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El cuento navideño "La Navidad de Karl-Bertil Jonsson" Diseño de tarjeta navideña: Marcela Elofsson.

El cuento navideño "La Navidad de Karl-Bertil Jonsson"

"Érase una vez una Navidad, hace mucho tiempo atrás, cuando aún se podía ver a gente pobre caminando por las calles. En esa época no era una vergüenza ser pobre, por lo que los andrajosos y menesterosos no tenían que esconderse para que nadie los viera, sino que vagaban libremente”.

Así comienza el cuento de Tage Danielsson que la televisión estatal sueca incluye en su programación navideña, el 24 de diciembre, todos los años, desde 1975.

Magazín Latino desea a todos sus lectores una muy Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

 

 Por: Marisol Aliaga

 

Los ingleses tienen los hermosos cuentos navideños de Charles Dickens. Menos conocido es el cuento sueco “La Navidad de Karl-Bertil Jonsson”, que el gran Tage Danielsson incluyera en su libro “Cuentos para niños mayores de 18 años”, publicado en 1964. Y que, desde 1975, la televisión estatal sueca transmite, como cuento animado, cada año, para la Navidad.

   

Como ya lo he dicho antes, los suecos son gente de tradiciones fuertes, y de repeticiones. Como los niños. Igualmente transmitieron durante muchas décadas un sketch cómico llamado “La condesa y su mayordomo” para el Año Nuevo.

 

A las 15.00 horas del 24 de diciembre, la gran mayoría de las familias en Suecia se acomodan frente al televisor para ver al Pato Donald y sus amigos, con el Pepe Grillo, Tribilín, el toro Ferdinand y todos los personajes de Walt Disney.

 

Es entonces que comienza la celebración de la Navidad, con sus platos y bebidas típicas de este lado de la Tierra. Para los adultos, el “glögg” (una especie de “navegado” dulce, acompañado de pasas y almendras) y para los pequeños el “julmust” (una gaseosa). Y, por supuesto, las “pepparkakor”, galletas de jengibre. Y todos los demás manjares que hacen de la mesa navideña sueca una delicia al paladar: el jamón de Navidad, los arenques, los "prinskorv" (salchichas), las bolitas de carne, la "tentación de Jansson", las gachas y el bacalao macerado en sosa. Todo acompañado de aguardiente, no antes de entonar una canción, a coro. 

 

Pero por qué se debe ver al Pato Donald todas las Navidades en un enigma que, hasta el momento, no he logrado resolver. Si a uno no le gusta, se tiene que quedar callado, porque al criticarlo corre el riesgo de echar a perder la armonía navideña.

 

Sin embargo, hay un cuento que, desde que lo vi la primera vez – hace más de 4 décadas atrás – me fascinó: la historia de Karl-Bertil Jonsson. Lo recomiendo, para quienes apagaron el televisor, cansados de los amigos del ratón Mickey.

 

 

Como es un cuento “para adultos” (al igual que, por ejemplo, “El Principito”) SVT lo transmite a las siete de la tarde. Seguramente para no correr el riesgo de ser acusados de influenciar a los niños con “ideologías perniciosas” (léase comunistas) … a Disney nadie - hasta lo que yo sé - lo ha criticado nunca, por su intromisión en la Navidad sueca.

 

Últimamente, con el auge del neoliberalismo, he visto incluso a personas a quienes admiro mucho, criticar a Karl-Bertil Jonsson. Lo acusan de “comunista” (y en Suecia el ser comunista es tan o casi tan mal visto como ser de extrema derecha). Lo tildan de “hacer cosas de mal gusto”. E incluso de “ladrón” y hasta de “sinvergüenza”.

 

Entiendo estos puntos de vista. Pero no los comparto. Para mí sigue siendo justo el proporcionarle a cada cual de acuerdo con sus necesidades. Y que cada cual imponga se acuerdo a sus posibilidades. El compartir los recursos solidariamente.

 

El cuento navideño de Tage Danielsson relata la historia de Karl-Bertil Jonsson en una época en la que no era vergonzoso ser pobre - había muchos – y las diferencias entre ricos y pobres eran mucho más grandes que lo que son ahora.

 

Existían muchos que no tenían nada y pocos que tenían mucho.

 

Karl-Bertil, un chico de 14 años, trabaja en la Oficina de Correos, y clasifica los numerosos paquetes que deben ser entregados para la Navidad. Al mismo tiempo, reflexiona sobre la injusticia de que gente que tiene todo reciba aún más, en tanto que otros no tienen donde caerse muertos.

 

Su héroe es Robin Hood, y su lema: “tomar de los ricos y dar a los pobres” es el suyo. Karl-Bertil sueña con hacer realidad este sueño, y lo repite una y otra vez: "tomar de los ricos y dar a los pobres". 

 

Y, dicho y hecho, lo hace. Mete en un saco todos los paquetes destinados a directores, coroneles y otra gente de recursos. Esconde el saco y, la misma Noche Buena, se pone un traje de Santa Claus, toma un taxi a los barrios más pobres y …comienza a repartir los paquetes entre viudas, huérfanos y menesterosos.

 

 

Sus padres son personas acomodadas. Su madre, la típica dueña de casa, lo atiende, antes de su escapada, y se lamenta de que Karl-Bertil tenga que trabajar la Noche Buena. Pero al mismo tiempo le prohíbe a su esposo, el director Tyko Jonsson, cuando éste dice que puede conducir a su hijo al trabajo, en su coche: “No faltaba más, Tyko. ¡Has bebido glögg!”, le insta. Y, donde manda capitán, no manda marinero.

 

A ambos engaña Karl-Bertil, antes de salir a repartir los paquetes. Su padre, que no tiene ningún problema en llevarse a casa – sin pagar las 14,59 coronas que cuesta  -  una gran estrella para el árbol de Navidad, piensa que “todos los que dan algo gratis son comunistas”.

 

Y más tarde, cuando se entera de lo que ha hecho su hijo, exclama:

- ¿Qué? ¡He alimentado a un comunista!

 

 

El cuento de Tage Andersson es anacrónico, aunque él mismo dijo que estaba ambientado en la década de los 40. Está lleno de citas inolvidables y de referencias a una Suecia en tiempos de la segunda guerra mundial, como el cuadro en la pared que muestra a un tigre. “En svensk tiger” se decía en tiempos de la segunda guerra, en un juego de palabras que quería decir: “un sueco calla”. Incluso en una escena se divisa una bandera nazi, en un taxi.

 

Pero podría también representar la realidad actual en Suecia, en la que, por una parte se nota cada vez más la solidaridad de unos, y la mezquindad de otros.

 

Para no echar a perder la magia del relato, no voy a desvelar en qué termina la historia de Karl-Bertil Jonsson, pero lo recomiendo como uno de los programas televisivos imperdibles de una Navidad en Suecia.

 

Con este quiero agradecer también a todos los lectores y lectoras que nos han seguido durante este año – que no ha estado escaso de sucesos - deseándoles una muy ¡Feliz Navidad y un Próspero año Nuevo!

 

Y Paz en la Tierra, para los hombres de buena voluntad.

 

Marisol Aliaga

Directora,

Magazín Latino

22 de diciembre de 2018

 



 

 


Media

Production: SVT.

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