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Este jueves se registraron 351 fallecimientos debido al coronavirus, y el país traspasó con ello la barrera de los diez mil. El viernes se sumaron otros 138 muertos y las cifras van al alza.

Suecia registra un total de 10.323 decesos debido al covid, y 523.486 personas contagiadas. “Si se puede reducir la mortalidad con un confinamiento de unas 3 a 4 semanas, entonces se debería sopesar esta medida”, asegura el virólogo Fredrik Elgh.

 

 Por: Marisol Aliaga

 

La situación de la pandemia de covid-19 sigue extremadamente grave en Suecia, que supera las 10.000 muertes y con cifras que van al alza. 

 

Ya lo habían vaticinado los médicos, antes de las festividades de fin de año: “La situación va a empeorar, vemos que las infecciones van en aumento y esto tendrá consecuencias”.

 

4.703 nuevos casos confirmados de covid-19 se reportaron ayer, lo que suma un total de 523.486 personas infectadas. Hoy se registraron 138 nuevas muertes, ayer fueron 351, y en total los decesos alcanzan a 10.323. 

 

Un total de 4.491 personas han recibido cuidados intensivos y en estos momentos 368 pacientes están internados en UCIs.

 

Fredrik Elgh es médico jefe y profesor de virología de la Universidad de Umeå (además de político local del Partido del Centro). Él quiere ver medidas más estrictas en el país, sobre todo pensando en la gran diferencia de fallecidos entre Suecia y sus vecinos, y que aquí se superó la barrera de los 10.000 muertos. 

- Esto es terrible. A mí me indigna y pienso que deberíamos hacer algo al respecto. Vamos a tener muchas más muertes si no nos esmeramos, dijo en el programa mañanero de la televisión estatal, Morgonstudion, de SVT.

 


El virólogo Fredrik Elgh, en entrevista con Morogonstudion. Foto: captura de pantalla. SVT.

 

Él teme que unas 5.000 personas más podrían morir en los próximos dos meses, si se continúa al mismo ritmo. 

-- Si se puede reducir la mortalidad con un confinamiento de unas 3 a 4 semanas, entonces se debería sopesar esta medida. La gran mayoría de países europeos han considerado que vale la pena el esfuerzo, pero en Suecia no lo hacemos. 

 

Fredrik Elgh quiere ver un cierre. Que no se permita viajar a las pistas de esquí, que los centros comerciales y la escuela primaria se cierren. Que durante estas semanas, las personas salgan solo para hacer las compras esenciales. Y que todos quienes lo puedan hacer se queden en casa. 

 

Según él, las recomendaciones no bastan. 

- El voluntariado del que hablamos antes no funciona del todo, afirmó.

 

¿Por qué una mortalidad tan grande?

 

En estos momentos muchos se preguntan el porqué de tantas muertes en Suecia, el único país escandinavo que presenta cifras catastróficas. 

 

Para la ex epidemióloga estatal, Annika Linde, la explicación es, sobre todo, una estrategia fallida. 

- En primer lugar, hay tantos que han muerto en Suecia porque tuvimos la estrategia de dejar libre al virus y, en segundo lugar, porque asumimos que se podría manejar esto, para proteger a los ancianos, pero no pudimos. Resultó que no teníamos ninguna preparación para ello, expresó.  

 

En tanto que el epidemiólogo estatal, Anders Tegnell, lo atribuye a que la covid-19 es "una enfermedad muy peligrosa”, sobre todo para personas de la tercera edad con comorbilidades. 

Al principio de la pandemia, Tegnell aseguró que la infección no era más grave que una gripe. 

Y sigue siendo escéptico al uso de mascarillas, aunque, desde el 7 de enero se recomiendan - solo en las horas peaks - en el transporte público. 

- Desafortunadamente, esperamos que el aumento continúe, ya que tenemos una amplia propagación de la infección en el país”, dijo este viernes Karin Tegmar Wisell, jefa de sección de la Agencia sueca de Salud Pública, en rueda de prensa.

 

En tanto, el programa de vacunación masiva sigue su curso. Hasta el 10 de enero se había vacunado a alrededor de 80.000 personas. 

 

El rey Carl Gustaf y la reina Silvia fueron vacunados el viernes.  

 


El personal de la salud se ha desempeñado al límite de su capacidad. Foto: TT.

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La Agencia de Salud Pública de Suecia ha negado siempre que la estrategia para enfrentar al coronavirus sea la ´inmunidad de rebaño´.

Sin embargo, un intercambio de correos electrónicos publicados la semana pasada dejan en evidencia, entre otras cosas, la influencia que ejerció Johan Giesecke en la arriesgada apuesta sueca de cara a la pandemia. Ya en marzo, el exjefe de la agencia estatal se refería a la inmunidad colectiva.

 

 Por: Marisol Aliaga

 

A poco comenzar el estallido de la pandemia de covid-19 en Suecia, una pregunta surgía a menudo: ¿será que la estrategia de la Agencia de Salud Pública es la ´inmunidad de rebaño´? Porque si bien es cierto que cada vez que el epidemiólogo estatal Anders Tegnell ha sido preguntado al respecto, ha negado que así lo fuera, pero junto a otros expertos ha vaticinado una serie de fechas sobre cuándo en Suecia alcanzaríamos la inmunidad.

 

Ninguno acertó.

 

Por su parte la OMS ha criticado la estrategia de la inmunidad de rebaño en varias ocasiones, puesto que el costo en vidas humanas es muy alto.

"Esta idea, de que los países que no han hecho mucho para frenar el contagio de pronto van a alcanzar la inmunidad comunitaria, y que no les importa si pierden a algunas personas mayores en el camino, es un procedimiento muy, pero muy peligroso", declaró Michael Ryan, director de respuesta a emergencias de la OMS, el 13 de mayo.

 

Suecia nunca tomó sus declaraciones como una posible crítica, y Tegnell ha reconocido, a lo más, que la inmunidad comunitaria es un “biproducto” de la verdadera estrategia: la de aplanar la curva y proteger a los adultos mayores.

 

En el resto del mundo la arriesgada apuesta sueca ha despertado tanto curiosidad como espanto. Porque mientras otros países cerraban sus fronteras y tomaban fuertes medidas para contener el virus, en Suecia seguían llegando aviones cargados con pasajeros provenientes de zonas de alto riesgo. Y nunca se les ordenó una cuarentena ni se les tomó un PCR. Las escuelas básicas nunca se cerraron y a los padres que se negaron a enviar a sus hijos al colegio se les llamó a terreno.

 

A poco de haberse declarado la transmisión comunitaria, Anders Tegnell declaró que “tiraba la toalla”, la infección no se podía parar. Incluso durante unos días cesaron los reportes diarios, hasta que se reanudaron nuevamente, mostrando durante los siguientes meses los números más devastadores de toda Escandinavia.

 

Afortunadamente, con la llegada del verano las cifras mejoraron. El número de fallecidos se redujo a un mínimo, al igual que la cantidad de ingresados en las unidades de tratamientos intensivos bajó considerablemente. También influyó en esto que en Suecia la temporada de verano es un “lockdown” natural, todo se cierra y la gente se va a pasar la temporada estival al extranjero o al campo.

 

No obstante, las recomendaciones de la FHM siguen siendo las mismas: guardar la distancia física y lavarse las manos con frecuencia. Tampoco hubo cambios respecto a las personas mayores de 70 años, a quienes se les sigue recomendando salir lo menos posible de sus casas y, de reunirse con otras personas, hacerlo al aire libre. 

 

Pero ¿en qué se ha basado la agencia sanitaria para recomendar estas medidas y quiénes han influido en la estrategia? 

 

Gracias al principio de transparencia (offentlighetsprincipen), que estipula que los documentos de todos los organismos estatales son de acceso público, cientos de mails internos fueron entregados a distintos medios, y el martes de la semana pasada el periodista independiente Emanuel Karlsten publicó algunos de estos en su blogg y en el vespertino Expressen.  

 

De esta correspondencia electrónica se desprende que ya en marzo, el ex jefe de Tegnell, Johan Giesecke, tenía en mente la idea de la inmunidad de rebaño. Giesecke había sido contratado por la empresa de fondos de pensiones “Tredje AP-fonden”, para analizar el impacto de la pandemia en las inversiones financieras. En un mail (13 de marzo 2020) a la empresa escribía: 

“He cambiado de opinión. Creo que el virus avanzará en Suecia como una tormenta y contagiará básicamente a todos en uno o dos meses. Probablemente es más contagioso que la gripe. Yo creo que ya hay miles de infectados en Suecia. La mayoría no se enferman tanto (un resfrío normal) y muchos ni siquiera se percatarán de que están infectados. Todo termina cuando muchos se infectan y después son inmunes, y el virus no tiene adónde ir (lo que se llama 'inmunidad colectiva', puedo contarles más sobre esto cuando nos veamos). Puede llevar entre 1 – 2 meses”.

 

Al día siguiente, estando aún contratado por esta empresa, Giesecke envía un mail a la Agencia sueca de Salud Pública (FHM) proponiendo algunas ideas de trabajo.

 

“/…/ Si las cifras de la influenza son confiables, podría ser interesante (y ojalá ´políticamente´ utilizable) ver si la curva del corona sigue la de la influenza a través del tiempo. Si les gusta la idea: ¿hay alguien en FoHM que pudiera dedicar algo de tiempo para esto?” , escribe.

 

La jefa de análisis Lisa Brouwers le responde rápidamente que va a instruir a una subordinada para que se encargue de esto. A pesar de que Johan Giesecke no trabaja en la Agencia de Salud Pública y no debería tener acceso ni a los resultados internos ni a los recursos de la agencia.

 

Un par de días después, el 17 de marzo, Anders Tegnell, en un escueto correo electrónico, le hace una oferta de trabajo. 

 

Título del mail:¿tiene ganas de trabajar aquí?” (“tiene”, no “tienes” sugiere que la invitación va dirigida a más de una persona, pero se desconocen los otros posibles destinatarios).

 

“¿Por qué no?”, responde Giesecke, al cabo de media hora.

 

 

De esta manera, el ex epidemiólogo estatal obtiene un contrato millonario en la entidad sanitaria “para apoyar en el análisis y modelado de la covid-19".

 

El contrato estipula un sueldo de 1.250 coronas la hora. La primera semana de trabajo en la agencia, Johan Giesecke factura 50 horas. Y se transforma en una celebridad al figurar en todos los medios nacionales y numerosos internacionales, en calidad de experto. 

 

"Es un desastre natural [la covid-19]. Es la naturaleza la que contraataca de alguna manera. Y, al igual que en el caso de una erupción volcánica, un terremoto o similar, los más débiles son los más perjudicados. Los que "corren demasiado lento"", afirmó en una entrevista con Dagens Nyheter

 

Lo que nadie sabía ni sospechaba era que Johan Giesecke no era una voz independiente, sino un representante de la Agencia de Salud Pública sueca y que facturaba por cada aparición en algún medio.    

  

Tampoco se sabía que su esposa, Kajsa Giesecke, estaba involucrada económicamente en el hospital de campaña que se construyó en las afueras de Estocolmo, en Älvsjö.  

 

La agencia sanitaria decidió, a comienzos de la pandemia, el cierre de la escuela secundaria y las universidades, y los jóvenes han estudiado a distancia, para evitar, en lo posible, el contagio.

 

Johan Giesecke se refiere a veces a Anders Tegnell y Johan Carlson (director general de la agencia de salud) como "sus chicos". Un viernes por la tarde les propone cambios que afectan las vidas de miles de personas. Después de una copa de vino.

 

Título del mail: Escuela secundaria

Fecha: 27 de marzo 2020. 20:59 

De: Johan Giesecke

Para: Anders Tegnell, Johan Carlson

 

"Yo creo que deberíamos cesar el cierre de la escuela secundaria y la universidad, después de Semana Santa. No juega ningún rol, desde el punto de vista epidemiológico, y sería una señal de mejoría.

Lo siento especialmente por todos los que ahora están en tercer año - es triste que no se les permita celebrar la graduación después de 12 años en la escuela.

Saludos,

Johan (luego de un vaso de vino el viernes por la tarde)".

Y no sería el único mail que enviara esa tarde. A la hora después envía un mail a Preben Aavistland, del Instituto de Salud Pública de Noruega: 

 

"Hola Preben,

como lo he dicho varias veces: Ustedes lo hacen mal, en Noruega.

Que estén bien,

Johan"

 

 
Anders Tegnell, epidemiólogo estatal. Johan Giesecke, epidemiólogo emérito. 

 

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En Suecia, la pandemia del covid-19 se ha cobrado más de 5.000 víctimas fatales. Este miércoles se registraron 102 fallecimientos.

Pero detrás de cada número hay una persona. Como Yanina Lucero. Ella no fue hospitalizada por falta de cupos, y cuando al fin fue ingresada en cuidados intensivos era demasiado tarde. Falleció el 15 de abril y según su esposo nunca se le hizo la prueba del covid-19. El siguiente es el reportaje en Dagens Nyheter sobre su caso.

 

 Fuente: Dagens Nyheter. 16 junio 2020. Viviana Canoilas. Traducción: Magazín Latino

 

Este fin de semana, el matutino Dagens Nyheter publicó el reportaje "En dag, 118 liv" (Un día, 118 vidas). En este, familiares contaron sobre muchos de quienes fallecieron producto del covid-19 el 15 de abril, uno de los días más letales de la pandemia del corona en Suecia.

 

Yanina Lucero fue una de ellas. Su esposo, Cristian Lucero, habla sobre su señora, quien solo alcanzó a cumplir los 39 años.

 

Cristian Lucero se encuentra en el cementerio, la primera vez que hablamos. Para él, es demasiado difícil hablar sobre esto, y no termina nunca de llorar.

 

Su esposa Yanina Lucero tenía solo 39 años, cuando falleció en lo que se cree que es covid-19, el 15 de abril de este año.

 

Dos meses después, Cristian Lucero nos cuenta quién era su esposa. Se casaron el 27 de octubre de 2007, y vivieron juntos en Sollentuna con sus dos hijos, de 10 y 15 años.

 

- Los niños y la familia eran todo para ella y hacía todo por ellos. Era el pilar de la familia, dice Cristian Lucero.

 

- Era una mujer increíble, siempre feliz, social y preocupada por los demás. Era diaconisa y también trabajó como líder juvenil en la KFA (Iglesia para todos).

 

Cristian Lucero nos cuenta con orgullo, al mismo tiempo que las lágrimas caen sobre sus mejillas. Y ríe, al recordarla.

 

- Siempre tenía tiempo para bailar. Yanina podía poner música por la mañana y empezar a bailar. Siempre terminaba con toda la familia bailando juntos. Ella siempre miraba positivamente la vida y siempre había tiempo para bailar.

 

- Pero el canto era su gran pasión y también cantaba increíblemente bien.

 

Este fin de semana, Dagens Nyheter publicó el reportaje “En dag, 118 liv”  (Un día, 118 vidas). En este, familiares contaron sobre muchos de quienes fallecieron producto del covid-19 el 15 de abril, uno de los días más letales de la pandemia del corona en Suecia.

 

Como tantos otros familiares con los que Dagens Nyheter ha estado en contacto, la noticia de la muerte de Yanina Lucero fue una sorpresa para su esposo.

 

- Cuando se enfermó, nos dijeron primero que no había peligro, ya que ella tenía solo 39 años. Tampoco tenía enfermedades subyacentes y estaba sana.

 

Estuvo enferma durante varias semanas y tuvo graves dificultades respiratorias, fiebre y diarrea, cuenta su esposo, quien la llevó al hospital.

 

- Pero nos dijeron que estaba lleno y tuvimos que volvernos a casa.

 

Después de que Yanina Lucero fue enviada a casa, se sintió peor con cada día que pasaba. Además de la fiebre, tenía dificultades para respirar.

 

- Después de varios días, cuando apenas podía caminar, llegó una ambulancia, y la trasladaron al hospital de Huddinge. Allí fue sedada y conectada a un respirador.

 

Cristian Lucero pensó varias veces que su esposa estaba a punto de mejorar. Pero la noche del 15 de abril falleció en el hospital, según él, sin que se le hiciera la prueba de covid-19.

 

Para Cristian Lucero, todavía es difícil admitir que ella ya no está en vida.

 

- La extrañamos todos los días y veo que mis hijos sufren y aún no pueden entender que mamá se ha ido.

 


Yanina Lucero tenía 39 años y falleció presuntamente del covid-19. Foto: Captura de pantalla, Dagens Nyheter.se.

  

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Más de 90 municipios han tenido, o se sospecha que han tenido, infección por el coronavirus en sus residencias de ancianos. Solo en Estocolmo se han registrado cientos de casos constatados.

El epidemiólogo estatal Anders Tegnell reconoce que este es un fracaso. "Es muy desafortunado", dijo a Ekot, de la radio sueca.

 

 Fuente: Aftonbladet. 02-04-2020. Traducción: Magazín Latino 

 

Desde el 1 de abril, el Gobierno ha impuesto una prohibición a los visitantes en todas las residencias de ancianos en el país.

 

- Quienes viven en hogares de ancianos del país son los que más necesitan protección contra el virus. Es por eso que debemos asegurarnos de que no se propague la infección allí, dijo la ministra social, Lena Hallengren, el 30 de marzo.

 

Pero una encuesta realizada por Ekot (noticiario radial de Radio Suecia) muestra que 43 municipios ya han confirmado casos de Covid-19 en residentes enfermos en sus residencias de ancianos, y 51 municipios tienen casos sospechosos.

 

230 infectados en Estocolmo

 

Al mismo tiempo, la compañía de salud Familjeläkarna (Médicos de familia) afirma que 230 personas mayores en 45 de sus hogares en la región de Estocolmo han sido confirmadas de estar contagiadas, informa SVT Nyheter Stockholm. De ellos, 50 personas han muerto.

 

Según el jefe de operaciones Stefan Amér, existe una gran carencia de material de protección individual.

 

- Estos son los pacientes más frágiles que tenemos y, tanto por el bien de ellos, como por su cuidado, es importante que sigan siendo atendidos donde están. Pero eso requiere que los empleados tengan el equipo de protección adecuado, le dice a SVT.

 

"Muy desafortunado"

 

En el hogar de ancianos Liljegården, en Enköping, seis residentes han resultado positivos, mientras que a otros cuatro casos sospechosos aún no se les han realizado la pruebas.

 

- El equipo de testeo que debería estar en la región aún no ha llegado. Hemos informado que tenemos clientes con síntomas desde hace una semana y media atrás, dijo Katarina Löfberg a Ekot.

 

Cuando el epidemiólogo estatal Anders Tegnell recibe la pregunta del periodista de Ekot acerca de si Suecia ha logrado mantener la infección alejada de las residencias para mayores, responde:

 

- No, obviamente que no lo hemos hecho. Es muy desafortunado, porque es exactamente lo que intentamos evitar de todas las formas posibles.

 


Conferencia de prensa de la Agencia de Salud Pública. Detalle en una residencia de ancianos. Foto: Marisol Aliaga. Gnesta.se.

 

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