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Por qué los grandes líderes mundiales no aceptaron la invitación de Löfven al Foro contra el antisemitismo El primer ministro sueco, Stefan Löfven, se dirige a los asistentes al Foro Internacional sobre la Memoria del Holocausto, en Malmö. Foto: Ninni Andersson/Government offices of Sweden

Por qué los grandes líderes mundiales no aceptaron la invitación de Löfven al Foro contra el antisemitismo Featured

Líderes europeos, expertos y sobrevivientes del Holocausto participaron este miércoles en el Foro Internacional sobre la Memoria del Holocausto, en Malmö, invitados por el primer ministro Stefan Löfven.

Sin embargo, los grandes líderes mundiales brillaron por su ausencia. El columnista de Dagens Nyheter Ingmar Nevéus, reflexiona sobre el porqué de esto.

 

 Fuente: Dagens Nyheter. 13-10-2021

 

Se invitó a los principales líderes del mundo - pero casi ninguno asistió.

Un encuentro en el que todos tienen el mismo mensaje no da la oportunidad de brillar a pesos pesados como Putin y Macron. Es por eso que Stefan Löfven tuvo la compañía de un equipo político B, en el Foro de Malmö contra el antisemitismo.

Este es un artículo de opinión. El autor es responsable del análisis y puntos de vista del texto.

 

En la exhibición del Foro de Malmö, la historia oscura de Europa cobra vida.

Aquí está uno de los autobuses blancos suecos que rescataron a miles de prisioneros de los campos de concentración alemanes.

Aquí hay testimonios de la última generación de sobrevivientes del Holocausto. Entre otros, el sueco Tobias Rawet, de cuya historia los visitantes pueden participar gracias a la inteligencia artificial – similares a los "asistentes" de voz de los celulares. Si uno le pregunta cómo fue llegar al campo de concentración de Ravensbrück, la respuesta del octogenario (85) llega en una pantalla grande:

- Obligaron a las madres de todos nosotros a desnudarse, y les raparon el pelo de la cabeza y de otros lugares. Muchas nunca habían estado desnudas ni siquiera para su propia familia. Fue una humillación increíble.

Tobias Rawet y varios otros supervivientes estuvieron también presentes físicamente en Malmö, junto con políticos de unos cincuenta países y representantes de organizaciones judías y romaníes.

Pero los nombres más pesados brillaron con su ausencia.

Muchos esperaron hasta el final que el foro tuviera la atención internacional que solo pueden dar los nombres realmente pesados. Como el encuentro de Göran Persson en Estocolmo, hace 21 años atrás, cuando participaron los políticos más connotados de Israel y la mayoría de los países europeos.

Rumores no confirmados habían estado circulando en el aire antes de la conferencia.

¿Quizás el presidente ruso Vladimir Putin aparecería de todos modos? Eventualmente algún representante estadounidense importante. Posiblemente el francés Emmanuel Macron o, al menos, la presidenta de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen.

Pero no.

Por supuesto, un puñado de pequeños países europeos envió a sus presidentes. Ucrania, Albania y Estonia participaron con los primeros ministros. Pero ni siquiera la camarada de partido de Stefan Löfven, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, consideró que valía la pena hacer el viaje de 39 minutos en tren, a través del estrecho de Öresund.

En cambio, Dinamarca envió a su ministro de Justicia. Noruega participó con un embajador. Macron, von der Leyen y el canciller de Estados Unidos, Antony Blinken, contribuyeron con mensajes de video pregrabados. Así como el presidente israelí, Isaac Herzog.

La ministra de Relaciones Exteriores Ann Linde (S) culpa a la pandemia del corona por la baja convocatoria, y dice que muchos jefes de estado y de gobiernos aún no han comenzado a viajar al extranjero.

Esto puede ser cierto en algunos casos aislados.

Pero las muchas excusas no son un efecto pandémico. Más bien, se trata de la necesidad de los altos políticos de brillar en el gran escenario, de mostrarse como estadistas ante la audiencia local. Un foro donde todos vienen con el mismo mensaje no cumple esa función.

Todos están de acuerdo en que se debe preservar la memoria del Holocausto, que debemos hacer todo lo posible para que no se repita nunca nada similar. Que la educación es una parte central de esto, y que se debe poner fin a la retórica del odio en las redes sociales.

Esto fue formulado con énfasis y compromiso por muchos participantes.

Al mismo tiempo, un foro como este no da mucho espacio a los temas más difíciles, aquellos en los que no todos están de acuerdo.

Como dónde está la línea divisoria entre el antisemitismo y la crítica al estado de Israel. O en qué círculos el antisemitismo tiene hoy su principal caldo de cultivo - entre los extremistas de derecha o los islamistas radicales.

Muchos oradores enfatizaron que el antisemitismo está en aumento, incluido el euroministro de Alemania, Michael Roth. El hecho de que el prejuicio contra los judíos esté floreciendo en Europa también fue confirmado por una encuesta de opinión esta semana.

Sin embargo, los representantes de muchos países optaron por culpar o por presumir sobre lo mucho que hacen, en lugar de abordar sus propios problemas.

El ministro polaco de Cultura, Piotr Glinski, hizo hincapié en los museos anunciados sobre los campos de concentración alemanes, pero, por supuesto, no dijo nada sobre la criticada ley del Holocausto de hace unos años, cuando el gobierno polaco quería condenar a prisión a cualquiera que afirmara que un solo polaco había ayudado a los alemanes durante el genocidio.

De la misma forma, Antony Blinken eligió en su discurso grabado destacar el millón de subvenciones que Estados Unidos ha distribuido para frenar la retórica del odio.Por supuesto, no mencionó nada de que altos representantes de su propio partido Demócrata han sido acusados recientemente de fomentar el antisemitismo.

De manera similar, el representante de Rusia, Konstantin Kosachev, no habló sobre la nueva interpretación de la historia durante los últimos años, en los que Putin "olvida" que la Unión Soviética fue el principal aliado de Hitler durante los dos primeros años de la guerra.

En su discurso, Stefan Löfven se refirió al hecho de que fue por iniciativa sueca que los nazis tuvieran una "J" estampada en los pasaportes de los judíos alemanes -  porque Suecia no quería acogerlos:

- La historia del Holocausto no es un lugar para la autoglorificación o el prestigio nacional. No hay lugar para negaciones o distorsiones, dijo el primer ministro.

Fue un excepcional momento de autocrítica, durante el foro.

 

 
El primer ministro sueco, Stefan Löfven, se dirige a los asistentes al Foro Internacional sobre la Memoria del Holocausto, en Malmö. Foto: Ninni Andersson/Government offices of Sweden

 


Media

Producción: Euronews.

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