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Martes, 29 Octubre 2019 14:04

Chile al fin ha despertado

Chile ha despertado y se levanta en contra las injusticias que hay en el país. Paula Fuenzalida sigue las protestas de su país natal, el cual no ha logrado lo que se prometió después de la dictadura militar,  escribe la profesora de Ciencias Sociales y coreógrafa Paula Fuenzalida, en una columna publicada en el diario ETC, de Suecia. 

 

 Por: Paula Fuenzalida. Traducción: Max Díaz Araya

 

Estoy sentada en mi casa, en la Suecia segura, y veo y leo una bomba de noticias de lo que esta ocurriendo en mi país. Lo que primero se vio claramente como una protesta estudiantil se transformó de repente en una reacción social y una necesidad para detener los abusos de las autoridades. 

 

Yo creo que todos acá en casa han leído, oído, y seguido las noticias de lo que esta pasando en Chile, que 30 pesos han hecho que miles de estudiantes se decidieran por evadir el metro y viajar gratis. 

 

La historia se volvió tan popular y aceptada por la gente, que incluso adultos y trabajadores siguieron el movimiento. De repente Santiago se volvió en el centro de los cambios sociales. 

 

La ciudad despertó. El país reaccionó. Chile despertó al fin. 

 

Yo crecí bajo el tiempo de Pinochet donde el sistema neoliberal se fundó, ahí empezó todo. Y nada ha cambiado desde entonces. 

 

Yo misma pude elegir y usar el sistema. Toda mi enseñanza básica y media la hice en un colegio católico de niñas privado, yo tuve el derecho de estudiar, pero éramos privilegiados. 

 

La gente en Chile está cansada de las mentiras y de los abusos, a pesar de que la democracia ha vuelto, es el sistema y la constitución de 1980 que regula y estructura el país.

 

Desde el exterior las cifras dicen que somos el país más rico de Latinoamérica, un país con una economía desarrollada y una democracia fuerte. 

 

¿Para quiénes? La sociedad chilena no ha estado bien desde que volvió la democracia en 1990.

 

Prometimos un país para todos, un Chile mejor, pero no lo hemos logrado. Y los jóvenes ya están hartos. 

 

Y las diferencias de clases sólo han aumentado. Y el gobierno responde a las manifestaciones pacíficas con métodos y estructuras que se usaron en la dictadura.  Las autoridades tienen a los militares en las calles, policías que están fuertemente armados, la policía de seguridad con arma en mano. Hay toque de queda y estado de emergencia en todo el país. 

 

Lo que ocurre en Chile es claramente no sólo una reacción a el alza del precio de metro, es la gente que no soporta más. La vida normal de un chileno común incluye pagar por cosas que acá en Suecia cuestan muy poco para nosotros. 

 

En Chile son casi todos los recursos privados, el agua, electricidad, gas, bosques, autopistas, educación, salud. Cuando nosotros acá en Suecia hablamos de bienestar y luchamos para defenderlo, en Chile eso sólo es un sueño. 

 

Una gran parte de la sociedad chilena en todas las regiones sale a las calles a manifestarse pacíficamente. Ellos no están quemando estaciones de metro. 

 

La mayoría ha salido con ollas y protesta contra las injusticias en el país. El alza del metro fue sólo la última gota. 

 

Porque esto es lo que realmente sucede. Mientras los militares tienen una pensión alta y pueden vivir bien, sin recibir ningún castigo por la violación a los derechos humanos bajo la dictadura de Pinochet, un profesor común y corriente después de 40 años de trabajo recibe una pensión de mil coronas. Eso es violento.

 

Mientras una pequeña parte del país puede pagar privado por todo lo que nombré antes, la mayoría de la gente apenas puede llegar a fin de mes y dar un poco de comida a los jóvenes. Eso es violento. 

 

Mientras las grandes empresas siempre logran evadir sus multas y casi nunca van a la cárcel, para un chileno normal no es igual. Eso es violento. 

 

Mientras los ricos en Chile viven bien, aún hay muchos niños, jóvenes y adultos mayores que mueren de hambre y pobreza extrema. Eso es violento. 

 

Mientras el hijo de un senador se salva de la cárcel después de haber matado a alguien, para un chileno normal no funciona de la misma manera. Eso es violento. 

 

El presidente de Chile puede evadir los impuestos de su propiedad por 30 años. Eso es violento. Solamente se le pidió pagar 3 de los 30 años, e incluso eso evadió. 

 

Lo que se ve sólo es la punta de un gran iceberg. La baja calidad de la educación, salud, como también uno de los peores sistemas de pensiones del mundo hace que Chile haya reaccionado. 

 

Pero no estamos en guerra. Nadie quiere guerra, al menos la gente no. 

 

Es como pedir que se vuelva a cantar la canción de Víctor Jara, “El derecho de vivir en paz”.

 

Porque es eso lo que uno realmente quiere, vivir en paz, seguro y feliz, en un país donde las extremas injusticias sociales y económicas han impedido a las personas a dejar la pesadilla de su día a día. 

 

Sí, Chile al fin despertó. 

 

PAULA FUENZALIDA

Ciudadana sueca desde 1997. Profesora de Ciencias Sociales. Coreógrafa en danza teatro 

 


La manifestación del domingo en Santiago convocó a un millón y medio de personas. Aquí, una de las tantas que se han llevado a cabo en todo el país. Foto:ETC/Facebok./Montaje: ML.

 

Published in Columnas
Lunes, 16 Octubre 2017 21:43

Una nueva mirada a Violeta Parra

A sala llena se presentó la obra “Gracias a Violeta Parra que me ha dado tanto”, de la compañía de danzateatro Reality, en el teatro Olympia, este fin de semana.

“La puesta en escena es sencilla y colorida, como era Violeta, que con sus pinturas y sus arpilleras trajo a Europa ese país lejano y desconocido: Chile, con su riqueza en música, sapiencia popular, poesía en décimas, sin necesidad de universidad alguna. Un mundo de colores, de música, de telares, de gastronomía. Fue nuestra mejor embajadora y ni siquiera el Louvre se resistió a su encanto”, escribe Marisol Aliaga en una reseña. 

 

Por: Marisol Aliaga

 

Al mismo tiempo que escribo esta reseña se lleva a cabo la última representación de la obra de teatro “Gracias a Violeta Parra que me ha dado tanto”, de la directora Paula Fuenzalida, en el teatro Olympia (Olympiateatern), en Estocolmo.

 

Deberían haber sido más.

 

Podríamos pensar que ya hemos celebrado lo suficiente el centenario de la multifacética artista popular. Pero faltaba esta, una mezcla de teatro y danza, que reaviva la imagen de la Viola que ya tenemos en nuestra memoria colectiva, pero que de cuando en cuando merece una actualización.

 

Porque Violeta Parra era teatro, y era danza, y era versos, y pinturas, y arpilleras. Y una vida desbordante de emociones, de amor, de odio, de risas y de lágrimas.

 

De odio a las injusticias, al lujo y a lo falso. Y de amor a Gilbert. Tal vez el amor de su vida…eso, solo Violeta lo sabía.

 

La puesta en escena es sencilla y colorida, como era Violeta, que con sus pinturas y sus arpilleras trajo a Europa a ese país lejano y desconocido: Chile. Con su riqueza en música, sapiencia popular, décimas sin necesidad de ninguna universidad. Un mundo de colores, de música, de telares, de gastronomía. Fue nuestra mejor embajadora y ni siquiera el Louvre se resistió a su encanto.

 

La coreografía es, también, un fiel reflejo del mundo artístico de Violeta. La incorporación de movimientos escénicos moderniza esta nueva versión de la cantautora popular que con sentimiento y fuerza interpreta Renata de la Maza. La apoyan su conciencia (Paula Fuenzalida), que además canta y recita "Gracias a la vida", como descubriendo una y otra vez los versos inmortales, que constituyen el hilo conductor de la obra; y la niña Violeta (Sanna F. Ribbing, joven actriz, 13 años) quien emotivamente encarna a la artista popular en el seno de su familia, pobre, numerosa e inmensamente talentosa.

 

 

La obra arranca con las tres en el escenario, y ellas nos trasladan al universo de Violeta. Nos transmiten sus tribulaciones, sus afanes, su cólera por la injusticia social “Por qué los pobres no tienen, adonde volver la vista, la vuelven hacia los cielos, con la esperanza infinita de encontrar lo que a su hermano en este mundo le quitan”, debe ser el mejor verso que se haya escrito sobre la pobreza y la religión.

 

La interacción entre Renata y Paula es perfectamente sincronizada, con movimientos rápidos, audaces. Coinciden en un abrir de manos y luego se alejan, como una ola en ese mar de emociones que era Violeta.  Juntas nos transmiten la fuerza, la pasión, la alegría y el tormento del alma de la cantautora.  

 

Más tarde, la voz suave de José Miguel González, se incorpora interpretando una selección de  temas emblemáticos.

 

Este repertorio de canciones tan conocidas para todos nosotros, la fuerza de esa lírica tan sencilla y al mismo tiempo tan certera, junto al impacto de las emociones desplegadas en escena contribuyen a que, justo antes de terminar la primera parte, las lágrimas broten a nuestros ojos. 

 

¿Por qué? Es un enigma. Es la magia del Teatro.

 

Pero, al igual que en la vida de Violeta, de las lágrimas se pasa rápidamente a las risas, a la cueca, al jolgorio, a la pasión del amor y… nuevamente, a la desesperación.

 

La desesperación de la mujer que ve como su amado, Gilbert (Charlie Andersson), se va con otra, porque ella no puede darle un hijo. Del desencanto al ver que el público no la acompaña, que la idea de una carpa popular repleta de gente – que era la razón de su vida - se va diluyendo, a medida que cae la fría lluvia precordillerana.

 

Y el final, que todos sabemos pero que igual nos hace sufrir cada vez que lo recordamos.

 

Esa ironía del destino.

 

Tal vez la desgarradora escena que protagonizan Renata y Paula haya sido, en la realidad, reflejo del torbellino interno desatado en el alma de Violeta, que gatillara ese fatídico desenlace en la carpa de La Reina, en los faldeos de la cordillera de Los Andes.

 

 

 

Renata de la Maza interpreta a Violeta Parra en la obra de teatro "“Gracias a Violeta Parra que me ha dado tanto”. Foto: Marisol Aliaga.

 

Para ver más fotos  - haga clic (enlace a álbum de fotos en nuestro grupo de Facebook) 

 

 

ELENCO: (“El mejor de los elencos”, dice Paula Fuenzalida) Quiere saber más? - haga clic 

 

Renata de la Maza  

Violeta Parra / Renata

Sanna Violeta F. Ribbing 

Violeta Parra niña / bailarina

Paula Fuenzalida

Violeta conciencia

Davinya Rolando

Isabel Parra / bailarina

Virginia Rolando

Bailarina

Charlie Anderson

Gilbert

Jaime Gatica Moyano

Narrador

José Miguel González

Guitarra y voz

Francisco Zambrano

Músico / percusión, voz

 

El elenco de “Gracias a Violeta Parra que me ha dado tanto”, de la compañía de danzateatro Reality, que recientemente se presentó en el teatro Olympia, en Estocolmo. 

 

 

 

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