Lunes, 24 Septiembre 2018 | Login
Bachelet entrega un país mejor La ex presidenta chilena, Michelle Bachelet. Foto: The Clinic.

Bachelet entrega un país mejor

"Bachelet entrega un país mejor que el que recibió en 2014. No más rico, pero tampoco más pobre. El desempleo se mantuvo en los niveles del gobierno anterior. La oposición argumenta que fue así gracias a trabajos precarios, y lo cierto es que en la sociedad que hemos construido son cada vez más quienes se las arreglan por su propia cuenta", escribe Patricio Fernandez, director de The Clinic, respecto al cambio de mando.

 

 Autor: Patricio Fernández. The Clinic.  07 Marzo, 2018

 

Bachelet entrega un país mejor que el que recibió en 2014. No más rico, pero tampoco más pobre. El desempleo se mantuvo en los niveles del gobierno anterior. La oposición argumenta que fue así gracias a trabajos precarios, y lo cierto es que en la sociedad que hemos construido son cada vez más quienes se las arreglan por su propia cuenta. Los centros comerciales siempre estuvieron llenos.

Los niños del Sename no están peor que antes, sino enervantemente iguales. La presidenta se va con la culpa de no haber avanzado lo suficiente, salvo en el nivel de furia. Si Piñera consiguiera rescatar la vida de esos niños, se ganaría varias merendinas. El gobierno de Bachelet no se caracterizó por su eficiencia; como diría un analista de la plaza, no cambió “las condiciones materiales de existencia” en la población más de lo que ya habían cambiado. El crecimiento económico fue mucho más bajo que durante el gobierno anterior (1,8% versus 5,3%), pero en casi todos los índices de desarrollo social –salario mínimo, hacinamiento, extrema pobreza, desigualdad- Bachelet 2 superó a Piñera 1.

En enero de este año se vendieron más autos nuevos que nunca en la historia. La alta burguesía sufrió la administración que termina como una tragedia. Llegaron a convencerse de que Bachelet era casi Maduro, mientras multitudes de venezolanos llegaban a Chile escapando de él. Fue una pésima coordinadora de fuerzas políticas, y no obstante, mantuvo el país en calma. Mientras a los partidos les costaba cada vez más conversar entre sí, hubo un proceso de diálogos ciudadanos. Más de 200.000 personas se reunieron a discutir las normas fundamentales de su entendimiento futuro, y lo hicieron en calma, con la madurez que por esos mismos días le faltó a la clase dirigente para prestarles atención.

A Bachelet sí le interesaban esos diálogos. Es posible que por ineptitud, falta de rigor y desencuentros políticos estas deliberaciones se las lleve el viento. El hecho mismo, en cambio, quizás el día de mañana sea recordado como un ejemplo pionero de participación ciudadana. Lástima que no llegara a puerto. Bachelet consiguió expandir los derechos individuales, la diversidad avanzó en reconocimientos, la educación como un derecho quedó asentada (aunque no resuelta) y parece que sin marcha atrás, cambió la matriz energética, multiplicó las hectáreas de parques nacionales y subió los estándares medioambientales. Difícil defender que hoy estamos peor que ayer.

Cambiando de tema: qué distintos son Piñera y Bachelet. Él procura ganar y rodearse de exitosos, generar riquezas, ser eficaz. Mejorar las cifras. Y por el bien de todos, ojalá lo consiga. Ella, en cambio, parece saber mejor lo que es la fragilidad, en qué consiste perder y llorar. Empatiza más con el débil que con el poderoso. La historia del hijo la tuvo en el suelo. Ya veremos cómo es recordado su gobierno, pero ella estoy seguro que será recordada como una mujer admirable.

 

La ex presidenta chilena, Michelle Bachelet. Foto: The Clinic. 

 

 

About Author

Related items

  • Te recuerdo, Miguel

    El golpe de Estado del 73 no solo dejó hondas cicatrices en la memoria histórica en Chile. Dejó también innumerables historias que nunca fueron contadas, y que, si no las traemos a la luz, nunca iluminarán nuestro futuro.

    Esta crónica de Lilian Aliaga rescata a uno de esos héroes anónimos que cayeron luchando por un mundo mejor.

     

     Por: Lilian Aliaga

     

    Sentada en frente de una hoja en blanco intento plasmar las emociones que me invaden luego de escuchar las diversas opiniones que difunden los noticieros en relación con los últimos acontecimientos que se han venido desarrollando en Chile:

     

    La acusación constitucional a los jueces del Tribunal Supremo de la nación, que concedieron libertad a prisioneros de Punta Peuco condenados por delitos de lesa humanidad.

     

    Los esfuerzos de algunos para hacer valer su opinión de “poner en contexto” los hechos ocurridos durante la dictadura, como si existiese “un contexto” que validara tanta crueldad y tanto ensañamiento con tantas miles de víctimas.

     

    Algunos, los de siempre, tratando de defender lo indefendible, quizás con el objetivo en mente de que algún día el olvido le gane a la memoria y las nuevas generaciones lleguen, tal vez, a negar lo ocurrido ese 11 de septiembre de 1973, diciendo que fue un “montaje”. Como ocurre también en relación con el Holocausto, con los llamados “negacionistas”.

     

    Ante esto, con la esperanza y la convicción de que no podemos dejar que esto ocurra, y dejándome llevar más por el corazón que por la razón, escribo por vez primera acerca de mis vivencias personales de aquellos días:

     

    El radiante sol de primavera y el persistente viento más bien frío me retrotraen a aquella mañana de septiembre del 73, cuando con apenas 20 años deambulaba por cada centro de detención en Santiago y alrededores en busca del hombre que me había robado el corazón.

     

    Un hombre soñador, amante de los perros callejeros y de las palomas. Cantor y poeta que, como tantos jóvenes idealistas de aquella época, había cruzado la cordillera de Los Andes para venir a conocer esta insólita llegada al poder por la vía democrática. La vía pacífica de un gobierno que representaba sus ideales, tan pisoteados en su propio país por las sucesivas dictaduras militares.

     

    Recuerdo las largas y apasionadas conversaciones sostenidas en el salón comedor de la UNCTAD, donde con frecuencia y por muy poco dinero, comprábamos nuestros almuerzos muchos universitarios pobres como yo, que estudiábamos gratuitamente. Trabajadores, intelectuales, artistas y un mundo variopinto de personas en un ambiente imposible de describir por su diversidad y efervescencia.

     

    Hoy tú ya habrías pasado los 70 años, y si los sueños de aquella época se hubiesen hecho realidad, viviríamos tal vez más al Sur, en una casa pequeña de paredes muy blancas y rodeados del espacio suficiente para acoger a tantos perros como hubieses podido rescatar de la calle.

     

    Pero tu destino fue otro y tú, que tan sólo tenías tu inseparable cuaderno y tu lápiz como únicas armas, fuiste uno más de los caídos en aquel desigual e injusto combate.

     

    En marzo de 1974, mi peregrinar terminó abruptamente cuando tus restos, o lo que dijeron que eran, fueron enviados a tus padres, quienes nunca lograron tener la certeza de que habían recibido el cuerpo de su hijo.

     

    Supe por testigos, muchos años más tarde, que fuiste atrozmente torturado antes de morir, te mataron a punta de golpes. Tu estatura, tu pelo claro ensortijado y tus bellos ojos color de miel eran una amenaza. Te veían como un fiel representante de un “enemigo de la patria”, como me espetó un soldado cuando mencioné tu nombre y tu nacionalidad, luego de horas de espera a pleno sol, frente al Ministerio de Defensa, en Santiago. Me respondió con una rabia tal, que sentí miedo. Me apuré en irme y me quedé con la sensación de que me seguían.

     

    Sin darme cuenta, finalmente, dirijo mis palabras a ti, Miguel, y en tu nombre rindo homenaje a los miles de hombres, mujeres y niños que corrieron tu misma suerte. A todos quienes vieron sus vidas trastocadas, sus sueños destrozados, y a quienes el destino llevó, a raíz de tan aciagos acontecimientos, por rumbos jamás imaginados.

     

    Lilian Aliaga

    11 de septiembre de 2018

     


    Foto: Eldesconcierto.cl. 

     

     

  • Chile, once de septiembre: culminación y comienzo

    Hoy se cumplen 45 años del golpe cívico-militar en Chile.

    Es imprescindible, necesario, conveniente y obligatorio hablar de ello, recordar los hechos, que a casi medio siglo de ocurridos, mantienen su vigencia en el dolor de los familiares de las víctimas, en el trauma de quienes lograron sobrevivir y sobreviven aún, y sobre todo en momentos en que tres jueces de la Corte Suprema, el máximo tribunal del Poder Judicial chileno, les otorga libertad condicional a siete monstruos que torturaron salvajemente a miles de compatriotas, hombres y mujeres, violaron, asesinaron, hicieron desaparecer y enviaron al exilio a más de un millón de personas.

     

     Por: Jorge Romero

     

    Sin embargo, la fecha 11 de septiembre,que muchos confunden, por ignorancia o por complicidad con los esbirros de la dictadura, con la voladura de las torres gemelas en Estados Unidos, es a mi juicio sólo la culminación de un proceso que comenzó mucho antes, de una idea que estuvo siempre presente, no sólo en las mentes retrógradas de la oligarquía, los terratenientes y, en general de los ricos de Chile, sino también de las Fuerzas Armadas del país, en el sentido de considerar un peligro para sus intereses económicos  los primeros, el ascenso al poder de las fuerzas políticas de izquierda con base en el proletariado obrero, campesino, pescador, minero o mapuche;  y el sueño de la oficialidad nazi-fascista de liberarse  de la autoridad civil sobre sus propias prerrogativas y de tener un papel protagónico en el exterminio del pueblo pobre y de sus ideales de justicia y libertad.

     

    Desde antes de la llamada ”Pacificación de la Araucanía" y del exterminio casi total del pueblo mapuche, entre los años 1861 y 1893, ha sido constante el asesinato por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile de obreros, mineros, campesinos, pescadores, estudiantes.

     

    En Wikipedia encontramos un detalle cronológico de 14 masacres ocurridas en Chile. No figuran en este listado los asesinatos individuales, por ejemplo, de Víctor Jara, de Litre Quiroga, de jóvenes mapuche, de Miguel Henríquez y tantos otros. Sólo masacres. Daremos cuenta aquí de algunas de ellas.

     

    El 18 de agosto de 1891, tuvo lugar en Santiago la llamada Masacre de Lo Cañas. Bajo el mando del general Orozimbo Barbosa, el Ejército asesinó a 84 personas.

     

    En el llamado "Mitin de la carne", el general Roberto Silva Renard dio la orden por la que resultaron muertas más de 100 personas que pedían rebaja en los precios. Esto bajo la presidencia de Germán Riesco Errázuriz.

     

    El mismo Silva Renard comandaba las tropas que asesinaron a más de 3 mil obreros del salitre, junto con sus mujeres y sus hijos en la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907. Era presidente de Chile Pedro Montt.

     

    Bajo el gobierno de Arturo Alessandri Palma, y según estimaciones de diplomáticos británicos, fueron asesinadas más de 800 personas (hombres, mujeres y niños) en la denominada Masacre de La Coruña, el 5 de junio de 1925.

     

    En los meses de junio y julio de 1934, hubo un levantamiento de campesinos y mapuche en la provincia de Malleco. Pedían el fin de los abusos por parte de los terratenientes. El presidente Alessandri Palma ordenó nuevamente una masacre en Ranquil, de la que resultaron asesinados por fuerzas de Carabineros de Chile más de 500 campesinos.

     

    En la Matanza del Seguro Obrero en Santiago, el 5 de septiembre de 1933, fueron asesinadas 59 personas.

    En Puerto Montt fueron masacrados 10 pobladores, el 9 de marzo de 1969, por orden del ministro del Interior Edmundo Pérez Zujovic. Gobernaba el país el democristiano Eduardo Frei Montalva.

     

    El 18 de septiembre de 1973, ya en dictadura, fueron asesinados 19 obreros en la Matanza del Laja.

     

    Esta matanza, que forma parte del exterminio masivo de dirigentes políticos de izquierda, de sindicalistas, estudiantes, obreros, campesinos, mineros, pescadores, mujeres y niños, del asalto al palacio de La Moneda y la muerte del Presidente Salvador Allende, es el comienzo de una nueva forma de represión y asesinatos masivos por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, más los organismos represivos creados por la dictadura, la CNI y la DINA.

     

    Las Fuerzas Armadas habían logrado independencia del poder civil. Ya no tenían que responder ante nadie de sus actos, ni siquiera ante organismos internacionales y la oligarquía chilena aseguraba, con este triunfo de sus guardianes, que sus intereses económicos no fueran tocados.

     

    De manera que me parece absolutamente lícito, al referirnos al 11 de septiembre de 1973, hablar de culminación y comienzo. Culminación, meta largamente soñada por civiles golpistas y Fuerzas Armadas fascistas y comienzo de una nueva era, marcada por la represión, la desaparición forzada de personas, la tortura, el asesinato masivo y el exilio. El contubernio entre civiles y militares sigue y seguirá funcionando como reloj suizo, hasta que el pueblo de Chile los borre del mapa e inicie su propio camino hacia el futuro.

     

    Testimonio personal en dos casos

    Trabajando para el gobierno de la Unidad Popular en la Gobernación de El Loa, en Calama, fui enviado por el gobernador Edmundo Checura Jeria a fiscalizar el tren Antofagasta-Oruro. Había aumentado ostensiblemente el contrabando por esa vía, en ambos sentidos. De mi investigación resultó ser que el capo de la mafia era el propio jefe de Aduana en Ollague, pueblo salitrero en la frontera con Bolivia. Y de mi informe enviado a las autoridades centrales en Santiago, resulté declarada persona 'non grata' en todo el Norte Grande, mientras el funcionario aludido conservaba su puesto. Era militante del Partido Socialista de Chile.

     

    En julio de 1973 me presenté como periodista en la Comisaría de Los Ángeles a exigir los nombres de cinco jóvenes fascistas de Patria y Libertad (brazo armado del Partido Nacional) que habían apedreado a la entrada de la ciudad un bus de la línea Vía Sur, con resultado de varias personas heridas de gravedad con cortes profundos, especialmente en sus rostros. Mientras era sacado violentamente de la Comisaría, grabé los gritos de un capitán, que decía:  - Menos mal que les queda poco a estos c. de su m!

     

    El Sr. Intendente, militante del Partido Comunista de Chile le hizo saber al ministro del Interior, Daniel Vergara, sobre lo ocurrido... y no pasó nada. 

     

    El primer caso nos muestra la contribución que hizo la propia izquierda chilena al golpe de Estado. Con el segundo ejemplo queda claro que el golpe fascista era inevitable y que se sabía que ocurriría, tarde o temprano.

    La culminación de los sueños dictatoriales de los ricos con las Fuerzas Armadas de Chile estaba a las puertas de nuestra historia.

     

    Jorge Romero, desde Oslo

     

    Septiembre 11 de septiembre de 2018

     



    Foto y montaje: El Desconcierto.

     

     

  • Seminario: ONU, el mundo y una política exterior feminista

    Margot Wallström y Michelle Bachelet, cada una en su continente, han contribuido a cambiar el mundo para siempre, ocupando los más altos cargos en sus respectivos países. Ellas son modelos a seguir para jóvenes mujeres y hombres de todo el mundo. Pero después de décadas de desarrollo positivo, las fuerzas oscuras intentan una vez más, en una mezcla de populismo, nacionalismo y racismo, derribar al mundo. Las fuerzas democráticas se han estancado, la resistencia al aborto libre ha cobrado vida y las crecientes brechas de ingresos dividen las sociedades.

     

     FuenteOlof Palme International Center

     

    ¿Por qué los derechos más fundamentales siguen siendo negados para la mitad de la población mundial? ¿Cómo puede ser la ONU ser un instrumento para un mundo igualitario? ¿Qué importancia tiene que la política exterior sea feminista o no - y cómo se practica una política exterior feminista?

     

    Bienvenido/asa una conversación entre dos líderes mundiales sobre la valentía de ir a la vanguardia, sobre cómo cambiamos el desarrollo mundial y sobre la importancia que tiene el feminismo en la política.

     

    El seminario es parte del lanzamiento del libro: "Manual – La Política Exterior Feminista de Suecia", de Margot Wallström.

     

    Margot Wallström fue ministra por primera vez en 1994 y lo fue durante diez años, desde 1999 al 2010. Fue Comisionada de la UE y vicepresidenta. Seguidamente, ella fue la primera en ser la Enviada Especial de la ONU sobre Violencia Sexual en conflictos armados. En el 2014 fue nombrada ministra de Relaciones Exteriores y lanzó la política exterior feminista.

     

    Michelle Bachelet fue la primera presidenta de Chile, en 2006 -  2010, y nuevamente en 2014 - 2018. Comenzó la carrera ministerial en 2000, después de un largo tiempo como políticamente activa contra la dictadura en Chile. Fue directora de ONU Mujeres, 2010 - 2013 y recientemente fue nombrada Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

     

    ¡Bienvenido/as!

     

    Modera: Johan Hassel, Secretario Internacional de los Socialdemócratas

    Fecha y hora: 29 de agosto de 2018, 18:00 - 19:00 horas

    Lugar: ABF, Sveavägen 41, sala Z

    Organiza: Olof Palme International Center y ABF Stockholm

    Entrada libre.

     

     

     

     

News Letter

Inscríbase a nuestro servicio de News Letter

  

Magazín Latino te informa en español