Martes, 02 Marzo 2021 | Login

Aquí, el testimonio de uno de los sobrevivientes de la época más aciaga de la historia moderna de Chile, uno de los fundadores del MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionario: Marcello Ferrada de Noli.

Con el golpe cívico militar del 73 en Chile, auspiciado por los Estados Unidos, “los generales de Pinochet y sus aliados se apoderaron militarmente del poder que políticamente les había sido negado por el curso de las elecciones democráticas”, escribe Ferrada de Noli, en esta columna-testimonio. 

 

 Por: Marcello Ferrada de Noli

 

Eran las siete de esa mañana brillante del 11 de septiembre de 1973 en Concepción, la ciudad más grande del sur de Chile. Entonces me alojaba en la casa de campo familiar a unos 20 kilómetros al norte del campus de la Universidad, donde no hacía mucho me habían nombrado profesor de métodos psicosociales. Había regresado desde México unos meses antes. Yendo hacia el garaje, el día soleado me hizo decidir a última hora ir en mi moto al trabajo. Como se demostró más tarde, fue una decisión espontánea que ciertamente me salvó de ser capturado, torturado y asesinado ese mismo día.

 

Hacían casi exactamente tres años atrás, Salvador Allende se había convertido en el primer presidente electo democráticamente en el mundo occidental. Yo tenía entonces 27 años, vivía en ese momento en Londres, y decidí regresar de inmediato a Chile. Durante esos primeros años, los cambios estructurales realizados por el gobierno de Allende a favor de los sectores menos privilegiados de la sociedad, y que en cierta medida iban a ser financiados por la nacionalización de la industria minera chilena del cobre - entonces explotada por corporaciones privadas estadounidenses – le adjudicaron muchos enemigos poderosos para él y su gobierno, tanto dentro como fuera de Chile.

 

Los partidos más grandes e importantes de la coalición de centroizquierda que apoyaron al gobierno de Allende estaban aún convencidos, de buena fe, de que el vasto apoyo popular a Allende, junto con las garantías democráticas de su gobierno evitarían cualquier atentado político serio contra el gobierno popular. Por otro lado, una pequeña voz minoritaria dentro de las filas de la izquierda, principalmente representada por el MIR – el Movimiento de Izquierda Revolucionaria - estaba bastante convencida de que el gobierno de Allende no era seguro y que un golpe de estado sería inminente. Con esto como punto de partida, el MIR había instado a Allende a asegurarse su apoyo entre las masas, profundizando las medidas socialistas a su favor. Al mismo tiempo, el MIR comenzó a hacer preparativos para resistir militarmente si fuera necesario, y pensó seriamente que esta resistencia podría ser útil cuando llegara el momento.

 

Los hechos probaron, fatalmente, que ambas tesis estaban erradas. Pinochet y sus generales no sólo estaban bien preparados militarmente, sino que su misión estaba bien asistida e incluso organizada con poderosa ayuda del exterior, desde la tierra de los dueños extranjeros de las minas chilenas, los Estados Unidos de Norteamérica. 

 

En definitiva, utilizando drástica y brutal violencia, los generales de Pinochet y sus aliados se apoderaron militarmente del poder que políticamente les había sido negado por el curso de las elecciones democráticas. Con todo, la táctica más eficaz de la operación de Pinochet fue el consiguiente encubrimiento de sus propósitos a su jefe, el presidente Allende, a quien había jurado lealtad hasta el último momento. Ni siquiera el MIR, a pesar de toda la inteligencia que pudo recopilar sobre los preparativos del golpe, pudo predecir la fecha exacta del golpe.

 

En consecuencia, esa mañana del 11 de septiembre, mientras me dirigía en moto hacia Concepción, entrando por la Avenida Collao, no sabía que las tropas de Pinochet estaban desde antes instalando controles y deteniendo todos los automóviles o autobuses que iban al centro. Los militares buscaban armas de combate y automóviles que transportaban a personas cuyos nombres figuraban en sus listas de arrestos. Solo dejaban pasar a los peatones, y que a primera vista no portaban armas de combate.

 

Los militares y las fuerzas policiales que colaboraron con ellos en la preparación de la toma militar tenían sus listas, exactamente como la Gestapo. En estas listas estaban todas las autoridades designadas por el gobierno, todos los dirigentes sindicales (no solo de organizaciones nacionales o regionales, sino de cada uno de los dirigentes sindicales en los lugares de trabajo) y los dirigentes de los partidos y organizaciones políticas de izquierda, los académicos e intelectuales simpatizantes de izquierda, los líderes de organizaciones estudiantiles, etc.

 

Me atrevo a decir que mis condiciones  no eran las mejores. En ese momento era miembro de la dirección de la asociación de profesores y trabajadores universitarios, que era mi asignación política pública. Además, como joven catedrático universitario licenciado en Filosofía y habiendo publicado recientemente un libro que - aunque su contenido era fundamentalmente filosófico - lo había dedicado expresamente a un líder indígena de los trabajadores agrícolas (Moisés Huentelaf, fallecido en 1972 por las balas de los poderosos terratenientes del sur de Chile), efectivamente fui considerado por los militares entre los llamados “intelectuales de izquierda”. Sin mencionar que había publicado artículos en la revista independiente de izquierda “Punto Final”. Y "lo peor" de todo, había sido uno de los fundadores del MIR, en octubre de 1965 y también coautor, junto con su amigo Miguel Enríquez (líder del MIR) y su hermano Marco Antonio, de la primera "Tesis político militar". del MIR aprobado en el congreso constituyente. Aunque no más de ochenta personas de todo Chile estuvieron presentes en el congreso constituyente de 1965, en el momento del golpe de Estado de 1973, el MIR había crecido con miles de seguidores, y muchos de ellos militantes centrales. Por primera vez también reconoceré aquí que mi rol político clandestino como militante del MIR fue el de miembro del Comité Organizador del MIR para la Región de Concepción.

 

A medida que veía aumentar los puntos de control, dejé la motocicleta y seguí más discretamente de a pie hacia Concepción. Como ya me encontraba camino a la Universidad decidí ingresar a la casa de la Avenida Roosevelt 1674, la residencia del Dr. Edgardo Enríquez Frödden, que entonces vivía en Santiago, en su condición de Ministro de Educación en el gobierno de Allende. Sabía que allí vivía su hijo Marco Antonio, uno de mis amigos más cercanos (hermano de Miguel Enríquez). Marco Antonio Enríquez era un académico de la Universidad de La Sorbona en París, que también había regresado a Chile. Allí nos pusimos al día sobre los acontecimientos, a través de la radio. El golpe de Pinochet había comenzado en la base naval de Valparaíso y había sido coordinado con tropas del Ejército en Santiago. Ahora se movían por el Palacio Presidencial “La Moneda” en el centro de Santiago.

 

Desde la casa de Enríquez llamé a la “central” pero no estaba operando tan temprano. Mientras tanto, vimos los camiones del ejército, llenos de soldados, yendo en dirección al campus universitario. Aproximadamente a las 10.30 tuve finalmente contacto y me dieron un “punto” (punto de encuentro) en el centro de Concepción, concretamente al final de la calle Maipú de la Galería Rialto (si recuerdo bien el nombre), para recibir detalles de las órdenes.

 

En ese momento, el MIR había preparado, a nivel nacional entre su organización central, una organización política militar basada en las “estructuras del GPM” (“grupos político-militares”). Esto significaba que cada militante, independientemente de su compromiso político público, era miembro de un GPM en particular. Estos GPM, también llamados "estructuras", se organizaron a su vez en células políticas militares clandestinas ("las bases"). En mi caso particular, estando en ese momento trabajando clandestinamente en detalle de Organización del Comité Regional, mi GPM era el que se llamaba “la estructura centralizada” y mi celda operativa era el propio detalle, integrado en ese momento por cinco integrantes (de éstos, tres han sobrevivido, todos residen en distintos países de Europa).  

 

La principal estrategia de contingencia del MIR para la eventualidad de un golpe de estado estaba contenida en el “Plan militar de emergencia” (PME) a nivel nacional, según el cual cada GPM, y a su vez cada célula en particular tenía un área geográfica previamente asignada para actuar política y militarmente durante la resistencia planificada. Hasta donde yo sé, todos los militantes del MIR habían tenido algún entrenamiento militar. Fuera de las células antes mencionadas, en el MIR existían también algunos de los llamados “grupos de fuerza”, integrados por militantes con cierta especialización para este tipo de tareas de resistencia. Algunos de ellos, también como militantes del MIR, habían servido anteriormente como guardaespaldas del presidente Allende. La mayoría de ellos ahora están muertos.

 

La célula de organización a la que yo pertenecía - como dije antes, pertenecía a la estructura central del MIR en Concepción - tenía asignados puestos de combate precisamente en el centro de la ciudad de Concepción. Esto me puso en un problema terrible, personalmente, ya que mis padres vivían en el edificio de la calle Colo Colo y la calle San Martín, a dos cuadras de la “Plaza de Armas” de Concepción y donde se ubicaban las oficinas gubernamentales. Esto significa también que cerca de la residencia de mis padres (a unos doscientos metros en dirección contraria) se encuentra el cuartel general de la División Militar de la guarnición Concepción (en la calle O'Higgins y la calle Castellón). También mi hijo y su madre se habían refugiado en la residencia de mis padres; esto después de que mi padre se fue al campo y los llevó a "salvo". De hecho, las fuerzas de Pinochet habían – durante mi ausencia - asediado la propiedad en el campo, en la tarde del 11 de septiembre.

 

La resistencia en Concepción, y en Chile en su conjunto, no se hizo a la escala que el MIR había esperado, aunque se produjeron numerosos combates a través de todo el país. En esta lucha participaron también militantes de otros partidos políticos de izquierda. En Concepción se reportaron escaramuzas esporádicas las noches del 11 y 12 de septiembre, tanto en el centro de la ciudad como en algún punto de su periferia. Y se suponía que esto estaba de acuerdo con el plan.

 

Fin de la primera parte

 

 

Published in Columnas

Gran disgusto entre la comunidad chilena en Suecia causó la designación de Mauricio Rojas como nuevo ministro de Cultura, Artes y Patrimonio de Chile. Chilenos radicados en Suecia recuerdan airados el paso del consejero de Sebastián Piñera por el país escandinavo.

Su amistad con el presidente de Chile lo sitúa ahora en la cúspide máxima de su carrera. Pero persiste una gran duda. ¿Quién es Mauricio Rojas? ¿Fue realmente militante del MIR, o inventó ese pasado revolucionario para obtener asilo en Suecia? 

 

 Por: Marisol Aliaga

 

El cambio de gabinete de Sebastián Piñera y la designación de Mauricio Rojas como nuevo titular de Cultura desató un animado debate en las redes sociales dentro de la comunidad chilena en Suecia.

Y, a los dos días, el debate seguía, ahora por los dichos de Rojas sobre el Museo de la Memoria, de que: ““Más que un museo (…) se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar (…) Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos tocó tan dura y directamente”.

En una entrevista con La Tercera, el ministro se retracta, pero el debate suma y sigue. El primero en reaccionar fue el poeta Raúl Zurita, quien le declaró la guerra e hizo un llamado a “no participar en instancias donde esté involucrado”.  

Mauricio Rojas se fue de Suecia hace años, sin embargo, mantiene los contactos y publica continuamente en el diario de derechas Svenska Dagbladet, su fan número uno en el país escandinavo.

Las columnas de Rojas en este periódico han despertado la ira de sus compatriotas en numerosas ocasiones, por sus mensajes xenófobos en contra de los inmigrantes, algo que los parridos de la derecha extrema han utilizado ampliamente.

Entre otras barbaridades ha dicho que los chilenos cometen delitos debido a su “tradición cultural” y que “los inmigrantes comparten la responsabilidad de que otros inmigrantes cometan crímenes”. Las Juventudes del partido que al fin lo albergó, en su recorrido por las derechas, el Liberal, exigieron la expulsión de Mauricio Rojas del partido. Pero su líder, Lars Leijonborg le dio su apoyo y pudo seguir a cargo de la Comisión de políticas de integración.

Sin embargo, Rojas se transformó en una piedra en el zapato para el partido, y se vio como un alivio el que, en 2008, se trasladara a España. Según él, a ocupar el puesto de rector de una universidad en Madrid.

Gracias a que el partido Liberal, demostrando que era un partido “incluyente” que acogía a los extranjeros, lo había puesto en los primeros lugares de su lista parlamentaria en las elecciones, y así Rojas ocupó un escaño en el Parlamento sueco entre el 2002 y el 2008.

En diciembre de 2011, Svenska Dagbladet publicó un artículo de la autoría de Rojas, que provocó el repudio de la comunidad chilena en Suecia. En esta columna, el íntimo amigo de Piñera culpa a Allende y al Partido Socialista de haber hecho todo lo posible por destruir la democracia en Chile.

“En este proceso de destrucción, la izquierda jugó un papel crucial, todos esos fervorosos revolucionarios, con el Partido Socialista de Allende a la cabeza, hicieron lo que pudieron por destrozar la democracia chilena. En su opinión era falsa, a diferencia de la verdadera democracia, que prevalecía en Cuba y en países comunistas similares”.   

Fue en la época de las protestas estudiantiles con Camila Vallejo y tantos otros jóvenes que exigían una educación digna y una sociedad justa. Coincidió, además, con que el gobierno de Piñera avaló los homenajes a Krasnoff Marchenko, por parte de los pinochetistas en Chile.

El alcalde de Providencia había gestado un homenaje a este monstruo, y el presidente Piñera lamentó no poder asistir, ¡pero les deseó buena suerte!

Fuimos varios los chilenos que le respondimos al director del diario, y nuestro medio publicó dos notas al respecto. Obtuvimos solamente una escueta respuesta, de parte del Sr.PJ Linder, a quien hace poco se le ve en una entrevista, cordialmente conversando con el Sr. Rojas.

Por supuesto nunca publicaron ninguna de nuestras cartas.

Incluso nos dimos la molestia de traducir una entrevista que, en el transcurso de nuestra investigación nos había llegado. Una entrevista con El Mercurio, diario que ha publicado numerosas columnas del nuevo ministro de Piñera.

La entrevista comienza así:

“Mauricio Rojas, el ex mirista que fue invitado a La Moneda

Yo me acuerdo de cuando tenía 15 o 16 años, del poder que sentía por mi intelecto, por mi pasión, por mi voluntad. Miraba a mis amigos del barrio, de la escuela, y pensaba que eran seres humanos chiquititos, que estaban al lado de un mesías y no se habían dado cuenta. Hasta que un día dije 'todos esos seres chiquititos da lo mismo que los matemos, porque son pequeñitos...'".

La entrevista fue publicada en El Mercurio el 27 de noviembre de 2011.

También nos llamó la atención, y se lo hicimos saber al editor del diario sueco, que Mauricio Rojas mentía, al decir al El Mercurio que era docente de la Universidad de Lund. Y mentía a Svenska Dagbladet, al decir que era rector de una Universidad en Madrid.

 

Ahora, al enterarnos de su designación en la cartera de la Cultura y las Artes, nuevamente surgió la pregunta de su supuesta militancia en el MIR.

Una de las primeras personas en pronunciarse al respecto en las redes fue el padre del ex diputado de la Socialdemocracia, Luciano Astudillo, quien en Facebook escribió el siguiente posteo:

“Mauricio Rojas nunca fue del MIR. Estudió Derecho en la Chile y salió del país hacia Argentina sin ningún problema, luego, buscando nuevos horizontes viajó a Suecia, donde pidió asilo político mintiendo para poder permanecer en Suecia. Allí comenzó sus estudios teóricos antimarxistas para darle sentido a su estatus de asilado político. No fue perseguido y nunca se le impidió volver a Chile, pero era más rentable permanecer en Suecia profitando de un falso exilio y militando en un partido de derecha al servicio de las grandes empresas suecas. Efectivamente fue parlamentario en Suecia y su principal preocupación legislativa fueron políticas en contra de los inmigrantes, por ejemplo, en su opinión solo podían permanecer en Suecia quienes hablaran perfectamente el idioma y que renunciaran a sus raíces.  Lo conocí personalmente, mi hijo Luciano también fue parlamentario por la Socialdemocracia en el mismo periodo, por cierto, con posiciones diametralmente opuestas. Este es el nuevo flamante ministro de Cultura, que llega al cargo por la amistad con otro renegado, Ampuero. Por último, este energúmeno, Rojas, escribió hace algún tiempo un panegírico alabando las cualidades de gran estadista del señor Piñera”.

 

Certero resumen del Sr. Cesar Astudillo y que encendió aún más las redes, respecto a la militancia y al pasado de Mauricio Rojas.

La pregunta clave era de si el nuevo ministro de Piñera mintió, al llegar a Suecia, en 1974, diciendo que era mirista, como un subterfugio para poder obtener asilo político en Suecia.

Igor Cantillana, conocido actor y dramaturgo chileno afincado en Suecia, así lo declaró, en una carta, más tarde.

“Yo, que fui miembro de la dirección del MIR en la universidad de Chile y secretario general del FER (Frente de Estudiantes Revolucionarios de la Universidad de Chile entre 1970 – 1972) nunca supe de la existencia de Mauricio Rojas como militante mirista. No eran muchos los miristas de la Escuela de Derecho en ese entonces. De cualquier manera, si lo fue y los demás no nos dimos cuenta, puede ser. Pero lo que sí es cierto es que ningún militante del MIR tuvo derecho al asilo sin que costase la expulsión del partido. Por lo tanto, no sé hasta qué punto el Sr. Rojas puede hacer uso de su militancia revolucionaria”. (Extracto de la carta).

Una serie de hechos se han ido sucediendo en Chile, respecto a este nuevo nombramiento. Hoy día, el connotado medio chileno El Desconcierto, publica una entrevista con el ex Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionario, Andrés Pascal Allende. El titular: “Andrés Pascal: “Mauricio Rojas nunca militó en el MIR”.

El artículo comienza: “Rotundo y molesto, Andrés Pascal Allende, ex Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, desmiente la historia militante que ha difundido el nuevo ministro de Cultura nombrado por Sebastián Piñera. El jefe mirista reconoce que tuvo que averiguar sobre los antecedentes de Rojas en Suecia y califica su autobiografía política como una desfachatez que ofende a las mujeres y hombres del MIR que sufrieron la brutalidad represiva de la dictadura con torturas, asesinatos y desapariciones”.

 

Esta entrevista aclara muchas dudas. No hacen falta más explicaciones.

 

Ahora, artistas, intelectuales y luchadores de los DD.HH. en Chile exigen la dimisión de Mauricio Rojas como ministro de las Culturas, Artes y Patrimonio de Chile.

 

 

Dato al pie de la nota:

 

Mauricio Rojas ha mencionado en numerosas oportunidades que su madre fue detenida y torturada en Villa Grimaldi.Lo que no cuenta es que fue su madre quien se asiló primero en Suecia y nos consta que MR tenía una pésima relación con ella. Fue indolente y frío con ella aún en sus últimos días, cuando ella estaba a punto de morir, debido a un cáncer. Se sabe que Juana Mullor nunca le perdonó a su hijo su traición. Nunca hicieron las paces.

 

 
Mauricio Rojas, nuevo ministro de Cultura, Artes y Patrimonio de Chile; y el presidente de Chile, Sebastián Piñera. Foto: Prensa.Presidencia.cl. 

 

 

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