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¿Qué vamos a hacer? – Entrevista a Nicanor Parra

¿Qué vamos a hacer? – Entrevista a Nicanor Parra

Ante el sensible fallecimiento de nuestro querido antipoeta, Nicanor Parra, Magazín Latino republica, una entrevista realizada el año 2004, que se publicó por primera vez en nuestro anterior sitio web, Magazinlatino.se, el año 2011.

La entrevista tuvo lugar en la residencia del poeta, en el balneario de Las Cruces, en el litoral chileno. 

 

 Por: Marisol Aliaga

 

La semana pasada se supo que el poeta chileno Nicanor Parra fue condecorado con el Premio Cervantes 2011. Y los chilenos nos sentimos orgullosos como pavos reales. En febrero de 2004 le hice una larga entrevista al "antipoeta". Entrevista que, lamentablemente, nunca llevé al papel, pero que muchas veces, durante todos estos años, había tenido la intención de hacerlo. Hasta que hoy me decidí: "¡ahora o nunca!", pensé. Conversamos sobre muchos temas, con Don Nicanor, pero, no me permitió que tomara fotos, tampoco que grabara y menos – ¡Dios me libre! – que lo filmara. "A los viejos no se les filma", me dijo con una sonrisa sarcástica. Por otra parte, no he querido correr el riesgo de cometer alguna equivocación, por pequeña que sea, ya que quedaría en vergüenza con el antipoeta. Resulta que Don Nicanor, con sus 89 años, tiene una memoria mucho mejor que la mía.

  

Por penosas razones de salud, habíamos viajado a Chile, ese verano, del 2004 mi hija y yo, y decidimos hacer un viaje a la playa, eligiendo uno de los balnearios más bonitos de la costa central: Las Cruces. Arrendamos una cabaña frente al mar, en un lugar que conocíamos de antes. Una tarde, el amable conserje de las cabañas nos preguntó si ya habíamos visto la casa del poeta. "¿Cual poeta?", le pregunté. "El antipoeta, Don Nicanor Parra", fue su respuesta. Y bastó para que me lanzara a una misión, a todas luces, imposible.

 

La casa de Don Nicanor quedaba solo a un par de cuadras del hotel y, desde entonces, pasábamos todos los días por allí, con la esperanza de verlo algún día en el jardín.

 

Pero nada, la pesada puerta de metal estaba siempre cerrada, y no nos atrevíamos a tocar el timbre. Ya nos habían dicho que Don Nicanor no daba entrevistas, que le gustaba vivir en Las Cruces porque allí nadie lo molestaba. Hasta que, en vísperas de nuestro regreso a Rancagua, nos armamos de coraje, mi hija y yo, y partimos a su residencia. Al tocar el timbre, salió a abrir la empleada y, muy parca, nos dijo que el señor no esperaba visitas. Le dijimos rápidamente que no habíamos concertado nada, pero que veníamos de muy lejos y no queríamos perder el viaje.

 

Dio resultado, a través de la puerta de madera (ya habíamos entrado al antejardín) le escuchamos preguntar, entre carrasperas: "¿de Suecia? Mmmh…bueno, dígales que pasen".

 

El hogar del escritor resultó ser una amplia casa con una espectacular vista al mar, un jardín y un antejardín con las bellas flores típicas de los balnearios chilenos. En su interior, reinaba una semipenumbra, y desperdigados por todas partes, había pequeñas notas de papel – creo que eran amarillas. "Cuando se me ocurre una idea nueva, la anoto", nos dijo. Y se le ocurrían muchas ideas.

 

Me parece recordar que entre los numerosos libros el primero que vi fue la Biblia. También tenía unas bandejitas de cartón de esas en las que se compran empanadas, en los supermercados. En estas, escribía con un plumón lo que se le venía a la cabeza por el momento. Le regaló una a mi hija, con el texto: "¿Qué vamos a hacer? ¡Los buenos resultaron peores que los malos!".

 

Este era el análisis político que el poeta hacía de la situación de Chile en esos momentos.

  

A pesar de los años que han pasado desde que hice esta peculiar entrevista, recuerdo muy claramente la forma de hablar de Don Nicanor. Alargando las últimas vocales de casi todas las palabras y dándoles una particular entonación. Lo escuchábamos con mucha atención y nos sonreíamos entre nosotras cuando decía: "¿Qué vamos a haceeeeeer? ¡Los buenos resultaron peores que los malooooooooos!".

 

De que no le gustaban las entrevistas, nos dimos cuenta de inmediato. Nos dijo: "Si Uds. me van a preguntar, yo tengo que preguntarles primero". Y quiso saber muchas cosas, escuchando con gran atención. Después nos habló acerca de sus amigos en Suecia, sobre todo de su querido Lasse, y nos encargó que le entregáramos un folleto, a nuestra vuelta a Escandinavia.

 

Ya roto el hielo – cosa que ocurrió bastante rápido – nos ofreció té. Él mismo nos sirvió, al venir su empleada con la bandeja y las tazas, y recuerdo que entonces pensé: se ve muy vital este poeta, no espera a que le sirvan, se sirve él solo. Tenía alrededor de 90 años.

 

Seguidamente, nos instó a leer en voz alta algunos poemas, explicando la manera correcta de declamar, cosa que yo en mi vida había hecho y que, sin duda, mi hija hizo mejor que yo. Le gustó mucho que ella le leyera – en sueco - extractos de "Manchas en la pared", libro de poemas en sueco y en español que próximamente sería publicado en Suecia. Estaba muy interesado en saber nuestra opinión, como personas bilingües, acerca de la correcta traducción de sus textos.

 

Después le tocó el turno a él, y Don Nicanor nos deleitó recitando – en inglés y de memoria – trozos de Hamlet. Me parece que estaba traduciendo en esa fecha, tal vez una vez más, la inmortal obra de Shakespeare, o bien escribiendo un manuscrito para alguna obra de teatro.

 

Nunca antes había escuchado a nadie declamar a Shakespeare de esa forma ni menos trozos tan extensos, por lo cual quedé maravillada. Al finalizar le comenté que admiraba su extraordinaria inteligencia, me respondió que no lo era, que el más inteligente de la familia era su hermano Eduardo.  

 

Y nos contó de cuando una vez, de niño, se había percatado de que dos de sus compañeros de curso estaban hablando de él. "Oye, ¡que inteligente es el Parra!", dijo uno. Y el otro le contestó: "¡No huevón, es memorión!".

 

- ¡Y tenían toda la razón! Para que sepan, no es lo mismo ser inteligente, que ser memorión, nos dijo, con una risa pícara en la mirada.

 

Como no le gusta que le hagan preguntas, nosotras nos adaptamos a la situación, y conversamos sobre temas muy variados, como el estado actual del país, su infancia junto a sus numerosos hermanos e, incluso, sus relaciones con el sexo opuesto. Don Nicanor nos contó que tenía una amiga que lo visitaba de vez en cuando.

- Pero es solamente sexo, nada más, decía, con seriedad.

 

Algunas anécdotas que nos contó no se pueden retransmitir - supongo -  como por ejemplo la historia de la novia que lo dejó por otro poeta (muy conocido, por lo demás). Esto nos lo contó con un dramatismo digno de un Otelo, y con lujo de detalles. Al parecer el paso del tiempo no había apaciguado sus intensos sentimientos.

 

Y cuanto siento que no me haya permitido grabarlo, sería un relato digno de escuchar. Nicanor Parra era un maestro en el arte de contar, pero también de escuchar.

 

Nos comentó que le gustaban "esos jóvenes con los cuales estoy trabajando un poco", de la revista "The Clinic", le hacía gracia “la desfachatez de esos chiquillos”. Dirigió ácidas críticas a los políticos de la época, y se le ocurrió la frase que más tarde escribiría en una de las bandejas, de que “los buenos habían resultado ser peores que los malos”.

 

Cuando ya había pasado una hora, o dos - hasta el tiempo se detiene ante un gran maestro - llegó la hora de comer y, aunque nos percatamos de que a su empleada (me parece que la llamaba Rosita) no le gustó para nada la idea, nos invitó a cenar, de modo que nos sentamos a la mesa a compartir con él unos ricos tallarines con salsa de carne.

 

Entre tanto la conversación seguía fluyendo, pero en ese momento me dio frío, había ido en polera sin mangas. Entonces, Don Nicanor se levantó, buscó hasta que encontró – no le quiso pedir ayuda a Rosita, que no nos miraba con muy buena cara– y me pasó uno de sus pulóveres de lana, de color beige, para que me abrigara.

 

Mi hija causó en él una buena impresión, por su desplante y su belleza. Cuando ella se ausentó un momento para ir al baño, me mira seriamente y me dice: "¿Qué vamos a haceeeeeeer? ¡Se la van a robaaaaaaaar!". Consideró que ella, que entonces era una adolescente, era tan bonita, que había que tener mucho cuidado, porque “más de alguien la querría secuestrar”.

 

Y, a propósito de belleza, hablamos también - no faltaba más - de una de sus novias, la escritora sueca Sun Axelsson. Como Sun, no sonaba muy bien en español, Don Nicanor la llamaba Marisol. Tal vez mi nombre haya contribuido un poco a este encuentro, no lo sé.

 

Sospechaba que la relación con Sun Axelsson no había sido sin falta de fricciones (recordé los pasajes de un libro de la escritora, donde se refiere a él) y me lo corroboró, aunque agregó que actualmente tenían una buena relación. También nos contó anécdotas acerca de ella, de Neruda y de sí mismo, entre otros personajes, pero más vale no entrar en detalles.  

Él mismo se reía un poco de la palabra que usaba a menudo: el estar “prendido” de alguien, puesto que ya nadie usaba esa expresión para referirse al enamorarse de alguien. Pero que tuvo historias amorosas, Don Nicanor, las tuvo, y muchas, sin duda que el amor ocupaba un lugar importante en su vida.

 

Al preguntarle si no le gustaría viajar a Suecia, a visitar a sus amigos que tiene por estos lados, apuntó al cielo con el dedo, argumentando que no le gustaba volar; que le daban miedo los aviones. Quedé con la duda de si lo habrá dicho en serio o en broma, con Don Nicanor nunca se puede estar segura.

 

Ya al finalizar aquella increíble tarde de "entrevista" – o más bien una "antientrevista" - en la cual pude hacer muy pocas preguntas, me atreví a nombrarle a su hermana Violeta, autora de la emblemática canción conocida en el mundo entero: "Gracias a la vida". Nunca he podido entender que alguien que haya escrito un tema tan maravilloso, un himno a la vida, haya apagado la suya propia.

 

- La Violeta era una persona muy sensible, dijo. El problema que ella tuvo fue, en realidad, que se enamoró de dos personas, y nunca pudo solucionar eso. Esa fue la razón que la llevó a tomar su decisión, dijo Don Nicanor y, por primera vez, el cansancio y la tristeza se apoderaron de él.

 

Y nos explicó que pensaba tomar una siesta.

 

En la puerta y al despedirnos, quise devolverle su pulóver de lana, pero me dijo que no era necesario, que me lo llevara. Me dio mala conciencia, pero más adelante me he tranquilizado al ver a menudo a Don Nicanor en fotos con pulóveres como este. También me regaló un libro con una portada muy original (*) además de una ampolleta acompañada de un papel doblado. Con un plumón había escrito "El insecto de Edisson".

 

Como todos los poetas, este "antipoeta" ve poesía donde quiera que dirija su mirada.

 

 

(*) El libro de cubierta  naranja publicado por “ANTIPARRA PRODUCTIONS”, es una recopilación de textos sobre un coloquio internacional de escritores y académicos que se celebró en Chile en 2002.  Su título: “Ciclo Homenaje en torno a la figura y obra de Nicanor Parra”.

 

En la portada figura, además, el siguiente texto:

“Organización con Fines de Lucro

De lo que se trata

Es de borrar a Parra del mapa

La voluntad del muerto que se cumpla

Comenzaremos quemando sus manuscritos

¿Alguno de Uds. anda con fósforos? 

 

 

Nicanor Parra en Las Cruces, hasta donde volverá, este jueves 25 de enero de 2018.  

 

 

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