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Otra mirada a Nicanor Parra El Nobel de Lectura/me lo debieran dar a mí/que soy el lector ideal/y leo todo lo que pillo:/ Leo los nombres de las calles/ y los letreros luminosos/ y las murallas de los baños/ y las nuevas listas de precios/ y las noticias policiales /y los pronóstico

Otra mirada a Nicanor Parra

A pesar de su talento en las letras, de su genialidad y de los galardones obtenidos en su paso terrenal de más de un siglo, el poeta y antipoeta Nicanor Parra fue un personaje que despertó controversias.

Muchos lo amaron, otros lo odiaron. El escritor y dramaturgo chileno radicado en Suecia, Enrique Durán, nos muestra un lado menos favorable de Don Nicanor, la otra cara de la moneda, que tanto le gustaba buscar al antipoeta.

Este es un artículo de opinión (*)

 

 Por: Enrique Durán

 

Nicanor Parra falleció el 23 del pasado mes de enero, en su antigua casa de La Reina, en Santiago.  Tenía 103 años. En julio del año pasado se sentía ya muy mal y abandonó su casa de Las Cruces, junto al mar, donde había vivido tantos años. Había publicado un libro que sería el póstumo.  Se titulaba El último apaga la luz”, ¿una copia de la broma que hacían los compañeros Tupamaros que tenían que salir al exilio, abandonando su país, en la década de los 70?   Quizás.  Parra era extravagante y transgresor. Se sentía, acaso ¿el último o el penúltimo de los poetas?

Lo cierto es que él era una persona, a veces, difícil de tratar, de comprender su comportamiento y la gran egolatría que fue creciendo en él.

Su infancia fue difícil. Hijo mayor de una modesta familia campesina: nació en San Fabián de Alico, región del Bío-Bío, y tuvo ocho hermanos, entre ellos nuestra famosa y querida Violeta Parra. Fue el único de todos los hermanos que pudo terminar sus estudios e ingresar a la Universidad de Chile, donde estudió Matemáticas y Física. No tenía medios económicos y muchas veces su familia vivía en la mayor pobreza, debido a la conducta errática de su padre, profesor primario y músico. A menudo se pasaba las noches en cantinas y bares, cantando y tocando la guitarra y no iba a la escuela a hacer sus clases. Esto obligó a la familia a cambiar muchas veces de domicilio y de ciudades y lugares. 

En 1932, Nicanor abandonó la familia y se fue a Santiago. Allí, gracias a la ayuda de Gonzalo Torres, su profesor en el Liceo de Temuco, consiguió una beca de la Liga de Estudiantes Pobres, para cursar el último año de Secundaria en el Internado Nacional Barros Arana. Allí conoció y entabló gran amistad con Jorge Millas, Luis Oyarzún y Carlos Pedraza, hijos de familias pudientes y bien consideradas en la sociedad santiaguina de la época.

En 1933, ingresa al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde empieza a estudiar Matemáticas y Física. Es un nuevo y gran cambio en su vida, porque, aunque la Poesía y la Literatura han llegado a ser partes integrales de su vida y ha escrito ya algunos poemas, estas ciencias se revelan para él como un nuevo universo.

Para financiar sus estudios, continuó en el Internado Barros Arana, trabajando como inspector, junto a sus amigos Jorge Millas y Carlos Pedraza.

En 1935 los tres amigos fundaron la Revista Nueva, y en ella, Nicanor Parra realiza sus primeras publicaciones. Sigue leyendo, ávidamente, poesía y gran literatura y comienza a integrar el mundo de la ciencia y de la realidad poética.  El gran poeta español Federico García Lorca ejerce sobre él una gran influencia. 

En 1937, Nicanor Parra se gradúa como profesor de matemáticas y publica, entonces su primer libro, titulado "Cancionero sin Nombre". En estos poemas, la influencia de García Lorca es inmensa.

Parra trabaja como profesor de Matemáticas y Física en diversos liceos de Santiago y de provincia. Estando en Chillán fue nombrado poeta laureado en la Fiesta de la Primavera. Allí se encontró por primera vez con Pablo Neruda, quién estaba en gira política apoyando la campaña presidencial de don Pedro Aguirre Cerda en representación del Frente Popular.  Este encuentro tiene gran significación para Nicanor Parra. Neruda es, quizás, en esos años el poeta más famoso y representativo de Chile, ya que ha publicado muchos años antes ”Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada" ”Crepusculario”, “Residencia en la Tierra” y, durante la guerra civil española, ”España en el Corazón”.

Es Neruda, además, quien influye para que Nicanor Parra reciba el Premio Municipal de Poesía, otorgado por la Municipalidad de Santiago.

Los poetas más grandes y leídos en el Chile de la época, cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, son junto a Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha. Los tres son poetas comunistas, aunque tienen muchas y graves contradicciones entre sí. Las polémicas entre ellos se suceden y, en la práctica, llegan a rupturas irreconciliables. 

Cuando Pablo de Rokha publica ”Neruda y Yo”, donde trata de dejar a Neruda por el suelo, el que pierde es de Rokha, dado que Neruda publica entonces su “Canto General de Chile”, y luego, durante la persecución de González Videla, Neruda va al exilio y se publica, clandestinamente, el ”Canto General”. Así Neruda llega a ser el poeta de nuestra generación de jóvenes de aquella época, que luchaban por una verdadera democracia y un camino al socialismo. 

Huidobro muere, no recuerdo bien el año, ¿1948? Y de Rokha, a pesar de todos sus esfuerzos, es ignorado y, prácticamente se hunde en el olvido.

Todo esto influye, creo yo, en una crisis y un conflicto ante la poesía que escribe Nicanor Parra. Todavía es joven y recibe becas, invitaciones y recursos para viajar a otros países. Estados Unidos, Inglaterra, los países nórdicos, Suecia entre ellos, para estudiar o dar charlas y conferencias sobre su especialidad de profesor en Matemáticas y Física.

Él es un hombre muy inteligente y hábil.  Ha comprado una casa, en la subida de La Reina y allí ha reunido a gran parte de su familia.  Pero ya está decepcionado por la política. No sabe a dónde va el mundo, con la Guerra Fría entre EE. UU. y la Unión Soviética. Las universidades del capitalismo europeo no sólo lo amparan, sino que le ofrecen privilegios económicos y él se convierte en un personaje importante dentro del mundo científico. 

Lo curioso, o lo cómico y extraordinario, es que él no ha olvidado su herencia cultural campesina. Esto y su oscilación política entre capitalismo y una sociedad futura, hace que empiece a escribir otro tipo de poemas, o de poesía. Lo que él empieza a nombrar como” antipoesía”. En éstos sus primeros poemas ”antipoéticos”, desarrolla un gran sentido del humor, podemos llamarlo campesino, pero también influenciado por la posición que ya ha adquirido en la sociedad profesional de Ciencias Matemáticas y de Física. Por ejemplo. El primer poema del libro ”Poemas y Antipoemas”, publicado por la Editorial Nacimiento, titulado ”Sinfonía de Cuna” comienza:

 ”Una vez andando -  Por un parque inglés – Con un angelorum – sin querer me hallé- Buenos días, dijo -  Yo le contesté. - El en castellano, - pero yo en francés.” Y así, el poema irónico continúa : ”Ángel más absurdo – non volveré a ver – Muerto de la risa – Dije good by sir.-  Siga su camino – Que le vaya bien. – Que la pise un auto. – Que la mate el tren. – Ya se acabó el cuento.- uno, dos y tres.”

Hay muchos análisis de lo que contiene la anti-poesía, y de sus contradicciones.  Algunos la consideran como una burla a lo que ha sido la poesía desde sus orígenes. Otros, como una respuesta a que el mundo cultural, el mundo real se está hundiendo y nuestras vidas ya no tienen sentido. Estamos aún, en esos años, en plena Guerra Fría.     

En Nicanor Parra existe la tradición de la poesía popular, folklórica, que vivió en su infancia campesina. Pero, él es una de esas personas extraordinarias e inteligentes que, por formación y aprendizaje cultural, sobrepasan o abandonan la clase en que han nacido, y así viven en un mundo distinto al que vivieron de niños.

Y con los años que se vienen encima y los nuevos recursos económicos que adquieren empiezan a sentir que son distintos, que son otros: que ahora viven en niveles superiores. Pero está el conflicto de si son ellos o no. La personalidad cambia, se transforma, adquiere, aun cuando no lo quieran una nueva personalidad.   En el caso de Nicanor Parra, la conclusión llega a ser: ”Yo soy único”.

Quizá es la razón de su antagonismo con otros poetas que habían logrado realizar una nueva poesía. Los surrealistas de la ”Mandrágora, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, y fundamentalmente Pablo Neruda. Todos ellos son despreciables o antagónicos a él.  Él, Nicanor, es único. Y esto él dice claramente cuando escribe;…”Nosotros condenamos . Y esto sí que digo con respeto, la poesía del pequeño Dios (Huidobro) La poesía de vaca sagrada (Neruda) La poesía de toro furioso (de Rokha).

Y finaliza ”Los poetas bajaron del Olimpo”.

¿Respeto?, me pregunto. Sobre todo, ya que fue Neruda quien logró que Parra fuera admitido como miembro a la Academia Literaria y lo presentó él mismo con un elogioso poema. Parra respondió con un poema juguetón, donde sutilmente se burlaba de Neruda y de otros poetas.  Posteriormente escribió: "Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne, hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”.

Mucho se podría hablar de Nicanor Parra y no precisamente para regalarle elogios.  

 

Sun Axelsson, en su juventud.

 

Por ejemplo, la relación erótica - que tuvo con esa extraordinaria escritora sueca, Sun Axelsson, a quién dejó embarazada y sin ayuda.  En Suecia, en esos años y también en Chile, el aborto estaba prohibido por la Ley.  Fue Jorge Teiller, poeta y miembro de una familia de militantes comunistas, quien se endeudó para conseguir dinero y Sun Axelsson pudiera poner fin al embarazo. Esto lo relató la distinguida periodista y escritora chilena Virginia Vidal, quién contó este episodio, hastiada del machismo y anti-feminismo de Nicanor Parra.

Sun Axelsson había viajado a Chile para decirle a Parra que estaba embarazada, que esperaba un hijo de él. Él se negó a escucharla y la dejó en la calle. Violeta se enfureció con su hermano. Arrendó una habitación para Sun y trató de ayudarla para que pudiera tener algún dinero. Le consiguió trabajo en el Departamento Cultural en la Casa Central de la Universidad de Chile. Así fue como Jorge Tellier y Enrique Lihn conocieron a Sun Axelsson y la ayudaron a salir de su complicada situación.  Sólo en la lujosa clínica Santa María había algunos médicos que clandestinamente realizaban abortos, pero eso costaba mucho dinero. Esto enfrió la relación entre Violeta y Nicanor, quién jamás quiso aludir al ”asunto” como él lo llamó.

Muchos años después, cuando Violeta se encontraba en una difícil situación económica con su carpa de La Reina, agobiada y quebrada sentimentalmente ante el quiebre de su relación amorosa con su novio belga, Nicanor tampoco le prestó ayuda monetaria. Después del suicidio de Violeta, Nicanor tiene la desvergüenza o la impudicia de escribir ese poema llamado” Defensa de Violeta Parra”. Es un poema muy hermoso y hace llorar. Pero, también indica o puede decirnos que Nicanor Parra vivía en su propio” paraíso” y su ”Antipoesía” es, quizás la manera de burlarse de todos, incluso de sí mismo, de su valía como ser humano y de que la vida no merece ser vivida.

Ojalá me equivoque, pero es la contradicción que veo entre su vida, su politicismo neutro, ambiguo, y la gran admiración que siente por sí mismo. En su egolatría intenta condenar a todos los poetas. Él es el único poeta válido con que cuenta Chile y el planeta.  Pero no era como poeta que fue invitado a países extranjeros, sino como científico en Matemáticas y Física. El mismo hecho de vivir sus últimos años en Las Cruces, a un par de kilómetros de Isla Negra, ¿fue para que se le comparara o se le igualara con Pablo Neruda? 

Y mi pregunta es, mi duda: ¿Toda de poesía, y su vida, fue una broma o una tragedia que él quiso ignorar o, quizás, olvidar?

 

Enrique Durán B. Estocolmo, 4 de febrero 2018

 

 

 

 

 

 

 

(*) Este es un artículo de opinión, lo que significa que Magazín Latino no se hace responsable de las opiniones vertidas en el artículo.

 

 

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     Fuente: Radio BioBio

     

    Por una parte, el presidente Sebastián Piñera decidió esperar los resultados en La Moneda, mientras que su par Evo Morales optó por escuchar los argumentos en primera persona ante el tribunal.

     

    Tras un largo proceso que inició en 2013, la corte partió con un resumen del tratado de límites de 1904 y las instancias de diálogo posteriores entre ambos países, en las cuales no se llegó a ningún acuerdo fructífero.

     

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    Del mismo modo, en la lectura recalcó que “una obligación a negociar no implica una negociación de llegar a acuerdo”.

     

    Aunque “si no hay obligación de negociar establecida de manera literal, hay que mirar toda la evidencia para juzgar si existe”, dijo Ahmed.

     

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    Varios medios chilenos transmitieron en directo la lectura del fallo. Foto: Captura de pantalla de Teletrece.

     

    Para ver vídeo, entre a la nota en Radio BioBio - haga clic 

     

     

     

     

     

  • Te recuerdo, Miguel

    El golpe de Estado del 73 no solo dejó hondas cicatrices en la memoria histórica en Chile. Dejó también innumerables historias que nunca fueron contadas, y que, si no las traemos a la luz, nunca iluminarán nuestro futuro.

    Esta crónica de Lilian Aliaga rescata a uno de esos héroes anónimos que cayeron luchando por un mundo mejor.

     

     Por: Lilian Aliaga

     

    Sentada en frente de una hoja en blanco intento plasmar las emociones que me invaden luego de escuchar las diversas opiniones que difunden los noticieros en relación con los últimos acontecimientos que se han venido desarrollando en Chile:

     

    La acusación constitucional a los jueces del Tribunal Supremo de la nación, que concedieron libertad a prisioneros de Punta Peuco condenados por delitos de lesa humanidad.

     

    Los esfuerzos de algunos para hacer valer su opinión de “poner en contexto” los hechos ocurridos durante la dictadura, como si existiese “un contexto” que validara tanta crueldad y tanto ensañamiento con tantas miles de víctimas.

     

    Algunos, los de siempre, tratando de defender lo indefendible, quizás con el objetivo en mente de que algún día el olvido le gane a la memoria y las nuevas generaciones lleguen, tal vez, a negar lo ocurrido ese 11 de septiembre de 1973, diciendo que fue un “montaje”. Como ocurre también en relación con el Holocausto, con los llamados “negacionistas”.

     

    Ante esto, con la esperanza y la convicción de que no podemos dejar que esto ocurra, y dejándome llevar más por el corazón que por la razón, escribo por vez primera acerca de mis vivencias personales de aquellos días:

     

    El radiante sol de primavera y el persistente viento más bien frío me retrotraen a aquella mañana de septiembre del 73, cuando con apenas 20 años deambulaba por cada centro de detención en Santiago y alrededores en busca del hombre que me había robado el corazón.

     

    Un hombre soñador, amante de los perros callejeros y de las palomas. Cantor y poeta que, como tantos jóvenes idealistas de aquella época, había cruzado la cordillera de Los Andes para venir a conocer esta insólita llegada al poder por la vía democrática. La vía pacífica de un gobierno que representaba sus ideales, tan pisoteados en su propio país por las sucesivas dictaduras militares.

     

    Recuerdo las largas y apasionadas conversaciones sostenidas en el salón comedor de la UNCTAD, donde con frecuencia y por muy poco dinero, comprábamos nuestros almuerzos muchos universitarios pobres como yo, que estudiábamos gratuitamente. Trabajadores, intelectuales, artistas y un mundo variopinto de personas en un ambiente imposible de describir por su diversidad y efervescencia.

     

    Hoy tú ya habrías pasado los 70 años, y si los sueños de aquella época se hubiesen hecho realidad, viviríamos tal vez más al Sur, en una casa pequeña de paredes muy blancas y rodeados del espacio suficiente para acoger a tantos perros como hubieses podido rescatar de la calle.

     

    Pero tu destino fue otro y tú, que tan sólo tenías tu inseparable cuaderno y tu lápiz como únicas armas, fuiste uno más de los caídos en aquel desigual e injusto combate.

     

    En marzo de 1974, mi peregrinar terminó abruptamente cuando tus restos, o lo que dijeron que eran, fueron enviados a tus padres, quienes nunca lograron tener la certeza de que habían recibido el cuerpo de su hijo.

     

    Supe por testigos, muchos años más tarde, que fuiste atrozmente torturado antes de morir, te mataron a punta de golpes. Tu estatura, tu pelo claro ensortijado y tus bellos ojos color de miel eran una amenaza. Te veían como un fiel representante de un “enemigo de la patria”, como me espetó un soldado cuando mencioné tu nombre y tu nacionalidad, luego de horas de espera a pleno sol, frente al Ministerio de Defensa, en Santiago. Me respondió con una rabia tal, que sentí miedo. Me apuré en irme y me quedé con la sensación de que me seguían.

     

    Sin darme cuenta, finalmente, dirijo mis palabras a ti, Miguel, y en tu nombre rindo homenaje a los miles de hombres, mujeres y niños que corrieron tu misma suerte. A todos quienes vieron sus vidas trastocadas, sus sueños destrozados, y a quienes el destino llevó, a raíz de tan aciagos acontecimientos, por rumbos jamás imaginados.

     

    Lilian Aliaga

    11 de septiembre de 2018

     


    Foto: Eldesconcierto.cl. 

     

     

  • Chile, once de septiembre: culminación y comienzo

    Hoy se cumplen 45 años del golpe cívico-militar en Chile.

    Es imprescindible, necesario, conveniente y obligatorio hablar de ello, recordar los hechos, que a casi medio siglo de ocurridos, mantienen su vigencia en el dolor de los familiares de las víctimas, en el trauma de quienes lograron sobrevivir y sobreviven aún, y sobre todo en momentos en que tres jueces de la Corte Suprema, el máximo tribunal del Poder Judicial chileno, les otorga libertad condicional a siete monstruos que torturaron salvajemente a miles de compatriotas, hombres y mujeres, violaron, asesinaron, hicieron desaparecer y enviaron al exilio a más de un millón de personas.

     

     Por: Jorge Romero

     

    Sin embargo, la fecha 11 de septiembre,que muchos confunden, por ignorancia o por complicidad con los esbirros de la dictadura, con la voladura de las torres gemelas en Estados Unidos, es a mi juicio sólo la culminación de un proceso que comenzó mucho antes, de una idea que estuvo siempre presente, no sólo en las mentes retrógradas de la oligarquía, los terratenientes y, en general de los ricos de Chile, sino también de las Fuerzas Armadas del país, en el sentido de considerar un peligro para sus intereses económicos  los primeros, el ascenso al poder de las fuerzas políticas de izquierda con base en el proletariado obrero, campesino, pescador, minero o mapuche;  y el sueño de la oficialidad nazi-fascista de liberarse  de la autoridad civil sobre sus propias prerrogativas y de tener un papel protagónico en el exterminio del pueblo pobre y de sus ideales de justicia y libertad.

     

    Desde antes de la llamada ”Pacificación de la Araucanía" y del exterminio casi total del pueblo mapuche, entre los años 1861 y 1893, ha sido constante el asesinato por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile de obreros, mineros, campesinos, pescadores, estudiantes.

     

    En Wikipedia encontramos un detalle cronológico de 14 masacres ocurridas en Chile. No figuran en este listado los asesinatos individuales, por ejemplo, de Víctor Jara, de Litre Quiroga, de jóvenes mapuche, de Miguel Henríquez y tantos otros. Sólo masacres. Daremos cuenta aquí de algunas de ellas.

     

    El 18 de agosto de 1891, tuvo lugar en Santiago la llamada Masacre de Lo Cañas. Bajo el mando del general Orozimbo Barbosa, el Ejército asesinó a 84 personas.

     

    En el llamado "Mitin de la carne", el general Roberto Silva Renard dio la orden por la que resultaron muertas más de 100 personas que pedían rebaja en los precios. Esto bajo la presidencia de Germán Riesco Errázuriz.

     

    El mismo Silva Renard comandaba las tropas que asesinaron a más de 3 mil obreros del salitre, junto con sus mujeres y sus hijos en la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907. Era presidente de Chile Pedro Montt.

     

    Bajo el gobierno de Arturo Alessandri Palma, y según estimaciones de diplomáticos británicos, fueron asesinadas más de 800 personas (hombres, mujeres y niños) en la denominada Masacre de La Coruña, el 5 de junio de 1925.

     

    En los meses de junio y julio de 1934, hubo un levantamiento de campesinos y mapuche en la provincia de Malleco. Pedían el fin de los abusos por parte de los terratenientes. El presidente Alessandri Palma ordenó nuevamente una masacre en Ranquil, de la que resultaron asesinados por fuerzas de Carabineros de Chile más de 500 campesinos.

     

    En la Matanza del Seguro Obrero en Santiago, el 5 de septiembre de 1933, fueron asesinadas 59 personas.

    En Puerto Montt fueron masacrados 10 pobladores, el 9 de marzo de 1969, por orden del ministro del Interior Edmundo Pérez Zujovic. Gobernaba el país el democristiano Eduardo Frei Montalva.

     

    El 18 de septiembre de 1973, ya en dictadura, fueron asesinados 19 obreros en la Matanza del Laja.

     

    Esta matanza, que forma parte del exterminio masivo de dirigentes políticos de izquierda, de sindicalistas, estudiantes, obreros, campesinos, mineros, pescadores, mujeres y niños, del asalto al palacio de La Moneda y la muerte del Presidente Salvador Allende, es el comienzo de una nueva forma de represión y asesinatos masivos por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, más los organismos represivos creados por la dictadura, la CNI y la DINA.

     

    Las Fuerzas Armadas habían logrado independencia del poder civil. Ya no tenían que responder ante nadie de sus actos, ni siquiera ante organismos internacionales y la oligarquía chilena aseguraba, con este triunfo de sus guardianes, que sus intereses económicos no fueran tocados.

     

    De manera que me parece absolutamente lícito, al referirnos al 11 de septiembre de 1973, hablar de culminación y comienzo. Culminación, meta largamente soñada por civiles golpistas y Fuerzas Armadas fascistas y comienzo de una nueva era, marcada por la represión, la desaparición forzada de personas, la tortura, el asesinato masivo y el exilio. El contubernio entre civiles y militares sigue y seguirá funcionando como reloj suizo, hasta que el pueblo de Chile los borre del mapa e inicie su propio camino hacia el futuro.

     

    Testimonio personal en dos casos

    Trabajando para el gobierno de la Unidad Popular en la Gobernación de El Loa, en Calama, fui enviado por el gobernador Edmundo Checura Jeria a fiscalizar el tren Antofagasta-Oruro. Había aumentado ostensiblemente el contrabando por esa vía, en ambos sentidos. De mi investigación resultó ser que el capo de la mafia era el propio jefe de Aduana en Ollague, pueblo salitrero en la frontera con Bolivia. Y de mi informe enviado a las autoridades centrales en Santiago, resulté declarada persona 'non grata' en todo el Norte Grande, mientras el funcionario aludido conservaba su puesto. Era militante del Partido Socialista de Chile.

     

    En julio de 1973 me presenté como periodista en la Comisaría de Los Ángeles a exigir los nombres de cinco jóvenes fascistas de Patria y Libertad (brazo armado del Partido Nacional) que habían apedreado a la entrada de la ciudad un bus de la línea Vía Sur, con resultado de varias personas heridas de gravedad con cortes profundos, especialmente en sus rostros. Mientras era sacado violentamente de la Comisaría, grabé los gritos de un capitán, que decía:  - Menos mal que les queda poco a estos c. de su m!

     

    El Sr. Intendente, militante del Partido Comunista de Chile le hizo saber al ministro del Interior, Daniel Vergara, sobre lo ocurrido... y no pasó nada. 

     

    El primer caso nos muestra la contribución que hizo la propia izquierda chilena al golpe de Estado. Con el segundo ejemplo queda claro que el golpe fascista era inevitable y que se sabía que ocurriría, tarde o temprano.

    La culminación de los sueños dictatoriales de los ricos con las Fuerzas Armadas de Chile estaba a las puertas de nuestra historia.

     

    Jorge Romero, desde Oslo

     

    Septiembre 11 de septiembre de 2018

     



    Foto y montaje: El Desconcierto.

     

     

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