesias.

    Todo se veía mejor. ¿Pero qué pasó después?

     

    La propagación de la infección no disminuyó

    La propagación de la infección se disparó de nuevo, y Chile ahora debe reconsiderar.

    Ahora las autoridades chilenas anuncian que los vuelos internacionales estarán restringidos para todo abril tanto para ciudadanos chilenos como para extranjeros.

    La libertad de movimiento dentro del país también está restringida.

    El transporte de productos se minimiza y las personas no deben alejarse libremente de sus hogares.

    Ayer, el presidente Piñera [7 de abril] anunció que las elecciones en Chile se posponen para garantizar la salud de los ciudadanos.

     

    Jóvenes llenan los hospitales

    Los hospitales están al máximo de su capacidad, y son las personas de mediana edad y los jóvenes quienes están llenando los plazas hospitalarias cada vez más.

    El número de personas infectadas aumentó a medida que las vacaciones de verano llegaban a su fin.

    ¿Cómo pudo pasar esto en Chile? Las preguntas son muchas. ¿Se han destinado erróneamente las vacunas a grupos equivocados? ¿La vacuna no ha funcionado correctamente? ¿Las diversas variantes del virus, como la que se encuentra en Brasil, han tenido algo que ver?

    ¿Confiaron demasiado en el poder de la vacuna?

     

    La importancia de la cautela y cuidadosa flexibilización de restricciones

    La experiencia en Chile demuestra que un ritmo veloz de vacunación no significa mucho si no, al mismo tiempo, se es extremadamente cauteloso.

    Las restricciones deben relajarse de manera prudente y equilibrada. El problema del virus no ha desaparecido sólo porque la gente haya sido vacunada.

     

    "La vacuna condujo a una actitud más floja"

    Las autoridades sanitarias critican ahora al gobierno chileno por permitir que el programa de vacunación robarse todo el espectáculo en tanto que le restaba importancia a la información sobre los riesgos de abrir demasiado. Esto llevó a los ciudadanos a adoptar una actitud más floja, dicen los críticos.

    Sin embargo, no tiene que ir tan mal como en Chile. [De hecho, estos últimos días se ha observado una pequeña mejoría].

     

    La tasa de vacunación de Israel también es muy buena - y allí la propagación de la infección ha disminuido

    Israel es otro país donde el ritmo de vacunación ha sido muy bueno.

    Allí se ha logrado eventualmente abrir la sociedad. Y hasta ahora, la propagación de la infección se ha mantenido baja.

    Así que hay razones para el optimismo.

    A pesar de que los chilenos han vuelto a un estado donde deben tener cuidado y aislarse de nuevo, los israelíes han comenzado a mirar hacia adelante y pueden volver a una vida más normal.

    Más de la mitad de los nueve millones de habitantes del país han sido vacunados. Tiendas, hoteles, salas de conciertos y cines están abiertos.

     

    ¿Entonces, por qué le fue tan bien a Israel?

    Una serie de restricciones todavía están en vigor en Israel - por ejemplo, las mascarillas deben usarse fuera de casa, y el número de personas a las que se les permite reunirse en interiores es limitado.

    Uno podría preguntarse si es posible comparar a Chile con Israel. Hay diferencias entre los países.

    Por ejemplo, han tenido acceso a diferentes vacunas. También se trata de diferentes tipos de sociedades y culturas, y también que la densidad de población y la estructura demográfica también son diferentes.

    Tanto Chile como Israel han pasado por oleadas de infección, vacunas, confinamientos y reapertura - en un orden distinto.

    Y, por supuesto, tampoco está claro cómo será en algún tiempo. Nada es seguro.

     

    Fuentes: DW, Forbes, Reuters, The Guardian

     


    Chile ha tenido una exitosa campaña de vacunación. Foto: ElDesconcierto.cl. 

     

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