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“Algunos no entienden que las decenas de miles que salen a las calles lo que quieren es que se acabe el Neoliberalismo, el gobierno de Sebastián Piñera, y no se irán de las calles hasta lograrlo o ser masacrados en masa por el régimen”, escribe Rubén Abrines Collins, respecto al estallido social en Chile.

 

 Por: Rubén Abrines Collins

 

Un ojo acá y una mirada atenta allá

Sería un falluto si no dijera que no tengo un ojo y un oído en lo que está ocurriendo en las calles y plazas de Chile.

Hace muchos días las voces de miles que están en las calles reclaman y siguen sin que nadie se aventure a prever cual será el final y quienes dirán la última palabra.

Sin dudas lo que reclaman es más democracia y que se cree un nuevo pacto social con libertad, más democracia y justicia social.

¡Qué no se entiende?

Algunos no entienden que las decenas de miles que salen a las calles lo que quieren es que se acabe el Neoliberalismo, el gobierno de Sebastián Piñera y no se irán de las calles hasta lograrlo o ser masacrados en masa por el régimen. 

Por eso no salen de las calles de todo el país.

Lo poderes fácticos, internos y externos, guardan silencio.

Los cínicos del gobierno de los ultra ricos les declaran la guerra a los niños y la extienden a toda la sociedad por todo el país.

Realmente conmueve ver un día sí y otro también ver decenas de miles de niños, madres, jóvenes, ancianos, trabajadoras, profesionales, levantando sus reivindicaciones desde las más plebeyas hasta las de urgente necesidad, como los remedios.

Queridos uruguayos, entrañables compañeros, compatriotas todos, podemos ser de cualquier condición, de cualquier colectividad política, frenteamplistas, colorados, blancos, sin partido, menos indiferentes y mirar desde esta esquina del Río de la Plata con ajenidad, como si la cordillera de los Andes nos impidiera ver, oír y escuchar, saber lo que todo un pueblo está en las calles reclamado con toda razón y justicia.

No sería cosa de uruguayos.

No doy consejos y no me callo.

Estaríamos deshonrando los mejores legados Artiguistas y todas nuestras mejores experiencias solidarias e internacionalistas. 

El pueblo chileno sigue en las calles.

El gobierno está deslegitimado y acorralado, sin respuestas salvo la represión y balbuceos políticos zigzagueantes, agónicos, sólo se podrá mantener por la fuerza de las armas y la indiferencia de muchos en el mundo.

Hay un pueblo entero en las calles de Chile, se organiza y elaboran propuestas, para su país, hasta los niños, los adolescentes, gente de todas las condiciones y profesiones, jubilados, desocupados, comerciantes, artistas, etc.

Si te creíste que olvidé lo que está en juego el 24 de noviembre nada más y nada menos que dos proyectos antagónicos en disputa, uno el de continuar construyendo y el otro el de desconstruir, te aviso, recién nos presentaron. 

Una nueva elección, por muy importante que sea, por un nuevo gobierno en mi país, no debería distraerme.

No sería quien soy. Es más, sería un fraude, si guardara silencio de forma vulgar como un egoísta pequeñoburgués que se mira el ombligo.

La gente está en las calles y es tratada como extraños en su tierra. 

No existe democracia fuerte sin ciudadanos y militantes probados que están dispuestos a correr la suerte de sus hermanos allí donde haya un pueblo en lucha y una injustica a vencer en el continente.

Un ojo acá, una mirada atenta allí.

Es hora de levantar las voces y extender brazos voluntarios por las decenas de miles que se juegan todos los días su libertad y sus vidas en las calles de Chile.

No demorará en caer el putrefacto gobierno de los empresarios ricos que se adueñaron de esa sociedad, como cosa propia desde la dictadura Pinochetista cuando instaló el Neoliberalismo sobre un océano de sangre y asesinatos, como lo hicieron con todos los golpes de estado, incluido el de nuestro país.

Indigna el silencio del mundo.

Chile es piedra, agua, tierra, montañas, cordilleras, no se movió de donde siempre estuvo, nadie lo va a mover de ahí.

Despertó y dijo basta y se echó a andar, asqueado, el pueblo chileno.

Hizo estallar el pacto social perverso impuesto por la dictadura fascista y los empresarios ladrones Neoliberales y va por un nuevo contrato social con una Constituyente, o como quieran llamarla.

La sociedad chilena no tiene retrocesos, porque el corazón de los chilenos no quiere más retiradas y está dispuesto a dejar atrás este presente que los ata al pasado.

Es más que evidente que lo que queda de gobierno, y del actual nuevo ejecutivo, simplemente está negociando con las FF.AA., para ver que pueden salvar de sus privilegios adquiridos ilegítimamente con el saqueo a millones de chilenos, postrados desde la dictadura hasta acá.

Los niños de secundaria saltaron por encima de los molinetes y se atoró el sistema de trasporte y el gobierno perdió totalmente el rumbo, puso piloto automático y les declaró la guerra.

Niños y adolescentes fueron reprimidos por el ejército con estado de sitio e igual volvieron a las calles.

La indignación se transformó en insurgencia, insubordinación civil, corrió con la ligereza de los pies de Aquiles y el mundo mira atónito lo que ya es una epopeya.

En todas las ciudades y pueblos jóvenes, muchachas y muchachos y sus padres y abuelas se volcaron a las calles con sus trajes típicos y sus danzas, y fueron reprimidos, secuestrados y asesinados.

Igual volvieron a las calles.

Silencio sepulcral, silencio, nada está ocurriendo en Chile para el mundo de países hegemónicos del capitalismo salvaje de EE. UU., la CEE y sus gobiernos falderos de este continente.

Volvieron a las calles.

Más indignados se montaron en los caballos de los monumentos, en una imagen épica galopan con sus reclamos y banderas al futuro que están construyendo entre decenas de miles.

Fueron gaseados, heridos, por cientos, y más muertos.

Informan los canales de televisión del sistema, contabilizan muertos, heridos, presos, desaparecidos, igual como hacen con la cotización de la moneda en cada informativo de cierre.

Después no quieren que haya incendios.

Y de paso cañazo los delincuentes, oportunistas, ladrones, policía y militares corruptos y supuestos radicales, siempre abona en el terreno del fascismo, del poder, de los gobiernos corruptos.

Igual vuelven a las calles.

Lo que estalló en Chile como si fuera una travesura protagonizada por niños de secundaria, no fue por treinta pesos de aumento del boleto.

Desnudó décadas del rostro de uno de los gobiernos del Neoliberalismo sostenido por el fascismo de las FF.AA., promocionado por décadas como ejemplo y modelo de los gobiernos del auto titulado “Grupo de Lima”.

Hicieron cantatas, las orquestas sinfónicas tocaron los valses clásicos, los coros al aire libre subieron los reclamos al cielo, el canto popular y la charanagua se adueñaron de los espacios populares y no dejaron las calles.

Mañana volverán.

¿Quién te asegura a vos que mañana o pasado no podríamos ser los elegidos como Bolivia, Venezuela, Nicaragua, Libia, cualquiera de los cualquiera, y seamos nosotros que tengamos que salir a las calles porque nos equivocamos?

Agarrá tu tambor y tu guitarra, una flor para regalar, y prepárate por si te toca ser elegido y tenés que salir a la calle como los chilenos por lo que ellos quieren y están decididos a dejar atrás.

No te distraigas.

Sigamos.

Rubén Abrines Collins.


2.11. 2019.


La imagen que se hizo icónica, manifestantes en las calles de Santiago. Fuente: Redes sociales. 

 

 

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