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Lunes, 12 Noviembre 2018 | Login
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Adda Miranda: “No quiero guardar silencio ni olvidar” Anda Miranda frente a su muestra artística "Amarras de la memoria", que se está presentando en Espacio Matta, en Santiago. Foto: Luis Carvajal.

Adda Miranda: “No quiero guardar silencio ni olvidar”

A 44 años del golpe cívico-militar, ese fatídico episodio que marcó el país el 11 de septiembre de 1973, este sigue siendo una herida abierta en la sociedad chilena. Y Chile un país dividido entre quienes optan por el olvido y quienes exigen que se haga justicia. Que se condene a los culpables de las atrocidades cometidas en contra de sus propios compatriotas.

Desde Chile nos llega esta nota sobre una artista chilena que no quiere ni olvidar ni guardar silencio. En su muestra artística “Amarras de la Memoria” Adda Miranda nos insta a no olvidar la brutalidad de la dictadura de Pinochet.

 

Por: Lilian Aliaga

 

Cuando nos enfrentamos a un nuevo aniversario de una fecha que cambió tan drásticamente la vida de nuestro país, y por ende la de muchas familias chilenas ocasionando secuelas que se arrastran en muchos casos penosamente hasta el día de hoy, hay quienes luchan por mantener viva la memoria.

Aunque muchos quisieran olvidar, el hacerlo es un acto peligroso, puesto que conduce a la antesala propicia para que la historia se repita. Como tantas veces ha ocurrido ya, en nuestro país y en el mundo entero.

Adda Miranda es una de esas personas que saben que debemos vivir el presente, pero sin olvidar el pasado. Ella es una artista chilena, exonerada y exiliada política, y nos dice: “con la inquietud de plasmar, de algún modo, el sufrimiento causado por la dictadura militar, yo no quería guardar silencio ni olvidar “.

Es a través de trabajos en cerámica gres y textiles, en un retomar la forma y de algún modo hacer un paralelo entre nuestra historia reciente y la de los pueblos precolombinos que contaron la suya a través de estas formas de arte, como Adda se expresa, en un intento de liberación y de sanación. Ejercicio que, a pesar del enorme desgaste emocional y físico que conlleva, realiza con la energía propia de quienes desean seguir manteniendo vivo el sentimiento y el espíritu de los desarraigados, torturados, muertos y desaparecidos del Chile de 1973 y de todos quienes han sufrido junto a ellos.

El tema de la mujer y también el del desarraigo han estado siempre presentes en la obra de esta artista marcada por el exilio, por ello su muestra anterior, “Huellas de Mujer”, presentada en el 2015, estuvo formada por torsos de mujeres que evocaban estos sentimientos. Su sueño a futuro es retomar la temática de la mujer con sus múltiples facetas.

En la muestra actual la artista ha trabajado de la mano de su tutor, a quien agradece de manera especial: Arturo Duclos.

Espacio Matta es el más importante Centro Cultural de la zona sur de Santiago, y su historia es el marco perfecto para la exposición de Adda Miranda.

Este centro fue construido para acoger en su interior un mural grandes dimensiones: “El Primer Gol del Pueblo Chileno”, creado por el gran pintor surrealista chileno, Roberto Matta con la colaboración de la Brigada Muralista del Partido Comunista Ramona Parra, en el año 1971, para conmemorar el primer año de gobierno del presidente Salvador Allende.

La historia del mural es muy significativa puesto que también es una muestra concreta de cómo la verdad siempre se impone. Siendo cubierto por 14 capas de pintura, durante la dictadura cívico militar, en un intento por borrarlo, pudo ser restaurado mediante el trabajo de un equipo multidisciplinario que tomó dos años en ello, a partir de 2005.

 

 

Amarras de la memoria

Esta muestra artística representa un sentimiento que a mucha gente le sobrecoge hasta hoy, en relación a ese período fatídico de nuestra historia. El de quedar atrapado en la crueldad de esos recuerdos y no poder dejarlos atrás.

- Pero en el ejercicio de exorcizar este pasado inenarrable, liberamos el dolor y restauramos nuestra paz al compartir el relato del horror que fijamos en estas evocativas esculturas, que también nos conectan con el pasado aún más cruel de la colonización de nuestras tierras. A falta de verdad y justicia, el arte es nuestra sanación, ha dicho el artista Arturo Duclos.

 

Los pueblos precolombinos supieron trasmitir su historia a través de diversas formas artísticas, especialmente en textil y cerámica. Contaron su historia como pueblo a través de su iconografía, hasta la llegada de los “conquistadores”, quienes arrasaron con sus creencias religiosas, el culto a sus muertos, su sabiduría, su cultura y su arte. Una América Precolombina cruelmente destruida por el fanatismo religioso, por el poder de las armas y por la codicia extrema.

- El horror que significaron las prácticas genocidas ideológicas empleadas en Chile por la dictadura militar, me recuerda los terribles actos de violencia, represión, tortura y muerte sufridos por nuestros pueblos precolombinos en manos de los “conquistadores”. Como exiliada que se hizo artista, me pregunto ¿cómo representar el dolor humano? es casi imposible, pero me niego a ser cómplice del silencio o del olvido. He querido plasmar nuestra historia oscura, el Chile dictatorial, a través de esta instalación, que consta de esculturas en cerámica y textil que nos remontan al mundo precolombino, al pasado y al presente, expresa Adda Miranda.

“Amarras de la Memoria” nos invita, como testigo o como víctimas, a no olvidar la brutalidad de la dictadura militar que se instauró en Chile en septiembre de 1973.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Media

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    "Me es imposible no recordar a mi madre Catalina a quien este “valiente soldado”, le arrancó sus ojos y su vida. También le quitó del vientre de mi tía Mónica a mi primo de 3 meses de gestación. Al abuelo Alberto lo colgaron de un árbol y le aplicaron agua y aceite hirviendo ¿Son estos los grandes logros militares por los cuales el Ejército de Chile le rinde honores a Miguel Krassnoff?"

    Testimonio de Beto Rodríguez Gallardo, sobreviviente e integrante de la familia Gallardo Moreno, del Montaje de Rinconada de Maipú. 

     

     Fuente: El Desconcierto. 15.10.2018

     

    Con estupor he recibido la noticia de un nuevo homenaje al criminal de lesa humanidad Miguel Krassnoff Martchenko, llevado a cabo en la Escuela Militar.

     

    El año 2003, a 30 años del golpe de Estado, lo homenajearon los 1200 empresarios más ricos de Chile en el centro de eventos Casa Piedra, lugar de reunión emblemático de la élite nacional. Ese año estaban en curso las investigaciones judiciales por sus múltiples crímenes (desaparición forzada, ejecución política, tortura y violencia sexual política); sin embargo, él se paseaba libre por las calles, creyendo que nunca le podríamos quitar el manto de impunidad que le otorgaba haber servido fielmente a sus patrones. Luego, en noviembre del año 2011, Cristián Labbé (compañero de armas, de torturas y asesinatos), promueve un acto de reconocimiento en el Club Providencia. En esta oportunidad la prepotencia edilicia, no permitió ver los reales sentimientos que provocan en la sociedad chilena, las graves masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos que cometió “el joven brigadier”. Como el llamado fue abierto y público, la organización social no se dejó esperar, fuimos miles de personas los que salimos a las calles a repudiar este acto. Miles los que, una vez más, dijimos con voz fuerte y clara “No a la impunidad”.

     

    Desde hace años las organizaciones de Derechos Humanos y Memoria, venimos exigiendo que se promulgue una ley que sancione las conductas de apología del terror, de revisionismo y negacionismo, las cuales dañan los pilares más básicos de nuestro pacto social y de nuestra democracia; así como también, atentan contra los familiares de las víctimas del Terrorismo de Estado, retraumatizando y revictimizando en una cadena sin fin.

     

    En este contexto me es imposible no recordar a mi madre Catalina a quien este “valiente soldado”, le arrancó sus ojos y su vida. También le quitó del vientre de mi tía Mónica a mi primo de 3 meses de gestación. Al abuelo Alberto Lo colgaron de un árbol y le aplicaron agua y aceite hirviendo ¿Son estos los grandes logros militares por los cuales el Ejército de Chile le rinde honores?

     

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     Fuente: Radio BioBio

     

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    De este modo, en resumen, todos los argumentos centrales de Bolivia fueron descartados por la Corte Internacional de Justicia.

     

    “Chile no tiene obligación de negociar”

    Incluso el tribunal fue más allá y apuntó que en los acuerdos unilaterales “no hay pruebas de intención de Chile de asumir obligación de negociar”, al mismo tiempo que la declaración ONU de 1984 “no se puede considerar una base jurídica para negociar”.

     

    En tanto, sobre las “expectativas legítimas” de Bolivia, el tribunal asegura que se pueden encontrar referencias de ello, pero no se sigue un principio que pueda dar lugar a una obligación fundada.

     

    Sobre carta de las Naciones Unidas, de paso, aseguró que el término “negociar” no aparece en la carta. En solución de disputas, las partes a menudo recurren a una negociación, pero no están obligadas a hacerlo.

     

    En décimo tercer lugar, la CIJ recalcó que ninguna de las resoluciones de la Asamblea General de la OEA indican que Chile tenga obligación a negociar.

     

    Asimismo, sobre la “continuidad histórica” y “acumulativa” argumentada por Bolivia, el tribunal asegura que “en ningún caso establecería una obligación”.

     

    Por ello, la Corte Internacional de Justicia concluyó por 12 votos a 3 que Chile no tiene obligación de negociar. Eso sí, precisó que el fallo no impide continuar las negociaciones a futuro.

     

     
    Varios medios chilenos transmitieron en directo la lectura del fallo. Foto: Captura de pantalla de Teletrece.

     

    Para ver vídeo, entre a la nota en Radio BioBio - haga clic 

     

     

     

     

     

  • Te recuerdo, Miguel

    El golpe de Estado del 73 no solo dejó hondas cicatrices en la memoria histórica en Chile. Dejó también innumerables historias que nunca fueron contadas, y que, si no las traemos a la luz, nunca iluminarán nuestro futuro.

    Esta crónica de Lilian Aliaga rescata a uno de esos héroes anónimos que cayeron luchando por un mundo mejor.

     

     Por: Lilian Aliaga

     

    Sentada en frente de una hoja en blanco intento plasmar las emociones que me invaden luego de escuchar las diversas opiniones que difunden los noticieros en relación con los últimos acontecimientos que se han venido desarrollando en Chile:

     

    La acusación constitucional a los jueces del Tribunal Supremo de la nación, que concedieron libertad a prisioneros de Punta Peuco condenados por delitos de lesa humanidad.

     

    Los esfuerzos de algunos para hacer valer su opinión de “poner en contexto” los hechos ocurridos durante la dictadura, como si existiese “un contexto” que validara tanta crueldad y tanto ensañamiento con tantas miles de víctimas.

     

    Algunos, los de siempre, tratando de defender lo indefendible, quizás con el objetivo en mente de que algún día el olvido le gane a la memoria y las nuevas generaciones lleguen, tal vez, a negar lo ocurrido ese 11 de septiembre de 1973, diciendo que fue un “montaje”. Como ocurre también en relación con el Holocausto, con los llamados “negacionistas”.

     

    Ante esto, con la esperanza y la convicción de que no podemos dejar que esto ocurra, y dejándome llevar más por el corazón que por la razón, escribo por vez primera acerca de mis vivencias personales de aquellos días:

     

    El radiante sol de primavera y el persistente viento más bien frío me retrotraen a aquella mañana de septiembre del 73, cuando con apenas 20 años deambulaba por cada centro de detención en Santiago y alrededores en busca del hombre que me había robado el corazón.

     

    Un hombre soñador, amante de los perros callejeros y de las palomas. Cantor y poeta que, como tantos jóvenes idealistas de aquella época, había cruzado la cordillera de Los Andes para venir a conocer esta insólita llegada al poder por la vía democrática. La vía pacífica de un gobierno que representaba sus ideales, tan pisoteados en su propio país por las sucesivas dictaduras militares.

     

    Recuerdo las largas y apasionadas conversaciones sostenidas en el salón comedor de la UNCTAD, donde con frecuencia y por muy poco dinero, comprábamos nuestros almuerzos muchos universitarios pobres como yo, que estudiábamos gratuitamente. Trabajadores, intelectuales, artistas y un mundo variopinto de personas en un ambiente imposible de describir por su diversidad y efervescencia.

     

    Hoy tú ya habrías pasado los 70 años, y si los sueños de aquella época se hubiesen hecho realidad, viviríamos tal vez más al Sur, en una casa pequeña de paredes muy blancas y rodeados del espacio suficiente para acoger a tantos perros como hubieses podido rescatar de la calle.

     

    Pero tu destino fue otro y tú, que tan sólo tenías tu inseparable cuaderno y tu lápiz como únicas armas, fuiste uno más de los caídos en aquel desigual e injusto combate.

     

    En marzo de 1974, mi peregrinar terminó abruptamente cuando tus restos, o lo que dijeron que eran, fueron enviados a tus padres, quienes nunca lograron tener la certeza de que habían recibido el cuerpo de su hijo.

     

    Supe por testigos, muchos años más tarde, que fuiste atrozmente torturado antes de morir, te mataron a punta de golpes. Tu estatura, tu pelo claro ensortijado y tus bellos ojos color de miel eran una amenaza. Te veían como un fiel representante de un “enemigo de la patria”, como me espetó un soldado cuando mencioné tu nombre y tu nacionalidad, luego de horas de espera a pleno sol, frente al Ministerio de Defensa, en Santiago. Me respondió con una rabia tal, que sentí miedo. Me apuré en irme y me quedé con la sensación de que me seguían.

     

    Sin darme cuenta, finalmente, dirijo mis palabras a ti, Miguel, y en tu nombre rindo homenaje a los miles de hombres, mujeres y niños que corrieron tu misma suerte. A todos quienes vieron sus vidas trastocadas, sus sueños destrozados, y a quienes el destino llevó, a raíz de tan aciagos acontecimientos, por rumbos jamás imaginados.

     

    Lilian Aliaga

    11 de septiembre de 2018

     


    Foto: Eldesconcierto.cl. 

     

     

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