Viernes, 26 Febrero 2021 | Login

En rueda de prensa este miércoles, el director de salud y atención médica de Estocolmo, Björn Eriksson, declaró que la incidencia del coronavirus ha subido en forma alarmante en el país.

El 99 por ciento de ocupación de camas críticas en la Región de Estocolmo refleja la gravedad de la situación y una vez más Björn Eriksson hizo un llamado a la población.

“Ya basta. Las aglomeraciones deben cesar. Si esto no para, las consecuencias serán terribles”, dijo. 

 

 Por: Marisol Aliaga

 

Solo ocho camas críticas disponibles iban quedando ayer, en unidades de cuidados intensivos de la provincia de Estocolmo.

 

El director de salud y atención médica, Björn Eriksson, dijo que había pedido refuerzos a la Junta Nacional de Salud y Bienestar (Socialstyrelsen). Se requiere con urgencia más personal sanitario.

 

En la rueda de prensa del jueves, la vocera de la Junta Nacional de Salud y Bienestar afirmó que a nivel nacional había una capacidad libre de alrededor del 20 por ciento. Pero en todo el país los trabajadores de la salud están trabajando a toda máquina, y algunos han vuelto a los turnos de 12 horas, que se experimentaron durante la primavera pasada.

 

83 personas están internadas en las unidades de cuidados intensivos en la región de Estocolmo, lo cual significa que no hay plazas en camas críticas. Ahora, para recibir atención de este tipo, será necesario que la autoridad máxima libere personal de otras regiones, que pueda ser trasladado a la capital.

 

En estos momentos la falta de personal sanitario en un tema preocupante que las autoridades deben resolver a la brevedad posible. Por esta razón es necesario que la población comprenda la gravedad de la situación y haga lo posible para frenar el contagio.

 

- Los habitantes de Estocolmo nos hemos aglomerado demasiado y hemos tenido demasiados contactos fuera del hogar. Hasta el momento ha funcionado porque los profesionales de la salud una vez más están haciendo esfuerzos fantásticos, pero estamos al borde del límite, dijo Eriksson.

 

Y agregó:

- Ya basta. No puede valer la pena que después del trabajo la gente se aglomere en after work o compras navideñas o un café de Adviento. Porque las consecuencias serán terribles.

 

El personal de la salud ha solicitado encarecidamente al gobierno que se impongan medidas más estrictas. En vano, porque la burocracia debe seguir su camino. El gobierno de Stefan Löfven contó con atribuciones especiales para imponer lo que fuera necesario, luego de una votación en el parlamento, al comienzo de la pandemia. No obstante, no hizo uso de este recurso ni una sola vez. La política fue siempre la de consejos, no restricciones ni menos multas.  

 

Recientemente el gobierno envió una proposición a las instancias legales, con el fin de hacer cambios en la ley sobre enfermedades contagiosas. Sin embargo, esta solamente podría entrar en vigor no antes de marzo del 2021.

 

¿Por qué?

 

Por la demora de estas reformas y porque el gobierno y las autoridades sanitarias no planificaron una buena forma de enfrentar una segunda oleada de la pandemia, cuando la infección bajó, con la llegada del verano. Esta proposición se podría haber enviado antes de la temporada estival, en la que Suecia entra en un confinamiento natural, con el cierre de numerosas actividades, las estadías lejos de las grandes ciudades y las actividades al aire libre. Sin embargo, la administración de Löfven confió en el pronóstico de Anders Tegnell, quien dijo  que probablemente “en Suecia no habría una segunda ola”.

 

La segunda ola ya está aquí y este jueves azotó con toda su fuerza a Estocolmo.

 

Y ahora, cuando los contagiados aumentan nuevamente y aún más velozmente que la vez pasada, en una peligrosa curva exponencial, ha sido el primer ministro Stefan Löfven quien ha pedido en recurrentes conferencias de prensa a la ciudadanía que “salga solamente a las compras o a la farmacia y se junte  solo con los miembros de su entorno familiar”. Consejos que no han tenido el éxito esperado: las aglomeraciones han estado a la orden del día, y ahora los centros de atención médica se encuentran sobrepasados. 

 

Los testimonios del personal de la salud han inundado los medios nacionales, estos últimos días. Todos dicen lo mismo: “Estamos ante una situación extremadamente grave y al límite de nuestra capacidad, tanto física como mental”.

 

Aftonbladet entrevistó a Catrin Henricsson, auxiliar de enfermería del hospital  SÖS. Ella testificó que muchos de sus colegas se han deprimido al ver que el número de pacientes comienza a acercarse a los niveles de primavera.

 

- A la gente no le importa, hay muchas aglomeraciones por todas partes. No le tienen respeto a este virus, y eso es muy difícil de ver, dijo a Aftonbladet.

 

En tanto que Peter Eriksson, médico especialista del hospital Karolinska de Huddinge, declaró este miércoles en el noticiero de la tarde, Aktuellt, que el personal de la salud quiere ver medidas más estrictas, de parte de las autoridades sanitarias y del gobierno.

 

- Nos gustaría un regalo de Navidad de la gente y quizás de Anders Tegnell en primer lugar, con medidas más contundentes en las próximas semanas, subrayó el médico.

 

Sin embargo, las medidas más estrictas siguen siendo el sueño de quienes sufren en carne propia el azote de la pandemia: el personal de la salud. Ni que hablar de un lockdown al estilo de otras ciudades europeas. Y ni siquiera una medida tan simple, de la cual se ha probado su eficacia, y que los gobiernos de todo el mundo han adoptado: el uso de las mascarillas. La Agencia Sueca de Salud Pública mantiene su posición – a pesar del pedido de numerosas instancias – de no imponer su uso. Ni siquiera en el transporte público y cuando no es posible mantener la distancia física estipulada de, al menos, un metro.

 

Suecia sigue haciendo las cosas a su manera, el gobierno sigue fielmente los consejos de la Agencia de Salud Pública, y Tegnell ha declarado que estas "no van con la cultura sueca".  

 

Este jueves se registraron 58 muertes desde las últimas 24 horas. En total 7.354 personas han fallecido a causa de covid-19 en el país, una cifra muy superior a la de su vecino más cercano, Noruega, que con la mitad de habitantes, presenta 382 fallecidos debido a la pandemia. En términos de muertos por millón de habitantes, Suecia presenta 726, en tanto que Noruega 70, vale decir, una décima parte.

 

Esta gran diferencia entre dos países vecinos y perfectamente comparables ha sido justificada de las formas más increíbles, por la Agencia de Salud Pública, como de que "Suecia tuvo la mala suerte de que la infección llegara a las residencias de ancianos". En numerosas ocasiones, tanto políticos como la agencia han culpado al personal de las residencias, Johan Giesecke dijo en una entrevista con un medio extranjero (Unherd) que "allí trabajan inmigrantes y solicitantes de asilo que hablan no dominan el idioma sueco". La canciller sueca dijo en una entrevista con DW que el personal "no tenía buenas reglas de higiene". Y recientemente Anders Tegnell fue duramente criticado en las redes sociales, al afirmar en Aktuellt que los "extranjeros estaban por una buena parte de la expansión de la infección". 

 


El personal de la salud se deja la piel en el trabajo, y son los héroes invisibles de esta emergencia sanitaria. El director Björn Eriksson insta a la ciudadanía a hacer lo posible para no propagar el virus.  

 

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