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Un Premio Nobel del que podemos prescindir Copia de la medalla que reciben los laureados. Foto: Marisol Aliaga.

Un Premio Nobel del que podemos prescindir

En 1976, el Comité del Premio de Ciencias Económicas fue duramente criticado por la insensibilidad demostrada al otorgar el Nobel de Economía a Milton Friedman, vinculado a los “Chicago boys” chilenos.

“Un propósito tácito del premio ha sido, durante muchos años, la economía liberal del mercado. Probablemente Alfred Nobel se enfurecería si lo hubiera sabido”, escribe Björn Elmbrant, en esta columna.

 

 Fuente: Dagens Arena/10-10-2018/Editorial/Björn Elmbrant

 

En numerosas ocasiones, chiflados políticos han recibido el Premio Nobel de Economía. Un propósito tácito del premio ha sido, durante muchos años, normalizar la economía liberal del mercado. Probablemente Alfred Nobel se enfurecería si lo hubiera sabido.

Muchos se han lamentado de que este año no se haya otorgado el premio Nobel de Literatura, teniendo en cuenta las contradicciones dentro de la Academia. En cambio, no sería una gran tragedia si el llamado Premio Nobel de Economía desapareciera.

Este muy extraño galardón, formalmente llamado Premio de Economía del Banco Nacional (Riksbanken) en memoria de Alfred Nobel, fue creado por el Riksbanken hace 50 años, sin consulta al Parlamento.

Uno de los declarados propósitos de esta distinción, fue darle a la economía política un estatus científico, con el fin de hacerla tan exacta como la química y la física. Pero casi nunca lo es.

Uno de los críticos más duros de la macroeconomía, por su a veces débil arraigo en la realidad, es uno de los laureados esta semana, Paul M. Romer. Él ha criticado duramente como se ha ocultado una opinión política detrás de una excesiva utilización de la matemática, y a través de ser un grupo cerrado y homogéneo donde todos deben pensar lo mismo. Es por lo que las teorías de los economistas políticos fallan, una y otra vez.

Es famoso el error del premio Nobel de Economía, Robert E. Lucas. En 2003 creyó haber encontrado un modelo que hacía que la economía se pudiese arreglar sin políticos y que “el problema central para impedir depresiones había sido resuelto”. Sin embargo, cinco años más tarde vino la gran crisis financiera, que los políticos debieron resolver.

En 1997, otros dos estadounidenses obtuvieron el premio Nobel por sus teorías para efectivizar los mercados financieros. Poco después, el fondo especulativo de alto riesgo, LTCM, tuvo que ser rescatado por otros bancos.

Es importante señalar que en ocasiones el premio se otorga a economistas sensatos, como Robert Schiller y Elionor Ostrom, ambos profundamente arraigados en la realidad.

Típicamente, esta última es la única mujer que ha recibido el premio, en sus 50 años de existencia, quizás porque el pensamiento en grupo es tradicionalmente un área masculina.

Pero al mismo tiempo varios chiflados políticos han recibido el premio, ya que un propósito tácito del premio ha sido durante muchos años normalizar las ideas de libre mercado.

Es por lo que personas como Friedrich Hayek y James Buchanan obtuvieron el premio, a pesar de que principalmente eran agitadores neoliberales, que solo podían odiar al Estado y apenas tenían méritos económicos que mostrar.

El inventor e industrial Alfred Nobel probablemente se habría enfurecido si hubiera sabido que en su nombre se otorgaba un galardón que durante años y no rara vez premió a aquellos que habían deseado que los principios del mercado se aplicaran en todas partes, y que la política de bienestar socialdemócrata había sido muy costosa.

Esto porque Nobel había escrito que odiaba los negocios con todo su corazón, y que se consideraba a sí mismo como un socialdemócrata.

Los millones que se reparten todos los años a los laureados de economía, se consiguieron en forma golpista, cuando el Riksbanken tomó una considerable suma de los fondos AP y los convirtió en una fundación. Por lo tanto, una parte de las pensiones con tanto esfuerzo pagadas por los asalariados fueron utilizadas para rendir homenaje a economistas que rara vez defienden los intereses populares.

El hecho de que el premio, durante los últimos años haya tenido algunos laureados dignos, no frustra el hecho de que el propósito de hacer del premio de economía una ciencia como cualquier otra, apenas se ha logrado. Los fiascos politizados son muchos, en los 50 años de existencia del premio.

Por lo tanto, pocos lamentarían que este extraño premio dejara de otorgarse. Los dineros que no se gasten en festejos serían mucho más útiles cubriendo los huecos del sistema de pensiones.

 


Copia de la medalla que reciben los laureados. Foto: Marisol Aliaga.

 

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