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Ariel Dorfman - "Epitafio para otro 11 septiembre" Foto: Nydailynews.com/ diasdehistoria.com. Montaje: Magazín Latino.

Ariel Dorfman - "Epitafio para otro 11 septiembre"

Hoy, 11 de septiembre, se cumplen 43 años del golpe cívico militar que en 1973 la derecha chilena, apoyada por Estados Unidos, derrocara al Presidente electo democráticamente, Salvador Allende. El "Compañero Presidente", como le gustaba que lo llamaran, fue el primero en pagar con su vida el haber soñado que un mundo mejor era posible. Le siguieron miles y miles de chilenos y una gran diáspora que partió al exilio y que ahora se encuentran en los más diversos países del mundo entero.

Para todos ellos, el 11 de septiembre seguirá siendo recordado como un día fatídico, de dolor y de muerte, de la desaparición de seres queridos que nunca más fueron encontrados. Pero la lucha por la recuperación de sus cuerpos aún sigue. La lucha por la verdad y la justicia sigue vigente. "Ni olvido ni perdón" es una de sus consignas.

En Suecia, como en otros países, el 11 de septiembre es recordado por el atentado a las torres gemelas y al Pentágono estadounidense, el 2001, quedando de lado "el otro 11 de septiembre", el ocurrido en Chile en 1973.

Por esas ironías del destino Ariel Dorfman, destacado escritor chileno-estadounidense - y que para el 73 era asesor cultural de Salvador Allende - vivió presencialmente ambos 11/9. El 11 de septiembre de 2011 escribió una crónica que ha sido ampliamente difundida y que lleva por título: "Epitafio para otro 11 septiembre".

"Es muy extraño, es como si la historia hubiera querido que estuviera presente en ambos sitios", dijo en una entrevista con Democracy Now!

 

 

Fuentes: Página 12 / Democracy Now!

 

Ariel Dorfman fue entrevistado, el 14 de 2011, por Democracy Now!, que escribió, en esa ocasión:

El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet —con el respaldo por Estados Unidos— dio un golpe de Estado en Chile y derrocó al presidente Salvador Allende, que había sido elegido democráticamente. Allende murió en el Palacio presidencial ese día. Ariel Dorfman se desempeñó como asesor cultural de Salvador Allende desde 1970 hasta 1973. Después del golpe, se exilió y hoy es considerado uno de los grandes escritores de América Latina. "Chile reaccionó al régimen de terror que se impuso con una resistencia pacífica. Por ejemplo, no fuimos a bombardear Washington porque Washington había ordenado y ayudado a dar el golpe de Estado en Chile. Por el contrario, hicimos una revolución pacífica contra Pinochet", señala Dorfman. "Si se compara eso con lo que hizo Bush por el accionar de esta banda de terroristas muy pequeña, los resultados han sido absolutamente terribles. Si se trató de una prueba, y creo que las grandes catástrofes siempre son pruebas de la voluntad y los valores de una Nación, EE.UU. fracasó terriblemente".

 

En este enlace, podrá ver la entrevista de Democracy Now! con Ariel Dorfman en su totalidad. En inglés y en español.

 

 

 Ariel Dorfman frente al Palacio de La Moneda, en Santiago. Foto: Nydailynews.com.

 

 

A continuación, la crónica de Ariel Dorfman en Página 12:

 

 

Epitafio para otro 11 septiembre

 

Aquel 11 de septiembre letal –recuerdo que era un martes– me despertó un sonido de angustia por la mañana, la amenaza de aviones que sobrevolaban nuestro hogar. Y cuando, una hora más tarde, divisé una nube de humo que subía desde el centro de la ciudad, supe que mi vida y la vida de mi país habían cambiado en forma drástica y tajante, por siempre jamás. El año era 1973 y el país era Chile y las fuerzas armadas acababan de bombardear el palacio presidencial en Santiago, estableciendo desde el principio la ferocidad con que responderían a cualquier intento de resistir el golpe contra el gobierno democrático de Salvador Allende. Ese día, que comenzó con la muerte de Allende, terminó convirtiendo en un degolladero la tierra donde habíamos intentado una revolución pacífica. Pasarían casi dos décadas, que viví mayormente en el exilio, antes de que pudiéramos derrotar a la dictadura y recuperar nuestra libertad.

Veintiocho años después de aquel día inexorable en 1973, sobrevino un nuevo once de septiembre, también un martes por la mañana, y ahora les tocó el turno a otros aviones, fue otra ciudad que también era mía la que recibió un ataque, fue un terror diferente que descendió desde el aire, pero de nuevo mi corazón se llenó de angustia, de nuevo confirmé que nunca nada sería igual, ni para mí ni para el mundo. Esta vez el desastre no afectaría únicamente la historia de un país y no sería tan sólo un pueblo el que sufriría las consecuencias del odio y la furia, sino el planeta entero.

Me ha sobrecogido, durante los últimos diez años, esta yuxtaposición de fechas. Es posible que mi obsesión con buscar un sentido oculto detrás de tal coincidencia se deba a que era yo residente de ambos países en el momento preciso en que sobrellevaron la doble embestida, la circunstancia adicional de que estas dos ciudades agredidas constituyen los fundamentos gemelos de mi identidad híbrida. Porque crecí aprendiendo el inglés de niño en Nueva York y pasé mi adolescencia y juventud enamorándome del castellano en Santiago, porque pertenezco tanto a la América del Norte como a la del Sur, no puedo dejar de tomar en forma personal la paralela destrucción de esas vidas inocentes, abrigo la esperanza de que del dolor y la confusión ardiente nazcan algunas lecciones, tal vez algún aprendizaje. Chile y los Estados Unidos ofrecen, en efecto, modelos contrastantes de cómo se puede reaccionar ante un trauma colectivo.

Una nación sometida a una adversidad tan brutal enfrenta ineludiblemente una serie de preguntas básicas que interrogan sus valores esenciales, su necesidad de obtener justicia para los muertos y reparación para los vivos sin fracturar aún más un mundo quebrantado. ¿Es posible restaurar el equilibrio de ese mundo sin entregarnos a la comprensible sed de venganza? ¿No corremos el riesgo de parecernos a nuestros enemigos, de tornarnos en su sombra perversa, no arriesgamos acaso terminar gobernados por nuestra rabia, que suele ser tan mala consejera?

Si el 11 de septiembre del 2001 puede entenderse, entonces, como una prueba en que se sondea la sabiduría de un pueblo, me parece que Estados Unidos, desafortunadamente, salió mal del examen. El miedo generado por una pequeña banda de terroristas condujo a una serie de acciones devastadoras que excedieron en mucho el daño causado por el estrago original: dos guerras innecesarias; un derroche colosal de recursos destinados al exterminio que podrían haber sido invertidos en salvar a nuestro planeta de una hecatombe ecológica y a nuestros hijos de la ignorancia; cientos de miles de seres muertos y mutilados y millones más de desplazados; una erosión de los derechos civiles y el uso de la tortura por parte de los norteamericanos que les dio el visto bueno a otros regímenes para que abusaran aún más de sus poblaciones cautivas. Y, finalmente, el fortalecimiento en todo el mundo de un Estado de Seguridad Nacional que exige y propaga una cultura de espionaje, mendacidad y temor.

El pueblo chileno también pudo haber respondido a la violencia con más violencia. Sobraban razones que justificaban levantarse en armas contra el déspota que traicionó y derrocó a un presidente legítimo. Y, sin embargo, los chilenos democráticos y los líderes de la resistencia –con algunas lamentables excepciones– decidieron desalojar al general Pinochet del poder mediante una activa no-violencia, recuperando, brazo a brazo, una organización tras otra, el país que nos habían robado, hasta vencer al tirano en un plebiscito que tenía todas las de ganar. El resultado no ha sido perfecto. Pero a pesar de que décadas más tarde la dictadura derrotada sigue contaminando a la sociedad chilena, la forma en que libramos nuestra batalla sigue constituyendo un ejemplo, en definitiva, de cómo es posible crear una paz duradera después de tanta pérdida, tanto sufrimiento persistente. Chile ha mostrado una determinación cauta y juiciosa para asegurar que nunca habrá otro 11 de septiembre de muerte y destrucción.

Me parece maravilloso y hasta mágico que cuando tomaron los chilenos la decisión de luchar contra la malevolencia por medios pacíficos se estaban haciendo eco, sin saberlo, de otro 11 de septiembre. En efecto, en ese exacto día en 1906, Mohandas Gandhien en el Empire Theatre de Johannesburgo convenció a miles de sus compatriotas indios de usar la no violencia para impugnar un acopio de injustas leyes discriminatorias que, de hecho, preparaban ya el futuro régimen del apartheid en Sudáfrica. Esta incipiente estrategia de Satyagraha llevaría, con los años, a la independencia de la India y a muchos otros movimientos para conseguir paz y justicia en el mundo, incluyendo el combate de Martin Luther King por la igualdad racial y contra la explotación.

Ciento cinco años después de aquella memorable exigencia del Mahatma a imaginar una manera de salir del delirio y la trampa de la cólera, treinta y ocho años después de que esos aviones me despertaron por la mañana para advertirme que nunca más podría yo escapar del terror, diez años después de que el Nueva York de mi infancia fuera diezmado por el fuego, tengo la esperanza de que los epitafios finales para cada uno y todos los posibles 11 de septiembre sean las palabras suaves e inmortales de Gandhi: “La violencia habrá de prevalecer contra la violencia solamente cuando alguien me pueda probar que el modo de terminar con la oscuridad es con más oscuridad”.

 

Ariel Dorfman. 11 de septiembre de 2011. Página 12

 

Ariel Dorfman: Escritor (poeta, dramaturgo, novelista y ensayista) y activista de los derechos humanos chileno. Ha sido profesor de Literatura Iberoamericana en la Universidad de Chile, en la Universidad de Ámsterdam, en La Sorbona (Paris IV), en la Universidad de California, Berkeley y en la Universidad de Maryland.
Fuente: Cubadebate.

 

 Última imagen de Salvador Allende. Foto: Diasdehistoria.com.ar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • El Rasputín de Palacio

    En este artículo de opinión, David Maldonado, ex integrante del MIR,  da más detalles sobre el depuesto ministro de Cultura chileno, Mauricio Rojas, a quien conoció personalmente.

    “Sólo es conocido en las élites de los partidos, todas las cuales, por diversas razones, han tomado clara distancia de él. Su recorrido por los partidos políticos suecos, cambiando rápidamente de ideas e ideologías, lo hace un claro representante de la psicopatía política. La crítica de Mauricio Rojas al Estado solidario Socialdemócrata es demencial.”, escribe Maldonado.

     

     Por: David Maldonado

     

    Conocí muy bien a Mauricio Rojas, en Uppsala y en Estocolmo, en los años iniciales del exilio. Personalmente lo entrevisté, cuando manifestó su interés por incorporarse a los “Grupos de apoyo al MIR” (GAM).

     

    No teníamos antecedentes concretos sobre su participación política en Chile. Posteriormente comprobamos que estuvo relacionado con el “Frente de estudiantes revolucionarios” (FER) en los años finales de sus estudios secundarios y, tangencialmente, con la estructura del MIR, en la Escuela de Derecho, (estudios que no concluyó).

     

    ¡Mauricio Rojas nunca llegó a ser militante!

     

    En esos años, yo era miembro de la dirección regional del MIR, de la entonces “provincia” de Santiago. Nunca tuvimos conocimiento de la existencia de este “militante” en alguna de nuestras secciones comunales, sectoriales o estudiantiles.

     

    En Suecia se aceptó su incorporación a los GAM.

     

    Mauricio Rojas se caracterizaba por ser un hombre enérgico, con una visión “blanco o negro” del mundo... muy duro en su descripción de lo que llamaba “los enemigos políticos e ideológicos”. De sus palabras, junto con sus análisis, se desprendía un profundo desprecio y odio a todo lo que no coincidía con sus dogmas.

     

    Estuvimos juntos en muchas reuniones y círculos de estudios. Analizando los clásicos del marxismo leninismo, especialmente estudiando El Capital.

     

    Mauricio Rojas  tuvo en Chile  contacto superficial con el MIR, y también con círculos del partido comunista pro chino y otros grupos de izquierda.

     

    El ex secretario general del MIR, Andrés Pascal Allende, a partir de las indagaciones que él hizo, ha reafirmado que Mauricio Rojas nunca fue militante del partido.

     

    Se podría interpretar que Rojas es un impostor, que utiliza la sigla del MIR, para conseguir rédito político, presentándose como “soldado de la resistencia” y que paulatinamente descubrió al “Dios neoliberal de la salvación”.

     

    Su madre fue una activa y perseguida dirigente socialista, detenida y torturada en VillaGrimaldi. He tenido información de que a ella le dolió mucho la conversión - o traición -  de su hijo, llegando incluso, a quebrarse la relación familiar.

     

    A no ser que Mauricio Rojas hubiese sido un “infiltrado”, cosa que algunos insinúan, pero yo descarto, no me cabe duda de que, en el comienzo de su exilio en Suecia, fue convencidamente un sectario fanático del marxismo-leninismo.

     

    Todo lo que Mauricio Rojas abraza, lo hace con un convencimiento “eclesiástico”, mesiánico y de extrema vehemencia. ¡Este comportamiento, está en el ADN de su extraña personalidad, en la cual, además está su gran capacidad de intrigar!

     

    Paulatinamente, se fue produciendo su cambio político, su quiebre de posiciones y su camino hacia la derecha.

     

    Mauricio Rojas, hoy en día, miente, reniega, analiza y denuncia — sin tener coherencia, consistencia ni evidencia. En su “currículum político", el presentarse como un converso, como un ex militante del MIR, lo hace “interesante” a los ojos del mundo político y periodístico chileno.

     

    A él y a su socio de travesía, Roberto Ampuero, les encanta sentirse como “trofeos”, conquistados por la derecha.

     

    En Suecia, su cambio político fue gradual. Estuvo participando en círculos socialdemócratas, posteriormente se integró al partido del Medio Ambiente (Miljöpartiet), desde ahí, hizo un salto de trapecista y se incorporó al Partido Conservador (Moderaterna).

     

    La dirección de este partido lo marginó por utilizar “métodos anti-democráticos y conspirativos en las estructuras del partido”.

     

    Personalmente escuché literalmente estas palabras y razones, de parte del ex secretario de organización de los conservadores suecos. Ocurrió en una conferencia, ante la pregunta de un periodista.

     

    De ahí, Mauricio Rojas dio un salto, ya no de trapecio, y se adhirió a los derechistas liberales.

     

    En esa época, Rojas era ya un activo dirigente de “TIMBRO”, un centro de estudios de la derecha neoliberal sueca, apoyado por los intereses económicos más oscuros y egoístas de la sociedad. En Chile cuentan con un centro hermano, la “Fundación para el Progreso” de Axel Kaiser.

     

    Gracias a su amistad con el ex presidente del Partido Liberal sueco, Lars Leijonborg, logró una  posición de “elegible” en la lista de ese partido al parlamento [2002].

     

    A diferencia de Chile, en Suecia, es la posición en la lista electoral, lo que determina ser elegido o no. Con el sistema electoral chileno, jamás habría sido elegido diputado, ya que es un personaje completamente desconocido para el pueblo sueco y repudiado por el 99% de la comunidad latina en este país.

     

    Sólo es conocido en las élites de los partidos, todas las cuales, por diversas razones, han tomado clara distancia de él.

     

    Su recorrido por los partidos políticos suecos, cambiando rápidamente de ideas e ideologías, lo hace un claro representante de la psicopatía política.

     

    La crítica de Mauricio Rojas al Estado solidario Socialdemócrata es demencial.

     

    Acaba de publicar un nuevo librillo “La utopía socialdemócrata”.

     

    Esa utopía, que nunca lo fue, sino una realidad palpable, le fue muy útil a él, a su familia y a su media docena de hijos. La Suecia solidaria y socialdemócrata lo acogió, le dio vivienda y protección social y económica, desde el día que llegó como pobre solicitante de asilo, hasta que obtuvo su doctorado en la universidad de Lund.

     

    Eso, él y su familia, nunca lo habrían podido lograr en un sistema neoliberal, como el que él y sus perversos socios, propician hoy en día.

     

    Todo su desarrollo académico se lo debe al modelo solidario de Suecia. En donde aún se tiene la mejor educación y salud pública, universal y gratuita, pilares de un modelo de sociedad en toda la zona nórdica de Europa, contra los cuales Mauricio Rojas y sus socios neoliberales, trabajaron activamente en el Parlamento para eliminarlos, transformándose en enemigos de todo lo que huela a Estado.

     

    Hoy, este patológico personaje trabaja en Chile por la profundización bestial del egoísmo neoliberal.

     

    Si se tratase de una persona de “normal” raciocinio, una mínima pregunta que debiera hacerse a sí mismo es: ¿qué padre de familia en Chile - como él lo fue en Suecia, con seis hijos de carga, sin ingresos ni herencias especiales - podría hacer el trayecto académico que él realizó?.

     

    Todo, absolutamente todo lo que ha conseguido, ha sido gracias al sistema educacional y socioeconómico de Suecia, denostado por él como “utopía socialdemócrata” que hay que destruir.

     

    No me cabe duda de que este converso exageró los motivos políticos de su exilio para así obtener su permiso de residencia en Suecia.

     

    Absolutamente condenables son sus indignas declaraciones sobre el Museo de la Memoria, mostrando la peor de las peores faltas de sensibilidad hacia todas las víctimas de la dictadura y sus familiares, incluso hacia la memoria de su propia madre.

     

    Mauricio Rojas es un ministro del Estado de Chile, sus funestos comentarios desconocen los resultados de los informes Rettig y Valech, y desconocen las decenas de condenas judiciales de lesa humanidad a torturadores y asesinos.

     

    “Para que las mentiras del presente se impongan, hay que borrar las verdades del pasado” Esta es la esencia de su “rasputinesco” discurso.

     

    Cuando ha visto la enorme avalancha de críticas de casi todos los sectores de la sociedad, sale y dice “yo ya no pienso así, he cambiado de opinión”. Esa ha sido la tónica de su historia, cambiar oportunamente de opiniones, ideas e ideologías, cuando les conviene a sus planes estratégicos.

     

    Hoy, un amigo ex mirista me escribió: “Así es, por desgracia. Este tipo ha calculado “maquiavélicamente” sus pasos”, afirma.

     

    Lamentable para Chile, que un Rasputín oportunista de tomo y lomo, esté en el gobierno del país.

     

    ¡Es sumamente peligroso!

     

    ¡Debe dimitir o ser destituido!

     

    David Maldonado

     

    Nota de la redacción:

    Esta columna fue recibida antes de la veloz dimisión del ahora ex ministro, quien solo duró 90 horas en su puesto. Pocos imaginaron que el desenlace tan rápido de este episodio. En Suecia, lo alcanzaron a felicitar el presidente del partido Liberal, Jan Björklund y el ex canciller sueco (del partido Moderados), Carl Bildt, en el momento de su designación. Ninguno de éstos se han pronunciado sobre la salida de Mauricio Rojas. 

     

     

     

     

  • Hola y chao - Renuncia Mauricio Rojas, ministro de Culturas de Piñera

    El nuevo ministro de las Culturas las Artes y el Patrimonio Nacional, Mauricio Rojas, presentó su renuncia.  

    A cuatro días de asumir, su presencia en el ámbito de la Cultura, en el que fuera designado por el presidente Sebastián Piñera, se hizo insostenible. 

    A pesar de que se retractara de lo dicho en su libro "Diálogo de conversos", escrito en conjunto con el actual Ministro de relaciones Exteriores de Chile, Roberto Ampuero, las explicaciones que Mauricio Rojas dio al respecto no fueron suficientes. Había dicho exactamente lo mismo en una entrevista televisada: que "El Museo de la Memoria era un montaje". 

    Duró solo 90 horas en su cargo.

     

     Por: Magazín Latino

     

    Radio Bio Bio publica: 

    El nuevo ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Mauricio Rojas, presentó su renuncia al cargo a menos de 4 días de asumir la cartera.

    El Gobierno aceptó su decisión y se confirmó que el presidente Sebastián Piñera alista una declaración desde el Palacio de La Moneda para oficializar su salida del gabinete, el cual también fue objeto de cambios en Educación y Medio Ambiente el jueves.

    De momento, los asesores del mandatario trabajan en los nombres para poder establecer al sucesor de Rojas, quien está envuelto en una polémica tras sus dichos sobre el Museo de la Memoria, al cual calificó de “montaje”.

    “Más que un museo (…) se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”, dijo Rojas en el libro “Diálogo de Conversos”, que escribió junto al actual ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero.

    La salida del secretario de Estado será comunicada a los presidentes de los partidos de Chile Vamos en el Comité Político, pero desde el Ejecutivo respaldaron a Rojas durante la jornada del domingo.

    En una entrevista con Telvisión Nacional, el ministro secretario general de la Presidencia, Gonzalo Blumel, aseguró que la opinión de Rojas sobre el recinto que recuerda los abusos durante la Dictadura había cambiado y que éste nunca “ha justificado las violaciones de los Derechos Humanos“.

    Desde la oposición, en tanto, las críticas fueron duras. La diputada y presidenta de la comisión de Derechos Humanos de la Cámara, Carmen Hertz (PC), aseveró que tales dichos “sólo buscan minimizar los horribles crímenes” que ocurrieron bajo el régimen de Augusto Pinochet.

     

    El Mostrador, por su parte, destaca que Mauricio Rojas tuvo que abandonar la cartera debido a presiones de defensores de los DDHH: 

    "Debut y despedida: Mauricio Rojas sale del ministerio de las Culturas ante presión por DDHH

    Sus dichos calificando de “montaje” al Museo de la Memoria dejaron en posición insostenible al ex “ghostwriter” de Sebastián Piñera. Sus declaraciones además dejaron en evidencia las dos almas de la derecha y finalmente tuvo que dejar el cargo tras la incesante presión desde la oposición y el mundo de la cultura". 

    El Mostrador apunta a la división de la derechas, puesto que RN y la UDI hicieron filas con Rojas, en tanto que  Evópoli expresó su rechazo a los dichos del ministro dimitido.

     

    Cambio 21, en una nota de ayer, afirma que el gobierno de Piñera respaldó a su ministro: 

    "Sigue la fiesta. Gobierno sale a respaldar a ministro de Las Culturas: "Rojas en un defensor de los DDHH"

    El Ministro Blumel debió salir a poner la cara por los crueles dichos de Rojas: "Las opiniones del pasado son opiniones del pasado", aseguró el titular de Segpres.

    El ministro de la Segrepres respaldó al ministro de las Culturas y aseguró que "ha sido una persona que ha defendido los Derechos Humanos" (SIC).

    El ministro Secretario General de la Presidencia, Gonzalo Blumel, se refirió a la polémica con el ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Mauricio Rojas, por sus dichos sobre el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

    "Es un problema que hay que despejar y el ministro ya lo ha despejado (...) él mismo planteó que lo que él había señalado no es correcto y que ese planteamiento hoy no lo representa”, dijo en el programa Estado Nacional de TVN.

    Y agregó que, "en materia de derechos humanos no hay dos lecturas. Todos tenemos que ser absolutamente defensores y respetuosos de los DD.HH. en todo tiempo, en todo lugar y en toda circunstancia”.

    Blumel argumentó que en el panel que los ministros "actuamos" en función del planteamiento del Gobierno y dejó en claro que "las opiniones del pasado son opiniones del pasado".

    Finalmente, el ministro de la Segpres, defendió a Rojas y dijo que "ha sido siempre una persona que ha defendido los DD.HH.".

    Esto último, difícilmente él mismo se lo crea".

     

     

    EXTRA: A las pocas horas de la dimisión de Mauricio Rojas, el Gobierno dio a conocer el nombre de su sucesora. BioBio publica: 

    Consuelo Valdés Chadwick es designada como ministra de las Culturas tras renuncia de Rojas

    Luego de que Mauricio Rojas renunciara este lunes, a tan sólo 90 horas de asumir el cargo de ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el presidente Sebastián Piñera nombró a una nueva secretaria de Estado.

    Se trata de Consuelo Valdés Chadwick, quien fue designada mediante una declaración pública del mandatario en el Palacio de La Moneda.

    Valdés Chadwick tiene amplia experiencia en el área. Hasta el momento se desempeñaba como directora ejecutiva del Museo Interactivo Mirador (MIM), y fue directora del Museo Artequín, consejera del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) y Coordinadora Nacional de Museos en la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

    Es arqueóloga de la Universidad del Norte de Chile, con un Master of Arts en Estudios Latinoamericanos con mención en Antropología de la Universidad de Alabama y diplomada en Producción Audiovisual de Standford University, en Estados Unidos.

    Actualmente, según indica el sitio del MIM, ejerce dos cargos ad-honorem: miembro de los directorios de la Corporación Museo Artequín (Santiago y Viña del Mar) y hasta septiembre de 2016, del directorio de la Fundación Ciencia Joven y Fundación MediaBus.

    Consuelo Valdés Chadwick es familiar lejana del actual ministro del Interior, Andrés Pío Bernardino Chadwick Piñera, primo del Presidente. Sin embargo, desde el entorno del abogado aseguraron a Radio Bío Bío que, pese al parentesco, no se conocen.

    En la instancia, Piñera también se refirió a las polémicas palabras de Rojas, que calificó al Museo de la Memoria como un “montaje”, asegurando que “no las comparten, respecto al sentido y misión del Museo de la Memoria, que recoge las vivencias y enseñanzas de un periodo muy oscuro de nuestro país”.

     

     


    El dimitido ministro de las Culturas, Mauricio Rojas deberá, tal vez, volver a su ocupación anterior: a escribirle los discursos a su amigo y jefe, el presidente Piñera, a quien además le escribió un libro. Foto: El Desconcierto. 

     

     

     

  • Condenan a 8 militares (r) y a un abogado por el homicidio de Víctor Jara

    Ocho militares en retiro y un abogado fueron condenados por el secuestro y homicidio del cantautor Víctor Jara y del abogado militante comunista y ex director de prisiones, Littré Quiroga, ocurridos hace casi 45 años.

     

     Fuente: Radio BioBio. 03 julio de 2018

     

    En la sentencia del ministro en visita Miguel Vázquez se reconstruye el último día de ambas víctimas: “el día 16 de septiembre de 1973 se procedió al traslado de todos los detenidos del Estadio Chile, con excepción de Víctor Lidio Jara Martínez y Littré Quiroga Carvajal quienes fueron asesinados con 44 y 23 impactos de bala respectivamente”.

     

    “Los cadáveres de Víctor Jara y Littré Quiroga fueron encontrados días después en un terreno baldío cercano a la línea férrea en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, con signos evidentes de haber recibido golpes y con los impactos de bala detallados en los respectivos informes de autopsia”, señala el fallo.

     

    Hugo Sánchez Marmonti, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke Wulf, Juan Jara Quintana, Hernán Chacón Soto y Patricio Vásquez Donoso recibieron 15 años y un día como autores de ambos homicidios, más 3 años de presidio por secuestro simple.

     

    En tanto, el abogado y ex fiscal militar, Rolando Melo Silva, deberá enfrentar una pena de 5 años y un día, más 61 días de presidio, como encubridor de los delitos.

     

    Nelson Caucoto, abogado de la viuda Joan Jara, se manifestó resignado ante lo bajo de las penas que van de 15 años por homicidio y tres años por secuestro.

     

    Por su parte, Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, que es querellante en la causa, consideró mínimo el castigo.

     

     

    Víctor Jara. 

     

     

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