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Las raíces del mal llamado populismo en EEUU  - y en Europa incluyendo España Donald Trump. Foto: Captura pantalla SVT.

Las raíces del mal llamado populismo en EEUU - y en Europa incluyendo España

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 15 de junio de 2018.

Aunque este artículo se centra en EEUU indicando que el problema mayor que existe en aquel país no es Trump, si no el hecho de que la mayoría de la clase trabajadora le vota, también hace observaciones de su relevancia para Europa incluyendo España. Cuestiona así algunas de las tesis más extendidas sobre el populismo existentes a los dos lados del Atlántico Norte.

El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota.

 

 Por: Vicenç Navarro (*) 

 

Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU  no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.

 

¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?

La respuesta a esta pregunta es, en realidad, muy fácil de entender aun cuando no es fácil que usted pueda leerla o verla en los mayores medios de información españoles. Para ello, tenemos que observar qué ha estado pasando no tanto a la derecha sino a la izquierda del abanico electoral. Hay que ver qué ha pasado en EEUU durante estos años, analizando los cambios que le han ido ocurriendo a la izquierda estadounidense, es decir, al Partido Demócrata. Históricamente, el binomio izquierda-derecha en EEUU quedaba reflejado  en el conflicto entre el Partido Demócrata –que en su día se auto definía como el Partido del Pueblo (People’s Party)-, que representaba sobre todo a la clase trabajadora y a otros sectores de las clases populares, y el Partido Republicano, que representaba a las derechas, muy cercanas al mundo empresarial. En este escenario, el mayor debate político se centraba predominantemente en la distribución de las rentas (y, en menor medida, de propiedad) entre el mundo del trabajo y el mundo del capital. El dominio en la vida política estadounidense durante el período de la postguerra (1945-1978) por parte del Partido Demócrata determinó que las rentas del trabajo crecieran notablemente a costa del descenso de las rentas del capital. Las primeras alcanzaron su máximo nivel al final de tal periodo llegando a constituir el 70% en 1979 de todas las rentas. Fue cuando se habló de “la época dorada del capitalismo”. Una situación semejante ocurrió en los otros países del mundo capitalista desarrollado a los dos lados del Atlántico Norte.

 

La contrareforma neoliberal que comienza en los años 80: el triunfo del capital

La respuesta de los propietarios y gestores del capital, a los que solía llamárseles los miembros de la “clase capitalista”, (término que no se utiliza hoy por considerarse “anticuado”), no tardó en presentarse. Fue la revolución neoliberal liderada por el Presidente Reagan que fue, ni más ni menos, que una lucha frontal contra la clase trabajadora estadounidense. Hay que recordar que la primera intervención pública que hizo tal presidente fue precisamente la destrucción de un sindicato: el sindicato de los controladores de vuelos en los aeropuertos. El eje de estas políticas neoliberales era debilitar a los sindicatos, desregular los mercados laborales y dar plena libertada a la movilización de capitales, expandiéndose el proceso de globalización, medidas todas ellas mantenidas más tarde por los gobiernos republicanos y también por los gobiernos demócratas. Entre estos últimos, el Presidente Clinton, fundador de lo que se llamaría posteriormente la Tercera Vía (representada en Europa por Tony Blair en el Reino Unido y Gerhard Schröeder en Alemania) abandonó las políticas redistributivas, haciendo suyas las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Bush senior.

 

A partir de entonces, la dicotomía izquierda-derecha no se basó en políticas redistributivas centradas en el conflicto entre los intereses de las clases populares, por un lado, y los intereses de las élites financieras y económicas que constituirían lo que en EEUU se llama la corporate class (la clase de los que poseen y/o gestionan las grandes corporaciones del país), por el otro. En su lugar, el conflicto se centró en si incluir o no a los grupos discriminados (afroamericanos, predominantemente, y mujeres) dentro de la estructura del poder de la cual habían sido excluidos, marginados y discriminados. Las políticas de inclusión e identidad sustituyeron el conflicto capital-trabajo. El éxito de tales políticas se tradujo en un aumento muy notable de afroamericanos y mujeres en las instituciones públicas (y, en menor grado, privadas) que alcanzó su zénit con la elección de un afroamericano, Barack Obama, como presidente de EEUU (en enero de 2009) y se esperaba que se completara con la elección  de una mujer, Hilary Clinton, como presidenta. Esta última, basó su campaña en movilizar predominantemente a las mujeres y a las minorías. Las políticas públicas federales del Partido Demócrata enfatizaron la identidad y la antidiscriminación, generando una considerable expansión de afroamericanos y mujeres en las estructuras de poder político del país. Pero en políticas económicas el Partido Demócrata básicamente continuó las políticas neoliberales. En realidad, el primer presidente afroamericano de EEUU siguió las mismas políticas neoliberales que había seguido Clinton, los dos Bush y Reagan. De hecho, una de las personas más entusiastas de la globalización había sido su Ministra de Asuntos Exteriores, la Sra. Clinton, proponente de los tratados de libre comercio.

 

Las consecuencias de tales políticas neoliberales: el deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora

La aplicación de tales políticas neoliberales tuvo un impacto devastador en el nivel de vida de la clase trabajadora. Las rentas del trabajo descendieron pasando de un 70% (en 1979) a un 63% (en 2014). Y los grupos más afectados fueron los miembros de la clase trabajadora en los sectores industriales, que eran los mejor pagados (y en su gran mayoría personas blancas), en parte debido a que habían tenido sindicatos fuertes. Las políticas federales favorables a la globalización provocaron un desplazamiento muy marcado de las industrias a países subdesarrollados, en busca de salarios bajos. Barrios blancos, de obreros industriales, han quedado destruidos por esta movilidad. Baltimore, por ejemplo, una de las ciudades más industriales de aquel país, quedó enormemente afectada cuando los Altos Hornos del Acero (uno de los mayores centros de empleo en tal  urbe) dejó la ciudad. El barrio obrero blanco más grande de Baltimore (Dandork) es hoy un barrio deteriorado en extremo. Casi el 100% del electorado en este barrio votó a Trump, lo cual es lógico, pues identificaron la gran pérdida de su nivel de vida con las políticas federales que estimularon la globalización. Es más, percibían al gobierno federal como defensor de los afroamericanos y de las mujeres (de clase alta y media alta), ignorándolos a ellos, los obreros blancos. De ahí que la gran mayoría de mujeres de clase trabajadora votara a Trump. Y no puede atribuirse este hecho a un crecimiento del racismo, pues muchos de estos barrios blancos habían votado  a Obama en elecciones anteriores. En realidad, los delegados al Colegio Electoral que dieron la mayoría a Trump procedían de barrios obreros que habían votado a Obama en 2009. Este enorme descenso del nivel de vida de la clase trabajadora blanca se ha traducido en el descenso de su esperanza de vida, como consecuencia del incremento de la mortalidad causado por el crecimiento de las enfermedades típicas del deterioro social.

 

¿Quién canalizó este enfado?

Este enfado se dirigió hacia el establishment político mediático del Este de EEUU, basado en el gobierno federal, y muy en particular hacia el que había sido el Partido del Pueblo. La canalización de este enfado antiestablishment, (que incluyó también un rechazo al establishment republicano) benefició a la ultraderecha, liderada por Trump, un personaje de una enorme astucia política, que sabe muy bien cómo comunicarse con los sectores abandonados por tal establishment, incluyendo a la clase trabajadora blanca y las zonas rurales, muy conservadoras en el país, que jugaron un papel clave en la victoria de Trump. Lejos de ser un incompetente, Trump es extremadamente astuto en su discurso iconoclasta, grosero e insultante (en contra de lo “políticamente correcto”) y que conecta muy bien con sus bases electorales que le son sumamente leales. Y la constante crítica por parte de los medios, le beneficia, pues los mayores medios de información son también altamente impopulares.

Ahora bien, se está exagerando el rol del personaje Trump. No fue Trump el que creó el movimiento antiestablisment. Fue al revés. Este último creó a Trump. Solo Bernie Sanders, el candidato socialista, podría haber representado una alternativa progresista a Trump. En realidad, las encuestas indicaban que Sanders habría podido ganar las elecciones a Trump. Pero el aparato del Partido Demócrata destruyó a Sanders. Y la victoria de Trump era inevitable. Hoy el Partido Demócrata está en una crisis enorme y todo parece indicar que no entienden (o que no quieren entender) las causas de su derrota. Hoy el aparato de tal Partido continúa controlado por la clase media ilustrada (personas con educación superior), con conexiones con el mundo empresarial y muy en particular con el financiero, muy alejado de su base electoral tradicional.

 

Algo parecido está ocurriendo en Europa (y en España)

El control de los partidos de izquierda por componentes de esta nueva clase social (la clase media ilustrada), que se han distanciado claramente de sus bases de clase trabajadora, ha estado creando situaciones semejantes en Europa y en España. Barrios obreros que habían votado a las izquierdas, están votando a la ultraderecha en país tras país en Europa. Y ello es resultado de la conversión de los partidos de izquierda a las políticas neoliberales (globalización y políticas de austeridad) que han hecho un daño tremendo a sus bases populares. El surgimiento del nacionalismo, del deseo de proteccionismo, de la recuperación de la soberanía nacional y el rechazo a la austeridad, son los ingredientes que caracterizan a los movimientos de rechazo y del mal llamado “populismo antiestablishment”. Las características de este mal llamado populismo varían. Pero es interesante resaltar la importancia del nacionalismo soberanista anti-globalización (antieuropeización) que, instrumentalizado por la ultraderecha en EEUU, juega un papel clave en las políticas “populistas”. Tal nacionalismo es especialmente atractivo para la clase trabajadora que atribuye el descenso de su nivel de vida a estas políticas llevadas a cabo por aquellos que en su día ellos apoyaron. Y la mayor base social de estos movimientos son sectores muy precarizados de la clase trabajadora así como amplios sectores  de las clases medias proletarizadas que están viendo sus rentas disminuir notablemente.

 

Los movimientos antiestablishment a lo largo de Europa están  tomando también un cariz antieuropeización que es comprensible pues  identifican al estalishment europeo con las políticas de austeridad y las reformas neoliberales que han dañado, claramente, su calidad de vida y bienestar. Y cada uno de los sectores más perjudicados de las clases populares en general, y de la clase trabajadora en particular, son las bases más importantes de estos movimientos.

 

Una excepción en esta canalización del enfado por parte de la ultraderecha ha sido España donde Podemos fue un terremoto político que barrió el panorama político español convirtiéndose más tarde, junto con Izquierda Unida, la segunda fuerza de la oposición en un período muy corto. Existe, sin embargo, una versión de ultraderecha, Ciudadanos, con claro compromiso neoliberal, que está utilizando un nacionalismo jacobino muy agresivo, que intenta apelar a la clase trabajadora utilizando una narrativa de apelación a tal clase (es uno de los pocos partidos en España que explícitamente habla y apela a la clase trabajadora) que está creciendo enormemente, sobre todo en Cataluña donde tal nacionalismo españolista uninacional se presenta como el único capaz de evitar lo que definen como “ruptura de España” frente a un establishment gobernante en Cataluña, también de derechas y también nacionalista pero de sentido contrario. De ahí el reto de que las izquierdas, además de dirigirse a las clases populares en general y a la clase trabajadora en particular, deban desarrollar una visión distinta y opuesta a la visión de las derechas españolas y catalanas, ambas uninacionales presentando en su lugar una concepción de España plurinacional. Este es el reto de las fuerzas progresistas en Cataluña y en el resto de España.

 

 

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    A comienzos de agosto, el rey emérito de España Juan Carlos I huyó del país debido a sospechas de delitos financieros, pero el afecto de los españoles por el monarca decayó a niveles de 2012, tras conocerse que había estado cazando elefantes. Junto al rey estaba su antigua amante, Corina zu Sayn-Wittgenstein en el safari. Ahora ella habla para la BBC acerca de un regalo multimillonario que le hizo el rey Juan Carlos, así como del acoso que sufre por parte de los servicios secretos españoles, y sobre el elefante – pese a que Corina no quiere realmente hablar del elefante que mató el rey el 11 de abril de 2012 (la noticia se hizo pública al día siguiente, coincidiendo con el aniversario de la proclamación de la 2ª República española. Los medios de entonces dijeron que el animal contaba con 50 años de edad y pesaba cinco toneladas, con colmillos que medían más de un metro de longitud.

     

     Fuente: BBC News. Linda Pressly. 20 de agosto de 2020. Traducción: Magazín Latino

     

    No es que Corina fuera capaz de confirmar estos datos sobre el elefante cuando fuera interrogada sobre el incidente. “No tengo ni idea”, dice esta consultora financiera danesa que se crió en Alemania. Efectivamente, ella estaba en el safari con el rey, pero asegura que se encontraba a cierta distancia cuando se efectuó el letal disparo.

     

    “Lo vi más tarde porque [cuando se caza un animal] todo el mundo va a verlo”, dice. “Pero me aparté a los dos minutos. Yo soy cazadora, pero nunca he matado a un elefante en mi vida y nunca lo haría. Para mí, aquella experiencia de caza fue traumática en ese sentido”.

     

    Aquel safari en Botsuana fue un regalo del rey emérito al hijo de Corina por su décimo cumpleaños. Juan Carlos estrechó su relación con el hijo de Corina durante la relación romántica que mantuvieron entre 2004 y 2009 – una relación de la que los españoles no tenían noticia entonces. Juan Carlos lleva casado con la reina Sofía desde 1962.

     

    “No estaba muy entusiasmada con ese viaje”, comenta Corina. “Sentía que el rey Juan Carlos estaba tratando de reconquistarme, y no quería darle una falsa impresión. Podría decirse que tuve una premonición con ese viaje”.

     

    Y con razón, como se vería más adelante. Antes del amanecer del día 13 de abril de 2012, el rey sufrió una caída en su lujosa carpa y se fracturó la cadera.

     

    A su regreso a Madrid, los medios se lanzaron sobre la historia del safari como un voraz león sobre una gacela. Aquella revelación de la cacería del elefante salió poco antes de que comenzase la investigación por corrupción del yerno del rey, Iñaki Urdangarín (actualmente en prisión).

     

    Todo esto ocurrió en un momento especialmente difícil en España, cuando la tasa de desempleo rondaba el 23% de la población activa. Tras someterse a la operación de cadera, el rey Juan Carlos hizo su primera aparición pública ayudándose de un bastón. Cuando le preguntaron por su estado, el rey respondió: “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a pasar”.

     

    El rey había sido intocable [hasta entonces] debido a la sangrienta y tortuosa historia de España. Como Jefe de Estado a la muerte del dictador fascista Francisco Franco en 1975, el rey observó la transición española de la dictadura a la democracia y ayudó a que fracasara un intento de golpe de Estado en 1981. Pero ahora el daño a la imagen del monarca es inmenso.

     

    “La crisis estalló porque aquel viaje a Botsuana puso las cartas sobre la mesa”, dice José Antonio Zarzalejos, antiguo editor del periódico conservador-monárquico ABC.

     

    “En primer lugar, [se descubrió que] el rey era abiertamente infiel a la reina Sofía. En segundo lugar, en mitad de una crisis económica, el rey Juan Carlos se fue de viaje a un país con en el que España no tiene representación diplomática. Por lo tanto, el rey, como Jefe de Estado, se hallaba fuera del radar del gobierno de España. Y, en tercer lugar, aquél fue un viaje muy caro - nunca supimos quién lo costeó -. Todo ello generó una imagen lamentable del rey.

     

    Lea el artículo completo en inglés en el siguiente enlace:

     https://www.bbc.com/news/stories-53749630

     

     

  • El peligroso resurgimiento del fascismo amenaza la convivencia en España y resucita los vientos de la Guerra Civil

    “No debe caer en el olvido que cosas como ésta ya sucedieron en la Alemania de preguerra, con las consecuencias que todos deberíamos recordar para que no vuelvan a suceder jamás. Sin embargo, el partido VOX está llevando a cabo una campaña de blanqueamiento de estos lamentables hechos, y está tratando de reescribir la Historia para que quienes fueran los verdugos entonces, parezcan las víctimas hoy”.

    Nuestro flamante nuevo columnista, Erik el sueco (*), escribe sobre el resurgimiento del fascismo en España. Un tema preocupante, pero de poca cobertura en la prensa escandinava. 

     

     Por: Erik el sueco @ErikSueco

     

    La contundente irrupción de VOX, el partido de ultraderecha que reivindica el franquismo, con 52 escaños (un 15% de representación en el parlamento) está suponiendo un peligroso retroceso de las libertades y los derechos de quienes viven en España (extranjeros y autóctonos), y ha empezado a rasgar el tejido de la convivencia con peligrosas conductas, que en ocasiones van más allá de las palabras.

     

    El vicepresidente Pablo Iglesias anunció esta semana que suspendía sus vacaciones en un pueblo de Asturias por el acoso a él y a su familia por parte de grupos de militantes y simpatizantes del partido VOX (y en ocasiones, concejales y otros miembros del partido). Este es el enésimo capítulo del acoso que vienen sufriendo por parte de activistas de extrema derecha, que desde hace meses están acampando frente a la casa del vicepresidente y de la ministra de Igualdad, Irene Montero, donde ejercen una campaña de acoso nunca vista en España, y que está dividiendo a la ciudadanía entre quienes están frontalmente en contra, y quienes aprueban que estos dos miembros del gobierno y sus tres hijos (dos mellizos de dos años, y una tercera hija que cuenta con algunos meses de edad) se vean sometidos al ruido, los insultos y la suciedad que se generan bajo la pasiva mirada de las fuerzas de seguridad.

     

    La historia dio ayer una nueva vuelta de tuerca al hacerse público un tweet de una simpatizante de VOX (que dice depender del ingreso mínimo vital recientemente aprobado por el gobierno del vicepresidente al que tanto detesta), en el que se preguntaba a qué colegio pensaban llevar Iglesias y Montero a sus hijos, animando a someter a unos niños a acoso escolar, y jaleando a padres que mostraban interés por este dato, con el objetivo de inscribir también a sus hijos para que pudieran maltratar a los hijos de esta pareja.

     

    De nuevo, esta acción volvió a fraccionar a la ciudadanía, generando por una parte denuncias a esta usuaria por delito de odio (contra unos niños que no son responsables de nada), y fervientes partidarios de un comportamiento aberrante, violento e ilegal.

     

    Dejando a un lado las simpatías políticas de cada uno, debemos tomar consciencia del peligro que este tipo de acciones representa para la convivencia. Sería igualmente censurable que el acoso se produjera contra miembros de VOX, cosa que, hasta la fecha, no ha ocurrido. Estas campañas de odio recuerdan a hechos que parecían ya olvidados y que traen ecos de guerras pasadas. No debe, por tanto, caer en el olvido que cosas como ésta (aunque nunca dirigidas contra miembros de un gobierno) ya sucedieron en la Alemania de preguerra, con las consecuencias que todos deberíamos recordar para que no vuelvan a suceder jamás. Sin embargo, el partido VOX está llevando a cabo una campaña de blanqueamiento de estos lamentables hechos, y está tratando de reescribir la Historia para que quienes fueran los verdugos entonces, parezcan las víctimas hoy.

     

    ¿Qué pasaría si los detractores de VOX tomasen las mismas medidas? ¿Qué le parecería a esta tuitera que a sus hijos los sometiesen a maltrato en el colegio porque su madre tiene una determinada ideología? Ya que las autoridades no están haciendo nada para impedir este acoso, cabe preguntarse qué pasará cuando los ciudadanos contrarios a VOX decidan organizarse y plantar cara. No podemos permitir que prenda la mecha de la violencia. Somos los ciudadanos quienes tenemos la responsabilidad de parar esta sinrazón antes de que sea demasiado tarde.

     

     

     

  • Pedro Sánchez fue investido presidente de España tras acotada votación en el Congreso

    Este martes y por apenas dos votos a su favor, el líder socialista Pedro Sánchez fue investido presidente de Gobierno de España.

    La segunda votación en el Congreso se saldó con 167 votos a su favor, 165 en contra y 18 abstenciones.  El secretario general del PSOE formará con Unidas Podemos el primer Gobierno de coalición en la historia reciente de España. A las 11:00 horas del miércoles tomará posesión de su cargo.

     

     Por: Magazín Latino

     

    Luego de casi nueve meses ejerciendo como presidente en funciones, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, secretario general del PSOE fue investido este martes presidente del Gobierno español.

    En segundas votaciones en el Congreso, Sánchez fue elegido con la abstención de los independentistas catalanes de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y de EH Bildu.

    El líder socialista tuvo el apoyo de 167 parlamentarios: 120 del PSOE; 35 de Unidas Podemos; 6 del PNV; 3 de Más País-Compromís; 1 de Nueva Canarias; 1 de BNG; y 1 de Teruel Existe.

    En su contra votaron 165: 88 del PP; 52 de VOX; 10 de Ciudadanos; 8 de Junts per Catalunya; 2 de CUP; 2 de UPN; 1 de CC; 1 de  Foro Asturias y 1 de PRC.

    Las abstenciones sumaron: 13 de ERC; y 5 de EH Bildu.

    En la sesión de investidura estuvieron presentes los 350 diputados. El domingo pasado la parlamentaria Aina Vidal, de En Comú-Podem por Barcelona no pudo asistir, por motivos de salud. Este martes protagonizó uno de los momentos más emotivos de la jornada, al recibir los aplausos de sus colegas y un ramo de flores de manos de Pablo Iglesias y su pareja y portavoz de Unidas Podemos, Irene Montero.

    Pablo Iglesias se emocionó también hasta las lágrimas, al abrazar a su compañero Pablo Echenique, quien sustituirá a Irene Montero como nuevo portavoz del grupo parlamentario. Montero pasará a asumir el puesto de ministra de Igualdad en el gabinete de Sánchez.

    Pero en general se vivió este martes una sesión muy tensa, con numerosas acusaciones entre las distintas agrupaciones. Pedro Sánchez lamentó la "crispación" y el tono de la derecha. "O gobiernan las derechas o no hay Gobierno en España, siempre hacen ustedes lo mismo. No les compensa seguir en el berrinche indefinidamente", dijo. 

    No obstante, este Gobierno de coalición progresista no lo va a tener fácil, y ha sido calificado de "inestable" y "frágil".

    Pablo Iglesias dijo que: "No nos van a atacar por lo que hagamos, sino por lo que somos" y pidió a Sánchez "la mejor firmeza democrática", frente a los ataques de sus adversarios.

    Este miércoles a las 11.00 horas, en el Palacio de la Zarzuela, Pedro Sánchez prometerá ante el Rey Felipe VI y hará posesión de su cargo.

     

     

     

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