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Esa mañana del 11 de septiembre de 1973 – Un testimonio personal

Esa mañana del 11 de septiembre de 1973 – Un testimonio personal

Aquí, el testimonio de uno de los sobrevivientes de la época más aciaga de la historia moderna de Chile, uno de los fundadores del MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionario: Marcello Ferrada de Noli.

Con el golpe cívico militar del 73 en Chile, auspiciado por los Estados Unidos, “los generales de Pinochet y sus aliados se apoderaron militarmente del poder que políticamente les había sido negado por el curso de las elecciones democráticas”, escribe Ferrada de Noli, en esta columna-testimonio. 

 

 Por: Marcello Ferrada de Noli

 

Eran las siete de esa mañana brillante del 11 de septiembre de 1973 en Concepción, la ciudad más grande del sur de Chile. Entonces me alojaba en la casa de campo familiar a unos 20 kilómetros al norte del campus de la Universidad, donde no hacía mucho me habían nombrado profesor de métodos psicosociales. Había regresado desde México unos meses antes. Yendo hacia el garaje, el día soleado me hizo decidir a última hora ir en mi moto al trabajo. Como se demostró más tarde, fue una decisión espontánea que ciertamente me salvó de ser capturado, torturado y asesinado ese mismo día.

 

Hacían casi exactamente tres años atrás, Salvador Allende se había convertido en el primer presidente electo democráticamente en el mundo occidental. Yo tenía entonces 27 años, vivía en ese momento en Londres, y decidí regresar de inmediato a Chile. Durante esos primeros años, los cambios estructurales realizados por el gobierno de Allende a favor de los sectores menos privilegiados de la sociedad, y que en cierta medida iban a ser financiados por la nacionalización de la industria minera chilena del cobre - entonces explotada por corporaciones privadas estadounidenses – le adjudicaron muchos enemigos poderosos para él y su gobierno, tanto dentro como fuera de Chile.

 

Los partidos más grandes e importantes de la coalición de centroizquierda que apoyaron al gobierno de Allende estaban aún convencidos, de buena fe, de que el vasto apoyo popular a Allende, junto con las garantías democráticas de su gobierno evitarían cualquier atentado político serio contra el gobierno popular. Por otro lado, una pequeña voz minoritaria dentro de las filas de la izquierda, principalmente representada por el MIR – el Movimiento de Izquierda Revolucionaria - estaba bastante convencida de que el gobierno de Allende no era seguro y que un golpe de estado sería inminente. Con esto como punto de partida, el MIR había instado a Allende a asegurarse su apoyo entre las masas, profundizando las medidas socialistas a su favor. Al mismo tiempo, el MIR comenzó a hacer preparativos para resistir militarmente si fuera necesario, y pensó seriamente que esta resistencia podría ser útil cuando llegara el momento.

 

Los hechos probaron, fatalmente, que ambas tesis estaban erradas. Pinochet y sus generales no sólo estaban bien preparados militarmente, sino que su misión estaba bien asistida e incluso organizada con poderosa ayuda del exterior, desde la tierra de los dueños extranjeros de las minas chilenas, los Estados Unidos de Norteamérica. 

 

En definitiva, utilizando drástica y brutal violencia, los generales de Pinochet y sus aliados se apoderaron militarmente del poder que políticamente les había sido negado por el curso de las elecciones democráticas. Con todo, la táctica más eficaz de la operación de Pinochet fue el consiguiente encubrimiento de sus propósitos a su jefe, el presidente Allende, a quien había jurado lealtad hasta el último momento. Ni siquiera el MIR, a pesar de toda la inteligencia que pudo recopilar sobre los preparativos del golpe, pudo predecir la fecha exacta del golpe.

 

En consecuencia, esa mañana del 11 de septiembre, mientras me dirigía en moto hacia Concepción, entrando por la Avenida Collao, no sabía que las tropas de Pinochet estaban desde antes instalando controles y deteniendo todos los automóviles o autobuses que iban al centro. Los militares buscaban armas de combate y automóviles que transportaban a personas cuyos nombres figuraban en sus listas de arrestos. Solo dejaban pasar a los peatones, y que a primera vista no portaban armas de combate.

 

Los militares y las fuerzas policiales que colaboraron con ellos en la preparación de la toma militar tenían sus listas, exactamente como la Gestapo. En estas listas estaban todas las autoridades designadas por el gobierno, todos los dirigentes sindicales (no solo de organizaciones nacionales o regionales, sino de cada uno de los dirigentes sindicales en los lugares de trabajo) y los dirigentes de los partidos y organizaciones políticas de izquierda, los académicos e intelectuales simpatizantes de izquierda, los líderes de organizaciones estudiantiles, etc.

 

Me atrevo a decir que mis condiciones  no eran las mejores. En ese momento era miembro de la dirección de la asociación de profesores y trabajadores universitarios, que era mi asignación política pública. Además, como joven catedrático universitario licenciado en Filosofía y habiendo publicado recientemente un libro que - aunque su contenido era fundamentalmente filosófico - lo había dedicado expresamente a un líder indígena de los trabajadores agrícolas (Moisés Huentelaf, fallecido en 1972 por las balas de los poderosos terratenientes del sur de Chile), efectivamente fui considerado por los militares entre los llamados “intelectuales de izquierda”. Sin mencionar que había publicado artículos en la revista independiente de izquierda “Punto Final”. Y "lo peor" de todo, había sido uno de los fundadores del MIR, en octubre de 1965 y también coautor, junto con su amigo Miguel Enríquez (líder del MIR) y su hermano Marco Antonio, de la primera "Tesis político militar". del MIR aprobado en el congreso constituyente. Aunque no más de ochenta personas de todo Chile estuvieron presentes en el congreso constituyente de 1965, en el momento del golpe de Estado de 1973, el MIR había crecido con miles de seguidores, y muchos de ellos militantes centrales. Por primera vez también reconoceré aquí que mi rol político clandestino como militante del MIR fue el de miembro del Comité Organizador del MIR para la Región de Concepción.

 

A medida que veía aumentar los puntos de control, dejé la motocicleta y seguí más discretamente de a pie hacia Concepción. Como ya me encontraba camino a la Universidad decidí ingresar a la casa de la Avenida Roosevelt 1674, la residencia del Dr. Edgardo Enríquez Frödden, que entonces vivía en Santiago, en su condición de Ministro de Educación en el gobierno de Allende. Sabía que allí vivía su hijo Marco Antonio, uno de mis amigos más cercanos (hermano de Miguel Enríquez). Marco Antonio Enríquez era un académico de la Universidad de La Sorbona en París, que también había regresado a Chile. Allí nos pusimos al día sobre los acontecimientos, a través de la radio. El golpe de Pinochet había comenzado en la base naval de Valparaíso y había sido coordinado con tropas del Ejército en Santiago. Ahora se movían por el Palacio Presidencial “La Moneda” en el centro de Santiago.

 

Desde la casa de Enríquez llamé a la “central” pero no estaba operando tan temprano. Mientras tanto, vimos los camiones del ejército, llenos de soldados, yendo en dirección al campus universitario. Aproximadamente a las 10.30 tuve finalmente contacto y me dieron un “punto” (punto de encuentro) en el centro de Concepción, concretamente al final de la calle Maipú de la Galería Rialto (si recuerdo bien el nombre), para recibir detalles de las órdenes.

 

En ese momento, el MIR había preparado, a nivel nacional entre su organización central, una organización política militar basada en las “estructuras del GPM” (“grupos político-militares”). Esto significaba que cada militante, independientemente de su compromiso político público, era miembro de un GPM en particular. Estos GPM, también llamados "estructuras", se organizaron a su vez en células políticas militares clandestinas ("las bases"). En mi caso particular, estando en ese momento trabajando clandestinamente en detalle de Organización del Comité Regional, mi GPM era el que se llamaba “la estructura centralizada” y mi celda operativa era el propio detalle, integrado en ese momento por cinco integrantes (de éstos, tres han sobrevivido, todos residen en distintos países de Europa).  

 

La principal estrategia de contingencia del MIR para la eventualidad de un golpe de estado estaba contenida en el “Plan militar de emergencia” (PME) a nivel nacional, según el cual cada GPM, y a su vez cada célula en particular tenía un área geográfica previamente asignada para actuar política y militarmente durante la resistencia planificada. Hasta donde yo sé, todos los militantes del MIR habían tenido algún entrenamiento militar. Fuera de las células antes mencionadas, en el MIR existían también algunos de los llamados “grupos de fuerza”, integrados por militantes con cierta especialización para este tipo de tareas de resistencia. Algunos de ellos, también como militantes del MIR, habían servido anteriormente como guardaespaldas del presidente Allende. La mayoría de ellos ahora están muertos.

 

La célula de organización a la que yo pertenecía - como dije antes, pertenecía a la estructura central del MIR en Concepción - tenía asignados puestos de combate precisamente en el centro de la ciudad de Concepción. Esto me puso en un problema terrible, personalmente, ya que mis padres vivían en el edificio de la calle Colo Colo y la calle San Martín, a dos cuadras de la “Plaza de Armas” de Concepción y donde se ubicaban las oficinas gubernamentales. Esto significa también que cerca de la residencia de mis padres (a unos doscientos metros en dirección contraria) se encuentra el cuartel general de la División Militar de la guarnición Concepción (en la calle O'Higgins y la calle Castellón). También mi hijo y su madre se habían refugiado en la residencia de mis padres; esto después de que mi padre se fue al campo y los llevó a "salvo". De hecho, las fuerzas de Pinochet habían – durante mi ausencia - asediado la propiedad en el campo, en la tarde del 11 de septiembre.

 

La resistencia en Concepción, y en Chile en su conjunto, no se hizo a la escala que el MIR había esperado, aunque se produjeron numerosos combates a través de todo el país. En esta lucha participaron también militantes de otros partidos políticos de izquierda. En Concepción se reportaron escaramuzas esporádicas las noches del 11 y 12 de septiembre, tanto en el centro de la ciudad como en algún punto de su periferia. Y se suponía que esto estaba de acuerdo con el plan.

 

Fin de la primera parte

 

 

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    “Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina”, escribe la psicóloga y escritora Thamar Álvarez Vega. ¿Cómo vivieron los niños ese día fatídico en la historia de Chile? La autora nos comparte su experiencia y nos recuerda la importancia de la memoria histórica.

     

     Por: Thamar Álvarez Vega

     

    Hoy, 11 de septiembre, se conmemora uno de los eventos más duros, crueles y sanguinarios de la Historia de Chile. Pues se cumplen exactamente 48 años del golpe de Estado de 1973. Tengo claro que serán muchos los que rememoren este día desde su visión como militantes, simpatizantes, colaboradores, participantes o, simplemente, ciudadanos de a pie de la época de la UP y del gobierno del presidente Salvador Allende.

    Yo rememoraré ese día y los subsiguientes - previos al exilio de mi familia- desde la perspectiva de la persona que era entonces. Una niña de 8 años a quien el golpe de Estado alcanzó en su casa, en el seno de una familia de izquierdas, con abuelos, padres, tías y tíos militantes del PC y el MIR.


    Salvador Allende durante su campaña presidencial, con a los abuelos de la autora: Luis (a la derecha) y Raquel (izquierda). Foto: Privada. 

    Ustedes dirán que poco puede aportar a la memoria histórica y a la verdad una niña de tan corta edad. Pero se equivocarían. Pues lo que recuerdo de aquellos días impactó con tal fuerza en mi familia y en mi entorno, que me dejó imágenes, frases, escenas y, en suma, recuerdos imborrables. Como, estoy segura, ocurrió con muchos niños y niñas de entonces.

    El golpe de Estado comenzó muy temprano, en Valparaíso, puerto del que somos originarios todos los miembros de mi familia chilena. Mi abuelo, Luis Vega, era abogado y trabajaba como asesor jurídico del gobierno de Salvador Allende en la Intendencia de Valparaíso, sita en aquellos días en el edificio de la Armada, en Plaza Sotomayor. Desde muy temprano aquella mañana, captó movimientos sospechosos por parte de la plana mayor de la Armada e intentó alertar al presidente Allende por teléfono. No pudo. Fue detenido en la misma Intendencia y conducido, en primera instancia, a La Esmeralda, donde fue brutalmente interrogado y torturado. En los días y semanas siguientes, mi abuelo sería trasladado a Isla Dawson y, posteriormente, a los campos de concentración de Ritoque y Puchuncaví, donde seguiría sufriendo todo tipo de apremios y torturas.

    Mi padre, Víctor Manuel, fue exonerado de su trabajo y mi madre, Mariana, debió abandonar sus estudios universitarios en la Universidad de Playa Ancha pues esta cerró sus puertas con carácter indefinido desde el mismo 11 de septiembre. Ambos recibieron el aviso del golpe de Estado gracias a una vecina – en ese entonces vivíamos en la Población Empart de 15 Norte, en Viña del Mar – que recibió el llamado telefónico de mi abuela, Raquel, desde Valparaíso, y avisó a mis padres. Yo estaba en ese momento tomando mi desayuno, pues me aprestaba a acudir al Colegio Hebreo, donde estudiaba 4º básico. En ese mismo instante, con mi taza de té con leche en la mano, el mundo que me rodeaba cambió para siempre.


    Thamar junto a su hermana, Marcia y a su padre, Victor Manuel. Foto: Privada.

    El descalabro en mi familia podría verse como una metáfora, a escala menor, de lo que ocurrió en el país desde ese día oscuro. Un descalabro terrorífico que se volvió cotidiano en miles de hogares chilenos, y que para muchos de ellos duró 17 años.

    Muchas serían las remembranzas que podría compartir con ustedes de aquellos días. La visión del departamento de mis abuelos en Valparaíso luego del allanamiento sufrido por militares. El largo pasillo atestado de libros, revistas, posters, carpetas, que dificultaban el paso al transitar por este; los muebles corridos, las vitrinas volcadas, los cables arrancados de la pared… La detención de mi madre una noche de octubre, estando solas en casa, los golpes y gritos atronadores en la puerta, y cómo los militares se la llevaron no sin antes permitir – todo un detalle - que nos dejara a mi hermana y a mí al cuidado de una vecina, Inés; las detenciones de mis tías en la academia de guerra naval, el cuartel Silva Palma, y en el caso de una de ellas, en un barco de guerra, el Lebu; el llanto de mi abuela ante la violencia que sacudía a su familia; la radio transmitiendo una única palabra con voz tétrica y metalizada: “Esculapio”; el miedo y el desconcierto por la falta de información del estado de mi abuelo; mi padre alejado del peligro gracias al proverbial trabajo que un familiar le consiguió en Los Andes; la persecución que sobrevino después de la liberación de mi madre y mis tías; el transcurrir de los meses en un clima de amenazas constantes y la incertidumbre por el futuro del país. Y, finalmente, el exilio de toda mi familia, que dio comienzo a una diáspora que dura, para muchos de nosotros y nosotras, hasta el día de hoy.

    Sin embargo, no todos son recuerdos propios. Llegadas las Fiestas Navideñas y con mi padre ausente, mi madre, mi abuela, mi hermana y yo nos reunimos nuevamente en casa de Inés. Y lo que sucedió esa noche tuvieron que contármelo pues la tengo borrada, bloqueada. Por mi madre pude enterarme de que esa Nochebuena, ya oscuro, por el ventanal del jardín apareció una joven mujer disfrazada de Papá Noel. Desde dentro del departamento se apresuraron a abrir el ventanal y dejarla entrar, pues ya era hora del toque de queda. La joven les explicó que se encontraba sola, que su padre y su marido estaban presos y en paradero desconocido. Y que, sola y triste en su casa, había tomado la resolución de vestirse de fiesta y salir por la población a alegrar a los niños… Pero, allí sentada en el tresillo del salón, sus palabras se convirtieron en llanto desolado, que contagió a todos quienes la escuchaban. ¿A alguien puede extrañar que una niña bloqueara en su memoria una escena como esa?


    La autora junto a su hermana y a su madre. Foto: Privada.

    En una niña es comprensible. En un país, no. Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina. El principio de una dictadura cruel que duró 17 años y que significó miles de muertos, desaparecidos, exiliados, torturados, exonerados, relegados y mujeres violadas y también asesinadas y desaparecidas.

    Una fecha para no olvidar. Una fecha para Nunca Más.

     

    Esplugues de Llobregat, Barcelona, España

    Thamar Álvarez Vega 

    Psicóloga y escritora 

     


    Salvador Allende tenía una gran preocupación por los niños. El medio litro de leche diario fue una de sus emblemáticas medidas, que contribuyó a mejorar la calidad de vida, sobre todo de los niños que vivían en la extrema pobreza. Foto: Wikimedia.org.


    El Palacio de la Moneda siendo bombardeado, el 11 de septiembre de 1973. Foto: Archivos.

  • Por el desarme nuclear de Israel y un Oriente Medio libre de armas nucleares

    "Pedimos a la ONU y al Consejo de Seguridad que, responsablemente y sin reservas, condenen y hagan responsable a Israel por repetidos ataques, peligrosos y profundamente irresponsables, contra instalaciones nucleares civiles y el asesinato de científicos iraníes. Además, instamos a los Estados miembros de la ONU a que se embarquen, con carácter de urgencia, en la tarea largamente postergada del desarme nuclear de Israel", escriben connotadas personalidades internacionales en una declaración publicada en Consortium News, USA. 

     

     Por: Firmantes. Time to End the Silence on Israel’s Nuclear Weapons, Consortium News, USA. 17-05-2021.

     

    Nosotros, los abajo firmantes, condenamos enérgicamente el sabotaje en la planta de enriquecimiento nuclear de Natanz, en Irán, el 11 de abril de 2021 – una forma de terror nuclear.

     

    Casi universalmente, e incluso por los medios israelíes, este ataque ha sido atribuido a Israel, y confirmado por funcionarios de inteligencia estadounidenses e israelíes. Dichos ataques conllevan un grave riesgo de fugas radiactivas de alto nivel que podrían poner en peligro la vida de miles de seres humanos inocentes, y contaminar irreparablemente el medio ambiente, causando malformaciones genéticas y enfermedades a largo plazo, con consecuencias destructivas de gran alcance en el futuro.

     

    El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha verificado repetidamente que el programa nuclear de Irán es pacífico y está sometido a un estricto régimen de vigilancia. Israel, por el contrario, es el único estado con armas nucleares en el Medio Oriente, ya que posee un gran arsenal de armas nucleares, razón por la cual ese país se niega a adherirse al Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares.

     

    El silencio ensordecedor de la autoproclamada comunidad internacional en respuesta al terror nuclear de Israel podría sentar un precedente mortal. Su repetición puede convertirse en una cadena interminable de represalias y una carrera de armamentos en el Oriente Medio ya devastado por la guerra.

     

    Por lo tanto, pedimos a la ONU y al Consejo de Seguridad que, responsablemente y sin reservas, condenen y hagan responsable a Israel por repetidos ataques, peligrosos y profundamente irresponsables, contra instalaciones nucleares civiles y el asesinato de científicos iraníes. Además, instamos a los Estados miembros de la ONU a que se embarquen, con carácter de urgencia, en la tarea largamente postergada del desarme nuclear de Israel, y coloquen su programa nuclear bajo la supervisión y vigilancia de la Agencia Internacional de Energía Atómica, en línea con la iniciativa –ya de larga data– de crear un Medio Oriente libre de armas nucleares.

     

    Profesor Ervand Abrahamian, (profesor distinguido de historia, Baruch College y City University, NuevaYork)

    Profesor Arshin Adib-Moghaddam, (profesor de Pensamiento Global y Filosofías Comparadas, Escuela de Estudios Orientales y Africanos, Londres)

    Dr. Bahman Azad, (Secretario Ejecutivo, Consejo de Paz de EE. UU.)

    Ajamu Baraka, (Organizador nacional, Black Alliance for Peace, EE. UU.)

    Dra.Catherine Brown, (BA Cantab, MA, Londres, MSc Lond, PhD Cantab)

    Dr. Raymond Brown, (FRCPych, psicoterapeuta consultor jubilado, Reino Unido)

    Profesor Noam Chomsky, (profesor emérito del Instituto MIT, profesor laureado U. de Arizona)

    Sheila Coombe, (activista, fundadora de Frome Stop War)

    Dr. Raymond Deane, (compositor, autor, activista político, Irlanda)

    Profesor Abbas Edalat, (profesor de informática y matemáticas, Imperial College, Londres, fundador de CASMII)

    Profesor Marcello Ferrada de Noli, (Dr en psiquiatría, profesor emérito de epidemiología, fundador de la ONG Profesores y doctores suecos por los derechos humanos SWEDHR)

    Dr. Norman Finkelstein, (politólogo, activista, exprofesor, autor)

    Margaret Flowers, (Directora, Resistencia Popular, EE. UU.)

    Roger Harris, (Miembro de la Junta del Grupo de Trabajo sobre las Américas)

    Chris Hedges, (exjefe de la Oficina de Medio Oriente de The New York Times)

    Joe Lauria, (Editor en jefe, Consortium News)

    Alexander Mercouris, (Editor en jefe, The Duran)

    Dr. Morteza, Mohit, M.D. (analista social y político, EE. UU.)

    Gareth Porter, (periodista, historiador, autor)

    Vijay Prashad, (historiador, periodista, director ejecutivo de Tricontinental: Institute for Social Research, editor en jefe LeftWord Books)

    Dr. Sami Ramadani, (profesor de sociología, activista, autor)

    Mehrnaz Shahabi, (activista por la paz y la cultura, Reino Unido)

    Shahabi, Mehrdad (activista por la paz y la cultura, Irán)

    Dr. Mohammadreza Taherian, (activista cultural, Irán)

    Turner, Carol (Vicepresidente, Campaña para el Desarme Nuclear, Londres)

    Vahedian Farshid (activista por la paz y la cultura, EE. UU.)

     

    [Traducido de Time to End the Silence on Israel’s Nuclear Weapons, Consortium News, USA, 17 mayo 2021]

     

  • Mujeres y sus hombres. Adelante adelante

    Una elección histórica se celebró en Chile este fin de semana. Histórica, porque por primera vez serán representantes del pueblo quienes redacten la Carta Magna, y no una élite de hombres y entre cuatro paredes. 

    Porque los jóvenes que valientemente salieron a las calles para protestar no por un alza de 30 pesos, sino por 30 años de injusticia, lograron su objetivo: hacer polvo la Constitución del dictador. Y con reglas claras: paridad de sexo y cupos reservados a los pueblos originarios. A esos jóvenes – que lo dieron todo - debemos agradecer que nuestra historia se escriba, desde ahora, con la tinta de la dignidad.  

    Aquí, un poema del Profesor Marcello Ferrada de Noli, dedicado "a los que seguirán combatiendo". (*)

     

     Por: Marcello Ferrada de Noli

     

    Mujeres y sus hombres. Adelante, adelante

     

    Los que llevan en sus manos

    Las piedras y los palos

    Y transportan en sus sueños

    Una patria para todos

    Los que yacen en el suelo

    Con su cara sangrando

    Y les sacan sus ojos

    Los esbirros del gobierno

     

    Y los dejan sordos

    Las bombas vergonzantes

    Carceleros de turno

    Incomunican sus voces

     

    Las cortes los sentencian

    Al ver que en su argumento

    Existe la justicia

    Desechada por sus jueces

     

    Inunda la bondad

    Que no existe en el reino

    De actores jurídicos

    De acomodados

    Y ricachentos

    Y de curas

    Y eclesiásticos

    Y diputados corruptos

     

    Un mundo al revés

    De inmorales dictando

    Las normas de ética

    Del buen comportamiento

    De obedecer a los tiranos

    De alabar a los verdugos

    De repetir la mentira

    De dejar de ser humano

     

    Obreros y estudiantes

    Adelante, adelante

    Mujeres y sus hombres

    Adelante, adelante

    Empuñen sus banderas

    De frente, de frente

    Ayer éramos menos

    Adelante, adelante

    Y muchos cayeron

    De frente, de frente

    La victoria será nuestra

    Porque somos la conciencia

    Y tenemos la razón

    Y tenemos nuestra fuerza.

     

     (*) Este poema forma parte del libro recientemente publicado Si Bemol de Combate. San Giovanni Bianco, Bérgamo – Italia 2021. 

     

     

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