Martes, 20 Febrero 2018 | Login
La politización del dolor de las víctimas del terrorismo Demostración en Barcelona a raíz del atentado terrorista. Foto: Agencia Sírius.

La politización del dolor de las víctimas del terrorismo

El profesor Vicenç Navarro levanta preguntas que no solo tienen que ver con la realidad española, sino también con la realidad de los países europeos en general. 

"En la España actual, las Iglesias (todas) están en situación privilegiada, la católica mucho más que cualquier otra, siendo ello una consecuencia directa, en el caso de la Iglesia Católica, de la continuación de la cultura franquista en las instituciones del Estado. Y este privilegio incluye una tolerancia excesiva que tiene componentes antidemocráticos, lo cual repercute negativamente sobre la formación y educación de la ciudadanía. Y ello aplica también a la Iglesia musulmana existente en España. Los Imanes -como educadores de sus feligreses- deberían estar regulados, aprobados y registrados por el Estado (sea este central, autonómico o local), asegurándose de que comparten los valores democráticos del país", escribe el profesor Navarro.

 

 Por: Vicenç Navarro

 

A raíz del ataque terrorista en Barcelona y en otros centros urbanos y pueblos de Catalunya, hemos visto durante estos últimos días varios hechos que merecen destacarse. Uno es el espíritu de solidaridad, auténticamente ejemplar, entre las distintas culturas existentes en Catalunya, que alcanzó su máxima expresión cuando en Ripoll se pidió que fuera Hafida Oukabir, la persona musulmana hermana de dos de los terroristas (uno muerto y el otro en prisión), la que resumiera el sentir del dolor y del rechazo hacia el terrorismo que la población de Ripoll sentía. Y en Barcelona, otra persona, también musulmana, Miriam Hatibi, fue una de las dos personas escogidas para leer el manifiesto de protesta y solidaridad, ampliamente aplaudido por el medio millón de personas presentes. El grito espontáneo surgido de la ciudadanía, No Tenim Por! (¡No tenemos miedo!) representaba el sentimiento generalizado de la población barcelonesa de no permitir que el miedo configurara el futuro de la ciudad. La Alcaldesa Colau definió de una manera muy clara y emotiva lo que este grito significaba: era la llamada “a que Barcelona continuara siendo lo que siempre fue y continúa deseando ser, es decir, una ciudad abierta, plural, diversa y solidaria”.

 

Pero también hubo aspectos no tan positivos durante estos días de gran dolor, que aparecieron tanto en Catalunya como en el resto de España, que merecen señalarse también y que, en cambio (y de un manera predecible) no aparecieron en los mayores medios de comunicación del país, altamente controlados, bien por intereses financieros (los medios privados) o por los partidos gobernantes (los medios públicos). En este aspecto, es importantes señalar que el excelente discurso hecho por Hafida Oukabir en Ripoll incluía un ruego (diría yo exigencia) de que las instituciones catalanas hicieran una autocrítica sobre el comportamiento que habían tenido todos estos años que antecedieron al ataque terrorista, ruego que ha pasado desapercibido y desatendido por completo. Por desgracia, la autocrítica no es una virtud ampliamente practicada en los medios del establishment político-mediático del país, ni de Catalunya ni de España. Resultado de cuarenta años de una dictadura enormemente represiva (convirtiéndose en el régimen gobernante de España que ha atemorizado y asesinado al mayor número de españoles que haya existido en su reciente historia) y de una transición inmodélica, existe hoy en tales medios una cultura democrática poco desarrollada. Y la respuesta a la crisis creada por el terrorismo por parte de tales establishments fue una clara prueba de ello. Veamos algunos ejemplos.

 

 La clara politización por los partidos y movimientos políticos de los hechos acaecidos

 Un mensaje hecho con gran contundencia en la manifestación del sábado 26 de agosto (que se centró en una denuncia del terrorismo y una demanda para que exista la paz) fue un rechazo por parte de amplios sectores de la manifestación a la Monarquía Borbónica por su relación privilegiada con la familia real de Arabia Saudí (una de las cinco monarquías absolutas todavía existentes en el mundo), y al partido gobernante en España (el Partido Popular), por su activa y masiva venta de armas españolas a aquel Estado. Aplaudo esta crítica, y solo lamento que no se hubiera hecho mucho antes. Pero me apena que muchos de los protagonistas de estas protestas hayan tenido escasa credibilidad, pues era obvio que su máximo interés era desacreditar a los receptores del mensaje –el Monarca y el gobierno Rajoy- pero, en cambio, parecía importarles poco el argumento que utilizaban para denunciarlos, es decir, la ayuda a los Estados (en este caso, Arabia Saudí) que financiaban el terrorismo. Como indiqué en otro artículo reciente (Ver “Lo que no se está diciendo a raíz del ataque terrorista en Barcelona”, Público, 24.08.17) tales voces, supuestamente escandalizadas con el comportamiento del Rey y del gobierno Rajoy, han mantenido un silencio ensordecedor sobre el apoyo que una institución enormemente importante en Catalunya ha dado a otra dictadura tan absolutista y medieval (y esclavista) como la de Arabia Saudí, que es Qatar, y que es también una de las mayores financiadoras de movimientos yihadistas. Esta institución, protegida por el silencio, es nada menos que el Club de Fútbol de Barcelona que, a través de las camisetas de los jugadores ha estado promocionando al Estado de Qatar, una de las monarquías más absolutas y una de las dictaduras más crueles existentes en el mundo, que también ha estado financiando al terrorismo yihadista. Me parece bien que un conocido militante independentista apareciera casi al lado del rey Felipe VI con una pancarta en que se leía “Felipe, quien quiere la paz no trafica en armas” (en catalán). Pero tal protesta hubiera tenido más credibilidad si aquel y otros miles de independentistas, así como otros que denunciaban al Rey y al gobierno Rajoy hubieran denunciado al Barça en cada partido de fútbol que se jugaba en su campo, por promocionar Qatar. Nunca vimos tal denuncia o abucheo en el campo del Barça, y ello a pesar de que estuviera lleno de banderas independentistas. ¿Por qué callaron tanto tiempo?

 

La doble moral de los mayores medios de comunicación

Y esta incoherencia se mostró también, como era predecible, en los mayores medios de comunicación catalanes. Prácticamente ninguno de ellos denunció la transformación del Barça (al que, con razón, se le presentó durante la dictadura como de “ser más que un club” por facilitar que la gente canalizara su rechazo a la dictadura a través del fútbol, siendo la única expresión colectiva permitida), en un mero instrumento propagandista del Estado de Qatar, una de las dictaduras más crueles, opresivas, esclavistas y apoyadores del terrorismo existentes hoy en el mundo. Este silencio se convirtió en veto cuando envié a los tres rotativos más importantes de Catalunya un artículo denunciando al Barça por ello, sin que nunca lo publicaran (ver el artículo “El Barça, ¿más que un club?”. ARA, 06.06.16). La censura fue su respuesta. Y tampoco apareció tal denuncia en los mayores canales televisivos de Catalunya, que también han silenciado aquella transformación que, mírese como se mire, es una ofensa a todos los que lucharon por la democracia y justicia social durante la dictadura, que ven ahora cómo los propietarios del Barça transformaron tal club defensor de la libertad y de la democracia en el promotor de una dictadura cruel y terrorista. Aconsejo a los lectores que vean el excelente documental sobre la transformación política del Barça, presentado a nivel internacional por un canal público de la televisión sueca, mostrando lo que fue y lo que representó el Barça durante la dictadura franquista, y lo que ha llegado a ser estos últimos años. (Verlo colgado en mi blog www.vnavarro.org). Me alegra ver que Jordi Évole en su artículo semanal en El Periódico, días después de que yo denunciara el silencio sobre el Barça, publicara la primera denuncia del Barça en los medios que he visto en la prensa escrita en papel en este país.

 

La instrumentalización política del dolor de las víctimas por parte de los mayores medios de información

La falta de cultura democrática que caracterizó la cultura mediática española, que incluye la catalana, apareció una vez más en la manera cómo se cubrieron los hechos dramáticos ocurridos en Barcelona. Tal sesgo alcanzó niveles vergonzosos en la presentación de las figuras protagonistas del evento: las autoridades políticas de carácter institucional. A nivel del Estado central la noticia preferente de los mayores medios próximos al partido gobernante en el Estado español era mostrar el deseo de unidad y prevención de la secesión, dando gran hincapié a la necesidad de mantener una coordinación dentro de la unidad, mostrando, de nuevo, gran incoherencia (hipocresía), pues había sido el Estado central el que había mostrado menos cooperación, consecuencia de su jacobismo, ocultando información a las autoridades catalanas que hubiera sido de gran ayuda, tal como ha documentado la prensa internacional. Pero los medios públicos de la Generalitat de Catalunya también mostraron claros signos del sesgo informativo -al cual nos tienen acostumbrados- intentando negar la importancia de un aviso recibido de Bruselas sobre el Imán, bajo la pobre excusa de que era una mera nota “informal”.

 

Pero esta utilización de los mayores medios públicos de la Generalitat de Catalunya, y sobre todo de TV3, para promover la secesión de Catalunya fue la visibilidad preferencial que tal canal dio a la figura del President Puigdemont y al Vicepresident Oriol Junqueras, dejando muy en segundo plano a la alcaldesa Ada Colau. La única diferencia con la televisión pública española es que en aquel canal el Monarca y Rajoy absorbieron la mayoría de visibilidad mediática. En ella la alcaldesa Colau tampoco apareció de una manera muy visible. En cualquier otro país demócrata la alcaldesa de la ciudad hubiera liderado la manifestación ciudadana. No así en España. Y la utilización de TV3 para promover el secesionismo alcanzó niveles extremos, como las entrevistas hechas durante la marcha del 26 de agosto en homenaje a las víctimas, a los dos dirigentes del movimiento proindependencia, el Presidente de la ANC y el de Omnium, dándoles un protagonismo que no se le dio a ninguna otra asociación, a pesar de que tenían mucha más centralidad en la crisis terrorista que estos personajes políticos. Creo que a la audiencia le hubiera gustado más que se entrevistara a personal del sistema sanitario de urgencias, por ejemplo (que probablemente se habrían quejado, con razón, de la falta de recursos, resultado de los recortes sanitarios del gobierno Junts Pel Sí), que no a tales dirigentes de movimientos secesionistas que aparecen continuamente en tales medios promoviendo la secesión.

 

Y también debería hacerse una crítica a las Iglesias, incluyendo las musulmanas, que no se hizo

Pero las críticas deberían también extenderse, como bien pedía Hafida Oukabir, a las comunidades religiosas, que actuaron con gran solidaridad durante la crisis, lo cual aplaudo, pero olvidaron en el periodo pre-crisis la responsabilidad que todas ellas tuvieron en contribuir a crear las condiciones para que tal ataque ocurriera. Y es ahí donde debería criticarse a las religiones, o mejor dicho, a las Iglesias (las instituciones humanas que gestionan las religiones) por su actitud moralizante, arrogante y escasamente democrática. El lector me permitirá hacer una reflexión muy local y que espero aclare lo que digo. Si usted va al bello pueblo de Cadaqués en el Alt Empordà, verá que en un lugar muy prominente de la fachada de la Iglesia hay un reloj de sol. Y bajo tal reloj hay una frase que lo resume todo. Dice “Yo (el reloj de sol) sin sol no soy nada. Tú sin fe no eres nada”. Esta frase es enormemente insultante para los que no somos creyentes, al definirnos como parte de la nada. Bajo este lema de superioridad moral, que se presenta en todas las religiones, las Iglesias se han atribuido la potestad de dominar, explotar y violar todos los derechos humanos imaginables. Y la historia de nuestro país es un ejemplo de ello. Hubo épocas en Catalunya, en España y en Europa, en que el terrorismo de la Iglesia Católica –como en la época de la Inquisición- o durante su apoyo a la dictadura, estaba generalizado. Esto no se ha enseñado en nuestras escuelas y debería haberse hecho.

 

El Estado debería respetar las religiones, pero regular a sus Iglesias

Y el otro punto que debería también criticarse es la excesiva permisividad del Estado español (sea central, autonómico o local) hacia las Iglesias. Y estoy hablando de todas las Iglesias, que a través de la enseñanza y normativa moral que promueven alcanzar una enorme influencia sobre la población. En realidad, uno de los instrumentos más importantes que utilizó la dictadura franquista para mantenerse en el poder fue la Iglesia Católica, que era una rama del Estado (los sacerdotes eran pagados por el Estado y los obispos eran nombrados por el dictador), y que adoctrinó durante cuarenta años a toda la población. Incluso hoy la Iglesia Católica continúa ejerciendo una enorme influencia en la cultura general del Estado, siendo una de las máximas promotoras, por ejemplo, de la uninacionalidad del Estado y del machismo en el país.

 

En la España actual, las Iglesias (todas) están en situación privilegiada, la católica mucho más que cualquier otra, siendo ello una consecuencia directa, en el caso de la Iglesia Católica, de la continuación de la cultura franquista en las instituciones del Estado. Y este privilegio incluye una tolerancia excesiva que tiene componentes antidemocráticos, lo cual repercute negativamente sobre la formación y educación de la ciudadanía. Y ello aplica también a la Iglesia musulmana existente en España. Los Imanes -como educadores de sus feligreses- deberían estar regulados, aprobados y registrados por el Estado (sea este central, autonómico o local), asegurándose de que comparten los valores democráticos del país. No puede ser que algunas Iglesias Musulmanas sean “islas de otros países” dentro del país, financiadas desde fuera, transmitiendo una cultura distinta a la del lugar donde residen y viven sus feligreses. Es más, los Imanes deberían hablar el lenguaje de sus feligreses y tener los valores democráticos de la sociedad donde se ubican. Esta normativa, existente ya en otros países, debería aplicarse a todas las Iglesias, y también a la musulmana en España. Y las comunidades musulmanas necesitan presionar para que ello ocurra.

 

La integración de los jóvenes musulmanes a la sociedad

Pero tales comunidades deberían presionar (junto con toda la sociedad) para que se integre a los jóvenes en la sociedad. Lo que es más importante conocer, de todo lo que ha ocurrido, es saber por qué unos jóvenes que parecían integrados en la sociedad catalana se convirtieron en terroristas. Este es el gran tema del que apenas se ha hablado. Cargar todas las culpas en el Imán es insuficiente. Tan importante es el mensaje como el mensajero. ¿Qué es lo que se estuvo transmitiendo a los jóvenes? ¿Era la transmisión de las brutalidades que se están cometiendo en los países de mayoría musulmana en los que los gobiernos occidentales, como España, están bombardeando o ayudando a bombardear a sus poblaciones? ¿O fue su motivación religiosa la de matar a los infieles? ¿O puede el deseo de recuperar Andalucía remontarnos entonces a la época medieval? Estas son preguntas que deben responderse, pues ello puede llevarnos a una reflexión general, muy necesaria, sobre cuál es el papel de las Iglesias en una sociedad democrática, dentro de otro debate, incluso más urgente y necesario, de cuál es la función de los medios de comunicación en nuestro país, que más que ser de información son de persuasión. La libertad y la democracia dependen, en parte, de ello.

 

 

 

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  • Comienza juicio histórico en Suecia -Akilov enfrenta cargos de terrorismo

    Este martes 13 de febrero a las 09.15 de la mañana comenzó el juicio más extenso de la historia reciente de Suecia. Rakhmat Akilov está acusado de haber cometido un atentado terrorista en pleno centro de la capital sueca.

    El fiscal, Hans Ihrman, comenzó la presentación del proceso con un doloroso resumen:

    - 500 metros, 40 segundos, 12,5 toneladas de metal a una velocidad media de 60 kilómetros por hora en una calle peatonal llena de gente indefensa. El proceso trata, sustancialmente, de 40 segundos que por siempre cambiaron la vida de muchos más que quienes se encontraban en Drottninggatan.

     

     Por: Marisol Aliaga

     

    Este martes por la mañana comenzó el juicio más grande que se ha tenido lugar en el Tribunal de Primera Instancia de Estocolmo.

    A pesar de la gran cantidad de querellantes: 150, las audiencias no parecieron despertar el interés que se había esperado. La vida continúa, aunque para el millar de personas que se encontraban en la calle Drottninggatan el viernes 7 de abril de 2017, será algo imposible de olvidar.

    No solo fallecieron cinco personas, otras 10 resultaron con lesiones de por vida.

    Otros, luchan pos complejos de culpa. ¿El no haber actuado diferente, el haber hecho algo más?

    Y, a pesar de que este primer día de audiencias fue intensivo, se avecinan momentos fuertes, cuando los testigos cuenten con sus propias palabras sus experiencias. 

    Por primera se vio en persona a Rakhmat Akilov. Ingresó a la sala, esposado y flanqueado por guardias de seguridad. Vestía un buzo de color verde, propio del establecimiento penal. Apenas miró a su alrededor, antes de tomar asiento, cabizbajo, de frente a los jueces, de espalda a los asistentes en la sala de audiencias y a nosotros, los periodistas en la sala de prensa. A su derecha su abogado, Johan Eriksson, a su izquierda uno de los tres intérpretes que de cuando en cuando se iban turnando para traducir, del sueco al ruso.  

    El uzbeco de 39 años (cumple 40 hoy, 14 de febrero), ha adelgazado bastante. Se dejó crecer la barba, sin bigotes, y es de tez más clara que lo que se aprecia en las fotos que se han publicado anteriormente de él. Se mostró tranquilo y estuvo atento a todo lo que se decía en la corte.

    El fiscal Hans Ihrman comenzó la presentación del juicio haciendo un resumen de lo ocurrido el 7 de abril del año pasado:

    - 500 metros, 40 segundos, 12,5 toneladas de metal a una velocidad media de 60 kilómetros por hora en una calle peatonal llena de gente indefensa. El proceso trata, sustancialmente, de 40 segundos que por siempre cambiaron la vida de muchas más personas que las que se encontraban en Drottninggatan.

     

    Y explicó los motivos que – según la fiscalía – tuvo Akilov:

    - La acusación es delito de terrorismo e intento de delito de terrorismo o, en su defecto, poner en peligro la vida de terceras personas. Este crimen habría podido dañar seriamente a Suecia, y Rakhmat Akilov lo perpetró con la intención de intimidar gravemente a la población sueca. Además, e, indebidamente, obligar al gobierno y al parlamento de Suecia a cesar su participación en la misión educativa de la coalición global contra el Estado Islámico en Irak.

     

    Seguidamente, la fiscalía presentó testimonios y resultados del peritaje técnico. Detalladamente se mostró una serie de evidencias consistentes en conversaciones en distintas aplicaciones para celular, imágenes de Akilov en la ciudad de Estocolmo, las búsquedas que había realizado en Internet, etc. Un completo monitoreo desde el 16 de enero del 2017, hasta el día antes del 7 de abril.

    El material muestra que Akilov planeó concienzudamente su ataque. Primero había tenido la idea de atacar la parada gay. Más tarde buscó distintos lugares donde llevar a cabo su plan y eligió, al fin, el lugar apropiado para hacer más daño y causar más pánico en la población.

    Utilizó Google Translate para traducir frases como: “¡Bájate del camión o te mato!” o “Boletos para un crucero”, o “Gay club”. Y también para como adquirir material para fabricar una bomba.

     

    La tensión subió en la sala, cuando se reprodujo el audio de la llamada a SOS (urgencia), de una mujer que clamaba pidiendo ayuda, al ver como las personas caían a su alrededor. Era el día del atentado.

    - Hay un loco que ha arrollado a un montón de personas en Drottninggatan. Manden todo lo que puedan!, decía, tratando al mismo tiempo de mantener la calma, sin lograrlo.

    Seguidamente, el fiscal explicó detalladamente el recorrido de Rakhmat Akilov, desde Adolf Fredriks Kyrkogata, hasta que el camión se estrella en los escaparates de la multitienda Åhlens. De cómo, al no detonar la bomba que llevaba consigo, abandona el camión, baja al metro, sale, más allá por la calle Vasagatan y luego toma el tren a Arlanda. Se baja en la estación de Märsta, toma un bus local. Poco después se baja y comienza a deambular sin rumbo fijo hasta que, a las 19.55 es aprehendido por una patrulla de policía. Lo primero que hace es confesarse culpable de haber conducido el camión que arrolló a transeúntes en Drottninggatan.

    Su plan era morir en el intento. Carecía de plan B.

    La similitud con los atentados en otras ciudades europeas, como lo muestra la fiscalía, es evidente. Akilov mira con atención cuando el fiscal presenta videos de estos atentados.

    Luego se suceden algunas de las conversaciones (chats) mantenidas por Akilov en diferentes aplicaciones (Zello, Whatsapp, Telegram, Facebook) en su celular incautado. También fueron incautadas USB memorias conteniendo fotos y videos. La gran mayoría de este material audiovisual había sido borrado por Akilov, pero los expertos lograron recuperarlos.

    Ocho archivadores con conversaciones en chats. Más de 9000 mensajes.

    - Comenzando el 16 de febrero y hasta perpetrar el atentado terrorista, en una serie de conversaciones de chat, Rakhmat Akilov se ha ofrecido a perpetrar el atentado terrorista a nombre del Estado Islámico. Él ha recopilado información y ha adquirido el material necesario para fabricar una bomba, dijo Ihrman.

    El fiscal leyó algunos de los mensajes de los chats.

    “Hermano mío, quiero perpetrar una operación mártir aquí en Suecia en los próximos días. Pueden darme un poco de guía espiritual. Necesito de vuestro apoyo, hermano mío”.

    “Si Dios quiere, llevo a cabo la operación mártir en contra de los infieles”.

    “Cómo se hace el juramento de fidelidad, hermano mío. Después de jurar, planeo hacer una operación mártir en nombre del Estado Islámico”.

    “Esa calle está llena de infieles. De maricones y de lesbianas, hermano mío”.

    “Yo quiero aterrorizar a los infieles e inmolarme”.

    “Quiero arrollar a gente en Centralen y asegurarme un lugar en el Paraíso. Tengo todo. Ahora entiendo mejor el Corán. Ahora quiero encontrarme con Dios”.

    “Suecia da billones a la OTAN, para que nos ataquen”.

     

    Estos son algunos de los mensajes rescatados en distintas conversaciones en ruso, árabe y otros idiomas con usuarios que, según explicó el fiscal, no se encuentran en Suecia.

    De las conversaciones se desprende, además, que cuando Akilov comenzaba a dudar de cometer la acción, estos usuarios lo instaban a seguir. Como cuando, por ejemplo, aduce a que sus hijos serán atacados, o cuando recuerda que Suecia no es miembro de la OTAN y además ha acogido a muchos refugiados, entre estos, gente de su misma religión.

    “Mi querido hermano, yo sé que puede escocer y causar dolor, pero lo hacemos de todas maneras, por el Islam”, le responden.

    También lo instan a enviar un video donde jura fidelidad al Estado Islámico (Daesh) cosa que Akilov al final hace y envía el día anterior al atentado. Y que por primera vez se hizo público.

    “La paz sea contigo, hermano mío. Recibe el video con el juramento”, escribe Akilov, y envía un vídeo a dos de sus contactos, donde jura fidelidad a los príncipes del EI.

    Su abogado defensor, Johan Eriksson, explicó que su cliente se declara culpable de los cargos que se le imputan, acepta la sentencia que pide el fiscal y también el ser deportado a su país.

    Al final del día, pareciera como que todo está claro y no hay nada más que alegar. No obstante, el hecho de que Rakhmat Akilov se haya declarado culpable – según la jurisprudencia sueca – no basta. Todo lo que haya dicho hasta la fecha no tiene, en realidad, mucha importancia. El fiscal deberá demostrar – más allá de toda duda – que se trata de un delito de terrorismo.

    También se debe demostrar de si Akilov actuó por iniciativa propia, o si recibió órdenes del Estado Islámico que, cabe recordar, no reivindicó el acto, ya sea por las “escasas” víctimas, porque Akilov no logró morir en el acto, o por otras razones.

     

    Este caso muestra, sea como sea, la espantosa realidad de que una persona, gracias a un celular, sus aplicaciones y las instrucciones que recibe a través de este, logre cometer un ataque de esta magnitud “a distancia”.

    Se sabe que Akilov nunca logró su meta inicial: la de viajar a Irak a combatir por el Estado Islámico.

    Pero, ¿es un terrorista? Esa es la pregunta que la corte tiene tres meses para dilucidar.

     

    El abogado defensor, este martes en la corte de Estocolmo. Johan Eriksson. Rakhmat Akilov antes de perpetrar el atentado del 7 de abril de 2017. 

     

     

  • Los mismos que crearon la gran crisis social han creado la crisis nacional

    "En realidad, durante 2016, el último año del gobierno de Junts pel Sí (la alianza de dos partidos independentistas PDeCAT –la antigua Convergència- y ERC), la pobreza, la pobreza laboral (pobreza entre trabajadores), la precariedad y las desigualdades sociales han continuado subiendo en Cataluña, resultado de las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno Rajoy en España, y por el gobierno Puigdemont en Cataluña", escribe el profesor Vicenç Navarro en esta columna, que trata el tema de la campaña electoral del 21D en Catalunya. 

     

     Por: Vicenç Navarro

     

    La noticia más importante hoy en Catalunya es la enorme crisis social, una crisis de tales magnitudes que no tiene precedente en la época democrática de nuestro país. Y no hay plena conciencia de ello en el establishment político-mediático de Catalunya (todavía menos en el de España) de la gravedad de la situación. Por el contrario, este establishment catalán, como también lo hace el establishment español, está promoviendo la imagen de la recuperación económica, intentando difundir que estamos “saliendo de la recesión”. Para mostrarlo utilizan indicadores de carácter macroeconómico, como el indicador del crecimiento económico, pero lo que no dicen es que el crecimiento de la riqueza beneficia sólo a unos pocos sin que beneficie a la gran mayoría de la población. En realidad, durante 2016, el último año del gobierno de Junts pel Sí (la alianza de dos partidos independentistas PDeCAT –la antigua Convergència- y ERC), la pobreza, la pobreza laboral (pobreza entre trabajadores), la precariedad y las desigualdades sociales han continuado subiendo en Cataluña, resultado de las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno Rajoy en España, y por el gobierno Puigdemont en Cataluña. Un dato resume la enorme crisis social que está afectando a la población catalana. Hoy en Cataluña, el 40% de los catalanes no vive mejor que sus padres. El enorme sueño de esperanza, que los hijos vivirían mejor que sus padres, ya no es verdad para el 40% de los catalanes.

     

    Esta crisis social no ha centrado la campaña electoral

    Sin embargo, esta enorme crisis social no ha aparecido ni en la primera ni en la última página de los mayores medios de comunicación. De hecho, no aparece casi en ninguna parte, lo cual es sorprendente. Y pongo sorprendente porque lo más lógico es que fuera noticia de primera página. En realidad, debiera centrar el debate electoral que ha existido en Cataluña. En cambio, el tema central de la campaña no ha sido el desastre social. En su lugar, ha sido el tema nacional. Las banderas han ocupado la centralidad del debate: en un lado, los independentistas enarbolando la bandera independentista –la estelada-; y por el otro el lado unionista, cuya bandera es la de la monarquía, es decir, la bandera borbónica. Repito, por un lado, los partidos independentistas, PDeCAT, ERC y la CUP, que desean separarse de España y que a fin de alcanzar tal objetivo declararon ya la independencia, en nombre, en teoría, del pueblo catalán, aun cuando la mayoría del pueblo catalán nunca ha votado a favor de la independencia. Los votantes a favor de los partidos independentistas han sido siempre una minoría, que ha conseguido la mayoría parlamentaria, como consecuencia de una Ley electoral que discrimina a la clase trabajadora (ley diseñada en la época pre democrática por la Asamblea del Movimiento Nacional que impuso esta norma como condición para que desapareciera, ley que fue modificada más tarde por el Estado democrático español aunque tal Estado, temeroso también del poder de dicha clase, hizo pocas variaciones para corregir esta discriminación. Más tarde, el señor Pujol y su partido, la hizo suya con el mismo objetivo: el de discriminar a la clase trabajadora la cual, en su mayoría en Catalunya, es de habla castellana y nunca fue favorable al pujolismo ni lo es ahora al independentismo).

     

    Los unionistas además de ser monárquicos y favorables al 155, también apoyaron al 135: la máxima expresión del neoliberalismo

    Por el otro lado, están los partidos que dicen defender la unidad de España, la ley 155, que ha significado que el presidente Rajoy, dirigente de un partido minoritario en Catalunya, sea en la práctica presidente de Catalunya. Estos partidos son Ciudadanos, el PP y el PSC-PSOE. Hay que tener en cuenta que son también los que apoyaron el artículo 135 de la Constitución que fue aprobado con nocturnidad y alevosía por el gobierno Zapatero y por el Partido Popular, con el posterior apoyo de Ciudadanos. A partir de este cambio en la Constitución, los partidos “súper patriotas españolistas” firmaron un artículo de la Constitución forzando al Estado español a que diera prioridad al pago de los intereses a la banca extranjera por delante del gasto público requerido para atender las necesidades de la población española. Y estos “súper patriotas” han llevado a cabo toda una serie de políticas neoliberales, como las reformas laborales, que han disminuido los salarios y han aumentado la precariedad, imponiendo también recortes a los fondos públicos para los servicios (como sanidad, educación, vivienda social, servicios sociales, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a personas con dependencia y otros) y transferencias (como las pensiones) públicas del Estado del bienestar, causas todas ellas de la enorme crisis social en Catalunya y en España. Estos partidos apoyan ahora el 155, como ayer apoyaron al 135. El PP y Ciudadanos son las derechas de siempre (que en el panorama de la derecha europea encajan en la ultraderecha). En esta categoría de unionista y de neoliberal (en realidad social liberal) está también el PSC-PSOE que en realidad fue el gobierno que inició tales políticas neoliberales.

     

    El lado independentista (Junts pel Sí) también comulgó con el neoliberalismo

    El gran secreto en Catalunya es que en el lado independentista la derecha catalana representada por Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) (que ha gobernado la mayoría del período democrático, en alianza con Unió Democràtica –UD- hoy en la lista del PSC) lidera la coalición con ERC, un partido que se define de centroizquierda, pero ha aprobado unos presupuestos que reproducen las políticas neoliberales. Todo ello con el apoyo también de un partido que se autodefine como revolucionario, que como consecuencia de anteponer siempre el objetivo de la independencia por delante del bienestar de las clases populares, ha sostenido al gobierno Junts pel Sí. Ello ha incluido apoyo a la derecha catalana, hoy rebautizada como PDeCAT, el partido más parecido al PP en Catalunya: es un partido clientelar, con un nacionalismo patrimonialista, que considera el Estado de la Generalitat como propiedad suya, corrupto hasta la médula y financiado como el PP, a base del famoso 3%.

     

    Las incongruencias del debate de las banderas

    Esta realidad, reflejada en la lucha de las banderas, alcanza una situación que aparenta un conflicto, en el que se excluye a la mayoría de la población. En realidad, la estelada no es la bandera de la mayoría de los catalanes. Ésta es la senyera. Y la borbónica, para millones de españoles, no es su bandera tampoco, pues se sienten emotivamente más ligados a la bandera republicana que a la bandera monárquica.

    La otra situación es que las banderas están siendo utilizadas por las fuerzas neoliberales para ocultar sus políticas claramente dañinas al bienestar de la población. No es por casualidad que los dos líderes en Catalunya que lideran las banderas (Ciudadanos el unionista y PDeCAT el secesionista) son miembros de la misma familia liberal europea. Oponen sus banderas a la vez que, en privado, firman las mismas leyes neoliberales.

    Y la tercera situación es que las únicas fuerzas que han sido coherentes y siempre han denunciado las políticas neoliberales, y que han aplicado políticas alternativas cuando han gobernado, como en el caso del Ayuntamiento de Barcelona, han sido las mismas izquierdas que se presentaron como Catalunya en Comú-Podem y lo que es importante subrayar es que fueron y continúan siendo las herederas de las izquierdas que conjugaron siempre en Catalunya la lucha por la identidad catalana, con la lucha por el bienestar y justicia social, considerando la lucha por la identidad catalana, y por la justicia social, parte de una misma lucha. La dificultad que tuvieron estas nuevas izquierdas fue la de no tener los recursos incluyendo medios de comunicación para poder equilibrar y revertir la temática central de la campaña electoral, forzaron una visibilidad del tema social pero sin que ello se convirtiera en el tema central. Y las banderas continuaron ondeando.

     

     

  • Carta del profesor Vicenç Navarro al diario El País

    Los sucesos acontecidos en Cataluña no solo han convulsionado a España. Europa ha estado pendiente del desarrollo de los hechos, que aún siguen en un tira y afloja. El pasado 10 de octubre, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, declaró la independencia de Cataluña, pero la dejó en suspenso. Por su parte, Mariano Rajoy, presidente de España, le ha dado plazo a Puigdemont hasta el lunes, para responder si declaró o no la independencia de Cataluña.

    La cobertura mediática ha sido masiva, pero, obviamente, no siempre fidedigna. El diario El País publicó un artículo donde tilda al profesor Vicenç Navarro de “profesor activista del independentismo”.

    En esta columna, el profesor Navarro contesta a El País.

     

     Por: Vicenç Navarro (*) 

     

    En su artículo de hoy, “Los profesores activistas del independentismo” (9/10/2017, p. 26), me sorprende enormemente ver mi nombre en dicha lista, pues yo no soy secesionista. La carta que firmé, a la que el artículo hace referencia, no pedía la secesión, sino que protestaba por la represión del Estado, impidiendo el desarrollo de un referéndum, represión que alcanzó su máxima expresión el 1 de octubre. El artículo confunde la demanda de un referéndum, que apoya la mayoría de la población en Catalunya, con la demanda de secesión. En realidad, creo haber sido uno de los profesores más críticos de los autores independentistas que ustedes citan. Su corresponsal tendría que haberse informado mejor de mi trabajo.

    Vicenç Navarro

     

    Bajo la dirección de Antonio Caño, El País está alcanzando un nivel de sectarismo, manipulación y promoción de falsedades que está convirtiendo a tal rotativo en un mero instrumento de propaganda en defensa del status quo, especialmente hostil a las nuevas formaciones progresistas que lo cuestionan, utilizando todos los medios para destruir a los que la dirección de tal rotativo considera sus adversarios.

    Ya denuncié en su día tal comportamiento, que alcanzó su máxima expresión cuando presentó la ovación que recibió el ex alcalde Pasqual Maragall en el estadio de la Vall d’Hebrón (totalmente abarrotado de gente -3.500 personas- para escuchar a Pablo Iglesias) como un abucheo. El gran aplauso que el popular ex alcalde de Barcelona recibió al entrar en el estadio se convirtió en un abucheo en el informe escrito al día siguiente por el corresponsal de tal rotativo, el Sr. Francesco Manetto. Y, como era de esperar, esta noticia fue reproducida en muchas otras contribuciones en tal diario, como en la columna del intelectual orgánico del pujolismo, el Sr. Joan B. Culla, que se refirió a tal supuesto abucheo como un claro indicador del supuesto anticatalanismo de Podemos. Escribí al rotativo pidiendo que corrigieran dicha información, sin recibir respuesta alguna. Jamás hicieron la corrección (ver mi artículo Manipulaciones y Mentiras en El ‘País’. 30.12.14). Yo he sido víctima de insultos y falsedades frecuentemente, sin que nunca hayan publicado mis respuestas.

     

    La última manipulación y falsificación de El País: la cobertura de lo que pasa en Catalunya

    Pero voy a referirme solo a una noticia en la que soy, una vez más, víctima de una manipulación grosera, carente de la más mínima ética periodística cuando se refieren a mi persona como uno de los “intelectuales que lleva años defendiendo con vehemencia la secesión de Catalunya de España”. Tengo que decir que incluso para los estándares de mentira y manipulación a los que nos tiene acostumbrados El País bajo Antonio Caño, esta mentira y manipulación consigue ser un récord. Me tuve que leer el artículo dos veces, pues la osadía (en lenguaje popular, la cara dura) alcanzó un récord. Pero miremos primero lo que se dice y cómo se dice. En un artículo que se titula Los profesores activistas del independentismo, subtitulado “Un grupo de docentes catalanes en Estados Unidos lleva años defendiendo la secesión” (09.10.17), aparece mi nombre como uno de tales secesionistas, junto con nada menos que el economista más ultraliberal, más independentista y que aparece con más frecuencia en los medios de información del gobierno de Junts Pel Sí, el Sr. Sala i Martín, que es precisamente una de las personas que más he criticado en Catalunya y en España por su neoliberalismo extremista y por la escasa credibilidad y rigor que presenta en sus argumentos, incluyendo falacias económicas a favor de la secesión. El grado de ignorancia de mi postura y de mi trabajo que muestra el corresponsal de tal rotativo, Joan Faus, que escribe el artículo, es enorme, pues mi crítica e incluso denuncia de tal economista y sus falsificaciones en su campaña independentista es bien conocida y ha sido publicada extensamente, tanto en Catalunya y en España como en EEUU.

    Pero, por si fuera poco, la prueba de que el Sr. Joan Faus muestra como ejemplo de mi sensibilidad supuestamente secesionista es que firmé una “Carta abierta sobre la represión política en Catalunya” junto con mi amigo Noam Chomsky y otros 47 profesores. Dicha carta, sin embargo, no habla nada de la secesión. Lo que hace es denunciar la represión que el Estado español está imponiendo a la población y a las autoridades catalanas, represión que alcanzó su máxima expresión en la brutal agresión que las instituciones públicas de la Generalitat, incluyendo las Universidades públicas catalanas, recibieron, hechos denunciados por la prensa y por la comunidad internacional, en el 1 de Octubre. Tal represión, y más tarde brutalidad policial, tenían elementos comunes a la represión policial del régimen dictatorial que yo viví en los años cincuenta en Barcelona, cuando participé en la resistencia antifasicsta. Es, además, conocido que soy miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos y de la Ejecutiva de Catalunya en Comú, ambos críticos con el referéndum, aun cuando defienden el derecho de la ciudadanía de Catalunya a decidir su articulación con el Estado español, lo que les ha llevado a apoyar tal movilización como acto de afirmación de ese derecho, sin con ello reconocer tal movilización como un referéndum.

    El referéndum es un instrumento para ejercer el derecho a decidir pero tal derecho incluye el derecho a escoger entre varias alternativas, una de las cuales es la secesión, alternativa que ninguna de estas formaciones política favorece. Además fuera el que fuera el resultado del referéndum 1 de Octubre (que no podría definirse como tal, pues no estaba pactado con el Estado central, no teniendo, por lo tanto, las garantías que requiere un referéndum), tal resultado debería negociarse con el gobierno central. Estar a favor del derecho a decidir –soberanismo- no es sinónimo de pedir la secesión de Catalunya. Existe una diferencia entre el soberanismo y el independentismo, distinción  que parece demasiado compleja y difícil de entender para un rotativo de carácter tan propagandista a favor del status quo (que nos ha llevado a la situación actual) como es El País.

    Una última observación. Tengo que pedir a mis lectores que me ayuden a difundir este artículo que intenta corregir las mentiras y falsedades que aparecen constantemente en El País, y que denuncien tal comportamiento; y si comparten mi enojo, escriban al director de El País criticándolo, como yo mismo he hecho. Aquí reproduzco la nota que le envié a El País:

    En su artículo de hoy, “Los académicos activistas del independentismo”; (9/10/2017, p.26), me sorprende enormemente ver mi nombre en dicha lista, pues yo no soy secesionista. La carta que firmé, a la que el artículo hace referencia, no pedía la secesión, sino que protestaba por la represión del Estado, impidiendo el desarrollo de un referéndum, represión que alcanzó su máxima expresión el 1 de octubre. El artículo confunde la demanda de un referéndum, que apoya la mayoría de la población en Catalunya, con la demanda de secesión. En realidad, creo haber sido uno de los profesores más críticos de los autores independentistas que ustedes citan. Su corresponsal tendría que haberse informado mejor de mi trabajo.

    Vicenç Navarro
    10 de octubre de 2017
    Barcelona 

    Espero (aunque con cierto escepticismo) que El País rectifique estas falsedades por dignidad y  ética periodística.

     

    (*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

     

     

     

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