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Cataluña tiene dos ganadores y un perdedor Los resultados de las elecciones autonómicas de Cataluña. Foto: captura de pantalla de la televisión española.

Cataluña tiene dos ganadores y un perdedor

La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, consiguió una victoria histórica en las elecciones autonómicas que se celebraron este jueves en Cataluña.  

Pero su triunfo es agridulce. El 25 % de los votos y los 37 parlamentarios conseguidos este jueves no le dan para la presidencia de la Generalitat, donde los separatistas revalidaron la mayoría absoluta. “Es un sistema injusto”, repitió varias veces la noche del jueves Inés Arrimadas. Pero se considera ganadora. “Por primera vez ha ganado en Cataluña un partido constitucionalista” dijo.

Por su parte, Carles Puigdemont, también se siente ganador. “La república catalana ha ganado a la monarquía del 155. Que lo entiendan bien. Que tomen nota”, sentenció, desde Bruselas.

 

 Por: Magazín Latino

 

En completa normalidad se desarrolló la jornada electoral en Cataluña, que contó con una participación de más del ochenta por ciento de votantes y que, pasadas las once de la noche del jueves, tenía no tan solo dos ganadores, sino también claros perdedores.

 

La apuesta de Mariano Rajoy, de invocar el artículo 155 de la Constitución española, permitió destituir al gobierno catalán luego de que los independentistas, con Carles Puigdemont a la cabeza, declararan la independencia catalana en octubre.

 

Desde entonces se ha sucedido un tira y afloja que resultó con la huida de Puigdemont a Bruselas, junto a sus consejeros, y con otros legisladores separatistas en prisión.

 

La esperanza que tenía el presidente Mariano Rajoy, de que los catalanes castigaran a los separatistas terminó en que lo castigaron a él. Su partido, el Partido Popular, se hizo con solo 4 escaños en el Parlamento catalán, mientras que JuntsxCat, ERC y CUP obtuvieron 70 de los 135 escaños en el parlamento catalán, con 34, 32 y 4 cada uno.

 

Vale decir, el Partido Popular de Rajoy se convirtió en el menos votado, en las elecciones autonómicas catalanas, en tanto que su rival, Ciudadanos, salió vencedor.

 

Inés Arrimadas se mostró triunfante, aunque decepcionada de que los unionistas no tengan mayoría en el parlamento, lo que le daría la posibilidad de ser presidenta del mismo.

 

En una comparecencia, el jueves por la noche, se quejó de “una ley electoral injusta” que no le permite gobernar en el parlamento catalán. Pero también se mostró agradecida por el más de un millón de votos que resultaron en 37 escaños.

- Este es un mensaje al mundo de que en Cataluña no hay una mayoría independentista. Los resultados visibilizan que el independentismo habla con menos apoyo y menos escaños, dijo Arrimadas, enfatizando la necesidad de una buena convivencia y de superar la fractura social en Cataluña.

 

 

Desde Bruselas, en tanto, Carles Puigdemont se declaraba ganador absoluto de estas elecciones, con los 2.050.000 votos a favor de la independencia que significan casi el 48 % de aprobación.

- La república catalana ha ganado a la monarquía del 155. Que lo entiendan bien. Que tomen nota. Y el Estado español ha sido derrotado. Rajoy y sus alianzas han perdido el plebiscito que necesitaban ganar para dar un golpe de Estado, sentenció en un tono que fue calificado por algunos comentaristas de “belicoso”.

 

 

Sea como sea, los resultados del 21D no cambian el clima de división en la golpeada Cataluña, donde la fractura social se mantiene, entre Madrid y Cataluña, entre independentistas y constitucionalistas.

 

La profesora de Derecho de la universidad de Barcelona, Elisenda García, explicó que “este resultado no hace nada para resolver el conflicto, sino que refuerza a los extremistas de ambos lados”.

 

Y la pregunta ahora es qué va a pasar cuando Carles Puigdemont decida volver a España, será investido como presidente de la Generalitat, ¿o irá a prisión?

 

Se podría decir que Cataluña vuelve a estar donde estaba antes de este jueves de elecciones.

 

Los resultados de las elecciones autonómicas de Cataluña. Foto: captura de pantalla de la televisión española. 

 

 

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  • 11 de septiembre de 1973 - Una fecha para Nunca Más

    “Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina”, escribe la psicóloga y escritora Thamar Álvarez Vega. ¿Cómo vivieron los niños ese día fatídico en la historia de Chile? La autora nos comparte su experiencia y nos recuerda la importancia de la memoria histórica.

     

     Por: Thamar Álvarez Vega

     

    Hoy, 11 de septiembre, se conmemora uno de los eventos más duros, crueles y sanguinarios de la Historia de Chile. Pues se cumplen exactamente 48 años del golpe de Estado de 1973. Tengo claro que serán muchos los que rememoren este día desde su visión como militantes, simpatizantes, colaboradores, participantes o, simplemente, ciudadanos de a pie de la época de la UP y del gobierno del presidente Salvador Allende.

    Yo rememoraré ese día y los subsiguientes - previos al exilio de mi familia- desde la perspectiva de la persona que era entonces. Una niña de 8 años a quien el golpe de Estado alcanzó en su casa, en el seno de una familia de izquierdas, con abuelos, padres, tías y tíos militantes del PC y el MIR.


    Salvador Allende durante su campaña presidencial, con a los abuelos de la autora: Luis (a la derecha) y Raquel (izquierda). Foto: Privada. 

    Ustedes dirán que poco puede aportar a la memoria histórica y a la verdad una niña de tan corta edad. Pero se equivocarían. Pues lo que recuerdo de aquellos días impactó con tal fuerza en mi familia y en mi entorno, que me dejó imágenes, frases, escenas y, en suma, recuerdos imborrables. Como, estoy segura, ocurrió con muchos niños y niñas de entonces.

    El golpe de Estado comenzó muy temprano, en Valparaíso, puerto del que somos originarios todos los miembros de mi familia chilena. Mi abuelo, Luis Vega, era abogado y trabajaba como asesor jurídico del gobierno de Salvador Allende en la Intendencia de Valparaíso, sita en aquellos días en el edificio de la Armada, en Plaza Sotomayor. Desde muy temprano aquella mañana, captó movimientos sospechosos por parte de la plana mayor de la Armada e intentó alertar al presidente Allende por teléfono. No pudo. Fue detenido en la misma Intendencia y conducido, en primera instancia, a La Esmeralda, donde fue brutalmente interrogado y torturado. En los días y semanas siguientes, mi abuelo sería trasladado a Isla Dawson y, posteriormente, a los campos de concentración de Ritoque y Puchuncaví, donde seguiría sufriendo todo tipo de apremios y torturas.

    Mi padre, Víctor Manuel, fue exonerado de su trabajo y mi madre, Mariana, debió abandonar sus estudios universitarios en la Universidad de Playa Ancha pues esta cerró sus puertas con carácter indefinido desde el mismo 11 de septiembre. Ambos recibieron el aviso del golpe de Estado gracias a una vecina – en ese entonces vivíamos en la Población Empart de 15 Norte, en Viña del Mar – que recibió el llamado telefónico de mi abuela, Raquel, desde Valparaíso, y avisó a mis padres. Yo estaba en ese momento tomando mi desayuno, pues me aprestaba a acudir al Colegio Hebreo, donde estudiaba 4º básico. En ese mismo instante, con mi taza de té con leche en la mano, el mundo que me rodeaba cambió para siempre.


    Thamar junto a su hermana, Marcia y a su padre, Victor Manuel. Foto: Privada.

    El descalabro en mi familia podría verse como una metáfora, a escala menor, de lo que ocurrió en el país desde ese día oscuro. Un descalabro terrorífico que se volvió cotidiano en miles de hogares chilenos, y que para muchos de ellos duró 17 años.

    Muchas serían las remembranzas que podría compartir con ustedes de aquellos días. La visión del departamento de mis abuelos en Valparaíso luego del allanamiento sufrido por militares. El largo pasillo atestado de libros, revistas, posters, carpetas, que dificultaban el paso al transitar por este; los muebles corridos, las vitrinas volcadas, los cables arrancados de la pared… La detención de mi madre una noche de octubre, estando solas en casa, los golpes y gritos atronadores en la puerta, y cómo los militares se la llevaron no sin antes permitir – todo un detalle - que nos dejara a mi hermana y a mí al cuidado de una vecina, Inés; las detenciones de mis tías en la academia de guerra naval, el cuartel Silva Palma, y en el caso de una de ellas, en un barco de guerra, el Lebu; el llanto de mi abuela ante la violencia que sacudía a su familia; la radio transmitiendo una única palabra con voz tétrica y metalizada: “Esculapio”; el miedo y el desconcierto por la falta de información del estado de mi abuelo; mi padre alejado del peligro gracias al proverbial trabajo que un familiar le consiguió en Los Andes; la persecución que sobrevino después de la liberación de mi madre y mis tías; el transcurrir de los meses en un clima de amenazas constantes y la incertidumbre por el futuro del país. Y, finalmente, el exilio de toda mi familia, que dio comienzo a una diáspora que dura, para muchos de nosotros y nosotras, hasta el día de hoy.

    Sin embargo, no todos son recuerdos propios. Llegadas las Fiestas Navideñas y con mi padre ausente, mi madre, mi abuela, mi hermana y yo nos reunimos nuevamente en casa de Inés. Y lo que sucedió esa noche tuvieron que contármelo pues la tengo borrada, bloqueada. Por mi madre pude enterarme de que esa Nochebuena, ya oscuro, por el ventanal del jardín apareció una joven mujer disfrazada de Papá Noel. Desde dentro del departamento se apresuraron a abrir el ventanal y dejarla entrar, pues ya era hora del toque de queda. La joven les explicó que se encontraba sola, que su padre y su marido estaban presos y en paradero desconocido. Y que, sola y triste en su casa, había tomado la resolución de vestirse de fiesta y salir por la población a alegrar a los niños… Pero, allí sentada en el tresillo del salón, sus palabras se convirtieron en llanto desolado, que contagió a todos quienes la escuchaban. ¿A alguien puede extrañar que una niña bloqueara en su memoria una escena como esa?


    La autora junto a su hermana y a su madre. Foto: Privada.

    En una niña es comprensible. En un país, no. Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina. El principio de una dictadura cruel que duró 17 años y que significó miles de muertos, desaparecidos, exiliados, torturados, exonerados, relegados y mujeres violadas y también asesinadas y desaparecidas.

    Una fecha para no olvidar. Una fecha para Nunca Más.

     

    Esplugues de Llobregat, Barcelona, España

    Thamar Álvarez Vega 

    Psicóloga y escritora 

     


    Salvador Allende tenía una gran preocupación por los niños. El medio litro de leche diario fue una de sus emblemáticas medidas, que contribuyó a mejorar la calidad de vida, sobre todo de los niños que vivían en la extrema pobreza. Foto: Wikimedia.org.


    El Palacio de la Moneda siendo bombardeado, el 11 de septiembre de 1973. Foto: Archivos.

  • El indulto de la democracia española

    “El tema que estos días ocupa a la opinión pública con respecto al independentismo catalán es la intención del gobierno de España de indultar a los llamados “presos del procés”, es decir, a los políticos encarcelados a raíz del referéndum independentista del 1º de octubre de 2017. Esta posibilidad ha creado un clima de desavenencias y enfrentamiento entre las fuerzas políticas de derecha e izquierda en España, y también entre la ciudadanía”, escribe la escritora Thamar Alvarez Vega, desde Barcelona.

     Por: Thamar Alvarez Vega

    Cataluña ha sido, históricamente, una de las regiones más desarrolladas y prósperas de España. Y, en el último siglo, cuna de importantes eventos culturales, bastión de lucha contra el franquismo y refugio de miles de emigrantes procedentes del territorio español y del resto del mundo. Ha sido también, al igual que otras regiones españolas – como la vasca y la gallega – un territorio de ideales y defensa firmes con respecto a su identidad cultural, idioma y tradiciones. Defensa que ha llevado a Cataluña a una situación interna compleja, a nivel administrativo, político y social, y a una división que hasta el día de hoy no encuentra una solución que unifique a todos los catalanes. Y esta compleja situación a la que me refiero se resume en una palabra: independentismo.

     

    El origen del conflicto

    El independentismo catalán defiende la autodeterminación de toda la región bajo un gobierno independiente del gobierno central (ubicado en Madrid y que abarca a todo el territorio español) y no es un fenómeno nuevo, sino que tiene sus inicios a finales del siglo XIX, en el nacionalismo catalán, inspirado en el irlandés. De espíritu republicano y anti-monárquico, el nacionalismo catalán fue duramente reprimido durante las dictaduras de Primo de Rivera y Francisco Franco. Con la llegada de la Transición Española en 1976, Cataluña quedó asimilada a la administración – monarquía parlamentaria - y estructura territorial del país y, con la promulgación de la Constitución de 1978, pasó a convertirse en una Comunidad Autónoma junto al resto de las regiones españolas.

    Las primeras elecciones catalanas autonómicas tuvieron lugar en 1980. Las décadas de represión y persecución contra los líderes catalanistas sufridos durante los períodos dictatoriales no apagaron el espíritu republicano y nacionalista de los catalanes, y alcanzó su punto cúlmine el 1º de octubre de 2017, cuando el entonces presidente autonómico, el derechista Carles Puigdemont, lideró el referéndum de independencia de Cataluña y la declaración unilateral de independencia. Ambos hechos provocaron un quiebre con el gobierno central del derechista Mariano Rajoy, la intervención de la autonomía y el procesamiento de todos los miembros del Govern y la mesa del Parlament. Como consecuencia de esta situación, Puigdemont se refugia en Bélgica – donde permanece en la actualidad con el fin de eludir su encarcelación - y numerosos miembros del Parlament ingresan en prisión acusados de rebelión y organización criminal. El referéndum del 1º de octubre queda invalidado y las elecciones del 21 de diciembre de ese mismo año dan la victoria nuevamente al partido de Puigdemont (Junts) y, en su ausencia, Quim Torras es proclamado presidente del Parlament.

    Cabe destacar que, hoy en día, el independentismo divide a la población catalana y las últimas elecciones autonómicas fueron un reflejo de ello: si bien la mayoría de los votantes son adherentes de izquierda, aproximadamente la mitad de la población es independentista y la otra mitad anti-independentista. Y esta divergencia en torno al tema es un desafío que los gobiernos catalanes deben manejar con cuidado.

     

    ¿Indulto o democracia?

    Así las cosas, el tema que estos días ocupa a la opinión pública con respecto al independentismo catalán es la intención del gobierno de España de indultar a los llamados “presos del procés”, es decir, a los políticos encarcelados a raíz del referéndum independentista del 1º de octubre de 2017.  Esta posibilidad ha creado un clima de desavenencias y enfrentamiento entre las fuerzas políticas de derecha e izquierda en España, y también entre la ciudadanía.

    Mientras que el presidente socialista Pedro Sánchez y su gobierno de coalición defienden el indulto como una forma de iniciar un proceso de diálogo y acuerdos con el actual gobierno catalán, (una coalición independentista surgida de las últimas elecciones catalanas, en febrero de este año), la derecha española se opone con vehemencia acusando al indulto de “injusto” y “antidemocrático”, y ha convocado para hoy, domingo 13 de junio, una manifestación en todas las capitales autonómicas españolas – lideradas por Madrid – y una recogida de firmas en contra del indulto. Acciones que ya se llevaron a cabo años atrás, en el gobierno de Rajoy, y salvo expresar el sentir y pensamiento de la derecha y ultraderecha españolas, no han aportado ningún avance ni solución a la situación sociopolítica en Cataluña relacionada con el independentismo.

    El hecho es que los indultos son perfectamente legales y prerrogativa del gobierno en activo, y ha sido utilizado por el Ejecutivo tanto por gobiernos de izquierda como de derecha en las últimas décadas. Además, en efecto, “el tema catalán” ha quedado en suspenso y sin acuerdos desde el fallido referéndum independentista y, como también opinan partidos de izquierda y centroderecha vascos, catalanes y valencianos, ha llegado la hora de poner fin a los disensos y diferencias entre Cataluña y el gobierno central. En todo caso, cabe destacar que el indulto se ha convertido también en una controversia entre los partidos catalanes y los mismos presos del procés. Y así como algunos lo consideran una medida positiva y favorecedora del entendimiento y el diálogo, otros lo ven como una claudicación de sus objetivos, por lo cual en lugar de indulto exigen una amnistía. Es evidente que los acuerdos y el diálogo que persigue el gobierno español presenta fuertes desafíos. Solo el tiempo dirá el éxito que han alcanzado los esfuerzos del Ejecutivo de Sánchez para lograr una relación positiva con el govern català (gobierno catalań).

    Thamar Alvarez Vega
    Psicóloga y escritora
    13 de junio de 2021


    Foto: Captura de pantalla catmemoria.cat.

     

  • Cómo podría haberse evitado la pandemia y por qué no se hizo

    ¿Podría haberse evitado la pandemia?

    "Un comité establecido por la Organización Mundial de la Salud (la OMS) con el nombre de The Independent Panel for Pandemic Preparedness and Response, ha indicado que, sin lugar a duda, la pandemia podría haberse evitado si hubiera existido una agencia internacional de vigilancia epidemiológica, dotada de recursos suficientes, con pleno acceso a toda la información pertinente, sin retrasos ni dificultades y con autoridad para poder proponer medidas de prevención y control de pandemia", escribe en esta columna el profesor  Vicenç Navarro.

     Por: Vicenç Navarro (*)

    La pandemia está poniendo al descubierto una vez más que el actual orden internacional imperante es uno de los mayores obstáculos en el mundo para la mejora del bienestar y calidad de vida de la mayoría de las poblaciones, tanto de los países desarrollados como de los que están en vías de desarrollo. Según científicos que gozan de gran credibilidad, este acontecimiento, uno de los que más daño han causado en los últimos cien años, podría haberse evitado si hubiéramos tenido organizaciones internacionales puestas servicio del bien común, anteponiéndolo a los intereses económicos, financieros y políticos particulares de grupos minoritarios de la población, así como de nacionalismos que obstaculizan la solidaridad internacional, sin la cual las poblaciones -tanto las de los países en vías de desarrollo como las de los países desarrollados- no podrán combatir las enormes crisis sociales y salubristas causadas por la pandemia.

     

    ¿Cómo podría haberse evitado la pandemia?

    Un comité establecido por la Organización Mundial de la Salud (la OMS) con el nombre de The Independent Panel for Pandemic Preparedness and Response, ha indicado que, sin lugar a duda, la pandemia podría haberse evitado si hubiera existido una agencia internacional de vigilancia epidemiológica, dotada de recursos suficientes, con pleno acceso a toda la información pertinente, sin retrasos ni dificultades y con autoridad para poder proponer medidas de prevención y control de pandemias. Los expertos incluso calculan el coste que supondría establecer esta agencia: entre 5.000 y 10.000 millones de euros para ser establecida, con 50.000 a 100.000 millones de euros para poder responder y atajar desde el principio la epidemia, evitando que se convirtiera en pandemia (ver The Financial Times "WHO and global leaders could have averted Covid catastrophe, say experts", 13.05.21).

    El comité llega a esta conclusión tras analizar críticamente qué ocurrió al principio de la pandemia, señalando errores clave que podrían haberse evitado, y que eran no tanto fallos de competencia profesional, sino consecuencias de las coordenadas del poder institucional, que dificultaron la resolución de ese grave problema. Entre esos errores, estaba la falta de información por parte de la OMS así como del gobierno chino sobre el nivel de propagación de la epidemia en la provincia de Wuhan, con un retraso considerable en la alerta necesaria. La OMS tardó en declarar la emergencia salubrista y sanitaria, lo cual no hizo hasta el 31 de enero del 2020, esperando incluso hasta más tarde -el 11 de marzo- para definirla como pandemia. Tales retrasos desencadenaron errores aún más graves.

    El comité también critica a la OMS por no haber reconocido desde el principio que el aire era la vía clave en la transmisión del virus, lo cual era fácil de deducir, pues era una enfermedad predominantemente respiratoria. La OMS no lo reconoció formalmente hasta mucho mas tarde; ni tampoco consideró propuestas más intervencionistas, como la suspensión del transporte internacional (fundamentalmente aéreo) hasta mucho más tarde. En un lugar prominente en su crítica incluía también a Europa y América del Norte, por su gran retraso en responder a lo que ya se sabía que era una pandemia creando una situación caótica que se mostró con toda claridad en su respuesta a la escasez de material de protección y tratamiento de la población (desde mascarillas a respiradores).

    Tal documento debería ser de lectura obligatoria para las autoridades nacionales e internacionales que han gestionado la pandemia. En realidad, es una crítica, llena de sentido común, que es de improbable aplicación debido al sistema de poder internacional, que está precisamente en la base de por qué no estamos avanzando más rápidamente en la prevención y control de la pandemia, como lo exige la propia supervivencia de los seres humanos (tanto de los pobres como de los ricos).

    Otro caso de desorden del orden internacional. La producción y distribución de las vacunas

    Otro caso claro es la muy limitada respuesta ante el hecho de que millones de seres humanos están muriendo, cuando sabemos cómo podría evitarse. Sabemos que las vacunas proporcionan   inmunidad frente al virus, que es el que causa la enfermedad. Pero este virus va mutando constantemente, y el número de mutaciones y su gravedad dependen del tamaño de la población infectada, pues a mayor extensión de la población infectada mayores son las probabilidades de que aparezca una variación del virus que sea resistente a las vacunas existentes. De ahí que sea urgente que el tamaño de la población infectada se reduzca, siendo su vacunación un elemento esencial para el control de la pandemia. La población española puede estar inmunizada y, sin embargo, no está protegida frente a una nueva variante que sea resistente a la vacuna que recibió. Ello implicaría que la pandemia se cronificara, que es lo peor que puede ocurrir. Y de ahí la gran urgencia de la vacunación a nivel mundial.

    En este aspecto, es importante destacar el reciente editorial del The New York Times "America, vaccinate the world", 15.05.21. Tal rotativo es de sensibilidad económica liberal que representa, en general, el pensamiento económico dominante en el nordeste de EEUU. Y, sin embargo, hoy está animando al presidente Biden a que se mueva incluso más a la izquierda pues, aun cuando este ha apoyado la suspensión de las patentes de las vacunas anti COVID-19, el The New York Times considera que debería ir más rápido y ser más efectivo en la ejecución de esta suspensión de las patentes, ya que la propia supervivencia de la humanidad dependerá de que se tomen decisiones más radicales que las que la administración Biden estaba considerando. El rotativo considera también que la propuesta de la OMS de crear un fondo común para adquirir vacunas, el COVAX (casualmente, la misma propuesta que el presidente Sánchez del gobierno español ha sugerido) es insuficiente, pues hasta ahora no ha podido cumplir su limitado objetivo de vacunar al 20% de la población del mundo subdesarrollado. Seguir por este camino, dice el editorial, retrasaría enormemente la vacunación masiva de la población, agravando todavía más la pobreza y el subdesarrollo de tales países. Insinúa también que la propuesta de la OMS refleja la falta de influencia de tal institución (la misma que la comisión citada en la primera parte del artículo hacía referencia). El dolor humano es enorme y ya se están dando muchas explosiones en zonas del mundo de gran inestabilidad política (como subraya The New York Times).

    De ahí que sugiera un intervencionismo mucho más contundente por parte del gobierno federal, ofreciendo un mayor liderazgo en la resolución de este enorme problema. Y propone nada menos que la propiedad pública de la producción de tales vacunas, una producción que, según este rotativo, no puede ni debe ser sometida a las leyes del mercado, sino que debe estar puesta al servicio común. Y, por si fuera poco, el The New York Times propone también, que se otorgue esta potestad a todos los países (tanto a los ricos como a todos los demás). Subraya también el NYT, que la anulación de las patentes permitiría que los países pobres pudieran producir estas vacunas con el soporte técnico que se necesitara y con los productos que los países pudieran importar, cuyos precios deberían ser accesibles a su erario público. Ni que decir tiene que aplaudía también muchas de las medidas que está proponiendo Biden, cuya inspiración como gobernante es la del presidente Roosevelt (el fundador del New Deal) y cuya fotografía ha puesto en lugar prominente en su despacho. Esta suspensión de las patentes es la medida más inteligente y realista en respuesta a la pandemia. La solidaridad es necesaria para la supervivencia de la totalidad, "tanto del burgués como del trabajador", como afirmaba el socialista Sanders recientemente (y cuya influencia y la de sus fuerzas afines es considerable en el Congreso de EEUU).

    En este sentido, la gran inteligencia (y astucia política) de Biden ha sido resultado de haberse dado cuenta de la necesidad de tomar medidas más contundentes, resultado de un amplio movimiento de protesta frente al trumpismo. Contribuyó a ello el éxito electoral de los socialistas liderados por Sanders, cuyos seguidores tienen muchos espacios de poder en lugares visibles del gobierno federal.

    Observaciones sobre España

    La gravedad de la pandemia en España (todavía hoy, es el vigesimoprimer país del mundo en cuanto a mortalidad acumulada por cada 100.000 habitantes desde el principio de la pandemia, debido al COVID-19) responde a sus enormes limitaciones y deficiencias, algunas compartidas con otros países y otras específicas de nuestro país, como he indicado a lo largo de varios artículos recientes. En cuanto a la vacunación, las izquierdas (excepto el partido mayoritario en el gobierno, el PSOE) y los verdes fueron las primeras fuerzas políticas en proponer las soluciones que incluían la suspensión de patentes, medidas ignoradas o desmerecidas tras la previsible acusación de radicales, extremistas y semejantes frivolidades, lo que refleja el enorme conservadurismo del establishment político-mediático español. Fueron las izquierdas las que propusieron y apoyaron la suspensión de las patentes, mientras que el PSOE, así como el PP, VOX y Ciudadanos, se opusieron. Es interesante que cuando el presidente Biden apoyó tal suspensión, el presidente Sánchez cambiara entonces de posición apoyando esta medida, lo cual es de celebrar, pero es preocupante que no se aprobara antes cuando las fuerzas progresistas lo propusieron. Han sido esta cautela y moderación del partido mayoritario del gobierno español las que han debilitado la capacidad de movilización de la población a favor del cambio tan notable que se requiere y que la población exige. El presidente Biden ha entendido que la mejor manera de frenar la expansión del trumpismo ha sido la de tomar las medidas profundas y necesarias para que mejore la calidad de vida de las clases populares. Sería bueno que ocurriera lo mismo en España, donde el trumpismo se está expandiendo rápidamente.

     (*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra. Y es profesor de Políticas Públicas de The Johns Hopkins University.

     

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