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Santiago de Chile Santiago de Chile Durante la protesta estudiantil en Santiago, la policía arremetió en contra de los jóvenes. Aquí, una muestra. Foto: Pablo Rojas Madariaga.

Chile - Un mes de contrastes y controversias

31 de mayo de 2015 | COLUMNA |

 

Por:  Lilian Aliaga

 

Está llegando a su fin el otoñal mes de mayo, que este año se presentó con extremos climáticos históricos en Chile. La más alta temperatura, desde que se efectúan mediciones, se registró en Santiago el día 19 de mayo, alcanzando los 31.6° grados Celsius. Hacia fin de mes el frío también ha sido inusual para la época en una amplia zona del centro sur del país, llegando la temperatura mínima a 5 grados bajo 0, en la madrugada del 23 de mayo en la ciudad de Santa Cruz.

Pareciera esto un reflejo de la polaridad de nuestra sociedad actualmente.

Penoso resulta leer las noticias o conocer las opiniones de una amplia gama de personas frente a hechos tan deplorables como han sido los registrados durante este mes en nuestro país:

El fallecimiento de dos jóvenes universitarios el jueves 14 de mayo en la ciudad de Valparaíso, finalizada una marcha estudiantil en demanda de mayor participación en las reformas educacionales impulsadas por el gobierno de la presidenta Bachelet.

Los jóvenes, de 18 y 24 años respectivamente, murieron al ser alcanzados por balazos efectuados por otro joven hombre, de 22 años de edad, quien, según testigos e información de prensa, les habría disparado en el contexto de una discusión y pelea entre su padre y unos chicos que estaban efectuando rayados en las paredes del edificio en el cual vivían. Lo paradójico es que quienes resultaron fallecidos no fueron los directamente involucrados en el altercado sino otros estudiantes, que se encontraban a cierta distancia de estos hechos, después de haber participado en la marcha estudiantil.

Las reacciones frente a esto han sido contrapuestas, especialmente entre quienes le han dado una interpretación netamente política a un hecho que tuvo un carácter más bien delictual, esto debido a la militancia en el Partido Comunista de los estudiantes fallecidos. También esa connotación le dio a lo acontecido la mayor parte de la prensa internacional. En este contexto, en las redes sociales se ha podido leer comentarios muy diversos: están quienes, increíblemente, dicen alegrarse de que haya “dos comunistas menos” o que “han muerto en su ley”, y por otra parte aquellos que sostienen que los jóvenes son mártires víctimas del resultado de “una política neoliberal en la cual se valora más la propiedad privada, que la vida humana”.

Estos deplorables hechos, que significaron la pérdida de la vida de dos estudiantes y la de un derrumbe total en la vida del tercero implicado, con terribles secuelas para las tres familias involucradas son una dolorosa muestra de la violencia y la falta de respeto por el otro que lamentablemente afecta actualmente a nuestro país. Es común saber de reacciones desmedidas en la vida cotidiana, en diversas situaciones y lugares a lo largo de nuestro país.

Pareciera que demasiadas personas arrastran una gran dosis de ira contenida y a punto de estallar, frente a cualquier situación surge la polarización, que afecta a nuestro país desde los aciagos días del golpe militar, como un verdadero estigma en nuestra sociedad.

Lamentablemente en estos momentos también la vida de otro joven estudiante universitario está en riesgo. Rodrigo Avilés, de 28 años, estudiante de Letras en la Universidad Católica de Santiago, se debate entre la vida y la muerte. Ello, a raíz de un grave traumatismo cerebral debido a un fuerte golpe en la cabeza tras sufrir una violenta caída al ser impactado a corta distancia por el potente chorro de agua del carro policial lanza agua, conocido como “guanaco”. El hecho se produjo durante las manifestaciones y posteriores disturbios en ocasión del mensaje anual al país de la presidenta Bachelet, el día 21 de mayo en el Congreso, en Valparaíso. Este hecho, repudiado por amplios sectores y justificado por otros, está siendo motivo de investigación, y el padre del joven afectado ha llegado hasta La Moneda para conversar con la presidenta no sólo para pedir justicia para su hijo, sino además para pedir, como abogado, que se revisen los procedimientos policiales de represión a las manifestaciones públicas.

Las imágenes de otra joven estudiante, siendo brutalmente empujada y golpeada por dos policías, en esa misma manifestación, han sido ampliamente difundidas en los medios y en las redes sociales.

El sentir de muchos, pero no de todos, obviamente, es que no es posible que en democracia la fuerza policial actúe con la misma violencia con que lo hizo en dictadura.

Lo más grave, a juicio del padre de Rodrigo, es la reacción de la institución policial, cuyos altos mandos negaron en un primer momento que el accidente de su hijo se debiera a la acción de sus funcionarios, a pesar de los numerosos testigos que decían lo contrario. Recién casi una semana después de lo ocurrido y ante las impactantes imágenes aéreas obtenidas mediante un dron por una agencia de noticias y hechas públicas por Televisión Nacional, la institución reconoció su responsabilidad dando de baja al policía responsable de la manipulación del sistema lanza agua (pitonero) e iniciando un sumario para establecer otras responsabilidades. Las imágenes muestran claramente como el chorro de agua es lanzado a gran presión directamente hacia el joven, a unos cuatro metros de distancia, haciéndolo caer violentamente de espaldas. Los hechos están ahora, además, en manos del Ministerio Público, siendo la Fiscalía Nacional la encargada de esclarecerlos.

Y para finalizar un “mes para el olvido” el día jueves, distintas organizaciones de estudiantes convocaron a tres marchas durante el día, siendo la más controvertida la organizada por los universitarios (Confech) que fue autorizada para realizarse en la Alameda Bernardo O'Higgins de Santiago, contra todo lo que el sentido común dijese, a las 20 hrs., es decir, prácticamente por la noche, con los resultados temidos por toda la ciudadanía y especialmente por los comerciantes de los sectores aledaños que sabían que sufrirían las consecuencias del vandalismo con el cual, como es habitual, terminan todas las convocatorias estudiantiles. Más aún cuando en virtud de los últimos acontecimientos, carabineros tenía órdenes de ser moderados en su acción y mantenerse a distancia de los manifestantes.

La paradoja es que el motivo de esas convocatorias era justamente reclamar por el uso excesivo de la fuerza policial.

¿A quién reclamar por la delincuencia desatada al amparo de las manifestaciones estudiantiles o de cualquier otro estamento social?, sabido es que todas estas convocatorias son aprovechadas por los “encapuchados de siempre”, delincuentes organizados, para destrozar y saquear todo a su paso. Es la pregunta que queda sin repuesta. Por otra parte, hay quienes sostienes que esos encapuchados son contratados y pagados por quienes quieren crear inestabilidad y desconfianza.
Esta vez, sin embargo, las críticas al Intendente de la Región Metropolitana, han venido de todos los sectores, incluso de partidarios del gobierno. Nadie puede entender que se haya brindado al lumpen la ocasión de delinquir al amparo de la obscuridad y en condiciones especialmente ventajosas. El Intendente Orrego se defiende diciendo que "Son los estudiantes quienes deben reflexionar acerca del horario en que llaman a sus movilizaciones", por su parte estos responden que les fue sugerido este horario por el propio aludido pues ellos la programaban para las 19 hrs. Sea como fuere, una hora no habría hecho diferencia, es lo más probable.

Lamentablemente lo que fue la más grande convocatoria estudiantil en lo que va del año, terminó siendo también, la de mayor violencia, con más de veinte locales comerciales saqueados, tres de ellos con destrucción total, tras ser incendiados. Numerosos daños al patrimonio público e histórico. Doce carabineros heridos, dos de ellos con graves quemaduras, y más de un centenar de detenidos.

Queda atrás un mes de mayo marcado por estos tristes acontecimientos que contrastan con la belleza de un otoño que ya deja paso al frío invernal. No pierdo la esperanza que las bajas temperaturas contribuyan a enfriar los ánimos, que la vida de nuestro país se desarrolle en mayor armonía y respeto y no tengamos que lamentar más pérdidas de vidas humanas. Sé que puede parecer un corolario simplista, pero no quiero adherir a los que vaticinan que vamos por un despeñadero “igual que en los 70”. Se dice que “la esperanza es lo último que se pierde”, y quiero mantener la fe en que todos los sectores reflexionen y unan sus voluntades para logremos tener un país en el que tengan cabida todas las expresiones, en un marco de respeto por la vida y también por el patrimonio de todos.

 

 

 

 


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