Viernes, 23 Agosto 2019 | Login

El presidente estadounidense continúa ocasionando polémica, que rápidamente se hace eco en los medios internacionales. La más reciente, su forma de tratar a congresistas origen en países que el día anterior Trump había tildado de "los más incompetentes del mundo".

Pero el problema es otro, escribe el profesor Vicenc Navarro.

"Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro". 

 

 Por: Vicenç Navarro (*)

 

Se están produciendo grandes cambios en EEUU que apenas han sido dados a conocer en España por parte de los mayores medios de información que, en su intento de informar a los españoles sobre la situación política en aquel país, se centran en presentar (y predominantemente ridiculizar) la figura del presidente Trump, comentando sus extravagancias y falsedades. Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro (es interesante señalar, por las razones que citaré más adelante, que parece haber un redescubrimiento en aquel país de la clase trabajadora, a la que se había dado por desaparecida u olvidada, siendo sustituida por las clases medias.) Y es también interesante señalar que, aun cuando Trump ha sido votado por amplios sectores de la burguesía y la clase media, el hecho es que, sin el apoyo de la clase trabajadora de raza blanca, no habría sido elegido presidente de EEUU. En realidad, es incluso probable que sea reelegido de nuevo en 2020, y ello a pesar de que la mayoría de ciudadanos desaprueban su gestión. El sistema electoral de EEUU (que favorece a las fuerzas conservadoras), la enorme lealtad de sus votantes (el 82% de aquellos que lo votaron, volverían a hacerlo), y el desánimo y el rechazo de la clase trabajadora y de amplios sectores de las clases medias hacia el Partido Demócrata (que en su día se llamaba el Partido del Pueblo -the People’s Party­-, considerado, con una enorme generosidad, como el partido de izquierdas frente al partido de derechas, el Partido Republicano) son factores a favor de su reelección.

 

¿Por qué la clase trabajadora está votando a la ultraderecha? Por la misma razón que en Europa también lo hace

Tal como también ha ocurrido en Europa, el movimiento hacia la ultraderecha de votantes de la clase trabajadora se debe, en gran parte, al abandono por parte de los partidos de centroizquierda o izquierda de las políticas “labor friendly”, es decir, de las políticas públicas redistributivas que los habían caracterizado (y que habían favorecido al mundo del trabajo). Tal abandono ha ido acompañado de la adopción de políticas públicas de sensibilidad neoliberal que han incluido medidas que han debilitado mucho el mundo del trabajo, tales como las reformas laborales regresivas que han causado un gran aumento de las desigualdades (alcanzando niveles que nunca se habían conocido en los últimos cuarenta años y que han causado un claro deterioro de la calidad de vida y el bienestar de la clase trabajadora y demás componentes de las clases populares). Tales políticas neoliberales fueron iniciadas por el presidente Reagan en EEUU y por la Sra. Thatcher en el Reino Unido, habiendo sido continuadas más tarde incluso por partidos gobernantes que se definían de centroizquierda o izquierda, como en los gobiernos de Clinton y Obama en EEUU, y Blair, Schröder y Zapatero en Europa.

De estas observaciones se deduce que el foco principal de la atención mediática debería ser el comportamiento de estos partidos gobernantes, intentando entender por qué sus bases electorales los han abandonado. Si hicieran esto, verían que los datos muestran claramente que fueron estas políticas neoliberales las que crearon una enorme crisis social que ha afectado sobre todo a las clases populares. Y es esta realidad la que el establishment político-mediático en EEUU ignora, enfatizando en su lugar las excelencias del modelo económico liberal de aquel país, mostrando su continuo crecimiento económico como mejor prueba de ello. Otros indicadores que también utilizan para mostrar la excelencia del modelo liberal estadounidense es la evolución de los indicadores tradicionales de eficiencia económica, tales como la tasa de desempleo, sin tener en cuenta que la gran mayoría de empleo nuevo es precario y temporal.

 

La falsedad del éxito del modelo económico neoliberal en EEUU

La tasa de desempleo en EEUU más divulgada en los mayores medios de información es, en teoría, muy baja (3,6% en mayo de 2019), y es la que el presidente Trump utiliza constantemente. También es la que los grandes medios de información españoles reproducen. Pero esta cifra es de escaso valor para conocer el estado del mercado de trabajo estadounidense. Una tasa más realista es la publicada por la Agencia de Estadísticas Laborales (US Bureau of Labor Statistics, cuadro A-15, en “The employment situation – May 2019”) del gobierno federal, que utiliza la cifra de 7,1%, siendo mucho mayor para las personas con una educación inferior a la secundaria (que incluye la mayoría de la clase trabajadora no cualificada) y que es del 16% entre blancos y del 28% entre afroamericanos. Pero, además de la elevada tasa de desempleo, hay también una muy alta precariedad en el empleo, así como un proceso de uberización del mismo (es decir, la externalización de la relación laboral, pasando de ser empleado de una empresa a un autónomo, perdiendo así el trabajador toda capacidad de negociar los salarios y derechos laborales). Como consecuencia de estos hechos, ha habido un descenso de los salarios durante el período definido como “exitoso”. Para los trabajadores no cualificados, el salario por hora ha descendido desde 1973 un 17%.

Las consecuencias de estos cambios en unas cifras vitales para la población se muestran con toda claridad. Lo que los medios de información no dicen es que han aumentado de una manera muy notable las enfermedades y muertes por desesperación (“diseases of despair”) entre estos trabajadores no cualificados, incluyendo epidemias de consumo de opiáceos (habiendo crecido 17 veces el número de muertes por adicción a las drogas), epidemias de alcoholismo (causando tantos muertos en un año como el número de soldados muertos en las guerras de Corea y Vietnam), y así un largo etcétera.

 

El deterioro de la calidad de vida de las clases populares

Este deterioro, sin ser tan acentuado ahora como a principios del siglo XX, en los años 30 (durante la Gran Depresión), ha creado una enorme crisis de legitimidad del sistema liberal económico y de su establishment político-mediático. Y es esta crisis la que no se está analizando en los grandes medios y sobre la que no se está informando, lo cual es grave, porque sin entenderlo no se puede explicar el auge de la ultraderecha –representada por Trump– (que ha aparecido también en Europa por causas semejantes). Esta ultraderecha tiene características comunes con el fascismo, tales como un nacionalismo extremo y autoritario, una demonización y represión de las minorías y de los inmigrantes, una homofobia y machismo muy extremos, una narrativa antiestablishment que considera que el Estado está captado por las minorías raciales, un desprecio por el sistema parlamentario y por las instituciones representativas, un deseo de control de los medios de comunicación con intolerancia a la crítica, unas promesas de recuperar un pasado idealizado con eslóganes que contienen enormes promesas de imposible ejecución, un culto al líder al que se considera dotado de cualidades sobrehumanas, así como un canto a la fuerza, al orden y a la seguridad, con un ejercicio de la fuerza y la violencia sin frenos. Su gran agresividad, sin embargo, no aparece en forma de intervenciones militares (ya que son conscientes de los desastres que supusieron intervenciones previas de este tipo), sino en forma de bloqueos económicos como han sido los casos de Irán y Venezuela (que han provocado más muertos que los que hubiera habido en caso de conflicto armado). No hay duda de que el desarrollo y continuidad de tales políticas podrían llevar a un desastre.

Existe una diferencia, sin embargo, entre la ultraderecha gobernante en EEUU y el fascismo europeo en cuanto a sus políticas económicas. El fascismo conocido en Europa (y que era la defensa de la estructura del poder capitalista frente a la amenaza del socialismo y del comunismo) no era anti-Estado. Tenía un barniz social, con el cual intentaba llegar a la clase trabajadora. Así, el nacionalsocialismo era un intento de derivar a la derecha el enfado popular hacia el sistema capitalista. No así la ultraderecha actual en EEUU, que es profundamente anti-Estado, teniendo características del libertarismo. Vox ejemplifica en España el trumpismo, a diferencia de la ultraderecha francesa, por ejemplo, liderada por el partido de Le Pen.

 

Las limitaciones políticas de carácter identitario de lo “políticamente correcto”

Frente a esta amenaza, la estrategia de la izquierda estadounidense, a través del Partido Demócrata, fue enfatizar las políticas antidiscriminatorias de género y de raza, encaminadas a la integración de las mujeres y minorías en el establishment político-mediático del país. Se seguía una estrategia basada en lo “políticamente correcto”, es decir, con unas prácticas y un lenguaje antidiscriminatorio focalizados en políticas públicas de afirmación identitaria (repito, fundamentadas en el género y la raza).

Tales intervenciones, sin embargo, aunque importantes, han sido insuficientes. Su falta de atención hacia la discriminación de clase (es decir, hacia la discriminación contra las clases populares) ha sido su gran punto flaco. El fracaso de esta estrategia, en el caso del mayor movimiento feminista en EEUU (NOW), se ve claramente en que la mayoría de mujeres de clase trabajadora (la mayoría de mujeres) no votaron a la candidata feminista, Hillary Clinton, sino a Trump. El supuesto de que el movimiento feminista estaba hablando en nombre y en defensa de todas las mujeres no convenció a muchas mujeres, incluyendo la mayoría de mujeres de la clase trabajadora, que no votaron por la candidata de NOW, sino por Trump, que se presentó como el candidato antiestablishment neoliberal, centrado –según él- en el Estado federal.

 

La discriminación olvidada: la discriminación de clase

Las mujeres, como los hombres, pertenecen a distintas clases sociales, cada una de las cuales sufre distintas formas de discriminación, sosteniendo intereses distintos e incluso opuestos. Y la realidad es que parte de las dirigentes del movimiento feminista son mujeres de clase media alta ilustrada (es decir, con titulación universitaria) cuyas propuestas y cuyo discurso no atrae a las mujeres de clase trabajadora, o no las atrae con suficiente fuerza para superar su identidad de clase. Como cualquier ser humano, las mujeres tienen varias identidades, una de ellas la de ser mujer. Pero tiene también otras identidades, como la de la clase social a la cual pertenecen. Y esta última define también cómo se expresa la identidad como mujer. La mujer liberal burguesa (de clase alta) por ejemplo, tiene una visión de “ser mujer” distinta a la visión de la mujer trabajadora. Y esta realidad queda ocultada, sin embargo, cuando las primeras se presentan como representantes de todas las mujeres. Lo que ha ocurrido en las últimas elecciones presidenciales en EEUU es un claro ejemplo de ello.

 

Los derechos políticos y sociales están muy determinados por los derechos económicos

El discurso identitario se ha centrado en EEUU principalmente en los derechos políticos y sociales (como por ejemplo los derechos de representación, puestos de poder ocupados por las personas discriminadas, sean estas mujeres o minorías), pero muy poco en los derechos económicos.

Más concretamente, el discurso identitario en EEUU se ha centrado en corregir la discriminación de las minorías y de las mujeres, con propuestas para facilitar la integración de dichas personas discriminadas en la estructura del poder actual, asumiendo que tal integración ayudaría a todas las mujeres o miembros de las minorías. En este sentido, la estrategia feminista se ha centrado en los temas identitarios, facilitando la integración político-social de los sectores discriminados, con un énfasis en el desarrollo de los derechos políticos y sociales de representatividad, tanto en la esfera pública como en la privada. Sin embargo, ha ofrecido una atención muy limitada a los derechos económicos (los derechos que centran la atención de las clases populares -mujeres y hombres- tales como el trabajo y los salarios dignos, el acceso a la sanidad, a la educación, a la vivienda, a la jubilación digna, etc.). Al centrarse en combatir las discriminaciones por raza o género, han olvidado la discriminación por clase, facilitando así la imagen de que el objetivo de la estrategia del Partido Demócrata era la supuesta captura del Estado federal por parte de las minorías y las mujeres. Y así lo han percibido las clases discriminadas. El Partido Demócrata, por ejemplo, ha dejado de estar liderado por hombres blancos, siendo estos sustituidos ahora por mujeres y afroamericanos (la mayoría de clase media ilustrada, es decir, con formación académica), que continúan imponiendo políticas neoliberales como por ejemplo el estímulo de la movilidad de capitales e inversiones -la odiada globalización- que ha dañado a las clases populares. La Sra. Clinton, líder feminista, era la mejor promotora, como ministra de Asuntos Exteriores del gobierno Obama, de la globalización del capital estadounidense, lo que facilitó la desindustrialización de EEUU y dañó a la clase trabajadora industrial, eje del apoyo a Trump.

 

El socialismo como ideología transversal

Esta orientación exclusivamente identitaria evitó la transversalidad que ofrecía el concepto de clase social, lo cual habría permitido relacionar los distintos movimientos identitarios, mostrando su relación e interdependencia. De ahí la novedad y atractivo del socialismo: un proyecto basado en la universalización de los derechos sociales y de los derechos económicos, que mejore la calidad de vida de las clases populares (en su distinta y variada composición de género y raza) a través de un proyecto de empoderamiento y emancipación que una las distintas luchas para disminuir y erradicar la explotación con un hilo conductor, utilizando las instituciones representativas y las movilizaciones sociales para alcanzar su objetivo.

Y este es el proyecto que Bernie Sanders anunció en la presentación de su candidatura en Washington D.C. Habló del socialismo democrático como la continuación del New Deal iniciado por el presidente más popular que haya tenido EEUU, el presidente Franklin D. Roosevelt. Fue este el que habló de la necesidad de que el Estado federal garantizara, junto a los derechos sociales y políticos (la libertad de expresión, de asamblea y de religión, de participación en el proceso electoral, de acceso a la información y de organización, entre otros) los derechos económicos y sociales (como el derecho al trabajo digno y bien remunerado, a los servicios sanitarios, a la salud, a la educación -desde escuelas de infancia a la universidad-, a la vivienda digna y confortable, a un medioambiente de calidad y a la jubilación -también digna y satisfactoria-, entre otros).

La materialización de tales derechos exigía un cambio sustancial de las políticas públicas que, como había denunciado el presidente Roosevelt antes y Martin Luther King más tarde, habían sido favorables a ofrecer todo tipo de ayudas públicas a las rentas del capital y de las clases pudientes (el “socialismo para los ricos y para el mundo empresarial”, corporate socialism). España se podría haber añadido el socialismo bancario (por haber recibido la banca la ayuda pública más importante que el Estado haya hecho, con 60.000 millones de euros).

 

El socialismo para los ricos y el mundo empresarial

Lo que era necesario (según había apuntado Roosevelt) era un cambio de 180º en el tipo de socialismo. El socialismo democrático popular tenía que sustituir al “socialismo de las élites financieras y económicas”, socialismo este último que había sido un desastre y estaba (está) llevando a EEUU a la “barbarie”, forzando, como bien predijo Karl Marx, a tener que escoger entre “barbarie o socialismo”. Y la realidad lo está demostrando hoy también. Actualmente existe un gran rechazo hacia el capitalismo salvaje (el socialismo de los ricos) que Trump representa. La gran mayoría de los jóvenes y de las mujeres (los dos grupos con peores condiciones económicas) preferirían vivir en un socialismo democrático que no el capitalismo actual. En un país donde el 1% de la población estadounidense posee el 92% de todas las acciones bancarias y en el que el director ejecutivo de la compañía comercial más grande, Walmart (que tenía a la Sra. Clinton en su dirección), gana más de mil veces más que uno de sus empleados medios, no es sorprendente que las clases populares estén enfadadas. Y todo esto queda ocultado con el énfasis en Trump. Lo que es prácticamente nuevo en EEUU es que grupos que han sido víctimas del sistema, intenten romper con la monopolización de su victimismo para coordinarse e incluso unirse en un proyecto común que favorezca a todos los amplios sectores de la población que están explotados y discriminados. Para entender el elemento de transversalidad en su estrategia unitaria, hay que recuperar el concepto de poder de clase y el significado del socialismo. Este hecho, que es lo más importante en EEUU, es lo que el establishment político-mediático español quiere ocultar.

 

 (*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas de The Johns Hopkins University

 

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Miércoles, 09 Noviembre 2016 18:18

¿Cómo ha sido posible la victoria de Trump?

El día siguiente de las elecciones en Estados Unidos, el mundo entero se despierta ante el hecho de que Donald Trump, a pesar de que todas las encuestas lo daban como perdedor, es el nuevo presidente de los EE.UU.

 

El discurso del nuevo presidente norteamericano fue ahora más conciliador que el que ofreció durante la campaña electoral, que se caracterizó por lo sucia, enconada y plena de golpes bajos.

 

Su contrincante, Hillary Clinton, demoró en su discurso, pero cuando lo hizo  fue también en tono conciliador y recordándole a los jóvenes que ”nunca dejéis de luchar por lo que está bien, vale la pena”.

 

Barack Obama por su parte, recordó lo mismo agregando que no se trata de ser republicanos o demócratas, se trata de que son todos  americanos.

 

La pregunta que cabe hacerse, en un un día como hoy, es cómo fue posible que Donald Trump llegara a la presidencia de los Estados Unidos. El columnista del diario Público, Carlos Enrique Bayo, nos da la respuesta.

 

Fuente: Publico.es

 

Una vez más, ni los sondeos ni los expertos en demoscopia fueron capaces de prever el desastre. Porque, probablemente, sus presunciones fundamentales les llevaron a errar en cuanto a la importancia de la diversidad racial y demográfica de EEUU, así como a sobrestimar la reacción de las mujeres norteamericanas frente al descaro machista de Trump… y a subestimar la ira ciudadana contra el establishment de Washington y los políticos profesionales frente a los que ha triunfado el candidato populista republicano.

Las encuestas estadounidenses siempre se han cocinado en función de los sondeos a pie de urna de las elecciones anteriores, dando por supuesto que la distribución socio-económica y demográfica de los votantes corresponde casi exactamente con esos resultados. Suposición clave para elaborar los cálculos, ya que la elevadísima abstención en todas las citas electorales del país obliga a estimar con precisión la clase social, el origen étnico, la edad, el sexo y la formación de los que sí acuden a depositar su voto, tras efectuar los complicados trámites para registrarse y buscar algún momento para votar sin saltarse ni un minuto de su jornada laboral.

Hasta el pasado verano, esas estimaciones daban por supuesto que Obama arrolló en 2012 gracias a los votos de las minorías (hispanos, negros, etc.), mientras que la mayor parte del voto de los blancos con escasa formación y avanzada edad fue a parar a su rival Romney. Sin embargo, cálculos mucho más precisos y fundados en los datos de la Oficina del Censo, así como en los del instituto demoscópico Catalist, descubrieron que en realidad votaron muchos más blancos sin estudios mayores de 45 años de lo que se creía (unos 10 millones más) y que una gran proporción de ellos apoyó al candidato demócrata, hoy presidente saliente.

Así que Trump tenía un granero de votantes dispuestos a abrazar su mensaje xenófobo y racista mucho más grande de lo que se pensaba, estimando equivocadamente que eran muchos menos los trabajadores blancos sin estudios que acudían a las urnas. Precisamente los que se han convertido en ejército de frustrados seguidores del multimillonario, castigados por la crisis con la pérdida de casi toda esperanza de ver cumplido el sueño americano de prosperidad creciente y decepcionados con la clase política que controla los resortes del poder, contra la que ha arremetido Trump furiosamente como si él no se hubiera aprovechado más que nadie de ese régimen injusto de desigualdades desaforadas.

Los analistas tampoco fueron capaces de comprender la intensidad de la indignación de los electores con el establishment, encarnado a la perfección en Hillary Clinton, que no sólo ha formado parte de esa casta desde que era esposa del gobernador de Arkansas hace un cuarto de siglo, sino que prácticamente ha pasado por todos los estadios del político profesional: actuando como primera dama con poder de gestión gubernamental, como senadora por Nueva York representando los intereses de Wall Street y como secretaria de Estado al cargo de la diplomacia de la ya única superpotencia militar.

En esa larga carrera, Clinton se ha granjeado –con su soberbia intelectual y falta de carisma popular– mucho más odio que admiración entre las clases trabajadoras estadounidenses… incluidas, por supuesto, las mujeres. Por tanto, la esperada movilización femenina contra Trump no se ha transformado en una afluencia masiva de votantes por Hillary –como se ha descubierto con sorpresa en los sondeos a pie de urna–, porque muchas estadounidenses no le tienen ninguna simpatía… y seguramente fueron engañadas por las encuestas que daban casi por segura su victoria, con lo que optaron por ahorrarse apoyar a alguien que detestan.

En cualquier caso, al iniciarse la jornada electoral el New York Times afirmaba que Clinton tenía un 85% de probabilidades de ganar la Presidencia. Otros grandes medios llegaron a estimar sus opciones en un 90%. Pocas veces en la historia moderna de EEUU se han equivocado tanto las estimaciones demoscópicas. Igual que pocas veces el resultado de las presidenciales ha sido tan ajustado… salvo el caso de George W. Bush ganando a Al Gore gracias a sus amigos los jueces de Miami pese a que obtuvo medio millón de votos menos que su rival.

¿Cómo se explica todo esto? Pues con la misma lógica con la que se ha destruido a la clase media que siempre formó la base socio-económica de la estabilidad política estadounidense. Cuando se arrincona a la gente entre la pobreza y la explotación, mientras puede ver a su alrededor a los poquísimos que ostentan fortunas fabulosas a cambio de su miseria, se les impulsa a arrojarse en los brazos de cualquiera que les prometa cambiarlo todo. Y si antes se ha procurado que su formación política e intelectual sea la mínima posible, la receta para el desastre es explosiva.

Tras la catastrófica victoria de Trump, el mundo entero tiembla ante las inimaginables consecuencias de semejante disparate. Pronto se empezará a buscar culpables y justificaciones. Pero la raíz de este despropósito yace en las entrañas del mismo sistema que tanto tratan de convencernos que es el único posible.

Bienvenidos a la era Trump. Ellos lo han querido.

 

 

 

Published in Mundo
Domingo, 19 Junio 2016 23:54

'Primero fueron a por Assange…'

19 de junio de 2016 | MUNDO |

 

Este domingo se cumplen cuatro años de que Julian Asange pidiera asilo en la Embajada de Ecuador en Londres, con el fin de evitar ser extraditado a Suecia, que le acusa de delitos sexuales, sin haber formalizado la acusación.

Este domingo 19 de junio, a las 20.30 horas se llevó a cabo un debate-coloquio sobre el periodismo de investigación y la libertad de información. Un evento global que fue transmitido simultáneamente con Nueva York, Quito, Berlín y París. En Madrid, el streaming fue posible gracias a eldiario.es y DiEM25.  

El coloquio buscó poner de manifiesto que: “...vivimos en tiempos peligrosos en los que cualquier individuo que manifieste su oposición a los poderes políticos y financieros pronto podría convertirse en un objetivo.”

    “Primero vinieron a por Julian Assange , después por Chelsea Manning, a continuación a por Edward Snowden... ¿quién será el siguiente? Hablemos, antes de que sea demasiado tarde”, escribe eldiario.es.

 

 

Fuente: Eldiario.es. 19-06-2016.

 

 

El debate estuvo moderado por Ignacio Escolar, director de eldiario.es, y en él participaron el juez Baltasar Garzón, la presidenta de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información, Virginia Pérez Alonso, el periodista Luis Martín y la portavoz de la Plataforma por la Honestidad, Ana Garrido.

También se llevó a cabo una conexión con Londres en directo para la intervención de Julian Assange desde la embajada de Ecuador, al igual que del canciller ecuatoriano, Guillaume Long.

Eldiario.es publicó también una entrevista con Julian Assange. Marta Peirano, jefa de Cultura y Tecnología, conversó con el fundador de Wikileaks.

A continuación, la entrevista en su totalidad. Enlace a Eldiario.es - haga clic 

 

Fotomontaje: Eldiario.es.

 

 

"El Watergate es una ilusión diseñada por Hollywood"

 

"La gestión de los Papeles de Panamá es un ataque a nuestro modelo", asegura el fundador de Wikileaks, muy crítico con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que ha publicado esta última gran filtración.

"Los medios establecidos tienen que limitarse constantemente bajo los poderes del establishment, los poderes del Estado al que pertenecen", dice Assange en esta entrevista con eldiario.es en la Embajada de Ecuador en Londres.

 

Cuatro años lleva Julian Assange en la embajada de Ecuador de Londres. Durante su estancia han pasado ya tres embajadores: Ana Albán, que estuvo a cargo 39 meses; Juan Falconí, con 21 meses, y Carlos Abad, que lleva 12. Este domingo 19 de junio, el fundador de Wikileaks los habrá superado a todos con un récord de 48 meses.

La corte de distrito en Estocolmo mantiene una orden de arresto contra él, como sospechoso de violación. No hay cargos contra él; las leyes suecas establecen que no se pueden formular cargos contra un sospechoso sin haberlo interrogado. Hasta ahora, se han negado a interrogarlo en la embajada o por Internet, y la acusación no prescribe hasta 2020. De momento, su equipo le ha regalado un gato.

 

Hoy se cumplen cuatro años de su encierro en esta embajada. Cómo se explica esto.

- Cuando dices cuarto aniversario parece que lo estamos celebrando. Pero puede que estar detenido durante cinco años y medio sin cargos tenga algo que celebrar y es que Wikileaks sigue publicando. Y creciendo. Mientras, muchos otros medios de comunicación están desapareciendo. A pesar de sufrir la mayor persecución en la historia de los EEUU contra un medio de comunicación durante cinco años y medio y de sufrir un bloqueo bancario que incluye a Visa, Mastercard, Paypal, Western Union, Diner's Club, Discover, American Express y Bank of America, no hemos despedido a nadie, seguimos adelante. Creo que esto es algo que podemos celebrar.

También creo que Ecuador como Estado, un Estado pequeño, ha sido capaz de resistir una enorme presión por parte del Gobierno norteamericano y del británico acerca de mi situación. Ahora estamos en punto muerto, nadie está ganando, está todo parado. Pero podemos ver en qué dirección se mueven las cosas, como resultado de procesos, como por ejemplo Naciones Unidas concluyendo formalmente que estoy detenido de manera ilegal.

Pero está a punto de empezar la apelación de Chelsea Manning, mi presunta co-conspiradora, la joven analista de inteligencia de EEUU que ha sido condenada a 35 años de prisión. Esa sentencia es de locos. La única acusación contra ella es haber sido la fuente del medio que ayudó a denunciar crímenes de guerra y la verdadera naturaleza de la diplomacia norteamericana. Nadie la acusa de filtrar documentos secretos a la inteligencia rusa o a Al Qaeda. La única alegación es que proporcionó información a los medios y ha sido sentenciada a dos décadas en prisión. Ahora tratan de hacer lo mismo conmigo.

Wikileaks se ha especializado en tratar de ensanchar esa cobertura de lo que se puede publicar, acogiendo los casos más difíciles, en este caso y en este momento, los secretos más oscuros del mundo de la inteligencia norteamericana y sus amigos. Son difíciles porque son el poder dominante y por tanto su capacidad para suprimir esa información es mayor.

 

Explíqueme algo que no entiendo. A diferencia de Chelsea Manning y Edward Snowden, usted no es un ciudadano norteamericano y no ha firmado un contrato con el Ejército norteamericano, ni con el Gobierno norteamericano. ¿Cómo puede ser responsable de una traición en EEUU?

- EEUU trata de imponer sus leyes sobre un centenar de países en el mundo. Yo soy un ciudadano australiano que opera desde Europa, fuera de EEUU. No teníamos empleados norteamericanos en el momento en que publicamos documentos clasificados del Gobierno norteamericano. ¿Cómo puede EEUU reclamar jurisdicción sobre este caso? Pues porque EEUU reclama  jurisdicción universal sobre cualquier cosa que tenga que ver con el Gobierno de EEUU. Y, como eran documentos del Gobierno de EEUU, entonces tienen jurisdicción.

En España ha habido un gran debate acerca de la jurisdicción universal en torno al Comité contra la Tortura, que permite a los gobiernos de cualquier Estado perseguir a funcionarios de cualquier otro Estado cuando el Estado responsable no cumple con su obligación frente a las Naciones Unidas de perseguir crímenes de tortura. El caso de Baltasar Garzón en el que extraditó a Augusto Pinochet de Inglaterra a España fue posible en parte gracias a ese mandato. Otro ejemplo son los 26 agentes de la CIA que han sido procesados en Italia por el secuestro de un imán sospechoso de terrorismo. Pero hay un aspecto espinoso de esta jurisdicción universal y que EEUU trata de exprimir todo lo que puede: el reclamo unilateral de jurisdicción universal de cualquier editor que publique información que pertenece o afecta a los intereses del Gobierno norteamericano. Y esto es una amenaza a cualquier editor en el mundo.

 

A usted le persiguen por distribuir decenas de miles de documentos militares y diplomáticos clasificados en 2010. Y, sin embargo, medios como The Guardian, The New York Times y Der Spiegel publicaron el mismo material sin sufrir las mismas consecuencias. ¿Cuál es la diferencia entre esas cabeceras y Wikileaks?

- Hay una diferencia legal y una política. EEUU sabe que perseguir al NYT por publicar estos documentos sería difícil políticamente. El New York Times tiene un enorme megáfono y lo usará para defenderse. Legalmente, las acusaciones que pueden usar contra una publicación son cinco: espionaje, conspiración para cometer espionaje, conspiración general, terrorismo informático y robo. Han creado un abanico de cargos para tener una herramienta que funcione en diferentes contextos. Dependiendo, por ejemplo, de dónde te quieren extraditar, porque el espionaje no es un crimen en muchos países. Las más efectivas son haber sido parte en una conspiración y el terrorismo informático.

Desde ese punto de vista, la diferencia entre nosotros y el New York Times es que nosotros tratamos directamente con la fuente, y por tanto fuimos parte de una conspiración con la fuente para obtener información de manera ilegal. Y luego, dentro de la organización, hay una serie de cosas que haces con esa información. Por ejemplo, tratar de descifrarla si está encriptada. O proteger a la fuente, ayudándole a borrar sus huellas. Estas acciones extra son las que aparecen en la Ley de Fraude y Abuso Informático, sección 1A de la sección de Terrorismo Informático.

Todo esto nos separa legalmente del resto de los medios de comunicación, pero con ellos también la usan. Por ejemplo, un periodista de Fox News reveló unos documentos vergonzantes sobre la política norteamericana de asuntos exteriores y luego se supo que había obtenido la información de un funcionario de la Administración. La orden judicial que usó la policía para requisar sus correos estaba basada en cargos de conspiración.

Esta legislación que tratan de imponer en EEUU tiene dos objetivos: acabar con el periodismo de secretos, haciendo que cualquier periodista que se comunica directamente con la fuente sea su co-conspirador y, por tanto, culpable de espionaje. La segunda, expandir esa legislación hasta alcanzar a todos los periodistas del mundo, no solo en EEUU, usando la jurisdicción universal e implicando que, cuando dos periodistas colaboran juntos, están conspirando juntos. Y los técnicos trabajando en esta historia, y los maquetadores, todos serían culpables de conspiración.

 

¿Qué pasaría si saliera ahora mismo por esa puerta?

- En marzo, el Gobierno de EEUU cursó un documento de 113 páginas al Tribunal federal con los cinco cargos que he comentado antes. Pero, extrañamente, el Gobierno británico no quiere aclarar si les ha llegado la orden de extradición del Gobierno estadounidense. Ni siquiera quieren confirmar o negar que haya habido comunicación alguna entre los dos gobiernos acerca de este caso. Y eso es lo que pasa cuando un gran jurado, que es lo que se usa en EEUU para los delitos federales, produce un documento sellado de acusación, que es una ofensa criminal para los miembros de la Administración hablar del contenido de ese sobre. En este caso, ese sobre se habría convertido en un documento sellado que reclama mi extradición, el documento que el Gobierno británico se niega a confirmar o negar que ha recibido.

 

El primer caso de extradición a la Schrödinger: no sabemos si existe o no.

- Exacto. Pero lo que el Gobierno británico sí ha dicho es que, independientemente de que la orden de extradición en Suecia sea cancelada, ellos van a arrestarme. Y ni el Gobierno sueco ni el británico han querido confirmar que no me extraditarán a los EEUU.



¿Tiene apoyo de otros países además de Ecuador?

- A ver: una cosa es el apoyo de la población y otra el apoyo del Estado. La población australiana me apoya pero el Gobierno australiano no. La Alianza de los Cinco Ojos –los servicios de inteligencia del imperio blanco angloparlante: EEUU, Reino Unido, Australia, Canada, Nueva Zelanda– es extremadamente hostil, incluyendo mi propio Gobierno. Australia ha sido de hecho uno de los peores. Su respuesta a la presión de EEUU fue abrir una investigación penal en la que estaban involucrados la agencia de seguridad, el Ejército australiano, la Policía Federal y el tribunal de justicia. Como consecuencia, han cancelado mi pasaporte. No hay ninguna prueba de que haya infringido ninguna ley australiana, ni siquiera que haya publicado nada desde suelo australiano. Pero, como soy un ciudadano australiano, Australia es de alguna manera responsable de cualquier irritación que yo pueda causarle a EEUU y así demuestra su lealtad a EEUU.

 

¿No le han ofrecido asilo en otros países?

- Ecuador me ofreció asilo muy pronto, en 2010. Y hubo declaraciones de apoyo de Venezuela, Argentina, Rusia. Las ciudades de Barcelona y Madrid han hecho declaraciones de apoyo frente a Naciones Unidas, cosa que me parece muy significativa. Pero mi situación es muy similar a la de Edward Snowden. Wikileaks fue capaz de conseguir asilo para Snowden: le sacamos de Hong Kong y le llevamos a Rusia. Pero, en el proceso enviamos cientos de peticiones a todos los estados occidentales, incluyendo España. Fueron todas rechazadas por las razones más sospechosas, muchas veces argumentando razones técnicas.

 

Fue el caso de España: que no podían ofrecerle asilo porque no estaba en suelo español al cursar la petición.

- Es triste que Europa siga estando bajo el dominio de los aliados estadounidenses. Pero lo entiendo porque casi toda Europa está en la OTAN y la OTAN está dominada por EEUU. Si algún país europeo me ofreciera asilo, EEUU lo tomaría como un insulto. Y las agencias de inteligencia de esos países entienden que habría un precio, bien la información que les proporciona la inteligencia norteamericana, bien el poder que tendrían en la mesa de negociación de la OTAN. No sería un cambio oficial, claro, pero de manera no oficial habría un cambio. EEUU no puede tolerar ese tipo de deslealtad. No porque un país les pueda hacer mucho daño de manera individual pero porque puede animar a otros países a desobedecer.

 

Volviendo a Wikileaks. Sara Harrison dijo hace poco que el legado de Wikileaks eran dos cosas: la idea de un buzón seguro (como Securedrop, Filtrala) en el que cualquier ciudadano puede filtrar documentos a un medio de comunicación sin revelar su identidad y poner en peligro su bienestar; y la idea de un consorcio de medios trabajando en la misma exclusiva. Fue lo que hizo con The Times, The Guardian, Der Spiegel, El País y Le Monde cuando Wikileaks filtró 251.287 cables diplomáticos estadounidenses. ¿Esta de acuerdo con esa valoración?

- No (risas). Adoro a Sarah pero veo las cosas de otra manera. La prensa tradicional, incluyendo aquellas cabeceras con las que colaboramos, se han agarrado a esa interpretación porque les conviene políticamente. Porque no constituye un reto para la percepción que proyectan de su propio valor. Y es verdad que fuimos nosotros los primeros en crear una colaboración internacional de grandes cabeceras investigando en la misma exclusiva. Y lo hemos seguido haciendo con cientos de organizaciones en muchos países distintos, generando procesos de comunicación cifrada para su colaboración, etc.

Este es nuestro más importante legado: haber creado una estructura difícil de atacar, para publicar la información que avergüenza a las grandes cabeceras.

En cuanto a Securedrop, esto era algo que los medios no estaban haciendo en absoluto porque pensaban que no era su trabajo hacerlo. Así que se ha convertido en un mecanismo conveniente para explicar el éxito de Wikileaks. Ahora, por mi experiencia trabajando con distintas organizaciones de derechos humanos y grupos de seguridad informática, siempre he creído que los documentos importantes no son tan difíciles de conseguir. La dificultad está en publicarlos. Este es nuestro más importante legado: haber creado una estructura difícil de atacar, para publicar la información que avergüenza a las grandes cabeceras.

Y también saber usar Internet de la manera óptima. El papel regula la cantidad de información que puedes publicar pero la Red permite publicarlo todo. Para mí, el verdadero valor de Wikileaks es como biblioteca, como un registro compulsado de los comportamientos de las grandes instituciones contemporáneas. Esta biblioteca es algo que otros periodistas pero también abogados, políticos y otros utilizan cada día para publicar nuevas historias o empezar nuevos argumentos o investigaciones. Y el escándalo que genera cada publicación de material es, en mi opinión, solo una manera de atraer gente a la biblioteca, una estrategia de marketing. Esta biblioteca se convierte entonces en una estructura fiable para esa gente.

Por ejemplo, los tres millones de cables que están ahora disponibles en nuestra serie de diplomacia pública es el mayor paquete de información, el más articulado y significativo acerca de cómo funcionan las relaciones internacionales. Es un tesoro para la humanidad; es universal y permanente y ofrece un marco de investigación global para periodistas en todo el mundo.

Se necesita mucha estrategia y mucha premeditación para mantener una biblioteca de estas características en el ojo público. Esto incluye distribuir a nuestra gente y nuestros recursos en muchas jurisdicciones distintas, para que no podamos ser presionados de manera efectiva ni sucumbir a la autocensura. Algunos medios se han referido a Wikileaks como el primer medio de comunicación apátrida. Esto indica, sin decirlo, una verdad importante: que los medios que están circunscritos a un Estado o a una cultura, son vulnerables a la presión y los intereses de ese gobierno y esa cultura. Y no siempre hay una coacción legal, a menudo es solo el estar integrado a esa sociedad. Llevarse bien con sus padres, sus parejas y amigos.

Wikileaks ha ganado todas las demandas a las que se ha enfrentado durante los últimos 10 años. Todas. Así que, lejos de ser una organización de renegados sin ley, en la práctica respetamos la legislación de los países en los que operamos, y operamos en muchos países diferentes. Y estamos usando leyes internacionales de los derechos humanos, como el artículo 19 que garantiza la libertad de expresión sin fronteras, Y aquellos con los que hemos litigado han perdido el caso porque han infringido la ley en sus propios países o bien tratan de aplicar leyes de otro país.

 

Este es el motivo por el que ha sido tan crítico con el ICIJ y su presunta liberación de la mayor filtración de la historia del periodismo. Ellos aseguran tener a 185 periodistas trabajando en 65 paises. ¿No debería ese número garantizar la legitimidad de la exclusiva?

- Es triste pero no. Y quiero felicitar a la fuente por hacerse con ese material y a los dos periodistas del Sueddeutsche Zeitung por "conspirar" con esa fuente. Pero, desde la perspectiva de Wikileaks, los Papeles de Panamá son una regresión, un paso atrás, porque no es la filtración más grande del mundo sino la más pequeña. Porque ellos han dicho y otros han repetido que es la más grande filtración de todos los tiempos, pero en realidad solo han publicado 166 documentos.

Sería la mayor filtración si el ICIJ no tuviera miedo de publicar lo que tiene. No solo eso sino que su director, que está en Washington DC, salió a decir públicamente que Wikileaks había robado el periodismo y nosotros lo estamos recuperando. La gestión de los Papeles de Panamá es un ataque a nuestro modelo, y nuestro modelo es el periodismo científico, que consiste en justificar todo lo que publicas con la documentación que lo demuestra, para que todo el mundo pueda verificar que lo que dices es cierto. Esto no es lo que ha pasado con los Papeles de Panamá. Lo que han hecho no es periodismo de código abierto, es periodismo de código cerrado y, desde luego, no es periodismo científico.

¿Hay buenos periodistas en el ICIJ? Por supuesto que los hay. Gente como Nicky Hager de Nueva Zelanda, con el que hemos colaborado durante años. El problema es que el propio ICIJ tiene su sede en Washington DC y está financiado por la Fundación Ford, por la Fundación Rockefeller. Es más, su estructura de financiación está llena de evasores de impuestos. Saben que están fuertemente limitados en lo que pueden publicar. Si el ICIJ publicara de la manera que lo hace Wikileaks, su financiación desaparecería y su cabeza quedaría cortada. Los periodistas que han sido integrados desde América Latina y los países de la antigua Unión Soviética son de un tipo muy concreto: gente históricamente encantada de colaborar con Washington DC.

Por eso la cobertura ha sido tan parcial. Han salido algunas buenas historias pero, si haces las cuentas, 166 documentos publicados de un total de 5.400 documentos es una cobertura extremadamente sesgada, una selección extrema.

 

¿Qué piensa de los papeles de Snowden que The Intercept está publicando ahora?

- Es exactamente lo mismo. Una vez más, una gran filtración con la que estábamos involucrados de muchas maneras y que, a la hora de publicar, mira lo que ha ocurrido: el 99,5% del material ha sido censurado. The Guardian, por ejemplo. Todo el mundo cree que ha sido el editor original de estos documentos, porque Glenn Greenwald tenía una columna allí. Y Glenn Greenwald se marcha del Guardian porque no le dejan publicar cosas. Inicialmente, The Guardian no quería saber nada de estos documentos. Y el director en aquel momento, Alan Rusbridger, le dijo al Parlamento británico: perded cuidado, ahí hay material sobre Irak y Afganistán y no vamos ni a leerlo. Y contaron la historia a los medios de que el GCHQ había entrado en la redacción y les había destrozado los discos duros, y es todo mentira.

El director llegó a un acuerdo con el Gobierno y lo que pasó fue que el GCHQ fue a la redacción a ver cómo ellos mismos destrozaban sus propios discos duros. Y eso se lo callaron. Pero vamos a darles el beneficio de la duda. Vamos a decir que ellos pensaban de verdad que, si no destrozaban sus propios discos duros, vendrían los servicios de inteligencia y lo harían ellos. Y que preferían hacerlo ellos para qué se yo. Para grabarlo en vídeo. De hecho lo grabaron en vídeo, hay un vídeo de ellos mismos destrozando sus propios discos duros. ¡Y se lo guardaron! Esto debería estar en la portada del periódico, debería estar en la portada de la CNN y del resto del mundo.

Pero lo mantuvieron en secreto. Durante seis semanas. Y salió porque la pareja de Glenn Greenwald, David Miranda, estaba volando de Berlín a Río con escala en Londres, con papeles de Snowden en un disco duro y lo pararon. Fue retenido en el aeropuerto durante ocho horas, y fue interrogado por la policía británica. Y Greenwald sabía de la destrucción de discos duros y estaba presionando para hacerlo público. Y es en este momento, seis semanas después, que el Guardian lo publica, y ni siquiera lo pone en la portada del periódico. Escuchad todos, esto pasó hace seis semanas, sentimos habérnoslo callado pero la detención de David Miranda nos parece completamente intolerable y también que mandaran unos tíos a vernos romper nuestros propios discos duros. Y no lo ponen en la portada, sino que lo dicen en el párrafo nueve de un blog del director, en el que habla de una crítica de una película que se ha hecho sobre mí, esa horrible película de Hollywood llamada El quinto poder.

Así es como lo publican, de la manera más discreta posible. Porque no querían ofender al Estado británico. Esta es la realidad de cómo los medios establecidos tienen que limitarse constantemente bajo los poderes del establishment, los poderes del Estado al que pertenecen.

Toda esta historia de los valientes periodistas enfrentándose al poder es una ilusión diseñada por Hollywood. Hasta Todos los hombres del presidente, la famosa película sobre el Watergate, con estos dos periodistas correteando por ahí, hablando con secretarias de administración, destapando la verdad sobre una conspiración de pinchazos. No, esto era una disputa de facciones entre Nixon y el FBI. Y el FBI escogió a sus periodistas favoritos dentro del Washington Post y les fue dando información para asegurar su posición en esa guerra de facciones.

 

Eso que cuenta es horrible.

- De hecho, en los correos de Hillary Clinton que publicamos recientemente, en esos mismos 2.000 correos de Hillary Clinton, se dice que Bob Woodward, el supuesto "héroe" del Watergate, es un activo del FBI. En esos mismos correos.

 

Tanto el Consorcio del ICIJ como The Intercept son hijos de Wikileaks. Si estos no son sus aliados naturales, ¿quiénes lo son?

- Tienes que entender que The Intercept tiene su única dirección postal en EEUU, y está financiada por Pierre Omidyar, el billonario que es dueño de Paypal y eBay: el mismo que trató de meter a 20 de nuestros partidarios en la cárcel, el mismo que participó en el bloqueo bancario contra nosotros. The Intercept tiene grandes periodistas, incluyendo a Glenn Greenwald. Y es una incorporación muy positiva al ecosistema de medios en EEUU. Pero ¿han publicado los cientos de miles de documentos que les dio Snowden? No, no lo han hecho. Y no lo van a hacer, porque su localización geográfica, Nueva York, significa que hay demasiados puntos de presión sobre esa organización. Y es una pena, porque se podía haber estructurado como un consorcio internacional, o con una estructura novedosa como Wikileaks, que tiene muchos inscritos de muchas partes, incluyendo ONG, etc. Esto nos hace difíciles de presionar.

 

Y qué hay de organizaciones que no tienen sede en los EEUU ni pertenecen a un país concreto, como Fíltrala.org.

- No me malinterpretes: es un avance que el ICIJ y otras organizaciones entiendan el valor de reunir grandes cantidades de documentos. Es un avance que mucha gente con perfil más técnico se haya politizado. Y es un avance que algunas, muy pocas, organizaciones tratan ahora de proteger sus comunicaciones con sus fuentes. Es un avance que The Intercept haga un seguimiento en profundidad de los temas de vigilancia masiva que nosotros llevamos años denunciando. Hay muchos grupos que han adoptado nuestros ideales: Fíltrala, BalkanLeaks... Pero aún nos falta mucho por hacer, y el punto más débil de los medios sigue siendo estructurarse de tal manera, y desarrollar una cultura institucional que sea lo suficientemente grande para ser publicada a gran escala. El mundo es grande y sus problemas son grandes. Y tenemos que ser capaces de publicar a la misma escala que esos problemas.

 

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